jueves, 27 de marzo de 2008

“El Asesinato de Jesse James por el cobarde de Robert Ford”, la estilización de una película del oeste.












Mucho se ha escrito sobre los diferentes géneros cinematográficos existentes, su trascendencia, sus orígenes y su clasificación. Pero muy pocos, se han referido a sus elementos básicos; la intriga, representando a la trama; el personaje, que es asumido por el héroe épico; la caracterización, que significa dotar de cualidades reales a un personaje; el espacio, que representa la articulación del lugar entre el personaje y la intriga; el tiempo, que es la configuración del momento en que actúan la intriga, el personaje y el espacio, y finalmente, el punto de vista, que representa al director expresando la historia en el aspecto narrativo o audiovisual. Por lo tanto, habría que intentar definir al Western, y buscar coincidir o no, en que si realmente es uno de los géneros pioneros, en el contexto del cine clásico norteamericano. También se ha afirmado que el Western, es el único género originario de la cinematografía, debido a que el resto de los mismos, sea el policial, la comedia, el suspenso, el documental, el musical etc., ya existían en la literatura antigua. Nosotros definiremos al Western, para mayor facilidad, como aquél género cinematográfico, que está representado por aquellas películas del antiguo oeste norteamericano, que narran la forma de vida que se daba en los estados fronterizos del país, en la segunda mitad del siglo XIX, más precisamente entre 1850 y 1890. La primera película que se rodó del género fue “The Great Train Robbery”, hecha en 1903, por el llamado padre del cine Western, Edwin Stanton Porter, quien recogió los hallazgos de la escuela británica sobre el montaje como forma narrativa; de Ferdinand Zecca. El film duraba 08 minutos, constaba de 08 secuencias de 01 minuto cada una, y utilizó solamente 10 planos fijos durante su filmación. Su última escena, un primer plano de un pistolero disparando sus armas hacia el espectador, causó una impresión jamás antes vista. Este cortometraje influyó decisivamente, debido a su éxito, en el desarrollo de la cinematografía norteamericana, y contribuyó a que el Western, se convirtiera en un espectáculo masivo. Las pequeñas salas de cine, conocidas como los nickelodeons -teatro hecho de banquetas no fijas de madera, que se aumentaban y acomodaban según el número de espectadores asistentes y que costaba 05 centavos de dólar- se extendieron por todos los estados federativos, y el cine comenzó a surgir como una poderosa industria del entretenimiento popular. Nuestros héroes, salían desde un pequeño rancho de vacas, iban montados a caballo, usaban sombrero de ala ancha, botas, chaleco y cinto con revólveres de 06 disparos, cruzaban desiertos, montañas, llanuras, bosques, nevados y largos trechos de caminos hostiles y territorios indómitos, donde tropezaban con la inclemente naturaleza, sumándole a esta travesía, la presencia de indios, trenes y diligencias, hasta llegar a un pueblo, casi siempre medio habitado o solitario, casi fantasmal, donde luego del largo viaje, iban por un trago de whisky al saloon o cantina de turno, se alojaban en el hotel del lugar, para luego seguir la travesía y buscar un pedazo de tierra mejor. Acá es donde empiezan a tejerse las grandes historias del oeste donde encontramos hombres que buscaban forjar un destino mejor, ligado a la lucha por conseguir la tierra anhelada, el establecimiento de la ley, el orden y la justicia, la persecución de bandoleros y asaltantes de trenes, diligencias y bancos, la formación de una pequeña comunidad, un pueblo y luego, la gran ciudad. Todos estos relatos estaban relacionados principalmente con la fundación de la nación y de los héroes que graficaban sus valores básicos en la más alta consideración del dolor y sacrificio. En la película “El hombre que mató a Liberty Valance”, en 1962, dirigida por el emblemático John Ford, el editor del diario “Shinbone Star”, un periodista alcohólico, resume criteriosamente la historia del lejano oeste norteamericano, desde sus principios, con el hacha, el arco y las flechas hasta la época de los pioneros, granjeros, rancheros y la ley de los revólveres. La ciudad reclamaba protección para sus ranchos, granjas, escuelas y el progreso mediante la construcción del ferrocarril y de carreteras. La gran mayoría de los Westerns, desde el mencionado “The Great Train Robbery” de Edwin Stanton Porter, hasta los más recientes “Bailando con lobos” en 1990, dirigida y actuada por Kevin Costner, “Sin perdón” en 1992, también dirigida y actuada por Clint Eastwood y “3:10 to Yuma”, en el 2007, de James Mangold, con las actuaciones de Russell Crowe y Christian Bale, un remake de 1957, han tratado esta prolífica temática y examinado una parte de la historia norteamericana a la luz de las actitudes de hoy en día, ofreciendo una interrelación de hechos reales, leyenda y confirmación de los valores esenciales. Quizás una de las mayores preocupaciones de los Westerns haya sido reflejar la legítima conquista de los territorios norteamericanos. Grandes películas como la cinta muda “The Covered Wagon” en 1923, de James Cruze, que idealizó los paisajes del oeste y dio el pistoletazo de salida al gran número de películas sobre colonos y caravanas, en donde destaca el espíritu de los pioneros que intentaban encontrar una nueva tierra y una nueva vida. “El caballo de hierro” en 1924, dirigida por John Ford, ambientada en una época posterior, examina, cómo la aparición del ferrocarril abre nuevas perspectivas y sueños en un país que se va desarrollando mediante un progreso lento y esforzado. Uno de los primeros ejemplos del cine Western sonoro es la elocuente “Cimarrón” en 1931, dirigida por Wesley Ruggles, primer película del Oeste en ganar un premio Oscar, donde el gobierno de los EEUU abre, literalmente, el territorio de Oklahoma para el asentamiento de los pioneros. Una verdadera historia de amores, luchas y desencuentros, triunfos y separaciones, dentro de una familia del lejano oeste. A pesar que este tipo de escenas ya habían sido rodadas con anterioridad, la secuencia de la carrera de diligencias a través de los grandes espacios abiertos de Oklahoma, para conseguir un terreno donde establecerse, sigue siendo una de las más memorables -visualmente- de la historia del Western. La agilidad narrativa, que une generaciones y paisajes, vuelve a hacerse patente en films como “Unión Pacífico” en 1939, con las actuaciones de Bárbara Stanwyck y Joel McCrea, en un relato típico del romántico Cecil B. De Mille, sobre la construcción y puesta en funcionamiento del ferrocarril. El aspecto legendario de la película se refuerza por la inclusión de argumentos verídicos, ya que la compañía de ferrocarriles Unión Pacific, proporcionó documentos originales y ayudó en las investigaciones para la realización de la película. Las posibilidades y la flexibilidad del género ha producido numerosos subgéneros, pero también ha servido como vehículo para el análisis social, político y su posterior discusión. Para quien suscribe este prólogo, la película del Oeste más entrañable es “High Noon”, en 1952, de Fred Zinnemann. Es un film imperdible, de obligada referencia y filmada en tiempo real. Fueron 84 minutos de la vida de un magistral Gary Cooper, quien ganó un premio Oscar por la interpretación del alguacil Kane. Uno siempre recordará a Cooper, ya enfermo, justo el día de su boda con la jovenzuela Grace Kelly, dibujando la eterna espera en un mediodía de domingo, localidad de Hadleyville, donde un tren arribaría, trayendo consigo un delincuente condenado cinco años antes, por el mismo Marshall del pueblo. Will Kane buscará refuerzos para defender su terruño y a su amada, pero no encontrará ninguno, el pueblo estaba vacío, teniendo que afrontar él solo, imperturbable, al peligro ante si. Un desenlace inolvidable en la historia del Western. Algunos notaron aquí una intención del director austriaco, por poner de manifiesto la cobardía y penumbra intelectual a la hora de enfrentar al nefasto Macarthismo. Carl Foreman, guionista del film, califica este relato como una alegoría política, ya que Zinnemann era vienés, de origen semita. Decía que era claro que el director, intentaba relacionar este incidente histórico, con eventos de actualidad política, aunque en lo estrictamente cinematográfico estaba sorprendido cómo la genialidad de un europeo podía haber encumbrado un sentimiento tan profundamente norteamericano como el Western. Dentro del este género, podemos apreciar otro tipo de tendencias, la incomprendida y casi desconocida película “The Tin Star” en 1957, de Anthony Mann. Un western psicológico que describe la típica relación entre dos hombres opuestos, uno experimentado y el otro aprendiz, al que su comunidad lo nombra como Sheriff, representado por el actor Anthony Perkins, para que ponga orden e impere la ley. De este vacío se aprovecha el mayor delincuente del pueblo, para tomar justicia por mano propia, los ciudadanos honestos y apacibles no desean verse involucrados con este vil sujeto. Solamente un ex-Sheriff foráneo, que era en realidad un cazarrecompensas, representado por Henry Fonda, reconoce el peligro y ayuda al tímido Sheriff para que logre imponer su autoridad. “The Tin Star”, es una hermosa película acerca del aprendizaje, de la integridad moral y de la importancia de la auto creencia en las facultades de cada uno y muestra como una película del oeste puede tener lugar para mostrar un trasfondo diferente. Es un gran film pero lamentablemente ignorada. Anthony Mann describió al western como una forma primitiva, que no se ajusta a ninguna regla; según él, un western es leyenda y esta produce el mejor y la más pura de las expresiones cinematográficas. Por lo tanto, la evolución del género desde 1903 a la fecha, ha logrado soportar, una serie de propuestas o sub-géneros, como el Western crepuscular -Arthur Penn, Sam Peckinpah y Clint Eastwood- o el Spaghetti Western –un exagerado Sergio Leone- que mantienen aún, en su forma, lo natural de su concepción y estructura básica, pero sumada una gran variedad de matices en los fondos, que se han ido nutriendo de variables que le han aportado a las películas de vaqueros, una mayor profundidad narrativa, visual y sonora. Nunca desaparecerán los disparos, ni el desenfundar de las armas, ni el sombrero de ala ancha, ni el momento del enfrentamiento final, pero, las tramas estarán cada vez más inclinadas a desarrollar relatos complejos o meramente personalistas, que aparenten acabar con el género, pero que no surtirá efecto, porque la verdadera esencia del western es uno solo, la vida del cowboy, impostergable e indestructible. Un ejemplo, es la actual película ganadora del Oscar 2007, “Sin lugar para los débiles”, un sub-género, que cambia levemente su fondo y su forma, pero que respira y se nutre del género madre para exponer su elocuencia. En la película, “El Asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford”, la suma de la intriga, el personaje, la caracterización, el espacio, el tiempo y el punto de vista, nos devuelven a la gran época del western, nos confiere la misma historia de la primera de las 36 películas hechas sobre la leyenda de James, pero esta vez con un objetivo cinematográfico claro y pensado a la perfección, un estilismo acucioso, esto la hace un notable western psicológico. Al final de nuestro comentario les adjunto una relación de películas del Oeste, las mejores, las imperdibles, para aquellos que añoren este extraordinario género. Nunca es tarde para recordar. No están incluidas las películas que se nombraron en la introducción. En forma particular, yo recomiendo mis 20 películas favoritas aunque me quedo bastante corto; “La diligencia” de John Ford, 1939, “Murieron con las botas puestas” de Raoul Walsh, 1942, “Mi querida Clementina” de John Ford, 1946, “Solo ante el peligro” de Fred Zinnermann, 1952, “Raíces profundas” de Georges Stevens, 1952, “Johnny Guitar” de Nicholas Ray, 1953, “Centauros del desierto” de John Ford, 1956, “La gran prueba” de William Wyler, 1956, “Cazador de Forajidos” de Anthony Mann, 1957, “Río Bravo” de Howard Hawks, 1959, “Los siete magníficos” de John Sturges, 1960, “El hombre que mató a Liberty Valance” de John Ford, 1962, “Dos hombres y un destino” de George Roy Hill, 1969, “Valor de Ley” de Henry Hathaway, 1969, “Grupo Salvaje” de Sam Peckinpah, 1969, “Silverado” de Lawrence Kasdan, 1985, “Sin perdón” de Clint Eastwood, 1992, “Wyatt Earp” de Lawrence Kasdan, 1994, “Rápida y mortal” de Sam Raimi, 1995 y “3:10 to Yuma” de James Mangold, 2007. Finalmente, quisiera hacer un brevísimo homenaje a la figura emblemática de las películas del oeste, al mejor, al inmortal, al cowboy por excelencia y al que siempre se le recuerda con cariño y admiración, al que ustedes se imaginan. Un rudo y vigoroso vaquero, un caballero con revólver, al que cada movimiento parecía exigirle un esfuerzo supremo por su enorme contextura física. John Wayne, encarnó como nadie al verdadero héroe norteamericano, simplemente al bueno y justiciero de la película. Un hombre que llegó a superar la frontera entre el mito y la realidad, el único que en vida, llegó a ser una verdadera leyenda, aunque parezca absurda la definición y el bandido de Jesse James se atribuya la misma suerte.

