jueves, 29 de mayo de 2008

“Reyes de la Calle”, una sobria expresión del cine negro.












Hoy a la noche que fui a ver este largometraje, me llevé una pequeña sorpresa ya que me encontré con una propuesta que repasa inusualmente la totalidad de variables o clichés presentes en cualquier película de cine negro, aunque esta vez mezclada en forma homogénea con una dosis de acción rítmica más constante que otros films, lo que da por resultado un visionado entretenido y llevadero, más allá de una trama algo irregular, de algunas escenas bien compuestas y de una buena historia, aunque el guión no aporte originalidad en su conjunto. No creo que exista alguien que pueda hacer un guión negro original o novedoso. La corrupción policial que llega adonde la ley no puede hacerlo, porque entre delincuentes uniformados y aquellos que no lo están, se aspira a lo mismo, se lucha por lo mismo y se muere por lo mismo, el poder, el dinero y su disfrute. Es una puesta en escena donde no interesa el cadáver frío, ni caliente y menos tibio, sino el detective enfermo pero apasionado, el policía encubierto e intruso, todos alucinando sin aferrarse a circunstancia sólida, quedando la corrupción, el engaño y la traición campeando entre ellos.

La dirección de un acucioso David Ayer es muy aceptable, no se hace problemas y supera largamente su ópera prima del 2005, “Harsh Times”, en donde también escribe el guión. En este film, actúa y produce Christian Bale, quien realiza una interpretación aceptable pero algo excedida – tal como en “Psicópata Americano -, de un ex-ranger que busca un lugar en la policía de Los Ángeles. David Ayer, como guionista si es una persona reconocida, por haber escrito y co-escrito guiones, siempre bajo un parecido perfil temático, de films conocidos como, “U-571” con Matthew McConaughey, Bill Paxton y Harvey Keitel, “Training Day”, con Denzel Washington, quien con este film ganó un Oscar a mejor actor protagónico por su perfecta interpretación de Alonso, un policía corrupto de narcóticos. Un dato, muchos grandes actores hicieron el papel de un policía corrupto, pero nadie como Washington. Inigualable. Hay algo de Denzel Washington y Ethan Hawke, en el personaje Tom Ludlow, que interpreta Keanu Reeves. Otros títulos de David Ayer son, “Rápidos y Furiosos”, con Paul Walker y Vin Diesel, autos, robo y violencia, una cóctel perfecto de adrenalina pura, “Dark Blue”, con Kurt Russell y Ving Rhames, un film genuinamente puro, de incontenible violencia e inteligentemente diseñado, ya que se posiciona durante las revueltas populares que se sucedieron tras el juicio de Rodney King, el afroamericano apaleado sin motivo por un puñado de policías salvajes. Por lo tanto, un director novato, con muchísima experiencia escribiendo y que se muestra con un talento alentador en el cine negro de hoy en día, claramente alejado de un thriller convencional. Hace un muy buen trabajo, una narración consistente y se aprecia cristalinamente que sabe lo que hace.

Pero quizás el dato curioso en la pre-producción de éste film, es que se trata de un trabajo en conjunto entre David Ayer y el renombrado escritor norteamericano James Ellroy, - los yanquis le dicen “The Demon Dog of American Crime Fiction”- quién es responsable del respetable y conciso guión. Nacido en Los Ángeles, ciudad símbolo de algunas de sus novelas negras llevada a la pantalla, llamada “Hard Boiled”, también por los gringos, como “L.A. Confidential”, “Dark Blue”, ésta, “Street Kings”, “The Black Dahlia” etc. Los largometrajes del “Perro demoníaco de la literatura criminal norteamericana”, siempre desbordados de personajes fascistas, pesimistas y desesperanzados, de tramas oscurísimas; inmersas en el corazón explícito de lo corrupto, lo prohibido, lo inmoral; bañadas de una desenfrenada violencia policíaca, cuya naturaleza criminal asfixia e incomoda. Casi como un amuleto, esta vez cuestionada, su natal ciudad de Los Ángeles, una parte de esa norteamérica autoritaria, racista, envuelta y amarrada en una narración seca, dura, sin maniqueísmos, sin fisuras, fría como el hielo y condimentada con frases apocalípticas, cortantes y ambiguas. Una ciudad del pecado mortal, del basural más inmundo e imposible de limpiar. Como dato adicional y para quienes les guste la lectura negra, James Ellroy forma parte de la última constelación de la novela negra norteamericana, formada por Elmore Leonard – “Un tipo implacable” y “Persecución Mortal” - , Walter Mosley – “El Demonio vestido de Azul”, “Muerte Escarlata” y “Mariposa blanca”, James Crunley – “The Last Good Kiss”, “The Final country” y “Bordersnakes” – y Evan Hunter – “Distrito 87”, “Money, Money, Money” y “Mischiel”.

Los demás apartados técnicos de la película están correctos, buenas locaciones, buena fotografía, buena edición, buen sonido, buen vestuario, buena mezcla y edición de sonidos, buena música etc. Creo que en este tipo de género, sobretodo en los largometrajes de finales del siglo XX y del actual, siempre hay una especie de equilibrio en los tópicos que asisten y complementan. Es como un molde que se va repitiendo y cuya base estructural está religiosamente aplicada, sin temer a que pueda producirse una hecatombe por ese lado.


CINE NEGRO

Habíamos señalado en otras publicaciones que uno de los géneros que contiene mayores matices artísticos y polémicos y el que quizás más literatura contraproducente ha generado a lo largo de los años, es el denominado cine negro. Muchos autores lo asocian con una variedad de géneros, sea el policial, el criminal, el gángsteril, el detectivesco etc. y otros prefieren reservar la denominación de cine negro para acondicionar un movimiento estilístico o un metagénero capaz de multiplicarse en el tiempo y que engloba, en diferentes etapas de su desarrollo, los varios géneros anteriormente citados. En cualquier caso, el cine negro o “film noir”, concepto francés, es una gran paradoja nacida del encuentro de un género comercial norteamericano y un acercamiento de la crítica francesa. Para otros autores más restrictivos, el cine negro tuvo su origen en el encuentro del cine sonoro con la novela negra, denominación acuñada por Marcel Duhamel y los jóvenes de “Black Mask”, Raymond Moffatt, Raymond Chandler, Herbert Stinson, Dwight Babcock, Eric Taylor, Dashiell Hammett, Arthur Barnes, John Butler, W. T. Ballard, Horace McCoy y Norbert Davis, quienes publicaron oscuros relatos policíacos para la editorial Gallimard, en pequeños volúmenes cuyas tapas eran casualmente negras. Sin embargo, si aceptamos catalogar aquí el cine policiaco, criminal, detectivesco o de gángsteres, deberíamos recordar a los mismos comienzos del cine, pues en el periodo mudo ya habían aparecido muchas seriales con temática criminal y detectivesca como Nick Carter, Fantomas, etc. Por lo tanto, el cine policiaco es un género fílmico que se inició con la película francesa “Histoire d'un crime”, de Ferdinand Zecca en 1901. Como anécdota, Zecca dirigió 02 años después, con Lucien Nonguet, la película “La Passion de Notre-Seigneur Jésus Christ”,- Vida y Pasión de Jesucristo” -. Coincidencia de género o creación artística. Una buena posibilidad para ponerse a investigar.

También es indudable que son los EEUU, a través del cine negro norteamericano, que nos muestran al desnudo un país en crisis; lo que permite realizar la denuncia de la falta de ética reinante en el momento en que se dan los hechos. Sus filmes representan con nitidez el núcleo fundamental del cine negro, es decir, el carácter problemático de sus personajes, de psicología siempre ambigua, así como una visión pesimista del contexto social, que ofrece un diagnóstico moral ambivalente y alicaído. Otras características específicas del cine negro norteamericano se da en los comienzos del cine sonoro con reminiscencias estilísticas del expresionismo alemán, al que se le añade un fuerte sentido crítico de denuncia social y una vinculación realista con la sociedad de la época, por lo tanto, el cine negro resulta ser un cine urbano, pesimista, muy subjetivo, oscuro no sólo en los temas, sino también en sus planteamientos estéticos, y que aporta una visión del mundo sumamente onírica, barroca, poética y realista, llena al mismo tiempo de erotismo y crueldad.

