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Daldry narra la historia de una familia norteamericana típica media, bastante bien constituida y con problemas necesarios. Aunque el padre suele tener más contacto con el hijo que la madre, esta guarda en su silencio un amor inmenso por Oskar -el inglés tutela con habilidad el conflicto para cerrar el film-. El padre ha desarrollado en Oskar una gran inquietud por la búsqueda, y éste una sensibilidad especial por la misma. Hanks supone para Oskar ser un dechado de virtudes, un padre magnífico. El tiempo que le dedica es valioso para que Oskar desarrolle su inteligencia deductiva. Hanks sospechaba que Oskar pudiera tener el síndrome de Asperger –trastorno que afectan a los niños muy inteligentes pero que carecen de habilidades sociales ordinarias- aunque no tendrá tiempo para confirmarlo -como sí vamos a poder hacerlo nosotros- ya que muere en el atentado. Hay varias escenas que llaman la atención. Una donde Oskar le dice a su abuelo -notable Max Von Sydow con su escritura y sus gestos- que ha grabado los videos de Internet y que uno de los cuerpos de los que se aventaron de la parte alta de una de las torres pertenece a su hijo. Von Sydow es invadido también por el muchacho a través de un secreto muy bien guardado. Cuando él regresó del colegio –los devolvieron por la tragedia- hubieron seis llamados que el niño prefirió no contestar, y que serán objeto de culpa a la vez que de entendimiento. Daldry combina la incertidumbre del niño con flashbacks bien editados. Otra escena que llama la atención se produce al comienzo de la película. El funeral de Hanks se realiza con el ataúd vacío. Oskar está totalmente desconcertado a la vez que distante de su madre. Su abuela lo consuela y le dice que tanto ella como su abuelo fueron víctimas del Holocausto. Ahí es donde Oskar hace un click y pone en marcha una búsqueda en el ropero de su progenitor y encuentra dentro de un florero o tazón un papel que tiene escrita la palabra “black”. Dentro hay una llave rara, poco común. Oskar decide que esta podría desbloquear un secreto del pasado de su padre, tal vez un mensaje que justifique alguna acción de su padre con respecto a algo. Debido a que la palabra “Black” se escribe con mayúscula, él decide que es un apellido. El muchacho pone en práctica lo enseñado por el padre y empieza por buscar a todos los que portan el apellido. Utilizando el directorio telefónico de la ciudad, que le proporciona el portero del edificio donde vive -John Goodman- él conforma una lista de casi 500 apellidos. Oskar se embarca a pie, porque una de sus características es que no desea usar el transporte público. Para aumentar su confianza, él se acompaña por una pandereta. Las escenas son conmovedoras. Daldry se fija primero en una morena -Viola Davis- quien parece tener problemas con su marido -Jeffrey Wright- pero que no le suelta prenda al pequeño a pesar que quiere ayudarlo. Lo va a hacer luego cuando Oskar ya ha recorrido parte de la búsqueda, y logra su objetivo. Su madre parece estar al tanto de todos sus movimientos. ¿¿Qué podemos aprender acompañando a Oskar en esta búsqueda?? Que más de 4,500 personas pueden haber muerto en el atentado terrorista, pero que millones de personas afectadas viven y sufren todavía, que son parte indeleble de su tragedia. También que los apellidos “Blacks” constituyen una sección transversal de la metrópoli, y que la vida -a través de su búsqueda- debe de continuar, y él reconquistar el amor de su madre. Oskar no está del todo solo. Descubre la amistad de un nuevo aliado, su abuelo paterno. Este hombre muy viejo, que pasa los 80, y conocido como el Arrendatario vive con su abuela. El niño lo presiona. El viejo parece no aceptar. No pueden o no quieren hablar, comunicándose sólo con notas escritas, y a través de las manos, donde tiene escritas las palabras sí o no. Oskar descubre que su abuelo –aunque tarda en decírselo- es un compañero tranquilizador. Ambos se convencen en juntarse porque son parte interesada de la búsqueda. Daldry se vuelve a acercar a una tragedia máxima luego de filmar The Reader y logra un film pausado pero diferente. Quizás existan problemas en muchos aspectos del film pero que no vamos a comentarlos para que vayan a verla y puedan sacar sus propias conclusiones. Quien sabe de cine se dará cuenta que faltan cosas y que algunas sobran. En el conjunto, Daldry logra lo que desea, un equilibrio de las partes y su vinculación silenciosa. Otro acierto del cineasta inglés es el respeto por los temas que trata. Se escapa por un camino de decisiones personales y no de volver a refregar la tragedia ni a los muertos y menos a la violencia. La llave misteriosa, el hombre silencioso de edad muy avanzada y la pandereta mágica son materia de los cuentos de hadas, y la noción de un muchacho que caminaba por toda Nueva York podría resultar para muchos tan absurda que como recurso narrativo podría ser vulnerable. A mi me gustó y la recomiendo. Los eventos del 9/11 han dejado cicatrices imborrables. No se puede curar de manera simplista aunque Daldry intente una que apacigüe y tranquilice.