viernes, 27 de marzo de 2015

“The Asphalt Jungle”, Huston condiciona nuestra simpatía por la delincuencia y los hampones.
















































































Como antagonismo al American Way of Life y a los productos hollywoodenses que lo encumbraban, en su mayoría superficiales, mercantilistas y muchos acríticos, el film noir yankee empezó a decaer en la década del cincuenta. Si bien la Segunda Guerra Mundial junto a sus cientos de miles de muertos, Hiroshima y/o Auschwitz, significaron duros reveses para el progreso de la humanidad; el macartismo, la guerra fría y la intervención en Corea, dejarían en evidencia los trapos sucios que los EEUU tenían que lavar y enjuagar en casa. De esta manera, las cintas de carácter truculento y oscuras revelaron los costados ocultos del ansiado sueño americano: la vida en el hampa, las mentes criminales, la brutalidad, la corrupción, la misoginia, el desapego y el individualismo, el cinismo, la traición, el desencanto etc. Pero, para entender la obra del gran John Huston, quien supo admitir ser un gran cosechador de éxitos y fracasos, con superioridad en estos últimos quien mejor que el mismo Huston como un pedagogo arriesgado. Además de ser un reconocido cineasta fue boxeador, dramaturgo, militar y aviador en la Segunda Guerra Mundial, novelista, pintor, periodista, cronista judicial, torero, jinete, guionista, actor etc. Llegó a teniente formando parte del ejército revolucionario de Pancho Villa, dirigió una revista de cine, fundó un comité de lucha contra McCarthy, y en reiteradas ocasiones abusó compulsivamente del juego y del alcohol. No es de extrañar que el desencanto haya marcado su accidentada vida, y que en lo mejor de su obra se haga presente todo lo que vivió como una especie de estigma personal. Sus personajes, y en particular los que intervinieron en The Asphalt Jungle, comparten su mirada incrédula y los evidentes pertrechos que conforman un pasado zigzagueante. El rostro trágico de Humphrey Bogart se adecuaba perfectamente a la tipología de un antihéroe de Huston, y no es extraño que el cineasta lo haya utilizado a su antojo repetidas veces. En ocasiones Huston señalaba que los elementos que más importancia tenían a la hora de filmar eran sólo dos: el guión y el casting. Lo demás se va dando sobre la marcha. Se puede prescindir de todo menos de la escritura y de los actores, sentenciaba. En sus mejores películas, Huston lograba despertar la sensación que ningún otro actor podría hacer mejor su papel que el que estaba en pantalla. El guión de The Asphalt Jungle es una muy buena adaptación de la novela de Burnett, pero además se fueron reordenando y se le agregaron diálogos con resultados impensados. El desenlace que logra Huston es de una infinita catalogación trágica, y el declive del pesimismo que brota de la cinta no tiene cabida en el libro original. Quizás sea una de las pocas cintas que supere al libro original. Al igual que Edward Dmytryk, Elia Kazan o Jules Dassin, John Huston supo trasplantar a sus propuestas hechos de la vida cotidiana con destreza y adicionándole un estilo implacable y verosímil. A 65 años de su estreno, hoy, la película continúa asombrando a través de su realismo singular, a pesar que lamentemos que todos los actores están muertos, sus personajes respiran vida en cada uno de los fotogramas. Se ha dicho que el mérito corresponde al talento de Huston para la dirección de actores, pero en honor a la verdad Huston no sentía necesidad de dirigirlos, por el contrario, los instaba a que dotaran sus papeles a su manera, en busca de interpretaciones instintivas y fieles a ellos mismos. Durante los castings, apuntaba precisamente a actores que tuviesen un perfil psicológico similar al de los personajes, y hecha la elección, los dejaba libres a su capacidad individual. El resultado fue notable: se lucieron Louis Calhern, Jean Hagen, James Whitmore, Sam Jaffe -premio al mejor actor en Venecia- y se descubrieron talentos como los de la bellísima Marilyn Monroe y el actor Sterling Hayden. Pero, lo que impresiona más de esta película fue aquella densidad emocional sumada al