Para la crítica francesa posterior a la segunda guerra mundial, la denominación de film noir, en sentido más estricto, se refiere en exclusiva a la etapa entre 1940 y 1950, en la que se dan precisamente todas esas características. Sin embargo, no podemos olvidar -como antes hemos señalado-, el cine criminal anterior al sonoro, ni tampoco otras propuestas que amplían la consideración de la negritud a periodos más amplios en el tiempo y las temáticas. En este sentido habría que establecer una categorización del género, proponiendo cuatro grandes bloques divididos a su vez en diversas etapas históricas. Podríamos señalar el cine de gángsteres, con un pequeño ciclo fundacional entre 1930 y 1933, que acoge filmes como “Scarface” en 1932, de Howard Haws; un ciclo de filmes penitenciarios entre 1932 y 1934, 1950 y 1956, con películas como “I’m a fugitive from a Chain Gang” en 1932, con Paul Muni y del director Mervin LeRoy; otra etapa de denuncia social entre 1933 y 1939, en la que se en marcarían filmes como “Fury” en 1936, con Spencer Tracy, y “You only live once” en 1937, con Henry Fonda, ambas del gran Fritz Lang; un tercer periodo en el que impera el análisis de la sociología del gangsterismo entre 1935 y 1941, cuyo máximo exponente fue el filme “High Sierra” en 1941, con Humphrey Bogart, de Raoul Walsh; otra etapa de gangsterismo más negro se impone entre 1945 y 1950, en el que destacarían “The Maltese Falcon” en 1941, con Humphrey Bogart, de John Huston, “The Killers” en 1946, con Burt Lancaster y Ava Gardner, de Robert Siodmak, así como “Key Largo” en 1948, con Humphrey Bogart y Lauren Bacall, de John Huston; y un último ciclo de manierismo más barroco entre 1953 y 1960, con filmes como “The Killing” en 1956, de Stanley Kubrick, o “The Rise ande Fall of Legs Diamond” en 1960, de Budd Boetticher. También estableceremos un cine policial, en tres ciclos; una etapa optimista de exaltación de los cuerpos policíacos, con filmes como “'G Men” en 1935, con la actuación de James Cagney, del director William Keighley; un periodo más documental, en el que se describen los procedimientos policiales, como en “T-Men” en 1947, de Anthony Mann; y un ciclo de películas más pesimistas y críticas como “The Big Heat” en 1953, de Fritz Lang y “Touch of Evil” en 1958, de Orson Welles.

Por último, aparece el llamado cine criminal, con una fase clásica entre 1944 y 1948 y con películas tan representativas como “Double Indemnity” en 1944, de Billy Wilder, “Laura”, también en 1944, de Otto Preminger y “The Postman always rings twice” en 1946, de Tay Garnett. Este periodo, probablemente el más rico del género, por su complejidad narrativa y por su capacidad de introspección psicológica da paso a otra etapa de depuración y eclecticismo, ya en los años cincuenta, en el que se contaminan los estilos y las temáticas preludiando el thriller de las décadas posteriores, “Ángel Face” en 1952, de Preminger y “Human Desire” en 1954 de Lang, representan apropiadamente esta época del cine negro de más acción y mayor denuncia política. Aunque hemos dicho que el cine negro es un fenómeno fundamentalmente norteamericano, no debemos olvidar la existencia de un género muy similar, el cine polar francés, que se desarrolla durante los años cincuenta y sesenta con directores como Henri-Georges Clouzot, -“Les diaboliques”- Jules Dassin, -“Up Tight!”- Jean Pierre Melville, -“Le Deuxième souffle”- y Jacques Becker, -“Le trou”-.

Ya en los años setenta se produce una etapa de nostalgia del género, que había mermado notablemente en la década anterior, con grandes películas como la trilogía de “The Godfather”. 1972, 1974 y 1990, de Francis Ford Coppola, “The French Connection” en 1971, de William Friedkin, “The Sting” en 1973, de George Roy Hill, “Serpico” en 1973 de Sydney Lumet, “Chinatown” en 1974, de Roman Polanski, “The Conversation” también en 1974, de Coppola, “Dog Day Afternoon” en 1975, de Sydney Lumet, “The Enforcer” en 1976, de James Fargo y Robert Daley. En los 80, filmes como “Enigma” en 1981, de Jeannot Szwarc, “The Holcroft Covenant” en 1985, de John Frankenheimer, “Prizzi's Honor” en 1986, de John Huston etc., mantuvieron el género casi en silencio, mientras que en los 90, se apuesta más al género negro con excelentes filmes como, “Goodfellas” en 1990, de Martín Scorcese, “Bugsy” en 1991, de Barry Levinson, “Pulp Fiction” en 1994, de Quentin Tarantino, “The Usual Suspects” en 1995, de Bryan Singer, “Fargo” en 1996, de los Coen, “ y “L.A. Confidential” en 1997, de Curtis Hanson. En el nuevo siglo películas como “Traffic” en el 2000, de Steven Soderbergh, “Gangs of New York” en el 2002, de Martín Scorcese, “Road to Perdition” en el mismo año, de Sam Mendes, “The Departed” en el 2006, de Martín Scorcese y “No Country for Old Men”, en el 2007, de los hermanos Coen, ambas, últimas ganadoras del mayor premio de la academia, son también espléndidos ejemplos de estas dos décadas de reivindicación sustanciosa del género negro norteamericano. El cine negro está más vivo que nunca y gracias a las formas y estilización de una ficción más acorde y elegante de que se nutre este género. He tratado de hacer un resumen corto y representativo, en cuanto a filmes negros de reconocida calidad porque realmente son cientos los que deberían de nombrarse.

Habíamos conceptuado en el prólogo a la película como entretenida y llevadera, en donde se ventilan todas aquellas improntas que normalmente conforman el género negro, con algunos tópicos más explotados que otros, con buenos diálogos, pero que por su propia naturaleza no nos ofrece algo notoriamente novedoso u original. Es más de lo mismo, que no es ningún pecado ni desmérito, con un estilo de conducción que trata de revestir la historia de un grado de profundidad, que a veces logra incorporar, pero que otras queda expuesta en la superficialidad de todo film del género. Hay que reconocer la capacidad de síntesis que demuestra David Ayer y lo bien articuladas que están las diferentes escenas. No comete excesos argumentales y eso es meritorio. No voy a cometer la torpeza de comparar ésta película con otras recientes o pasadas del género porque caer en ese facilismo es demostrar incoherencia. Lo que me llamó la atención es que en esta propuesta, un retrato absolutista sobre la interna policíaca, las secuencias de acción cobran un papel provocativo y bastante bien matizados con el tronco de la trama que es netamente la de un thriller negro dramático. Es decir, se prioriza una acción fílmica sugerente que recae segmentada entre los mismos detectives policíacos que se culpan, se persiguen y se ajustician entre ellos, haciendo de una cofradía corrupta y miserable, una aparente versión policial sumamente eficiente, pero vulnerable por cualquiera de sus oscuros miembros, donde subsisten, putrefactos y sinvergüenzas, para todos los gustos y disgustos, y que mezclan sin inmutarse, sus propios códigos como se licua la fruta con el vinagre.

No quedé muy satisfecho con la interpretación de Forest Whitaker. Quizás el personaje, quizás se contuvo poco, de repente estuvo algo exagerado gestualmente, un poco grandilocuente y ampuloso, sinceramente no lo podría explicar. Su actuación tuvo momentos de previsibilidad. No estuvo fino, preciso y contundente como en papeles anteriores. No hay forma de compararlo con sus actuaciones memorables realizadas en películas como “Platoon”, “Good morning Vietnam”, “Bird”, “Crying games”, “The last King of Scotland” o “The great debaters”, por nombrar algunas de las que recuerdo. Ojo que no desentona en lo guionístico ni hace una mala actuación, simplemente no explota ni construye un personaje de acuerdo a lo requerido por su pareja protagónica, Keanu Reeves, quien si hace una actuación madura, sin excesos, sobria, muy por encima de lo que se esperaba de él. A Reeves lo he visto en algunos films, y no me parece un gran intérprete. Es un actor con convocatoria, que hace correctamente su trabajo, pero que nunca logró destacar por su capacidad histriónica, fue una gran promesa que nunca llegó a descollar. Me alegra que haya madurado, que no abuse de su físico, de su gran registro vocal ni de su nula capacidad expresiva. Tiene 45 años y aún puede lograr cosas importantes en la industria. Algunos de los largometrajes que logré ver de Keanu Reeves son, “Dangerous Liaisons”, con Glenn Close “Point Break”, con Patrick Swayze, buen film, “Bram Stoker's Drácula”, con Gary Oldman, “Speed”, con Sandra Bullock, “A walk in the clouds”, con Aitana Sánchez-Gijón, “Feeling Minnesota”, con Cameron Díaz “Chain reaction”, con Morgan Freeman, “Devil's Advocate”, excepcional película al lado de Al Pacino y Charlize Theron, “The replacements”, con Gene Hackman, “Sweet November”, una bella historia de amor, con Charlize Theron, la estupenda “Matrix”, “Matrix Revolutions”, “Matrix reloaded”, y “The lake house”, confusa, con Sandra Bullock. Finalmente, los secundarios apoyan bien, pero no destacan, incluso hay una actriz que hace de la novia de Reeves, que parece mexicana o de Puerto Rico, que no ata ni desata, solamente cura heridas. Llama la atención la participación del famoso Doctor House, Hugh Laurie, quien hace un papel que daba para más diálogos y enfrentamientos verbales, pero su encasillamiento como actor de TV, lo sepulta sin piedad, aunque su sola presencia es imponente.

