viernes, 29 de mayo de 2015

“Le gamin au vélo”, los hermanos Dardenne vuelven a lanzar dardos envueltos en benignidad, sencillez y humanidad.
























































































Volvemos a comentar otra buena película de los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne, autores y realizadores que siempre han intentado buscar a través de sus personajes aquella angustia soportable que se bascula siempre entre la huida y la confrontación, pero jamás indispuesta con esa inquietud por enriquecer sus miras humanísticas, sosegando el estilo para adaptarse a los nuevos requerimientos que la narrativa moderna demanda. Es en esta inusual capacidad como relatores, donde han terminado por hallar la fuerza necesaria para desprenderse de cualquier tipo de rótulos mientras que su cámara libre de pecados les concede un progresivo respiro a sus exánimes protagonistas. Todo esto, evidenciado en su película Le gamin au vélo donde le dan luminosidad, espontaneidad y lucidez a su forma de observar la cinematografía. Esta vez no daremos una opinión de lo que sucede dentro del film, porque sería muy interesante que lo puedan observar para luego leer este comentario, que discrepa de unos cuantos que he leído, y que su único afán es el de desprestigiar. Uno de los estereotipos que están vinculados al llamado cine comprometido, una etiqueta que exhala recelo porque es peyorativa, y se antoja como sinónimo de un proceder cargante, no tiene la idoneidad de suscitar reflexión por parte de quienes observamos el estilo de sus tesis. Acá es cuando nos metemos en una bolsa de gatos, porque si los Dardenne realizan películas para que uno se tome la molestia -otros la extraordinaria sensación- de pensar, el no hacerlo francamente que es indignante. Por otro lado, muchos afirman que este tipo de cine social -aunque no deja de ser político- parece caer en lo dogmático según la forma de representar la realidad que nos rodea. Lo adjetivan como artificial pese a su intención verista, y a su compostura semidocumental. Pienso que están equivocados a quienes no les da la gana de discurrir, sino que no analizan los objetivos que persiguen los Dardenne al crear una determinada historia y -más grave aún- no se toman el arduo trabajo de investigar a fondo el “pensamiento Dardenne” que puede abarquillarse, pero nunca contradecir su conceptualización de lo que siempre han pretendido dar a entender. El sostenido empeño de Luc y Jean-Pierre en esta cinta no es desemejante al de sus obras anteriores. Quizás en algunas películas hayan sido más o menos explícitos en su dramaturgia, y en la depuración o quietud de un estilo. En Le gamin au vélo muestran una visión aplicada de lo que sucede alrededor de una realidad que no es ficción salvo que se quiera solamente incluir la puesta en escena, y no lo trascendente del guión y la realización. Muchas veces los escritos son redactados de determinado talante, luego se corrigen, se filman, y se arma todo en la sala de montaje variándose lo que se pensó cuando se pensó y/o escribió la historia. Eso le sucede al 100% de los realizadores. Pero eso, no cambia la esencia sino las formas. Quien no observe con atención Le gamin au vélo, seguramente dirá que no existe nada nuevo bajo el sol, que es el mismo acontecer de siempre, y que los Dardenne lo que han pretendido realizar es la repetitiva mirada de las circunstancias narrativas a través de un formalismo concreto. Lo que creo que hacen dos zorros viejos como los hermanos Dardenne es respetar primero su trayectoria, para luego ambicionar el respeto del cinéfilo a quien le propone desarropar sus crónicas dándole un sentido dramático y socializador a la existencia de sus personajes que pueblan sus películas. No se trata de un cine simplificado y menos de carácter ingenuo. Es un estilo de trabajo, consensuado por ambos y que -como todo film- intenta postular una historia idealista que al ponerse en manos de no cualquier espectador, trata en lo posible que éste pueda darse el quehacer de diseccionar en la hondura de lo que se ha construido. Los que necesiten otro tipo de cine, lo encontrarán a montones sea en las carteleras de las multisalas o en la calidez de la piratería. Los Dardenne no imponen un punto de vista, lo sugieren, y si esto no cala en el que observa -por diversos motivos- no se debería criticar por el simple