Alguien muy particular, llegó a decir que existían 03 tipos de películas del Oeste, las que retrataban a los pioneros buscando una tierra apropiada para establecerse y formar una comunidad, la segunda, que representaba a los antiguos indios pieles rojas enfrentados a los cowboys norteamericanos, por razones ancestrales y culturales, tal como lo parodiaba el legendario y multifacético Buffalo Bill, en su famoso espectáculo circense “Buffalo Bill's Wild West", que duró 20 años y se dio la vuelta a los EEUU entre 1883 y 1903, con más de 1,200 artistas movilizados y en donde hizo famoso al indio Toro sentado, quien publicitaba extravagantemente a la comunidad india en el mencionado show. Finalmente, la tercera clase de películas de vaqueros, en donde emergían triunfadores y dominantes los pistoleros, bandidos y pillos del lejano Oeste. La pregunta sería, cual tipo de realización cinematográfica fue la que predominó en el gustó popular. La respuesta es unánime. Aquella donde la violencia hacía que se agitaran pistolas y revólveres para resolver rápidamente cualquier tipo de discusión acalorada recurriendo a los famosos duelos pactados o simplemente resolver la duda a quemarropa, para lo cual solo bastaba, la cobarde decisión de un bandolero desconocido. Porque entonces la decisión popular respaldaba a los films, donde hacían de las suyas delincuentes o malhechores de la calaña de Jesse James, Liberty Valance o Billy the Kid, en desmedro de personajes repletos de valores y designios como Wyatt Earp, Will Kane – Gary Cooper en “High Noon” –, o Tom Doniphon – John Wayne en “El hombre que mató a Liberty Valance” - , aunque al final el enfrentamiento entre el bien y el mal, entre el facineroso y el alguacil, inclinara la balanza para el lado de la ley. Podría ser perfectamente el espíritu morboso y satánico de la sociedad quien se encargara de ponerle la estampilla de héroe o leyenda al que robaba, mataba y reía. Eso es lo grandioso del cine. Nadie es dueño de la verdad porque en el cine la verdad no existe, ni existirá. Solo hay espacio para lo subjetivo, como la pregunta, quien fue primero, el huevo o la gallina. En las películas de vaqueros, tendríamos que parafrasear señalando, quien fue primero, el bandido o la ley. Curiosa comparación. Antes de entrar en el comentario de la película, un repaso biográfico de Jesse James.

Jesse Woodson James, nació en Clay County, Missouri, el 05 de septiembre de 1847, falleció en Saint Joseph, Missouri, el 03 de abril de 1882, fue un forajido delincuente americano, fundador y el más famoso integrante de la joven banda de asaltantes James-Younger. Luego de su sorpresiva e inexplicable muerte y con el transcurrir de los años, llegó a convertirse en una figura legendaria del Oeste norteamericano. Jesse, tuvo dos hermanos; el mayor era Alexander Franklin James, conocido como Frank, y una hermana pequeña llamada Susan James. Su padre, Robert James, fue un comerciante de cáñamo y ministro de la iglesia Bautista de Kentucky. Mr. James viajó a California en 1851 con la ilusión de probar fortuna durante la denominada fiebre del oro, y murió allí de tuberculosis, cuando Jesse tenía tan solo cuatro años. Tras la muerte de Robert James, la madre de Jesse, Zerelda, volvió a casarse en dos ocasiones. Producto de estos matrimonios, Jesse tuvo cuatro hermanastros; Sarah Louisa, John Thomas, Fannie, y Archie. La proximidad de la Guerra Civil Americana, pronto ensombreció la vida de la familia James. Missouri era en ese momento un estado caliente, en medio del Norte y el Sur. Desatada la guerra, en 1862, Jesse James se unió a la guerrilla sudista de William Clarke Quantrill junto a su hermano Frank. La guerra civil desbastó Missouri y fue determinante en la vida posterior de Jesse James. Acabada la Guerra Civil Estadounidense, James se rinde a los soldados de la Unión, pero, al no ser respetados los términos de la capitulación, retomó las armas en 1866. Jesse fue Jefe y fundador de su propia banda de atracadores, entre los que se encontraba su hermano mayor Frank, así como Cole, James y Robert Younger. La gente los respetaba por su brillantez y por su valentía. El gobierno estadounidense llegó a nombrar una agencia de detectives, la Pinkerton, con el único fin de capturarlos. En una oportunidad, esos detectives tiraron una bomba en su casa, pero no estaban ahí ni Jesse ni su hermano Frank, la explosión terminó matando a su madre y a dos de sus hermanastros. Entonces creció la simpatía de la gente por el grupo. De todos modos, sus biógrafos coinciden en que estuvieron lejos de ser asaltantes a lo Robin Hood. Por el contrario, apenas compartían entre ellos los botines, tampoco dudaban en disparar a la cabeza de quien se les pusiera delante Una de sus más famosas tentativas de atraco a un banco, tuvo lugar en 1876, en el First National Bank de Northfield, Minnesota, cuando todos los miembros de la banda, salvo Jesse y Frank James murieron o fueron capturados tras un intenso tiroteo. En 1882, durante su permanencia en la casa de su familia en Saint Joseph, Missouri, fue asesinado por la espalda por Robert Ford, un joven y ambicioso miembro de su segunda banda, quien pretendía cobrar la recompensa de 10,000 dólares ofrecida por el gobernador de Missouri por la captura de los hermanos James, vivos o muertos. Frank James se entregó poco tiempo después de la muerte de su hermano. La opinión pública norteamericana trató a Frank James como un héroe y fue absuelto en dos ocasiones. Falleció en 1915 en su granja de Missouri. La granja donde nació Jesse fue convertida en museo y allí descansan sus restos, que fueron enterrados en una ceremonia tradicional de la Confederación en Octubre de 1995. Durante unos años un tal Frank Dalton dijo que él era en realidad Jesse James; que Bob Ford había matado a un primo de Jesse. No obstante, unas pruebas de ADN en 1995 determinaron que el hombre asesinado por Robert Ford era el auténtico Jesse James y fue enterrado por nostálgicos compañeros y admiradores con uniforme confederado. Jesse James es uno de los personajes del oeste americano que más veces ha sido llevado al cine. Se han hecho 36 películas en su honor lo que lo hace un personaje reconocido y sumamente popular. El primer film sobre su vida fue hecho en 1908 por Gilber Brocho, quien lo tituló “The James in Missouri”. La versión más reconocida es la realizada por Nicholas Ray en 1957. La película se llamó ‘”La Verdadera Historia de Jesse James’ o “The True Story of Jesse James”. Nicholas Ray fue un muy apreciado director de cine que llegó a realizar el film “Rebelde sin causa” en donde dirigió a otra leyenda del cine norteamericano, James Dean así como uno de las películas del oeste más apreciadas, “Johnny Guitar” en 1953. En ‘”La Verdadera Historia de Jesse James”, Ray narra la ajetreada y particular vida del bandido norteamericano siempre al límite y en contra de la ley. Destaca los atracos a numerosos bancos y trenes postales, así como la relación con su familia y amigos. Hoy, en el 2007 resurge nuevamente la figura del más célebre de los bandidos norteamericanos, admirado y reconocido por amigos y enemigos, “El Asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford”, película tan extensa - 160 minutos -, como su título, es protagonizada por Brad Pitt y secundado por Casey Affleck, en quien realmente se centra la película. Dirigida y guionada por el neozelandés nacido en Australia, Andrew Dominik, es una muy recomendable cinta cinematográfica que intenta renovar el alicaído género Western.