Keanu Reeves interpreta a un honesto pero durísimo y violento policía de la ciudad de Los Ángeles, que debido a la repentina accidental y absurda muerte de su mujer, se queda prisionero del alcohol, la desesperación, el desinterés por su vida futura y el trauma impregnado. Forma parte de un selecto grupo de facinerosos y dominantes policías que gobiernan la unidad de antinarcóticos, con un estilo corrupto y manipulador. A Reeves no le queda otro camino que seguir cumpliendo con su trabajo, que realiza siempre bebiendo entre dos y tres botellitas de vodka tipo muestra, antes de cualesquier evento. Se automotiva a seguir hundiéndose en la miseria moral más absoluta y que lo induce a exacerbar los nervios y perder la calma, sobrepasándose en algunos interrogatorios, inclusive violando normas elementales. A uno de los sospechosos lo aniquila a golpes en la cabeza con una guía telefónica, tema poco acostumbrado a observar, pero al parecer un efectismo bien pensado por Ellroy y Ayer. Luego, queda involucrado en el asesinato de su ex-compañero de funciones, que estaba soplando información a la unidad de asuntos internos de la policía estadual. Aquí empieza realmente una trama provista de laberínticos argumentos y emotivos enfrentamientos. No hay medias tintas, ni policías buenos o malos, todos están revolcándose en el mismo lodo de la corrupción, la traición y la venganza. Es una trama previsible e imprevisible a la vez, cosa infrecuente y que de alguna manera logran imponer tanto David Ayer como Ellroy, expertos en hacer y deshacer lo común y hasta lo improbable. Antes habían jerarquías que se respetaban, hoy parece que también la hubieran, pero los individuos imponen su incompetente criterio y deciden para quién trabajar y a quien o quienes serles honestos o desleales. Es una cuestión de poder, de dinero, de lograr lo prohibido eliminando lo que estorbe, volviendo la norma en un recurso ilícito y justificable.

Una buena película con un desenlace nada común y una historia que se enreda y desenreda porque está prefabricada para introducirnos en una aventura negra más, con implicancias personales, de grupo, muy digna y eficaz, bien presentada y que cumple con el objetivo de todo largometraje, entretener y poder comentarla con los buenos amigos.

PEPE DERTEANO

lunes, 19 de mayo de 2008

Marlon Brando, un sencillo homenaje al más grande intérprete de la historia de la cinematografía.


Marlon Brando Júnior, o como ustedes prefieran llamarlo, Vito Corleone, Terry Malloy, Napoleón, Coronel Kurtz, Fletcher Christian, Comandante Lloyd Gruver, Marco Antonio, Stanley Kowalski, Emiliano Zapata, Sakini, Johnny Río, Paul, Max, o los demás personajes de sus casi 40 películas, ha sido el mejor actor en la historia de la cinematografía mundial. No queda duda al respecto. Sus méritos son incalculables, su obra invalorable y su contribución al desarrollo de la actuación fundamental. Un referente universal, que construyó los más maravillosos y polémicos seres de ficción con una profundidad metódica e incomparable. Moldeaba a sus personajes, los llenaba de cualidades, defectos o ambas cosas, para después ofrecerlos inmaculados. Intervino como actor protagónico en la mejor película de la historia del cine, y aunque no le gustó su desempeño, el mundo le enmendó la plana. Idolatrado por muchos, odiado por otros tantos, pero respetado por todos, aquellos influyentes y los recatados, los perversos y los adulones; menos por el ser que le dio la vida, su adorado padre. Algunos se encargaron de relacionar su vida privada con su faceta de hombre común, intentando manchar lo legendario con lo trivial, y convertirlo en un ser humano despreciable. Quizás lograron ensuciar su reputación en forma momentánea, pero jamás pudieron destruirla. Tamaña equivocación, muy por el contrario la fortalecieron aún más, la volvieron apetecible y la hicieron monumental. Este notable norteamericano, es una de las leyendas del séptimo arte, uno de los últimos íconos transgresores y polifacéticos, todo adjetivo permitido, de esa época dorada del cine norteamericano. Su increíble dramaturgia lo elevaron a la cúspide del estrellato mundial durante los años cincuenta, también en los setenta, y a ser considerado como el actor modelo, el prototipo de las obras impropias y provocadoras, una figura mítica, un estilo de galán de época, un verdadero líder de generaciones, la personalidad más impactante e imponente que existió, que con su aparente rebeldía, crudeza y sensualidad logró sensaciones similares y profundas para gentes tan diferentes. Marlon Brando le pertenece a la humanidad, no tiene nacionalidad. No voy a mencionar su biografía. Es fácil poder encontrarla en Internet o un libro de texto. Más adelante, publicaré una sección llamada “Marlon Brando habla de Marlon Brando” y reproduciré una hermosa entrevista que publicó hace muchos años el periodista Lawrence Grobel que tituló, “10 días con Brando”. Quiero homenajearlo, repasando las 20 películas que considero sus obras más destacadas y justificando en cada cual el porqué de su genialidad. Me olvidaba, Brando nació en 1924, pero para los que amamos su genialidad, aún sigue vivo y su inmortalidad se vuelve una costumbre con el transcurrir de los años y al apreciar su legado cada vez con mayor regularidad.

ACTOR’S STUDIO

Quisiera darles a conocer algo importante en la educación histriónica de Brando. El Actor’s Studio, es una escuela de arte dramático fundada en la ciudad de Nueva York, el 03 de julio de 1947 por Elia Kazanjoglou –Elia Kazan-, nacido en Constantinopla, Turquía, la productora teatral Cheryl Crawford y Robert Lewis, un antiguo miembro del Group Theatre, antecedente inmediato del Actor’s Studio, con relación a la implementación del método. Un año más tarde Lewis es reemplazado por Lee Strasberg, antiguo director general del Group Theatre, y ferviente admirador del método de Konstantin Stanislavski y el teatro de arte moscovita. La escuela de pensamiento del soviético, supone un particular enfoque de la interpretación –performance-, que en los EEUU encuentra una excelente posibilidad cuando tras la II Guerra mundial, el cine aspira a mostrar un mayor realismo social. El actor ya no es una marioneta en manos del director. Asume un rol decididamente más activo. Los actores tienen que desarrollar e implementar cada parte que interpreten, a partir de las emociones de su propia personalidad, Durante los ensayos se trabaja de adentro hacia fuera, recurriendo a otros textos ajenos a la obra y hasta algunos objetos, con la finalidad de conseguir una identificación plena con el personaje o con el actor que se presta para la actuación. Este descubrimiento del vínculo interior propicia la búsqueda de personajes emocionales que se debaten entre la angustia y la represión. Los actores trabajan juntos para desarrollar sus habilidades en un entorno experimental, donde pueden asumir riesgos como intérpretes sin las presiones de los papeles comerciales. Quizás sea que por estas razones, la escuela estará siempre relacionada con algunos de los más grandes dramaturgos norteamericanos como, Tennesse Williams, Arthur Miller, Edgard Alby, entre otros. El filme “On the Waterfront”, 1954, de Elia Kazan, se considera la obra cumbre del método, tanto por la impactante presencia de Marlon Brando como por la labor de sus actores secundarios. Además de Brando, indiscutiblemente su mayor exponente, se han formado en ésta escuela, actores de la talla de James Dean, Montgomery Clift, Paul Newman, Ben Gazzara, Shelley Winters, Rod Steiger, Lee Remick, Eva Marie Saint, Marylin Monroe, Jack Nicholson, Robert De Niro, Harvey Keitel, Al Pacino, Dustin Hoffman, Bruce Dern, Anne Bancroft, Ellen Barkin, Ellen Burstyn, Jane Fonda, Karl Malden, Steve McQueen, Geraldine Page, Estelle Parsons, Chazz Palminteri, Sidney Poitier, Julia Roberts, Mickey Rourke, Sissy Spacek, Maureen Stapleton, Christopher Walken, Eli Wallach, Gene Wilder, Joanne Woodward, Martín Landau, Philip Seymour Hoffman, entre los más renombrados. Hoy en día el Actor’s Studio, sigue desempeñándose como una escuela de arte dramático pero con otra perspectiva gerencial. La dirige el imperturbable James Lipton, quién con sumo conocimiento y algo de morbo, logra entrevistar a figuras que han pasado por la escuela o aquellas que destacan en la cinematografía actual. Tiene un programa de TV semanal, por cable, en donde rinde sentidos homenajes a los actores y actrices, con un público exclusivamente de la escuela y en el cuál se explica con gracia y a veces tristeza, un poco de lo que hay detrás de una película y sobretodo en el corazón de los actores. Lipton antes de dejar al invitado ante los alumnos de la escuela, hace un pequeño ping-pong, las 10 preguntas que desarrolló Proust, y que a continuación las expongo.