destello humano contenido en los matices de cada una de las caracterizaciones, incluidas las de los actores soporte. No existen criminales absolutos en The Asphalt Jungle, y cuando nos damos cuenta de sus fortalezas o de sus debilidades, es difícil no empatizar con ellos. Doc -finamente interpretado por Sam Jaffe- era el cerebro de la banda, a pesar de ser un alemán frío y meticuloso que se desvive por las faldas, y ello acabará con él. Dix -estupendo Sterling Hayden- el bribón, se involucra en el robo para juntar dinero y volver a sus caballos, y a su Kentucky natal; el abogado Emmerich -correctísimo Louis Calhern- quedó en la ruina por saciar los arrebatos gustosos de su amante veinteañera; el especialista en cajas fuertes, Louis -un buen sostenedor como Anthony Carusso- tiene un hijo enfermo y una familia que mantener; a Cobby, el corredor de apuestas, lo hunde su inmensa credulidad y su desatada codicia; el chofer jorobado, Gus -muy buena actuación la de James Whitmore- presenta un inesperado lado solidario. Los traidores lo son por desesperación, y como dice en determinado momento Emmerich, “El delito no es más que uno de los aspectos de la lucha para afrontar la vida”. En su tiempo, mediados de los años sesenta, la película causó indignación en la crítica, quienes consideraron esa empatía emocional con los delincuentes. Huston replicó: “Aquellos que consideran inmoral la cinta tienen miedo de lo que esta despierta en ellos. Se sienten criminales porque comprenden el estado de ánimo y las motivaciones de los malhechores”. Si bien los personajes del film son delincuentes profesionales atiborrados de experiencia, y el riguroso plan ideado supone ser casi perfecto, todo terminará por irse al tacho, y de la forma más absurda que nos podríamos haber imaginado. La primer falla es humana y sus imprecisiones típicas, aquí concretamente el engaño y traición por parte de uno de los integrantes de la banda. El resto es producto de la fatalidad, una alarma de otro edificio que suena accidentalmente, un arma que cae al suelo y se dispara sola etc. Es curioso que el plan falle precisamente en su parte más segura -la apertura de la caja fuerte- y el elemento que menos confianza inspiraba, Dix, es el que mejor desempeño realiza. Lo que la teoría aseguraba, la práctica acabará por destruir. El hombre como un ser lanzado a “lo que mejor salga” en un mundo carente de reglas, condenado a tener que edificar a cada instante su propia identidad por medio de sus acciones, y abrumado por la angustia al saberse libre y responsable de su esencia, son premisas del pensamiento existencialista, y en especial de Jean-Paul Sartre. Ellas, se encuentran presentes en las mejores películas de Huston, confeso admirador del filósofo, y al que incluso terminaría encargando el guión del film Freud, The Secret Passion, debiendo finalmente rechazarlo por su excesiva duración. Las libertades personales se encuentran coartadas ya que los protagonistas han decidido internarse en la jungla de asfalto; el entorno los conduce a la criminalidad, y las únicas vías de escape son la cárcel o la muerte. Lo que hoy puede verse como un desenlace un tanto moralista, debe pensarse como lo lógico y lo pertinente de aquella época. Si algún delincuente se hubiese salido con la suya, la película se habría catalogado inmediatamente como una obra desafortunada, y no habría tenido la difusión y el buen recibimiento que tuvo.  The Asphalt Jungle se convirtió en fuente de inspiración para un sinfín de películas de "robos y atracos" que conformaron todo un sub-subgénero dentro del subgénero con que ya se le reconoce al policial negro. Entre ellos cabe destacar como indispensables a diez films que les recomiendo consigan y analicen: Trouble in Paradise de Ernst Lubitsch, Pickpocket de Bresson, High Sierra de Raoul Wash, Le doulos de Jean-Pierre Melville, The Killing de Kubrick, Rififi de Jules Dassin, The Killers de Robert Siodmak, I soliti ignoti de Mario Monicelli, Lock, Stock and Two Smoking Barrels de Guy Ritchie, y Reservoir Dogs de Tarantino. De cintas las sudamericanas creo que la argentina Nueve Reinas de Fabián Bielinsky resulta imperdible.