Quiero ser justo y reconocer, que el enfoque de los productores del film “El Asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford”, Tony y Ridley Scott, así como Brad Pitt y otros más, le sugieren al guionista y director, Andrew Dominik, un tratamiento no convencional con el género Western, y que la mejor estrategia para lograrlo, se fundamente en la estilización de la propuesta, buscando agregarle una serie de matices, calibrando con artesanal delicadeza, los sonidos, imágenes y diálogos renovados, pero que no se alejen del verdadero corazón de las películas de vaqueros tradicionales, priorizando los personajes sobre la historia. Los productores aciertan en confiar el proyecto cinematográfico al director neozelandés y éste hace lo propio, acierta realizando una película especialmente cuidada, protegida, con los objetivos claros, definidos y logrando una estilización del género que sorprende y a la vez agrada. Andrew Dominik nos hacer olvidar el estigma, que aquellas películas del oeste de antaño, habían posicionado en sus seguidores y que perjudicó, con el transcurrir del tiempo, al género original, porque perdió contacto con el gran público, y estaba condenado a lo inmemorial. Dominik, dispara un intento arriesgado, pero matemáticamente calculado, sin minimalismos y evaluando con rigor y objetividad, toda posible conceptualización, por más inútil que pueda parecer. Creo que ahí radica uno de los varios méritos del joven realizador, pensarlo todo y dejar a un lado su magnífica ópera prima “Chopper”, donde destiló borbotones de violencia, en manos de un conocido criminal australiano, y pasar a esta otra propuesta, también casi biográfica y violenta, pero que estudia y comprende a la perfección, con objetividad, y una detallística admirable, rodeando a la película de una trama personalista e intimista, una fotografía superlativa y una banda sonora que envuelve al film, del ritmo justo, nada espectacular, solo la cadencia suficiente, casi a la manera del universo épico de su maestro, Terrence Malick, aunque no lo pueda igualar. Por lo tanto, nos encontramos ante una película que nos relata una historia de adentro hacia afuera, 100% reflexiva, con una llevadera voz en off, que va recreando, apuntando hechos concretos, que no son míticos, sino históricos. Su velocidad de exhibición es lenta, pausada, tranquila y silenciosa, pero nunca cansina, como los admirables diálogos y gestos de Casey Affleck, la mirada profunda y dudosa de Brad Pitt, y la música de Nick Cave y Warren Ellis, que va marcando acompasada la calma de la propuesta. Esta lentitud del relato es bien tolerada y no determina ninguna adjetivación hacia el trabajo del director. Por el contrario, es una herramienta del mismo, para poder graficar todas las vicisitudes, que se van creando alrededor de la leyenda, aún viva. La historia nos narra los últimos meses en la vida de Jesse James, un bandido de casta popular, que tenía que ejercer por obligación, una doble personalidad y que la aparentaba con propiedad. Su nombre, socialmente aceptado, era Thomas Howard y se llevaba cordialmente con todos los personajes del pueblo, haciéndose pasar por un ex-comerciante ganadero, además de fingir ser un ricachón sin empleo, paseándose cuidadosamente por bares, restaurantes y billares. Jesse se atribuía el hecho de tener 17 víctimas, relacionadas con cerca de 25 atracos – de 1867 a 1881 -, entre trenes postales, bancos y diligencias. Producto de esta pérfida profesión, el destino le había conferido tres cicatrices en su cuerpo, por sendos disparos, la amputación de una falange de uno de los dedos de la mano izquierda, además de una enfermedad pulmonar y otra en los párpados. Jesse James tenía 34 años, y una familia compuesta por su mujer y dos pequeños niños. Había sido por 14 años el personaje más temible y buscado del centro y noroeste de los EEUU. En septiembre de 1881, se aprestaba a realizar un atraco a un tren postal que venía cargado con un supuesto botín de 100,000 dólares. Jesse y su hermano mayor Frank, de gran ascendencia sobre Jesse, planificaron el asalto como correspondía Para esto, Jesse reconstruyó la famosa banda original, llamada James-Younger, ya que los hermanos Younger habían sido capturados y otros socios de la banda, caídos en combate. Jesse, equivocadamente, acude a reclutar ladronzuelos y campesinos de las colinas, donde vivían los Ford, para que lo secunden en la nueva aventura. Este hecho desencadenará durante la trama una serie de enfrentamientos y desenlaces fatales luego del asalto. Mientras esperan pacientemente la llegada del tren, se producen los primeros encuentros entre Bob Ford, tanto con Frank James, como con el mismo Jesse. Estas escenas están correctamente armonizadas en lo visual, aunque hay una en especial, de varios minutos, en donde intervienen 04 de los malhechores, entre los cuales se encontraba Charley Ford, brillantemente interpretado por Sam Rockwell. Esta escena la entiendo como uno de los tantos diálogos innecesarios, que no revelan ningún aporte significativo a la trama. Quizás estos y otros excesos criticables, le jugaron en contra al film, para poder tener mayor repercusión en los premios cinematográficos del 2007, aunque Brad Pitt, fue galardonado en Venecia. Mencionaba que el primer encuentro de Bob Ford con Frank James, define el principio de la excelente actuación de Casey Affleck. Luego encuentra solo a Jesse en plena merienda y le pide permiso para felicitarlo por su cumpleaños, hecho que llama la atención del delincuente, preguntándole, que como lo sabía, siendo la respuesta clave, para la amistad que luego consolidarían Ford con James; - usted se sorprendería todo lo que sé de Jesse James - , demostrando una enfermiza devoción por el bandido mayor, que se va confirmando paulatinamente a lo largo de la película. Esto produce un sorpresivo resultado, ya que James lo invita a su casa, en desmedro de su primo y de Charley Ford. Bob no sale de su asombro y al pasar una noche donde James, comete errores, propios de su juventud y fanatismo, que James detecta sin sobresalto alguno, pero que lo hace dudar de la personalidad de Ford. Debo confesar que la escena del atraco al tren postal, me pareció perfectamente realizada por Dominik, el ingenioso juego de luces y cámaras que se van intensificando, de la mano de la desesperación de los asaltantes, es parte de esos pequeñísimos, pero notables momentos en que el realizador nos entrega, utilizando efectos no tan especiales, sino más bien particulares, los cuales calzan a la perfección en los instantes adecuados. Otros detalles y atmósferas nada despreciables son, la profundidad de los cielos, aunque a veces excesiva, la inclemencia de la lluvia, la presencia imponente de los paisajes nevados, las visiones tergiversadas a través de las ventanas, etc., que establecen variantes destacables y las debemos de considerar como aportes no convencionales del género, como si se tratara que la melancolía y los silencios, fueran los ejes de contemplación de las preciosistas ambientaciones. Frank James le demuestra a Jesse, con una mirada compasiva pero firme, que ya es tiempo del retiro voluntario, que los atracos son hechos del pasado y que más bien piense en su familia y su propia protección. Jesse accede, sin estar del todo convencido. Luego la trama se va inclinando hacia la exploración profunda de los diálogos cruzados entre los protagonistas, los mismos que se elaboran a través de microhistorias y microclimas dentro de la estructura madre de la película, es decir, el personaje sobre la trama, el individualismo sobre lo general. Asesinatos, búsquedas, sospechas, equivocaciones humillación y ansias de gloria, se van desarrollando en el núcleo de estas diminutas historias y climas, hasta llegar a los momentos cumbres del film. Debo aclarar que el personaje principal de la película no es Jesse James, sino su joven aliado Robert Ford. Y aquí, tendríamos que detenernos para reconocer la brillante, magistral y sublime interpretación de Casey Affleck, quien le suma una variedad incalculable de matices y perfiles a su actuación. Maneja a sus anchas el personaje, lo ubica y sostiene en los contextos precisos con una ductibilidad que asombra. Juega al inmaduro, al inocente, al mentiroso, al torpe, al astuto, al osado, al delator y al cobarde con una naturalidad desbordante. Su estupenda dicción, melódica y parsimoniosa, sumada a su imponente gestualidad, nos transporta a ese mundo interior de fantasía, incredulidad y ambición. Robert Ford es el único que se da cuenta que Jesse James es tan humano y vulnerable como él mismo. Una magnífica actuación, que sin embargo, no logró imponerse sobre la descollante y antológica que realizó el español Javier Bardem. Brad Pitt está correcto como Jesse James, pero algo inexpresivo en lo emocional, no es una actuación descomunal, pero al igual que Affleck, nos va confesando sus sentimientos, sus frustraciones y hasta su condición de ser humano. Jesse llora, al pie de su caballo, cuando golpea con desesperación a un chico inocente, le confiesa su depresión a Ford, como preparando el final. En el fondo, quería escapar de ese mundo agobiante que lo mataba día a día. Jesse James sabía que el único camino posible era el de convertirse en una leyenda, a través del fanatismo desmedido de su victimario. Es clara la escena en donde invita a los Ford a la tentación de matarlo y lo logra, porque lo sabía. Intenta limpiar un retrato de un caballo y al mirar por el vidrio, ve a Ford apuntándole. Luego en segundos, pasa a ser el más legendario bandido de la historia delictiva de los EEUU. Luego, Charley y Bob Ford, empiezan a desarrollar actividades teatrales, ilustrando el asesinato de James. Son casi 20 minutos insulsos, sosos e innecesarios. Dominik falla en este intento por alargar el film contándonos como el fantasma de Jesse James, sigue perturbando a los hermanos Ford, luego que éstos logran cobrar la recompensa, por asesinar por la espalda a su supuesto amigo y entrañable ídolo. La nostalgia y la vida vacía, acaban con Charley Ford, mediante un suicidio previsible y Robert Ford es asesinado de la misma forma que él lo hizo con el antihéroe. El que a hierro mata a hierro muere. Finalmente, estoy convencido de haber observado una gran película, pero con algunos errores. Creo que la cinta se extiende demasiado, dura 160 minutos. No hubiera importado el tiempo, si los 160 o 180 minutos se justificaban con diálogos e imágenes enfocadas en el corazón del relato, y no tan estrictamente en la descripción de los personajes. No sucedió de esta manera, por lo que el visionado se vuelve previsible y agotador. También la película exhibe un excesivo preciosismo y por momentos peca de grandilocuencia, y de un tono monótono. No es un pecado ni una deshonra. Sencillamente se sobredimensionan algunas escenas. Es como cuando alguien visita un prestigioso restaurante, solicita el plato especial del Chef y al cocinero se le pasa un punto de sal. No es un manjar incomible ni de mal gusto, pero está pasado ligeramente de sal. Debió estar en el punto de sal exacto, por lo tanto uno no queda satisfecho plenamente. Una falla tonta del cocinero pero falla al fin. Como señalé anteriormente, existen algunos diálogos que son innecesarios y otros extensos. Estos yerros si le restan calidad a la puesta en escena. Seguramente existió una justificación para que estén en el metraje, pero hubiera sido más consecuente, construirlos más cortos y consistentes. A Andrew Dominik, no le interesó la épica grandiosa ni monumental de los Westerns clásicos, donde predominan la acción, el gatillo fácil y el inevitable duelo entre el bien y el mal. Se introduce con destreza e inteligencia dentro del personaje, para luego situarse y encender el retrato íntimo, pausado y reflexivo, apostando por un Western de tipo psicológico, cumpliendo con los objetivos cinematográficos que le exigieron, es decir, llevar a cabo una propuesta novedosa y estilizada pero sin apartarse de la esencia del Western tradicional y luego, priorizar el personaje sobre la trama y contar con minuciosidad, como dos hombres opuestos, tenían algo en común y que los atraía, buscar y encontrar la forma de llegar a la posteridad. Uno lo logró, el otro no, pero lo ayudó a lograrlo. Para terminar, quisiera recomendarles que vayan al cine, para que puedan apreciar como corresponde, la grandeza de la fotografía del laureado Roger Deakins, ASC, BSC, también un gran editor, el mismo que dirigió la fotografía de la película ganadora del Oscar 2007, “No Country for old men”, además de “En el valle de Elah”, “El Hombre que nunca estuvo”, “Una mente maravillosa”, “El gran Lebowsky” entre otras. Para finalizar, David Lean, decía, con sabiduría y razón, que lo importante son las imágenes y no los diálogos, porque son las imágenes las que quedan talladas en la mente del espectador. Sin embargo, quisiera recordar una frase memorable del bandido Jesse James al cobarde Robert Ford, “no sé si quieres ser como yo, o simplemente quieres ser yo”. Espero sus opiniones, comentarios y palos. Tal como lo prometimos les entrego una lista de los mejores títulos de películas de cowboys, sumados a los títulos nombrados en la introducción.