¿Cual es tu palabra favorita?

¿Cual es tu palabra menos favorita?

¿Qué te enciende?

¿Qué te apaga?

¿Cual es tu grosería favorita?

¿Qué sonido te gusta más?

¿Qué sonido te gusta menos?

¿Qué otra profesión te gustaría realizar?

¿Qué profesión no te gustaría realizar?

¿Si el paraíso existiera, que te gustaría que Díos te dijera al darte la bienvenida?



Filmografía comentada de Marlon Brando.

1950 - “The Men”
De Fred Zinnemann
Fue la primera incursión de Marlon Brando en la industria cinematográfica. Por ese entonces ya era una verdadera revelación como actor de teatro en Broadway. En “The Men”, interpreta a un soldado de la Segunda Guerra Mundial postrado en una silla de ruedas, y recluido en un hospital de veteranos de su ciudad natal. Un gran debut, un retrato excepcional de cómo la limitación física como constante no es impedimento alguno. Brando hace una actuación envuelta en una fuerza interpretativa, difícilmente superable. Una película aceptable para un extraordinario comienzo. La expectativa por Brando creció a raudales. Era un actor diferente, revolucionario y sumamente atractivo.

1951 – “A Streetcar Named Desire”
De Elia Kazan
Una memorable película donde Elia Kazan expone las descarnadas relaciones de pareja que plantea la obra de Tennesse Williams, con excesiva justeza. Un tenso ejercicio de sinsabores y verdades dichas a quemarropa. Las interpretaciones de Marlon Brando y Vivian Leigh, apoyadas por las de Kim Hunter y Karl Malden, conforman un espectáculo soberbio y emocionante. La dirección crea una obra de intérpretes, memorable e imprescindible. Las magistrales actuaciones de Vivian Leigh, Kart Malden y Kim Hunter fueron reconocidas por el Oscar en su respectiva categoría, mientras Brando y Kazan se quedaron con las manos vacías. La acción tiene lugar en el barrio francés de Nueva Orleáns y relata la historia de Blanche DuBois -Vivian Leigh- que visita a su hermana menor Stella -Kim Hunter-, casada con Stanley Kowalski -Marlon Brando-. Blanche es frágil, necesita cariño y ternura, ha vivido experiencias amargas y oculta un pasado oscuro. Stanley es un obrero rudo, grosero, violento, machista y abusivo. La película desarrolla un drama psicológico centrado en el enfrentamiento entre Blanche y Stanley y las pretensiones de ambos en marcar sus territorios. Se denota el desprecio instintivo que siente Stanley por la fragiidad y las formas delicadas, su temperamento violento, acentuado por el alcohol, su presuntuoso machismo asociado a la violencia de género. El perfil psicológico de Stanley corresponde al de una persona atormentada, con serias dificultades de adaptación. Padece un síndrome de inseguridad que le impone conductas de dominación y sadismo. Blanche oculta una profunda frustración, varios fracasos sentimentales, un pasado indecoroso y un miedo traumatizante a la muerte. La batalla entre los dos personajes permite el lucimiento interpretativo de un joven Brando de gran magnetismo. Vivien Leigh interpreta un sensacional papel de víctima no inocente, en el límite de la cordura y de su autonomía individual. La tensión entre ambos es verbal, emocional, instintiva, siniestra y hasta física. Ese año Marlon Brando perdió el Oscar a manos de Humphrey Bogart por su actuación en “The African Queen”, junto a Katharine Hepburn. Elia Kazan sucumbió ante George Stevens. “A Streetcar Named Desire”, es una extraordinaria película. Marlon Brando deslumbrante, descollante e inigualable. Se confirmaban las excelentes condiciones demostradas en “The Men”.

1952 – “Viva Zapata”
De Elia Kazan
Un magnífico largometraje de Elia Kazan. Un clásico del género. Arremete sobre la biografía de Emiliano Zapata, famoso revolucionario mejicano, un mítico héroe, que levantó a todo un país contra el gobierno dictatorial de Porfirio Díaz. Emiliano, un joven campesino de la provincia de Moreles, dirige la revuelta campesina contra los terratenientes de Díaz. Con la ayuda de su hermano Eufemio y de Pablo, un viejo amigo, organizan el movimiento de oposición. Zapata, interpretado espléndidamente por un perfecto Brando, quien correlaciona el personaje histórico, humano, heroico y terrenal, inmerso en cuerpo y alma en la noble disputa de un hombre que lucha por el derecho natural de todo ser humano. Brando luce, idealista, utópico y libertario. Aparece flanqueado por Anthony Quinn, quien interpreta a su hermano Eufemio, que ese año se llevó el Oscar a mejor actor de soporte. Marlon Brando, perdió con Gary Cooper por “High Noon”, pero ganó el premio a la mejor actuación en el Festival de Cannes y en los premios BAFTA. Una magistral película con un Brando inmejorable.

1953 - “Julius Caesar”
De Joseph L. Mankiewicz
Adaptación para el cine de la obra de William Shakespeare, en la que intrigas políticas y las luchas por salvaguardar el honor se mezclan en la antigua Roma. Casio y Bruto, al mando de un grupo de conspiradores, asesinan a Julio César cuando consideran que su ambición conducirá a Roma a la tiranía. Marco Antonio, fiel amigo del emperador, representado por el mejor Brando que se haya podido apreciar, intentará convencer a los romanos de que los autores del crimen deben ser ajusticiados. El maestro Mankiewicz adapta a Shakespeare con una fuerza magnética, consiguiendo convertir el texto teatral en una puesta en escena arrolladora, sólida, imaginativa que utiliza la cámara para indagar y examinar sin descanso a los personajes, turbios y atormentados. La actuación de Marlon Brando es imponente, fuera de lote. Una gran película con el mejor actor.

1953 - “The Wild One”
De Laslo Benedek
Nace un nuevo icono del siglo, Un sujeto atractivo, portentoso vestido de cuero negro y gorra de medio lado, es el cabecilla de una banda de motociclistas jóvenes y ruidosos que llegan a un pueblo tranquilo produciendo allí un revuelo teñido de violencia y desasosiego. Una película memorable por la presencia de Marlon Brando como líder de la banda -la moto, gafas de sol, patillas, casaca de cuero, gorrita de moda- . Una película de época, de moda cincuentera. “The Wild One” destila violencia juvenil, destaca la generación “beat” –cuyo significado es totalmente vencido o fracasado. Luego se intentó demostrar el sentido correcto de “beat”, sugiriendo su relación con palabras como “beatitud”, conexión que se explicaba porque, en sus ideales, el movimiento “beat” se sentía atraído por la naturaleza de la conciencia orientada a la comprensión del pensamiento oriental, hacia prácticas de meditación etc. -el engreimiento de una generación falta de ideales claros, conceptos sólidos. Hoy en día, no sería un film atractivo, colorido, ni liberador de conciencias. Hay un tema que rescatar de éste largometraje, es el método Brando. Se diga lo que se diga, con esta película de argumento simplista, Marlon Brando creó escuela, aplicó el método Stanislavski, agregándole la perfección de su genialidad, su personalidad absorbe por completo la película, dándole a partir de allí, el método a muchas de sus memorables películas, Creo que a partir de esa actuación, Marlon Brando pasa a formar parte de la cultura contemporánea como un individuo indispensable, en la cinematografía mundial.