placer de destruir, y menos si no se sabe de lo que se trata el tema en cuestión. ¿¿ Acaso el hecho social de Loach o el dramático del francés Guédiguian son cultores de la imposición o del lugar común ?? De ninguna manera. La mirada de los Dardenne es ofrecer a sus personajes un criterio de moralidad, pero no condicionado al enjuiciamiento del mismo. Además, cualquier cineasta -en este caso los Dardenne- tiene o no el derecho de conocer a sus personajes, porque de eso nos vamos a encargar quienes vemos como estos se desarrollan, sea evolucionando o quedándose estampados en un molde. Si sus motivaciones se nos escapan, no sabiendo por qué van o vienen, porqué hacen tal o cual cosa, o porqué toman una u otra decisión, corresponde a una decisión nuestra. El cineasta coloca ciertas características en sus personajes -como nudos de acción en las escenas- que nosotros deberemos evaluar o en todo caso descubrir, e inclusive darle otro tipo de dimensionalidad, porque podemos -y hasta debemos- llegar a pensar que sus cualidades o defectos son inversamente proporcionales a cómo se nos presentan en la trama. Nos hallamos a años luz de las películas de mensaje, y por ello, un film como Le gamin au vélo no precisa caer en el panfletario politiquero o en la propaganda reformista. Esto es cine, y no una elección para presidente de una nación. Lo que sucede quizás es que frente a la tonalidad más grave de films como Je pense a vous, La promesse, Rosetta, Le fils, L’enfant, o la misma Deux jours, une nuit, de un ritmo más cadencioso, o menos apoyadas en los diálogos, más escuetas narrativamente, su penúltimo film podría definirse como más accesible. Excepcionales films como Ladri di biciclette, Umberto D., Ordet, o Peter Ibbetson son referentes directos de la filmografía de los Dardenne: por un lado, porque utiliza algunos de sus personajes como simples soportes de la acción, siendo la película quien acusa una escritura más evidente, un tanto más sutil, y una BSO extradiegética que rebasa lo solemne. En cualquier caso, los hermanos Dardenne tienen una línea de meditación fílmica harto conocida, y presagiar un giro en su filmografía es bastante improbable aunque hoy está de moda cambiar de automóvil y de mujer tres veces por año. Lo que sí hacen es adaptarse a los vientos que soplan hoy en día, pero jamás cambiar su esencia. Finalmente, en la relación de causa y efecto, si nos referimos a una irresponsabilidad familiar, y en consecuencia,  a un aspecto típicamente social, el resultado siempre recaerá sobre lo plural. Ante el abandono intencionado de un progenitor -como se sugiere en la película- no hay tripa dentro de nosotros que no se vea afectada. El sinsentido de ser huérfano tan sólo en la práctica es un hecho aberrante. Esa paz que sólo puede dar un padre, arrebatada e irrecuperable, nos invita a batallar, con uno mismo o con quien nos toque. Tan solo el recibir cuidado y cariño sincero, sin que sustituya el vínculo paterno, aportaría algo de esperanza y bien podría dar un fruto digno. Siempre habrá quien nos ayude a atemperar la percepción que por experiencia tengamos de la condición humana. Los Dardenne vuelven a radiografiar el comportamiento. Con una narración medular como cubierta, nos dedican una degustación de reacciones sumamente rica en matices, que las circunstancias de este niño se vuelven universales. No nos hablan de una vida, ni de una familia, ni de una sociedad, sino de un continente. Nos hablan de un pueblo que rechaza su cultura, que cada vez quiere saber menos de sus orígenes, constitución o valores morales. Somos tan insensibles ante tanta noticia amarillenta, que hemos dejado de conmovernos. Conscientes, los hermanos Dardenne, con su cine a cuatro manos y dos cerebros, nos lanzan dardos que pretenden movilizar nuestros sentidos. Alguno está a la vista, con imágenes cuyo contenido pone nerviosa nuestra conciencia. Otro va al oído, con una llaneza que logra atravesarnos el alma. El tercero, al tacto, será fácil de sorprendernos apretando el puño, o cogiéndonos de la butaca o del mueble de casa. El último, va al gusto, porque sin duda sentiremos el sabor del trago en algún momento. Tan solo dan libertad al olfato, quizás para que valoremos lo que significa seguir respirando. Muy buen film y recomendable para los seguidores de estos hermanos que siempre nos intentan decir algo nuevo entre líneas o fotogramas.