“Tierra de Audaces” (1939), Título original: “Jesse James”, de Henry King, con Tyrone Power, Henry Fonda, “Dodge, Ciudad sin Ley” (1939), Título original:” Dodge City”, de Michael Curtiz, con Errol Flynn, Olivia de Havilland, “Camino de Santa Fe” (1940), Título original: “Santa Fe Trail”, de Michael Curtiz, con Errol Flynn, Olivia de Havilland, “Oro, Amor y Sangre” (1940), Título original: “Virginia City”, de Michael Curtiz, con Errol Flynn, “El Caballero del Oeste” (1945), Título original: “Along Came Jones”, de Stuart Heisler, con Gary Cooper, Loretta Young, “Duelo al Sol” (1946), Título original: “Duel in the Sun”, de King Vidor, con Jennifer Jones, Gregory Peck, “Fort Apache” (1948), Título original: “Fort Apache” de John Ford, con Henry Fonda, John Wayne, “Los Tres Padrinos” (1948), Título original: “Three Godfathers” de John Ford, con John Wayne, Pedro Armendáriz, “Río Rojo” (1948), Título original: “Red River”, de Howard Hawks, con John Wayne, Montgomery Clift, “La Legión Invencible” (1949), Título original: “She Wore a Yellow Ribbon” de John Ford, con John Wayne, “Dallas, Ciudad Fronteriza” (1950), Título original:” Dallas”, de Stuart Heisler, con Gary Cooper, “Winchester 73” (1950), Título original: “Winchester 73”, de Anthony Mann, con James Stewart, Shelley Winters, “Camino de la Horca” (1951), Título original: “Along the Great Divide” de Raoul Walsh, con Kirk Douglas, Walter Brennan, “Tambores Lejanos” (1951), Título original: “Distant Drums”, de Raoul Walsh, con Gary Cooper, “Horizontes Lejanos” (1952), Título original: “Bend of the River”, de Anthony Mann, con James Stewart, Rock Hudson, “Colorado Jim” (1953), Título original: “The Naked Spur”, de Anthony Mann, con James Stewart, “Vera Cruz” (1954), Título original: “Veracruz”, de Robert Aldrich, con Gary Cooper, Burt Lancaster, “El Hombre de Laramie”, El (1955), Título original: “The Man from Laramie”, de Anthony Mann, con James Stewart, “La Ley de la Horca” (1956), Título original: “Tribute to a Bad Man”, de Robert Wise, con James Cagney, “Duelo de Titanes” (1957), Título original: “Gunfight at the OK Corral”, de John Sturges, con Burt Lancaster, Kirk Douglas, “Desafío en la Ciudad Muerta” (1958), Título original: “The Law and Jake Wade”, de John Sturges, con Robert Taylor, Richard Widmark, “Misión de Audaces” (1959), “The Horse Soldiers”, de John Ford, con John Wayne, William Holden, “El Árbol del Ahorcado” (1959), Título original: “The Hanging Tree”, de Delmer Daves, con Gary Cooper, Karl Malden, “El Hombre de las Pistolas de Oro” (1959), Título original: “Warlock”, de Edward Dmytryk, con Richard Widmark, Henry Fonda , “El Ultimo Tren de Gun Hill” (1959), Título original: “The Last Train from Gun Hill”, de John Sturges, con Kirk Douglas, Anthony Quinn, “El Alamo” (1960), Título original: The Alamo, de John Wayne, con John Wayne, Richard Widmark, “Los Comanches” (1961), Título original: “The Comancheros”, de Michael Curtiz, con John Wayne, Lee Marvin, “Dos Cabalgan Juntos” (1961), Título original: “Two Rode Together”, de John Ford, con James Stewart, Richard Widmark, “La Conquista del Oeste” (1962), Título original: “How the West Was Won”, de John Ford, con John Wayne, Henry Fonda, Gregory Peck, “Mayor Dundee” (1964), Título original: Major Dundee, de Sam Peckinpah, con Charlton Heston, Richard Harris, James Coburn, “Por un Puñado de Dólares” (1964), Título original: “Per un Pugno di Dollari”, de Sergio Leone, con Clint Eastwood, “La Muerte tenía un Precio” (1965), Título original: “Per Qualche Dollaro in Più”, de Sergio Leone, con Clint Eastwood, Lee Van Cleef, “Los Profesionales” (1966), Título original: “The Professionals”, de Richard Brooks, con Burt Lancaster, Lee Marvin, “Nevada Smith” (1966), Título original: “Nevada Smith”, de Henry Hathaway, con Steve McQueen, Karl Malden, “El Dorado” (1967), Título original: El Dorado, de Howard Hawks, con John Wayne, Robert Mitchum, “Lo Bueno, el Feo y el Malo” (1966), Título original: “Il Buono, il Brutto, il Cattivo”, de Sergio Leone, con Clint Eastwood, Lee Van Cleef, “Hasta que Llegó su Hora” (1968), Título original: “C'era una Volta il West”, de Sergio Leone, con Henry Fonda, Charles Bronson, El Oro de Mackenna” (1969), Título original: “MacKenna’s Gold”, de J. Lee Thompson, con Gregory Peck, Omar Shariff, “El Juez de la Horca” (1972), Título original: “The Life and Times of Judge Roy Bean”, de John Huston, con Paul Newman, “Pat Garrett y Billy The Kid” (1973), Título original:” Pat Garrett and Billy the Kid”, de Sam Peckinpah, con James Coburn, “El Fuera de la Ley” (1976), Título original: “Outlaw Josey Wales”, de Clint Eastwood, con Clint Eastwood, “Geronimo” (1993), Título original: “Geronimo, an American Legend”, de Walter Hill, con Gene Hackman, Robert Duvall, “Maverick” (1994), Título original: “Maverick”, de Richard Donner, con Mel Gibson, Jodie Foster, “Dead Man” (1995), Título original: “Dead Man”, de Jim Jarmusch, con Johnny Depp. ”Cabalga con el Diablo” (1999), Título original: “Ride with the Devil”, de Ang Lee, con Tobey Maguire, Skeet Ulrich, “Open Range” (2003), Título original: “Open Range”, de Kevin Costner, con Kevin Costner, Robert Duvall, “Enfrentados” (2007), Título original: “Seraphim Falls”, de David Von Ancken, con Pierce Brosnan, Liam Neeson. Coloco los títulos en inglés y en español.