1954 – “On the Waterfront”
De Elia Kazan
Una de las mejores películas de Elia Kazan, aunque el tema es polémico y amoral. Una obra genial de la apología de la delación. Un Marlon Brando extraordinario, incomparable, majestuoso y logrando el honor y la posteridad. La actitud de Kazan durante la “caza de brujas” del senador McCarthy fue sencillamente degradante, canallesca, pero aun aceptando la teoría de que Kazan rodó éste filme como una justificación a su conducta delatora, la película emerge como un valioso aporte del turco como uno de los mejores de la década de los cincuenta. Largometraje duro, de una tensión dramática, implacable, sin embargo no se renuncia a momentos muy bellos, de un lirismo encantador. Entre el filme de denuncia y el melodrama social, “On the Waterfront” retrata con crudeza los bajos fondos de los muelles de Nueva York y el control que sobre los mismos tenían los sindicatos del crimen, pero por encima de todo nos habla de seres humanos, perdedores que buscan su redención y un lugar bajo el sol. El personaje Terry Malloy de Brando, y la Eddie Doyle de Eva Marie Saint, son dos seres que intentan sobrevivir al desarraigo, al fracaso, y a la desesperación. Como alguien dijo, su amor nace de dos soledades compartidas que crece en un medio de penumbra, y que camina hacia la toma de conciencia de él y al perdón, a través del amor, de ella. Kazan con su magistral dirección nos ofrece una extraordinaria película que se sustenta en la fuerza de la historia, basada en un hecho real, en un excelente guión, y en una extraordinaria dirección de actores, todos ellos maravillosos, recompensada con nominaciones a los Oscar para Lee J. Coob, Rod Steiger y Karl Malden, y con la estatuilla para Eva Marie Saint, como mejor actriz secundaria -en su brillante debut en el cine- y para Marlon Brando, como mejor actor principal, como justo premio a la que probablemente sea la mejor interpretación que jamás ningún actor ha plasmado en una pantalla de cine. La sublime secuencia de Brando hablando con su hermano -Rod Steiger- en el coche, o algunas de las secuencias pudorosamente intimistas entre Brando y Eva Marie Saint, el actor alcanza niveles insuperables. El actor del método, confirma ser el mejor actor de los cincuenta, muy de lejos. Una película recomendable.

1955 – “Guys and Dolls”
De Joseph L. Mankiewicz
Un musical original basado en un espectáculo de Broadway según un cuento de Damon Runyon, gran maestro de la literatura picaresca norteamericana. Nathan Detroit, interpretado por Frank Sinatra, es el organizador de las partidas más selectas de competencia de dados de Nueva York. Se apuestan 1,000 dólares con uno de los jugadores, representado por el mítico Marlon Brando, quien no es capaz de enamorar a una joven púdica que pertenece al ejército de salvación, representada por la encantadora Jean Simmons. Una película musical muy divertida en la que Brando, en otra memorable interpretación, le da una clase de actuación gratuita a Frank Sinatra. En medio de ese amor inconcluso entre Brando y Simmons, anda Sinatra, que hace destacar su personaje de truhán con buen corazón. La primera y única vez que Brando y el gran Sinatra, confrontaron talentos interpretativos. Brando fue el más grande actuando, Sinatra fue el más grande cantando. Una película con significado propio.

1957 – “Sayonara”
De Joshua Logan
Película hecha a partir de la novela del mismo nombre del escritor estadounidense James Michener. Marlon Brando interpreta a un oficial de la fuerza aérea norteamericana, Lloyd Grover, que lucha contra sus propios prejuicios raciales en la relación sentimental que mantiene con una artista de variedades japonesa, Taka, durante la guerra de Corea. Como otros muchos soldados estadounidenses se enamora de una japonesa con la que desea casarse. Sin embargo, el ejército pone todos los impedimentos posibles para evitar este matrimonio. Melodrama extenso y poco memorable, aunque eficaz, que trata la problemática de la relación de pareja de distintos países, dentro de la disciplina castrense, aunque sin fuerza ni convicción. Lo mejor de la película está precisamente en la otra historia de amor, entre los dos oscarizados Red Buttons y Miyoshi Uneki, llena de sentido y emoción que acaba en un trágico harakiri mutuo. Brando no llega a realizar una buena faena y esta vez le cojea el personaje. El título deja bien claro lo que ocurre una vez vista la película.

1958 – “The Young Lions”
De Edward Dmytryk
Es una muy buena película con un excelente reparto para un filme bélico sobre el destino de dos oficiales de distinto bando, un norteamericano y un alemán, durante la Segunda Guerra Mundial. Creo que en esta película, su director da una particular mirada sobre conceptos como el honor y el compromiso. Tanto Brando como Montgomery brillan como auténticas estrellas en este filme algo menospreciado. “The Young Lions” ofrece al espectador una nueva forma de ver la II Guerra Mundial, Marlon Brando interpreta a un oficial alemán, que sin quererlo, se ve envuelto en un conflicto híbrido, sin sentido, obligado a hacer cosas inhumanas, Montgomery Clift interpreta a un soldado americano marginado en el campamento. Lo que trasciende de la película es su forma de relatar el conflicto, va desde la foto de Brando en Paris, hasta estar recluido en las montañas en Alemania. Para mí es una película recomendable. Dos brillantes interpretaciones.

1959 – “The Fugitive Kind”
De Sidney Lumet
Valentine 'Snakeskin' Xavier, protagonizado brillantemente por Brando, es un músico sureño y vagabundo de Nueva Orleáns, que con frecuencia tiene problemas con la ley, teniendo que trasladarse a otro lugar. Viajando en su viejo coche, un día se detiene en la localidad de Two Rivers, cerca del Mississippi. Allí consigue un trabajo en la tienda de Lady Torrance, una bellísima Anna Magnani, una mujer de origen italiano, con la que mantendrá una relación amorosa, aunque también se interesará por Carol Cutrere, la portentosa Joanne Woodward, una joven alcohólica lugareña que se siente atraída por él. Este filme es una nueva adaptación de una novela de Tennesse Williams, en donde, Sidney Lumet muestra el desgarro con la que la vida trata a las personas, cegándolas con el rencor y el odio. Es una película sobre perdedores, sobre personas martirizadas por su pasado, que se aíslan en la soledad para combatir todos sus temores e inseguridades. Los tres personajes principales son seres atormentados, que buscan el apoyo mutuamente para poder ver un poco de luz al final del túnel, finalmente esa sociedad sureña, tradicional, anclada en el patriarcado tan bien retratatada en sus novelas por Williams, consigue devorar a los protagonistas de la forma más cruel. Una muy buena película, con un Brando apabullante.

1961 – “One Eyed Jacks”
De Marlon Brando
Tras el atraco a un banco fronterizo, Johnny Río –Marlon Brando- es traicionado por su compañero de aventuras, un tal Dad. Apresado por la policía mexicana, pasa cinco amargos años en la prisión de Sonora. Durante su estancia en la cárcel, solo un macabro pensamiento recorre la mente de Johnny Río, la venganza. Cuando es puesto en libertad, se presenta ante su ex–compinche Dad, un hombre readaptado y nada menos que sheriff de la ciudad de Monterrey. Sin motivos aparentes de venganza, Dad le presenta a su hijastra, Louisa, Jonnhy queda prendado de su belleza, y la seduce ante la rabia de su antiguo amigo. Es un Western de traiciones y venganzas que comenzó a rodar Stanley Kubrick, pero que acaba el mismo Marlon Brando. Es una película del oeste psicológico, con muy buenas secuencias y abstracto. También, un ejercicio de egolatría desesperante. Muy buenas imágenes, con una elegancia barroca que alardea en lo sustantivo y que nos atrae. Algo más de Brando dirigiendo la película, lo hizo de buena forma. Cuando Brando contrata a Stanley Kubrick para dirigir este film piensa que es un director de suma calidad, pero manejable y podía escuchar propuestas, Pero no fue así, Kubrick era muy exigente con las tomas, se encerraba en su mundo. Brando lo detectó con rapidez y lo sacó de la dirección del filme. No quedaba otro remedio, tuvo que subirse al caballo en pleno galope. Marlon Brando nunca pudo ser un director, era demasiado individualista como para planificar, organizar, dirigir y controlar a un equipo de cientos de personas, pero, sin embargo en esta película, su primera y última como director, realizó un desempeño muy correcto. Karl Malden y Marlon Brando ya habían trabajado juntos en varios éxitos. Si Brando está formidable, Karl Malden está inmenso. En fin, muy buen Western psicológico, que fue el primero de la cinematografía en mostrar el mar y que paradójicamente supuso el principio del declive de Brando que no se recuperaría hasta "El Padrino", allá por los setenta. Aunque fue premiada con la “Concha de oro” en San Sebastián, en Estados Unidos no tuvo mucho éxito y es que en 1961, el Western empezaba a no interesar a mucha gente al contrario de lo que ocurrió en la década de los 40 y los 50. Recomendable de ver, básicamente por la dirección y actuación de Brando.

1962 – “Mutiny on the Bounty”
De Lewis Milestone
Aunque es una interesante propuesta en su conjunto, es un remake del estupendo filme rodado por Frank Lloyd en 1935. Milestone no logra alcanzar el ropaje real de virtuosismo alcanzado por su reputado predecesor. Esta versión de la historia de la Bounty y su infame capitán William Bligh –Trevord Howard- está muy subestimada. Marlon Brando -como el heroico Fletcher Christian-, realiza una actuación tan moderada como sutil y con tantas variantes histriónicas digna de su genio. Así como el Christian de Brando, es el mejor de lejos interpretado en el cine, el Bligh de Trevor Howard suple lo que le falta en carisma y talento, con un sentido tan realista de lo que significa ser sumamente cruel que termina siendo más villano y repugnante que el propio Charles Laughton en la versión de 1935. De hecho, Charles Laughton creó un icono del capitán Bligh porque él era un actor tan inmenso e imponente como Marlon Brando, capaz de transmitir la humanidad del personaje, al punto que uno deseaba con angustia llegar a comprender su conducta reprochable. Howard no es carismático, al menos no como Laughton, y no lo necesita, pues ésta es una ejemplar fábula romántica en la cual Fletcher Christian se inmola a causa de la injusticia del mundo, con el fondo paradisíaco de los mares del sur. Un Brando lleno de matices, apoteósico y muy maduro. Ojo, no es de sus actuaciones descollantes, pero es equilibrada e imponente. Finalmente, el Bounty zarpa del puerto de Portsmouth en 1787. Su destino, navegar a Tahití para cargar el fruto del árbol del pan. El capitán Bligh hace todo lo que está en su mano para navegar lo más rápido posible, empleando cualquier método para mantener su férrea disciplina. Cuando llegan a la isla, la tripulación se encuentra con que ese paraíso es muy diferente del que Bligh había hecho del Bounty.

1967 – “Reflections in a Golden Eye”
De John Huston
Es una muy buena película. Una excelente realización, técnicamente perfecta y con una interpretación de Marlon Brando de inusitada fuerza e interés, para muchos una de las mejores obras de John Huston. La acción transcurre en un fuerte militar situado en Georgia. Junto al cuartel viven los altos mandos entre los que están el comandante Penderton –Brando- y su esposa Leonor –Liz Taylor-. El matrimonio no tiene una buena relación, y la mujer engaña a su marido con el coronel Langdon, mientras Penderton intenta superar el trance refugiándose en el dictado de clases en la academia. Una película sobre la angustia. Tenso film de Huston, con el guión escrito por F.F. Coppola, sobre la vida de los altos mandos de un campo militar de entrenamiento en Georgia. El gran John Huston crea un film psicológico, una muestra de angustia desde distintos crisoles, que consigue dotando a los personajes de marcadas personalidades contrapuestas. Hace un juego de roles muy concordante y sugerente sobre todo con la pareja protagonista, Marlon Brando y Liz Taylor, un matrimonio mal llevado que convierte la convivencia conyugal en una tortura insoportable. Muy buena actuación de Brando. Demuestra también genialidad en un papel en donde se ve obligado a ceder posiciones. Muy recomendable.


1969 – “The Night of the Following Day”
De Hubert Cornfield
Un thriller no tan prodigioso. El guión es bastante simplón y el desarrollo de la cinta tiene un ritmo demasiado pausado. Una joven llega en avión hasta un aeropuerto en París, y apenas toma contacto en suelo francés, es sorpresivamente secuestrada por tres desconocidos, uno hace de conductor, otro es un guardaespaldas y la tercera miembro del grupo, es una rubia de gran parecido físico con la azafata del avión en la que viajaba. Los secuestradores la llevan a un caserío apartado y la dejan al cuidado de un sujeto llamado Leer, hombre de malos instintos con quien la rehén corre un gran peligro. Mientras tanto, los tres restantes secuestradores se ponen en contacto con el padre de la muchacha, al que piden un fuerte rescate a cambio de la vida de su hija. La trama es lenta pero interesante. Se nota a un Brando en plena forma, con un despliegue generoso, pero que la película le queda muy estrecha. Hace lo que humanamente puede hacer. La recomiendo por esa inclinación de Brando a brindarse generosamente en un papel y un largometraje que no están a su altura cinematográfica.


1972 – “The Godfather”
De Francis Ford Coppola
La mejor película de la historia del cine. Sin lugar a dudas estamos ante una obra maestra, una creación absoluta, un verdadero ejercicio visual y narrativo. A "El Padrino", le cabe el honor de haber desbordado los límites del género, para convertirse en un insuperable referente humanístico, cultural y motivo principal de reflexión existencial y social. No sólo es la historia de la mafia mejor contada, sino que es un verdadero drama de la existencia familiar, en el que las armas y la muerte quedan paralizadas en un segundo plano. Sus personajes son humanos, dotados de un realismo apasionante, transmitiendo en cada mirada o dialogo un sentimiento atrapante, que uno termina cediendo ante un inigualable retrato cinematográfico. Las grandes historias se escriben sobre el reguero de la sangre, o del miedo colectivo, o quizá sobre los corazones desolados, involucrando en su vorágine de poder, corrupción y violencia a sus propios miembros. Con esta película, el cine, tal como lo conocemos, alcanza su nivel máximo, volviéndose insuperable gracias a esta suprema y magistral composición de Puzo y Coppola de la que, más allá de los grados de perfección que alcanza, podemos sacar innumerables lecturas, inconmensurables tendencias. Una de ellas es que se demuestra, una vez más, que un guión excelente es la base de toda gran película. Otra es que, en casos como éste, las extraordinarias interpretaciones imponen con autoridad y capacidad el perfeccionamiento del género, a engrandecer aún más lo que ya de por sí es maravilloso. Con “El Padrino” se marca un antes y un después en la historia del celuloide. Reitero, lo más grande que nos dio la historia del cine. Para entender la importancia capital de este largometraje es necesario adentrarse sin misericordia en ella y disfrutarla. Ya desde el comienzo, Coppola nos ofrece los principales rasgos de los personajes. A partir de este conjunto disímil de conductas, va transportando con suma exquisitez hacia adelante la trama, con un pulso narrativo imperturbable y con un nivel de llegada al espectador realmente insospechado. El filme cuenta con un reparto de lujo; Un genial James Caan por el temperamento y la presencia que le imprime al personaje de Santino. Un correctísimo Robert Duvall por la templanza y la acuciosidad que le otorga a Tom Hagen. Una sobria y acertada Diane Keaton por la inocencia representada en el rostro de Kay Adams. Un escalofriante Al Pacino porque es su personaje, Michael Corleone, el que sufre la mayor de las metamorfosis, efecto que se hace notar gracias una superlativa actuación, que incluso está a la altura de lo hecho por Brando. Al Pacino ya demostraba que era un actor de polendas, con mirada de hielo y gesto neutro. Un inalcanzable e insuperable Marlon Brando porque, como siempre que lo vemos, no le sobra ni le falta nada. Cada gesto, cada palabra de este magnífico y pulcrísimo Vito Corleone se ha transformado en un símbolo de la mitología cinematográfica. En la carrera de Marlon Brando ya estaba todo hecho, pero tras este filme alcanza la cumbre, y consigue la inmortalidad. Coppola y Puzo nos enseñan cómo debe adaptarse una novela a la perfección, haciendo hincapié en lo que más importa de la historia, y dejando de lado el resto. El cineasta logra que el filme quede para siempre en nuestra memoria porque las escenas se absorben de tal manera que uno se olvida de que está viendo una película. Algo difícil de explicar con palabras. El director hace un exquisito uso de las técnicas fílmicas, rodando tiroteos y escenas de acción con total realismo, y mostrándonos todo lo que la historia tiene para dar, sin ocultar nada. También hace gala durante toda la proyección, pero sobre todo en los últimos 20 minutos, de un montaje excepcional. Nino Rota compone una banda sonora penetrante, emotiva e inmortal. Todo es sublime, perfecto y extraordinario en esta auténtica joya del cine contemporáneo. La película más importante que ha dado el séptimo arte, y el principio de la que es la trilogía más fascinante y perfecta de la historia. Para finalizar, “El Padrino” es el gran Marlon Brando, y sólo podría haber sido Marlon Brando, y sin Marlon Brando esta película no se llamaría “El Padrino”, quizás “la cosa nostra” o "Mafia”, pero jamás “El Padrino”. Desde el momento en que uno admira y ama cinematográficamente lo que ha hecho Marlon Brando y te vas familiarizando con todas las circunstancias que rodearon la vida de este hombre, no puedes reemplazarlo por ningún otro actor. Existieron y existen grandes representantes de la interpretación cinematográfica, pero nunca llegaron a la capacidad de Brando.