miércoles, 12 de marzo de 2008

“Sweeney Todd”, un verdadero concierto de navajazos.



















La Crítica de "EL FAUNO"

Señores, señoras: Acabo de ver un espectáculo. Un musical terrorífico, sangriento y con un halo de oscuro romanticismo como solo Tim Burton podría haber adaptado. La triste historia de un hombre al que le fue arrebatada su vida y su felicidad por la envidia de otro. No sé ni por donde empezar. No se si comenzar por Johnny Depp, con esa fría mirada impostada en su rostro; por Helena Bonham Carter, nadie podría haber compuesto una señora Lovett mejor que la suya, injusta olvidada en los Oscar; por el diseño artístico de Dante Ferreti, por la tenebrosa fotografía, por la música y sus letras, por su apertura de créditos que te pone los pelos de punta… Sencillamente me he quedado sin habla ante esos últimos 4 o 5 planos en los que Tim Burton ha conseguido destilar como muy pocos la esencia de las palabras romanticismo gótico plasmado en la eterna unión de los amantes. Qué queréis que os diga. La mejor película del año y una de las mejores de Tim Burton. Por favor, vedla. Eso si, si no eres amigo del musical, vete preparado porque aquí se canta más que se habla.

Como me he quedado verdaderamente en blanco, me limitaré a decir estrella por estrella, siguiendo mi personal estructura de valoración contabilizada, no en 5, sino en 10 puntos, el porqué de mi valoración.

1ª Estrella:
Johnny Depp. Su actuación es lo que el papel pedía, Depp es Sweeney y Sweeney es Depp.

2ª Estrella:
Helena Bohnam Carter nunca ha estado tan bien. Ninguna actriz podría haber dibujado una señora Lovett como la que encarna la esposa de Burton. Injusta olvidada en los premios.

3ª Estrella:
La composición musical de Stephen Sondheim. La canción que suena en los títulos de créditos iniciales, y que se erige como el leitmotiv del musical, es digna del mejor Danny Elfman.

4ª Estrella:
Los mismos títulos de apertura, con ese órgano sonando mientras aparecen los logos de Dreamworks y Warner. Te hechiza y te pone sobre aviso acerca del espectáculo que vas a presenciar.

5ª Estrella:
El diseño artístico de Dante Ferreti. Ese Londres claroscuro y sangriento donde tiene lugar la triste historia de Sweeney Todd.

6ª Estrella:
La fotografía a cargo de Darius Wolski. Oscura como la misma historia. El único color: el rojo que brota de las gargantas.

7ª Estrella:
El vestuario a cargo de Collen Atwood. Los vestidos que lleva la señora Lovett son dignos de lucir en exposición.

8ª Estrella:
Los últimos planos de la película. Instantes en los que Burton saca toda su maestría para demostrar a todo el público el significado de las palabras romanticismo oscuro y gótico.

9ª Estrella:
La dirección de Tim Burton, demostrando a todos los que dudaban de él o le daban por “muerto” artísticamente hablando, que aún le queda mucho que decir.

10ª Estrella:
El conjunto de todas estas virtudes hace que la obra brille con luz propia, hasta tal punto que se erija como la mejor película del año, y desde luego una de las mejores de la inclasificable filmografía del talentoso director.

Lo mejor:
Johnny Depp y Helena Bohnam Carter. Johnny ejerciendo uno de sus mejores papeles. Carter componiendo una Sra. Lovett única. El diseño artístico de Dante Ferreti, el vestuario, la fotografía... en definitiva cada aspecto técnico. Los créditos iniciales. Los últimos planos de la película. Poesía, romanticismo, oscuridad…

Lo peor:
Ciertamente la historia del joven enamorado de la hija de Sweeney, Johanna, es el aspecto más flojo, aunque perdonable por otro lado, de la película.








Sweeney Todd, El Barbero demoníaco de la calle Fleet.
(Pepe Derteano)



Mi sincera felicitación a EL FAUNO por su gran comentario, siempre ordenado, pulcro, emotivo y con un estilo incomparable. Agradecerle por su publicación en nuestro blogspot y el compromiso de respondernos desde España aquellas dudas y opiniones. Esta vez entregaré un comentario no tan detallado ni extenso, de un género típicamente norteamericano, que no conozco en profundidad y que hasta hace pocos años no le daba la debida importancia. Sin embargo, debo de reconocer que he visto muchos musicales, más por propia obligación que por interés, aunque éste casi siempre emerge intempestivo – varios musicales fueron premiados por la Academia -, pasando por inolvidables actuaciones como las de Gene Kelly, el más grande, en “Cantando bajo la Lluvia”, Frank Sinatra, Elvis Presley, Fred Asteire y Ginger Rogers, Judy Garland y James Mason, Rita Moreno y Natalie Word, Julie Andrews, Liza Minelli, Barbra Streisand, John Travolta y Olivia Newton-John, Madonna, y películas como “Fama”, “All that Jazz”, “The Commitments” y últimamente “Moulin Rouge”, “Chicago”, “De Lovely”, “En la cuerda floja”, “Beyond the Sea”, “Dreamgirls” y “Hairspray”, musicales que sí llamaron mi atención por intentar retomar y actualizar el género de antaño, pero a la vez estilizarlo, creando e innovando ideas frescas, sensaciones renovadas, tanto narrativas como visuales, incluyendo una sólida integración armoniosa de variables como la coreografía, el baile individual, las canciones y sus letras. Cuando vi la película de Tim Burton y ésta terminó, me quedé pensativo por un instante, intentando explicarme como una actuación casi perfecta de Johnny Depp y de Helena Bonham Carter, las sentía por momentos como ocultas, tapadas y escondidas - sin tomar en cuenta los vínculos afectivos con el director -, y que no me terminaban de convencer en la integración de lo estrictamente cinematográfico, que entrelaza lo brillante de la música con el impregnante dramatismo de la trama. Quizás mi falta de costumbre en el manejo del género, el gran contraste con las películas nombradas, sobretodo “Chicago”, o algún duendecillo que no me dejaba analizar con claridad. Tuve que repetir butaca dos días después, para darme cuenta que, Tim Burton, lo que hace es, usar una serie de trucos, fantasías y manipulaciones, para apropiarse él del largometraje y ponerle su sello de marca patentada e insuperable. Tim Burton, haciendo lo que sabe hacer es inigualable, un revolucionario del arte de la recreación y del sentimiento visual. No le hace falta una gran historia, un gran guión, grandes actores o un escritor de polendas. Todo lo que propone Burton, creación de personajes, locaciones, decorados, cámaras en movimiento constante, angulaciones y tomas exactas etc., causa placer visual y el lógico interés del espectador por una trama cualquiera e inclusive menor, pero que él la hace fuerte y expresiva. Si ustedes analizan con propiedad las canciones que se interpretan, en especial los dos artistas protagónicos, son como una predicción de lo que va a suceder posteriormente, es decir, lo previsible sobre lo inimaginable, lo explícito sobre lo implícito, un adelanto casi detallado de lo que vendrá pero envuelto en esa encantadora magia manipuladora e ilusionista del, ahora sí, maestro Burton. Sin embargo, existe claramente un descuido de la propuesta musical en sí, porque ésta se encuentra algo atrasada del paralelo visual y narrativo, porque acompaña pero no se impone, suena maravillosamente melódica, pero queda oculta como sus protagonistas principales. Entonces, llego a la conclusión que Burton tiene la receta para la adicción más deliciosa, mientras más irrealidad exista, es más sencillo manipular, sorprender y personalizar el film. Finalmente, Tim Burton logra su objetivo, es decir, nos encandila, nos sorprende, nos deleita y nos satisface, brindándonos una historia de venganza extrema y de muerte inminente, pero, para mi gusto, al dejar algo atrasada, incierta, sin plantear una verdadera propuesta musical diferenciada, pasa a ser una película interesante pero muy previsible, no estando a la altura de los grandes musicales norteamericanos ni alcanzando la madurez necesaria cuando se pretende el perfeccionamiento del género. Bueno, es solo mi opinión. Ahora les ruego compartir con nuestro crítico invitado, EL FAUNO, sus dudas y sus comentarios.

lunes, 10 de marzo de 2008

“Lejos de Ella”, la enfermedad más desgarradora del siglo XXI


























PARA TINA, CON MI AMOR Y SUFRIMIENTO, ETERNOS.