1973 – “Last Tango in Paris”
De Bernardo Bertolucci
Una joya inmensa de la cinematografía. Una intensidad sin treguas ni descansos. Un retrato de la moral que duda, entiende pero claudica. La sombra perfecta de la miseria humana, que es magnífica y excitante a la vez. Cuando la desesperación, el amor, el deseo y la muerte se unen. El gran Bernardo Bertolucci independiente de todo y absolutamente dependiente de Brando. Porque Brando interpreta el mejor papel de su vida luego de “ El Padrino”. Sus monólogos han hecho historia y son recordados como una amalgama de guión e improvisación como solo Brando sabía hacer. Bertolucci no quería problemas con Brando y lo dejó ser él y su arraigado método. Un acierto que solo un director inteligente puede aventurarse a permitir y lograr la perfección. Aquel fue el primer acierto de Bertolucci. El segundo fue entrelazar brillantemente las tres historias del film, la del Brando hundido y desequilibrado por el suicidio de su mujer, la historia de amor superflua e inconsistente entre María Schneider y su novio, un mediocre director -sátira de Bertolucci sobre toda la industria del nuevo cine francés-, y la acción y reacción del deseo y del amor entre los dos protagonistas principales. El clímax de lo erótico con cuerpos semidesnudos y caricias sin tocarse, desde una mirada hasta una sonrisa. El aspecto técnico es impecable. La fotografía amarillenta y triste, el juego con la luz, y uno de los mejores montajes que se haya visto, junto con la preciosista música de saxo -el instrumento sensual por excelencia- de Gato Barbieri, redondean esta maravillosa película. La escena donde Brando le habla a su mujer “corpore in sepulto” es sensacional e inolvidable. El título del filme hace honor a la historia de los protagonistas ya que cuando los roles se cambian y es Brando el perrito, el desenlace se desencadena tras bailar ese último tango con un final tan crudo y tan bello como magistralmente rodado. Un deleite para la vista y los sentidos. Como dijo Brando, “nunca supo mejor la mantequilla”. Finalmente, algo dicho por Marlon Brando: "El último tango en Paris es un filme estupendo, autentico, vivo, solo hay en él dos o tres escenas difíciles. Lo de escabroso lo dejo para aquellos que no entienden mucho. Si la atención de buena parte del público se ha acentuado en esa dirección me parece a mí que es por culpa de unos cuantos censores de más. Eso ha hecho que se hablara de la película únicamente por esas escenas y no como uno de los más bellos filmes de estos últimos 20 años. Para mí, haber interpretado esta película ha supuesto una experiencia fundamental. Es un filme autentico y humano, muy humano y poético. En el contexto de la vida cotidiana casi todo es triste, escabroso, odioso, pero cierto. Lo que ocurre es que las cosas más autenticas producen incomodidad. Siempre es muy difícil hacer una obra de arte y pretender que todos nos entiendan. Hay algo interiormente en mi alma de actor, que siempre supo que ninguna película como esta fue una muestra absoluta de mi autentica personalidad. Jamás la tristeza que refleja mi personaje fue tan real, ni ningún otro film hizo despertar en mi interior tantas pasiones dormidas. Nunca volveré a filmar una película como ésta. Por primera vez en mi vida he sentido una violación en lo mas profundo de mi ser”.



1979 – “Apocalypse Now”
De Francis Ford Coppola
La alucinante y operística realidad del horror. Dos reflexiones por delante: Es sin duda alguna, una de las obras más difíciles, complejas, arriesgadas e importantes que haya hecho el cine desde los setenta, es también, la más importante y determinante película en la carrera de Coppola, no las mejores –“El Padrino” y “El Padrino II”- sino que solo por la implicación personal y casi esquizofrénica del director en el proyecto, dos años de rodaje en Filipinas en condiciones terribles, problemas de producción, económicos etc., merece tal mención. "Apocalypse now" vale por toda una carrera cinematográfica dadas sus tremendas dificultades. Inspirado por la novela de Joseph Conrad, "El corazón de las tinieblas", Coppola y Milius idearon el denso, tremendo y soberbio guión de la película, trasladando lo que en el libro era la atracción de un marinero hacia el hombre que debe asesinar, a la guerra del Vietnam. A partir de aquí nos sumergimos en una insuperable atmósfera, recorrida por un aliento místico que la hace aún más, ser una obra única e insuperable en su género. La película tiene un arranque arrebatador, enigmático, del todo fascinante y maravilloso, la imagen superpuesta del sufrido y pensativo rostro de Martín Sheen con el zumbido adormecedor y a la vez ensordecedor de los helicópteros -jamás en una película se han empleado tan bien los helicópteros- que acaba en una explosión de fuego en plena selva. Coppola plantea la guerra de dos seres humanos contra sí mismos y su interior, algo mucho más dañino, inolvidable y obsesionante que matar a uno o doscientos charlies. Esa subida por el río es la más clara bajada a los infiernos. Es una obra llena de memorables secuencias, lo relevante al sonido de los helicópteros, la alucinante batalla dónde se usa napalm con el atípico capitán Duvall al mando, con dos soldados surfeando mientras caen las bombas a su lado, y un cámara de televisión lo rueda todo “in situ y sin pestañear”, la música de Wagner, la llegada a la guarida de Kurtz, etc., hace que junto a su irrechazable, maravillosa y alucinante clima de guerra, sea un espectáculo grandioso, operístico, que transmite además una magistral sensación de irrealidad dentro de tan real y plausible pesadilla. Pese a ser una película indiscutiblemente bélica tiene tal complejidad que es tanto un thriller atípico como un drama psicológico y, lógicamente, una obra meticulosa del peor cine de terror, pues es la exposición más impresionante que en muchos años se haya hecho de eso que podríamos llamar horror, sobretodo en los últimos 30 minutos. Una extraordinaria película, pues, hasta lo indecible, dotada de una fotografía alucinante y sublime de Storaro y una banda sonora de Carmine Coppola y el propio director que se solapan y armonizan con el resto de manera fabulosa, es una cinta escalofriante, sobrecogedora, maravillosa, quizás perfecta. Un canto a la excelencia. Al capitán Willard, un soberbio Sheen, le hacen el encargo de asesinar al coronel Kurtz, soberano y sobrecogedor Brando, que se ha desquiciado y está obsesionado con el mal. Una pequeña patrulla del ejército embarcará al capitán Willard y lo irán conduciendo río arriba hasta la apocalíptica, terrible y sórdida guarida del coronel Kurtz. Así empieza la aventura interior de Willard, un hombre harto de la guerra y al que le han encargado una misión dolorosísima, que consiste en eliminar a un notable compatriota. Willard, a medida que va investigando y recibiendo información sobre Kurtz siente hacia él una obsesionante especie de atracción y repulsión, cariño y odio, fascinación y repugnancia, que le imprime a la composición bélica una ambigüedad temeraria enriquecida por un humor reflexivo de alcance moral y filosófico, que la hacen una película irrepetible. Cuando Willard llega a la guarida de Kurtz y ve allí el apocalíptico espectáculo montado y la indescriptible idolatría que propugnan los indígenas reclutados en ese lugar hacia el ya mítico y terrible Kurtz, cree haber llegado, efectivamente, al fin del mundo, cree haberse topado con el mismísimo infierno, con una guerra más cruenta, indescifrable y siniestra que la que le tiene absolutamente agotado y harto. El infierno existe.


1995 – “Don Juan De Marco”
De Jeremy Leven
Se trata de la película en que se encuentran por primera vez dos actores diferentes, casi raros, que comparten el hecho, además de ser disímiles, geniales, de estar siempre bien en películas menos graves. Johnny Depp, quien se cree Don Juan De Marco, y Marlon Brando, o mejor dicho, Don Octavio de Flores, en la figura de un psiquiatra aturdido, que a medida que Don Juan le cuenta su historia, se adentra en su particular y maravilloso mundo. La pasión del amor de Don Juan, la pasión que se desborda, que nunca llega a satisfacerse, que siempre ruega nuevos y desconocidos estímulos, la insaciabilidad, la insuficiencia de la suficiencia. Don Juan está dispuesto a saltarse cualquier ley o desafiar cualquier poder con tal de seguir su carrera inacabable. Para recordar, ese momento en que se nos muestra una foto de Brando, joven, con su padre. Una película agradable de ver para todos aquellos que creen en la fantasía y la imaginación como estrategias humanas para enriquecer nuestra limitada percepción de la realidad y, porque no, en una pasión terriblemente contagiosa. Finalmente, un apuesto joven se balancea sobre la estrecha cornisa de un anuncio publicitario. Está muy lejos del asfalto. Es un hombre enmascarado, que luce una vistosa capa y esgrime una espada. Afirma ser el mejor amante del mundo. Aunque ahora no le encuentra sentido a su vida y desea tener al asfalto como testigo de su cansancio. Un obesísimo Brando se trepa en una escalera de rescate y con miradas descollantes y palabras sencillas, aborta una posible desgracia. De pura densidad interpretativa, todo lo que figura a su alrededor queda atrapado por la particular fuerza de gravedad de Brando. Pese a estar secundado por unos muy inspirados Depp y Dunaway, todo lo que importa se llama Marlon Brando. Creo que allí fue donde Depp, aprendió la lección de su vida cinematográfica. Compartir algunos diálogos con el mejor actor de la historia.