Las películas acerca de las historias de amor, conocidas hoy promocionalmente como comedias románticas - no sabría señalar ni origen ni razón -, han sido un excelente vehículo comercial hollywoodense de los últimos 28 años, para hacer taquilla rápida y abundante. Normalmente la receta predilecta y recurrente de los productores de esta preciada mercancía, infaltable en la dieta del espectador norteamericano, es la convocatoria de actrices famosas, atractivas, de edad mediana, conocedoras de la trama ligera y sin mayor recorrido histriónico , así como de galanes mediáticos, cuarentones, de una casi nula trayectoria dramática, que audazmente combinados mediante un guión construido con particular sencillez, algo de imaginación, previsible y telenovelesco, se fusionan eficazmente, siendo dirigidos por connotados especialistas en la materia, y que proporcionan un resultado financiero óptimo, en la gran mayoría de las veces que son puestas en cartelera. Bajo esta premisa, casi consensuada, no se podría concebir en el cine norteamericano actual, la idea de arriesgar el poner en escena una producción del realismo romántico y poético más dramático, puro e intenso, aquel que conmueve sin llegar a caer en un sentimentalismo blando y amorfo, el que nos obliga a mostrar al verdadero amor inmerso en el sufrimiento más inhumano, el más brutalmente sorpresivo y desesperante, pero que obligatoriamente considere como núcleo protagónico, a dos personajes en su tranquila y madura senectud, cuyos últimos años de vida transiten la intensidad de ese doloroso amor que sin lugar a dudas, es inmensamente mayor y más profundo que lo que supondría llegar a creerse. Una buena pregunta sería, para que, los productores debieran complicarse la existencia con una propuesta tan disparatada y poco rentable o con que objeto tendrían que cometer un pecado casi mortal al introducirse en temáticas insalubres y reñidas con una invendible imagen de la estética más decrépita, discriminadora y marginal. La respuesta es más que obvia que imaginativa. Pues bien, para beneficio de los que entendemos al cine apátrida como un abanico de infinitas posibilidades, además de optar por los “guilty pleasures” o “placeres culpables”, surgen propuestas como “Lejos de Ella”, un apreciable y emotivo intento – tristemente fallido -, por someternos con pudor narrativo al rigor de los contrasentidos que expone el amor maduro sometido a una enfermedad fantasmal, a la innegable verdad de su existencia y al argumento que los males del amor destruido por el destino, es improbable que se pueden recuperar, pero si llevarlos con paciencia y dignidad, descubriendo un amor más dramático y doloroso aún, el verdadero, aquél que perdura por siempre, que nunca muere, ni siquiera cuando el cuerpo se extingue. Por lo tanto, su novata pero talentosa directora, nos posiciona con delicadeza y cautela ante una portentosa escultura del sentimiento de pérdida, de la impotencia para colaborar y solucionar lo imposible y del imparable alejamiento del ser amado, presenciando como un testigo privilegiado, la extrema lentitud de una descomposición mental y física tan desgarradora e inexplicable.

Antes de entrar en el corazón de nuestro comentario, quisiera resaltar muy brevemente un tema grato y alentador en algunas de las más calificados largometrajes estrenados el año pasado y que no debería pasar desapercibido; el debut auspicioso y prometedor de nuevos personajes en la dirección de películas y la confirmación del talento de otros en una segunda puesta en escena. Sucedió con Ben Affleck, por “Gone, baby, Gone”, ópera prima, Tony Gilroy, con “Michael Clayton”, ópera prima, Craig Gillespie, con “Lars and the real girl”, ópera prima, Jason Reitman, con “Juno”, segundo film, Denzel Washington, con “The Great Debaters”, segundo film, Joe Wright, con “Atonement”, segundo film y Sarah Polley, con “Away from her” ópera prima. Obviamente que la perfección no ha sido el mejor calificativo para la labor realizada, pero el hecho de poder competir de igual a igual con directores de la jerarquía y las argucias de Paul Thomas Anderson, Sydney Lumet, Ethan y Joel Coen, Ridley Scott, Mike Nichols, Julian Schnabel, Paul Haggis, Tim Burton, David Cronenberg etc, nos obliga a poner suma atención en sus próximas realizaciones cinematográficas. Quisiera empezar a construir el comentario, como casi siempre, señalando algunas referencias sobre la gestación del film en cuestión. Como ya hemos apuntado la directora es la muy joven actriz canadiense Sarah Polley, 28, quien nos ha demostrado tener un estilo de dirección atinadamente influenciado por la realizadora española Isabel Coixet, ambas representan dentro de la dirección y guionado femenino una suerte de representantes de las mujeres auténticamente sencillas, las que caminan por las calle y van al mercado, aquellas libres de absurdos prejuicios etc. Sarah Polley encarna algo así como el alter ego o la conciencia de apoyo que le proporciona la Coixet, quien la dirigió exitosamente en dos magníficas cintas, “Mi Vida sin mí”, 2002, y “La Vida secreta de las palabras”, 2005, títulos que encajan a la perfección con las historias. Ambos guiones se definen complejos con tramas bastante lineales y hasta parsimoniosas pero correctamente estructurados. El primero relacionado con un cáncer terminal que la aqueja, casi sin entenderlo, en una visita de rutina a su hospital sumado al amor contenido hacia sus pequeños hijos que pronto dejará, teniendo que luchar con valentía y dignidad contra situaciones extremas y poco comunes para ponerlos a buen recaudo. Este film tiene un mensaje parecido al que nos trata de explicar en su film “Lejos de Ella”. El segundo, el escapar a una situación límite terminando por establecerse sorpresiva y misteriosamente en una plataforma de petróleo en el medio del océano repleta de obreros, cuidando de un ejecutivo que quedó ciego temporalmente, con quien luego intimida en base a largas y entretenidas conversaciones acerca del pasado de ambos. Un romance muy intenso pero construido a través de diálogos muy consistentes. Situación poco común pero muy interesante y sobretodo innovadora. Hay que agregar que Polley ha reescrito el guión de la película “Lejos de Ella” y estuvo nominada para mejor guión adaptado en los premios que la Academia entregó el pasado domingo 24 de febrero por la noche. Todo un esfuerzo encomiable que cayó ante la dureza y violencia de los hermanos Coen por el guionado de “No Country for old men”, aunque la Polley adelantó derrota al declarar que la nominación ya era para ella un honroso reconocimiento. Sarah Polley ha escrito y dirigido dos cortos “Don't Think Twice” y “The Best day of my Life” y tiene muchas historias listas que bien podría implementar en un futuro. Polley volvía de Islandia, donde había estado trabajando para la película “No Such Thing”, de Hal Hartley, cuando leyó en la revista “New Yorker” el relato “The Bear came over the Mountain”, la novela corta de Alice Munro. "La historia no solo me gustó sino me estremeció muchísimo. Acababa de trabajar con Julie Christie, y mientras la leía, no podía dejar de ver el rostro de ella en el personaje de Fiona Anderson", menciona la Polley. "No me considero el tipo de persona que va conjeturando el estilo de adaptar historias porque prefiero dejar tal cual las cosas que me van atrayendo. Pero aquello me fascinó, era perfecto. Leí el relato y enseguida supe cómo podía llegar a plantearla como un largometraje”. "Pasé dos años sin poder quitarme aquella historia de la cabeza, y por fin le rogué al productor Danny Iron que intentara negociar los derechos. Los consiguió y me lancé a escribir, aunque resulta sumamente difícil adaptar el trabajo de alguien a quien admiras. Alice Munro es una de mis escritoras favoritas porque ve a través de las cosas. Sus personajes son muy imperfectos, unas veces adorables y otras detestables. Sin embargo, la adaptación no me resultó tan complicada pues podía ver la película inserta en la historia”.

Me queda clara la capacidad de Sarah Polley para poder integrar mentalmente la novela de Alice Munro con una película aún sin bosquejar, aunque también condiciona su opinión a darle mayor peso específico a lo narrativo que a lo estrictamente visual y no a un mix de ambas características cinematográficas. Con relación a la bella y aún glamorosa Julie Christie, sus actuaciones que más recuerdo son “Darling”, 1965, donde la Academia le concedió el Oscar a mejor actriz protagónica, Christie hace estupendamente el papel de una modelo sin escrúpulos que se abre paso en el competitivo mundo de la pasarela con la ayuda de un poderoso periodista, “Dr. Zhivago”, 1965, donde actúa al lado del gran Omar Shariff, “Los Vividores”, 1971, un western de Robert Altman, con Warren Beatty y en donde fue nominada al Oscar, “Shampoo”, 1975, nuevamente con Warren Beatty y Lee Grant, “El Cielo puede esperar”, 1978, también con Warren Beatty, “Afterglow”, 1997, sensualísima y provocadora aún entrada en años, “Descubriendo el nunca jamás”, 2004, con Johnny Depp y Kate Winslet, y finalmente “Troya”, 2004, con Brad Pitt y Peter O´Toole. Julie Christie fue considerada desde principios de los años sesenta como una verdadera bomba sexy, al lado de la Bardot, Raquel Welch y Sofía Loren, todas dotadas de una sensualidad y belleza muy cautivadoras. Sin embargo, sus complejos y su timidez hicieron que nunca se animara a contraer matrimonio. Se habló mucho de su relación con Warren Beatty. La pregunta sería que artista de la época no tuvo un affaire con el pecaminoso Beatty. En lo que se refiere a su co-protagonista, Gordon Pinsent, es un reconocido actor canadiense más ligado a la televisión y al teatro que al cine. Fue sorpresivamente convocado por Sarah Polley para el papel de Grant Anderson y su actuación es muy destacada ya que interpreta el papel más difícil del largometraje. Una verdadera lección de dramaturgia del actor canadiense que ha sido muy reconocida en los festivales donde el film ha participado. Este notable actor, que yo recuerde, interpretó en los Estados Unidos, papeles secundarios en “Secretos de Confesión”, 2004 o 2005 con Christian Slater y en “The Shipping News”, 2002, con Kevin Spacey y Julianne Moore. Finalmente en lo que respecta a la veterana pero estupenda actriz norteamericana Olimpia Dukakis, la han apodado “El comodín” o “Joker”, posee una carrera que lleva extendiéndose durante más de 40 años, ha trabajado como actriz, directora, productora, maestra y activista. También ha escrito sus memorias en el best seller “Ask me again tomorrow”. La Academia le brindó el honor y la posteridad con el Oscar a la mejor actriz secundaria por su interpretación en el film de Norman Jewison, “Hechizo de luna” o “Moonstruck”, 1987, donde interpreta a la madre de la actriz y cantante Cher, quien ganó ese mismo año la estatuilla a mejor actriz protagónica en la misma cinta. Mrs. Dukakis ha intervenido en más de 100 producciones del Off-Broadway y regionalmente en locales como el Studio Arena de Albany, el American Place Theatre, el APA Phoenix, el Circle Rep, además del Festival de teatro de estío de Williamstown. Ha enseñado interpretación en la escuela graduada de la Universidad de Nueva York durante quince años y actualmente imparte clases de master en diversas universidades de todo el país. Entre sus films que he logrado ver y apreciar su ductibilidad están, “Hechizo de Luna”, 1987, “Armas de Mujer”, 1988, “Magnolias de Acero”, 1989, “Profesor Holland”, 1995, “Novio de Alquiler”, 1997, “El Evento”, 2003 y “Entre Mujeres”, 2007. Pues bien, de lo bueno poco y Polley hizo una estupenda convocatoria artística. Ahora pasemos al corazón de nuestro comentario.

Quiero aclarar que no es mi estilo el hacer una sinopsis detallada del film. Creo que el espectador tiene que ir al cine, sentarse en la butaca, meterse de lleno en el film y sacar sus propias conclusiones, para luego buscar leer algunos comentarios y críticas, comparando percepciones. Hecha la aclaración pertinente, paso a exponer mi punto de vista del largometraje “Lejos de Ella”. En aquél instante, por demás principal, de cómo planear el llevar a cabo un rodaje de las características tan singulares y de un grado de complejidad extremo, la directora, así como su equipo de trabajo, deberían de estar plenamente convencidos si realizarán una exploración a fondo de la argumentación que contextualiza al film, así como de lo delicado que involucra la correcta puesta en escena de la intimidad que sus personajes deberán reflejar con la credibilidad y el desprendimiento requeridos. Esto lo menciono con la debida anticipación, porque si no se llega a realizar una introspección minuciosa y detallada de lo que realmente deseamos transmitir al espectador, nos complicaremos innecesariamente en una avalancha de criterios ligados al contencioso dilema ético y moral, de si es conveniente o no viajar hasta las raíces mismas del problema, ya que muy probablemente la travesía pueda estar llena de peripecias, pero ser infructuosa y sin resultados tangibles que se logren adentrar y fijar en la mente del espectador. Es muy importante plantear estos conceptos antes de nuestro comentario, porque las implicancias que van unidas y sostenidas por una enfermedad tan devastadora, como la demencia tipo Alzheimer, hay que ilustrarlas con un contenido visual y narrativo recóndito y perfecto, para no terminar en la afirmación de lo ridículo, intrascendente e incluso de lo inexacto e hiriente. Por lo tanto, debe de quedar claramente contextualizada mi posición al respecto. O bien nos introducimos de lleno al problema de esta enfermedad invasiva y aún desconcertante para la ciencia, esforzándonos en proveerle un tratamiento cinematográfico realista y adecuado, o la desviamos irresponsablemente hacia lo indocto, lo anecdótico, lo superficial o lo experimental.

Pues bien, la historia en donde intenta involucrarnos Sarah Polley, retrata a una pareja con casi cinco décadas de llevar apaciblemente un matrimonio que se mantiene con suma solidez, sobre una relación incrustada en el acertado complemento de valores como el respeto, la comunicación, el compañerismo, la solidaridad, la lealtad, la fidelidad y el compromiso. Es un amor intenso pero controlado, de dos personas que no se desbordan ni apasionan porque han sabido edificar un modo de convivencia meridianamente sostenido, en donde cada cual demuestra la grandeza de su valor individual con una desprendida tolerancia. Son como dos amigos muy íntimos que comparten absolutamente todo sin dejar lugar para la cara larga, la agresión ni el reclamo. Está todo milimétricamente calculado, sin aparente sospecha de error, ni siquiera involuntario. Grant y Fiona Anderson representan a la pareja modelo, a aquella que ha sabido aceptar los altibajos y tropiezos propios de una larga convivencia y han podido consolidarse dentro de una comodidad y tranquilidad plena, porque pudieron darles a sus vidas el verdadero compromiso del amor, el mismo que se fundamenta en un diminuto pero a la vez inmenso detalle, el construir una personalidad única e indivisible con dos diferentes individualidades. La dedicación que se profesan en silencio es serena, contenida, solo jaqueada por muy esporádicas intervenciones sobre algún problema del pasado que va a producir una tensión moderada que luego será desencadenante en la trama del film. Hasta aquí, la narración de Sarah Polley está prolijamente estructurada, visualmente correcta y definiendo con astucia y elegancia las conductas y personalidades de los dos artistas protagónicos. Coloca los ambientes y locaciones precisas, el crudo invierno canadiense hermosamente bañado en nieve, rodea a la relación de una atmósfera propia de lo calmo y apacible, una bella cabaña aislada, dándoles a los personajes la estética visual que suele reflejar una vida con salud y sin problemas aparentes. Este tratamiento del relato suele acontecer frecuentemente con aquellas películas cuya temática reflejará con posterioridad el dolor humano, es decir, se va preparando con sencillez y pulcritud la introducción a un relato que va a convertirse de ahora en adelante en una propuesta de cinematografía cuya velocidad va a ser vertiginosa, haciendo ingresar sutilmente al espectador en el verdadero corazón de la historia para cautivarlo, sorprenderlo, emocionarlo y condicionarlo, utilizando para lograrlo, los inimaginables recursos que la técnica cinematográfica pone a disposición de una realizadora inteligente, audaz y conceptualmente dotada, para que ésta pueda hallar, sino la perfección, el convencimiento y la satisfacción plena del observador posicionando en su memoria, un recuerdo imborrable de por vida. “Lejos de Ella” no escapa a este infalible paradigma. Pero lastimosamente, algo sucedió, algo no estuvo claramente definido y las cosas se fueron descontrolando, produciéndose un giro total de tuerca, imperceptible para muchos, pero que traicionó sin resquemor, una verdadera oportunidad de construir e inmortalizar una película sobre un tema que no fue nunca enfocado con la profundidad requerida. Me refiero a un relato casi fabular, parabólico de una maravillosa historia de amor pero no a la cruda narración de esta engañosa y embustera enfermedad como parte sustantiva del mismo. Sobró tacto faltó severidad.

A medida que la trama va transcurriendo, parsimoniosa y calculada, la realización de la Polley no logra una evolución drástica ni veraz, ni conseguir ubicarse a la altura de una responsabilidad mayúscula e impostergable. Esta negación de lo trascendente y lo fundamental se puede llegar a comprender, no porque esta sea su primera incursión en la dirección y guionado de la cinta, ni debido a que por su juventud e inexperiencia, la directora no haya previsto la amalgama perfecta que debe existir entre un guión y una dirección de un mismo intelecto, menos aún porque no haya hecho el trabajo de campo suficiente, como correspondería en estos casos con su reducido elenco artístico, recurriendo a la inmersión de estos, con pacientes que tengan la enfermedad en los diversos grados que la misma suele imponer. Las razones son múltiples y sencillas de mencionar, sin embargo, no tan simples de comprender, pero que están debidamente explicadas en el cuarto párrafo de mi comentario. En este largometraje no predominan los objetivos cinematográficos claros y consistentes que uno pueda determinar con propiedad, son todos confusos, por lo tanto, la historia va siendo narrada casi como en una serial de televisión, es decir, en forma pausada, demasiado simplista - ojo que la simplicidad es una virtud cuando viene respaldada por otros elementos, ya sea la profundidad de los personajes y de la trama, una sugestiva banda sonora, la poesía de la imagen o un espacio vital para la reflexión pero esto no se manifiesta - evidenciando marchas y contramarchas, sobretodo en aquellos ejemplos en donde la Polley, presenta en sociedad a la demencia tipo Alzheimer, de una manera muy simbólica y tangencial, aunque reconozco que prudente solo como una legítima introducción, para luego, caerse, desprenderse de la realidad, sin el menor interés de profundizar en sus causas y consecuencias que son tan lacerantes, utilizando conceptos y muchos ejemplos ilusos e incorrectos, entre estos, el auto-internamiento de Fiona en la residencia Meadowlake, la de un ex-narrador de deportes que es un paciente enfermo de la residencia, pero que increíblemente, logra relatar memoriosamente un partido de rugby para los demás internos, una flagrante contradicción, el recurrir a escenas forzadas e innecesarias, como la relación carnal que se establece, sin razón aparente, entre Grant y Marion, representada por Olimpia Dukakis, o la desproporcionada y torpe solicitud sexual que la hace Fiona a Grant cuando ella se instala en su dormitorio en la residencia Meadowlake, manteniendo siempre en escena a un marido demasiado contenido y ejemplar, cuando la realidad que lo afecta es una profunda desolación y desesperación, sin poder tener éste, lugar o tiempo para el desfogue o descontrol que es una reacción tan humana y natural en esta desgraciada enfermedad. Por lo tanto es demasiado previsible y limpio el camino por donde Sarah Polley hace que la historia transite, por lo que la manipula y tergiversa de tal manera que, en apariencia, la convierte en un relato llevadero, ilustrativo, y hasta convincente logrando transmitir algunas sensaciones de lástima y desconsuelo. Pero la realidad no es la que la realizadora del film nos transmite. Es absolutamente diferente, diametralmente opuesta. A la enfermedad se le define y se le encasilla de forma incorrecta e irreal, no se le da la trascendencia ni el trato que tendría que habérsele dado. No estamos conceptuando ni dando un ejemplo de la fiebre amarilla o de la tuberculosis. Estamos ante la enfermedad del siglo XXI, la más cruel y desesperanzadora, aquella que no tiene remedio y que destruye con una inclemente lentitud al paciente, cuidador y familia. Es una pesadilla constante que se vuelve insoportable porque afecta el órgano más importante del ser humano, el que emite todas las órdenes, el que distingue los olores, los sabores y los colores, aquél que es amo y señor de nuestras decisiones, de nuestros sufrimientos y alegrías, de nuestra conducta y personalidad, de nuestra libertad para pensar y expresarnos. El cerebro es el rey y al rey no se le maltrata ni se le posterga. Se le rinde pleitesía y jamás se le engaña. Por eso me sorprende y me golpea en seco, como la genialidad de Sarah Polley, no le saque provecho a la abominable demencia tipo Alzheimer y desaproveche la inmejorable ocasión de darle el verdadero enfoque e intensidad que la enfermedad destila y propone. Sarah Polley, desperdició la gran oportunidad de inmortalizar a Julie Christie, no con un Oscar ni con un Golden Globe, sino como la columna vertebral de una memorable película que debió ser transgresora, cruda, imperdonable, despiadada y draconiana, que le demostrase a parte de este mundo, lleno de violencia y tensión, como ponerse en alerta y empezar a tomar conciencia en como combatir frontalmente al verdadero enemigo invisible y sus aliados, dándole el interés y la divulgación que esta inmanejable enfermedad amerita. Sarah Polley y su equipo, jamás reflexionaron sobre las cuestiones morales y éticas que señalamos puntualmente en el cuarto párrafo, por eso se le sobreprotegió en demasía a Julie Christie, no exponiéndola a un verdadero sacrificio actoral, a una intensa interpretación dramática, no se le preparó ni por asomo, como a la mujer que padece de un sufrimiento a raudales pero que no se da cuenta de su realidad y muchas veces ni de ese tormentoso sufrimiento, que la distorsiona, que la reinventa cada día, que la hace impotente, vulnerable y solitaria, que la castiga cruelmente sin razón ni culpa hasta hacerla una persona inservible y totalmente dependiente. Eso es el Alzheimer, un personaje tan miserable y desalmado pero también tan protagonista y principalísimo, ese visitante imprevisto que en el momento menos pensado toca la puerta de casa sin distinción de ningún tipo y aunque uno se resista con coraje, con valentía, aunque no se esté mentalmente preparado y se improvise con desesperación cualquier intento de defensa, utilizando las armas más modernas y limitadas que la ciencia nos pueda brindar, terminará por dejarlo entrar, aceptarlo, convivir y combatirlo con las únicas herramientas que el supremo nos ha proveído para pelear con dignidad y autoestima, el amor verdadero, el sacrificio total y la paciencia más pura y honrosa.

Si ustedes asistieron al cine a observar una historia de amor en plena senectud y que una rara e inexplicable enfermedad mental se presenta de la nada y se entromete en el mismo corazón de esa bella relación de pareja, causando una inevitable ruptura y el posterior sacrificio de un hombre que termina aceptando el amor de su mujer por el de un desconocido y canjeando resignación por impotencia y soledad, les aseguro que han visionado una muy aceptable puesta en escena, con verdaderos matices en lo narrativo, en lo visual y hasta en lo sonoro. Un genuino derroche de arte y dolor unidos por la misericordia en un film entrañable donde la mirada envejecida de Julie Christie, mezclada entre la ironía, el desconsuelo y la interrogante de sí misma, seguramente les quedará grabada en la mente. Pero si el objetivo era la observación de una persona que sufre de una inclemente e inexplicable pérdida de la memoria inmediata, que la consume sin remedio, que tenían que verla luchar hasta donde humanamente su capacidad y pudor se lo permitan, acompañada de sus seres queridos, disfuncionales y desconsolados, descomponiéndose de la misma manera etc., sin recurrir a la posibilidad de la lágrima fácil, de la lástima o del pensamiento hipocondríaco, comprendiendo con la debida madurez emocional esta imparable enfermedad, la propuesta de Sarah Polley falló y decepcionó. El cine siempre fue y será un reflejo de la sociedad y de la época. Hasta ahora me sigo preguntando porqué tanta parquedad, austeridad y disimulo. Porqué no se habló cuidadosamente de Alois Alzheimer y su primera paciente Augusta, porqué no tocar con prestancia y decoro el tema medicamentoso como la memantina o la rivastigmina etc., porqué nunca un doctor especialista y siempre enfermos indefinidos y enfermeras complacientes. Esta película saltó temerosa su objetivo primario y fundamental, explicarnos y alertarnos sobre la más desgarradora enfermedad del siglo XXI.

Pero no quiero terminar siendo irrespetuoso e inconsecuente. Mi opinión es mi forma de percibir las cosas. Sarah Polley hizo un gran esfuerzo por sacar una película compleja adelante y eso es meritorio y alentador. Nos demostró que tiene una capacidad innegable para construir una muy buena historia y para manejarla con prudencia y sin dramatismos extremos ni en forma truculenta. Se le tienen que perdonar los defectos mostrados en este film porque de ellos aprenderá y podrá hacer mejores y más autenticas producciones sobre el género que parece alimentarla. Las críticas deben ser constructivas pero también realistas. Yo esperaba muchísimo más de la película pero me paré de la butaca sin haber llenado en algo un profundo vacío. Admiré a Sarah Polley en dos de sus interpretaciones y me sentí conmovido. Hoy, al analizar su debut como directora y guionista me quedo satisfecho por su trabajo y espero seguirla observando para poder testificar sobre su crecimiento. Pero reitero, con la firmeza y la convicción del desconsuelo más inhumano e invasivo, que fue una oportunidad perdida, porque priorizó el protagonismo de una bella historia de amor por sobre la enfermedad más terrible y desoladora. Los actores estuvieron correctos pero Gordon Pinsent y Julie Christie un peldaño más arriba. Si bien es cierto que absolutamente todos la tenían como favorita para ganar el Oscar, creo que el trabajo de Marion Cotillard fue exponencialmente superior, más intenso, más conmovedor, extremadamente dramático, como debió ser el de Julie Christie. Por eso se llevó a casa la gloria y la posteridad. No fue casualidad y ya lo expliqué extensamente cuando comenté “La Vida en Rosa”. Para terminar, hoy que nuestro mundo está triste y con tanto dolor, en donde las enfermedades degenerativas de la mente comienzan a sumar cifras espeluznantes, creo que Sarah Polley se puso involuntariamente del lado equivocado y no me pudo brindar las imágenes realistas que le exigía desde el primer minuto del visionado. Es simplemente una cuestión de apreciación. Será para la próxima.
Pepe Derteano