1997 – “The Brave”
De Johnny Depp
Es una buena película, original y conmovedora. Un verdadero drama acerca de lo que un hombre estaría dispuesto a hacer por los seres a los que más ama. Una atrevida decisión por parte de Johnny Depp, quien nos brinda su ópera prima como director y nada menos que acompañado por el genial Marlon Brando. Ha tomado un tema que debería ser tratado con tino en el momento de llevarlo a la pantalla, especialmente cuando se utiliza un escenario tan caótico y deprimente durante toda la duración del filme. La película tiene algunos errores visibles pero consecuentes con un debut como realizador. Depp nos entrega una versión anti-Hollywood, En Morgantown la vida sólo es una forma de morir despacio. Si reflotar a su familia de la miseria, es el objetivo, Raphael, un indio nativo norteamericano, ha de encontrar el trabajo que sea y cuanto antes. En un lóbrego almacén, un misterioso personaje –Marlon Brando-, le ofrece el dinero requerido para cambiar la vida de los suyos a través de la tortura hasta morir. El empleador exige a cambio, dejar que filmen su asesinato. Raphael acepta. El tiempo que le queda de vida, una semana, lo dedica, con la ayuda del dinero cobrado, a demostrar el amor que siente por su familia y amigos. Una película de hondura admirable y excelente rigor narrativo, algo complejo y sobre todo, diferente, nada convencional, un film que mereció mejor suerte. Bien Depp, extraordinario Brando.


2001 – “The Score”
De Frank Oz
Una memorable película. Marlon Brando, Robert De Niro y Edgard Norton. Tres generaciones, tres sensaciones distintas. La última cinta del mejor de los actores, al lado de su posible reemplazo, y junto al reemplazo del reemplazo de Brando. Una historia entretenida, muy bien construida. Calificar de notable un thriller cuyos protagonistas sean ladrones ya es un logro. A pesar de que este género está muy visto y que incluso puede resultar manoseado, dada la cantidad de filmes de temática similar, "The score" cuenta con un argumento nada enredado, emocionante e incluso con alguna que otra sorpresa. Además, es alentador comprobar el duelo interpretativo entre dos actores excelentes de generaciones diferentes como Robert De Niro y Edward Norton, quien hace un papel de retorcido mental extraordinario. Si completamos el reparto con las breves pero significativas intervenciones de Marlon Brando y Angela Bassett, me atrevería a decir que a esta película ni le sobra ni le falta. Muy recomendable. Solamente un detalle. La capacidad de improvisación de Brando, a los 77 años, es una extraordinaria posibilidad que nos ofrece el DVD original de este film. Hay una escena en el bar de De Niro, en donde tienen que repetir la escena hasta 04 veces. De Niro tranquilo, dueño de su espacio. Brando con algunas copas de más, dueño de todo el espacio y extremadamente divertido. De Niro dijo sus diálogos exactamente iguales. Brando los hizo los 04 diferentes, sumados gestos, palabras, risas y hasta insultos. De Niro parecía un principiante al lado del más grande. Años de experiencia y siglos de capacidad interpretativa. Brando fue el más grande. De Niro es el mejor, sacando a Brando de la lista.


Filmografía no comentada de Marlon Brando.


1954 – “Desiree”

1956 – “The Teahouse of the August Moon”

1963 – “The Ugly American”

1964 – “Bedtime story”

1965 – “The Saboteur, Code Name Morituri”

1966 – “Sierra prohibida”

1966 – “The Chase”

1967 – “A Countess from Hong Kong”

1968 - “Candy”

1969 – “Queimada”

1971 – “The Nightcomers”

1976 – “The Missouri Breaks”

1978 – “Superman; the Movie”

1981 – “The Formula”

1987 - “A Dry White Season”

1989 – “The Freshman”

1992 – “Christopher Columbus; the Discovery”

1996 – “The Island of Dr. Moreau”

1998 – “Free Money”


MARLON BRANDO HABLA DE MARLON BRANDO

Siempre creí que brinde más cosas espirituales que materiales. Aún así, la vida me jugo en contra infinidad de veces. Nunca fui un resentido, ni renegué de lo que me tocó, pero hubo gente que me hizo daño, porqué, quién lo podría afirmar. ¿Quién fue Marlon Brando?, ni yo mismo lo sé, quizás una persona generosa, un actor inconforme, un ser humano imperfecto, un descendiente de irlandeses, o un enamorado de las tribus indígenas menospreciadas y olvidadas, incluso existen muchos que todavía piensan en mí como un tipo rudo, insensible y ordinario, llamado Kowalski. No lo puedo evitar, me pone nervioso, siento tristeza, pero son los gajes del oficio que escogí. Es posible que no supiera hacer con mi vida algo ejemplar y me siento defraudado por eso. Cuando joven pasé momentos malos, me expulsaron de varios colegios y de la academia militar de Shattuck a los 17 años. Les argumentaron a mis padres mal comportamiento y una conducta impropia. Me daba escalofríos pensar, con solemnidad militar, que todos se comportaban bien, menos yo. No tenía alternativa, pero finalmente me beneficié con esa decisión. Encontré el camino del teatro. Estando en éste, me tildaron de ser demasiado frontal e irrespetuoso con los actores, un individualista, poco colaborador, muchas veces solitario. Me afectó mucho perder físicamente a mamá y papá en un periodo corto. Los quería con apasionamiento, eran mis padres, pese a sus debilidades alcohólicas y problemas de pareja, Se separaron, se volvieron a juntar, se volvieron a separar. Luego, con la ayuda de Jocelyn y Frances –sus hermanas mayores-, logramos que regresaran. Papá nunca llegó a entenderme, a aconsejarme, rechazó mi vocación por el arte, pero sí aceptó el de mis hermanas. Eso nos distanciaba. No soportaba que me tratara de esa manera. Nunca llegué a darme cuenta si fue un hombre bueno o malo, tal vez era sabio y no lo demostraba o yo no lo podía distinguir. Siento que viví equivocado, haciendo lo que suponía era lo correcto, pero nunca supe realmente en qué consistía lo correcto.

Me pasó con algunas de las películas en las que logré intervenir. En “Queimada”, hice la mejor actuación que jamás había pensado realizar en cinta alguna, mis esfuerzos fueron exhaustivos, pero la gente no fue a verla y la crítica la sentí ausente. Muchas veces me sucedía eso. Uno creía fervientemente en su capacidad, pero estaba equivocado. Aún sigo pensando lo mismo, fue lo mejor que hice, lo que deja en claro que soy actor y no crítico de cine. Un caso parecido sucedió con el film, “Desiree”. Era cualquier cosa, una película superficial, falsa y lúgubre, No logré jamás entender cuando me dijeron que había sido todo un éxito de crítica y taquilla. Me costaba interpretar la realidad, pero no la ficción. Me pasó algo inaudito cuando filmamos “The Wild One”, Quedé sorprendido cuando la vestimenta completa que llevaba en el filme, camiseta recortada blanca, jeans, gorra de medio lado y casaca de cuero color negro, se convirtieron de inmediato en una especie de simbolismo para los jóvenes, una alegoría de su rebelión contenida. En la película, hay una escena en la que alguien me pregunta, ¿Contra que te rebelas?, y yo le respondí, ¿Contra todo, qué es lo que quieres de mí?, en tono firme, duro y con mirada amenazante. Era mi personaje. No era yo. Pero de ahí en más, instigó a la rebelión juvenil de los cincuenta, fue un hecho inusual para todos, pero menos para aquellos jóvenes, un hecho histórico de la publicidad mentirosa. Quizás el hecho de representar al cabecilla de una banda de motociclistas poco ortodoxos y la violencia extrema fueron el detonante.

Pienso que el poder y la influencia que posee un actor de cine, son sumamente curiosos, inexplicables y hasta tontos. No aspiré nunca a ser un icono, ni lo pedí, tampoco lo tomé prestado o lo robé de alguien, sencillamente la gente me lo concedió. Pienso que por el simple hecho de ser un actor conocido, la gente te concede derechos y privilegios especiales. No te elije el pueblo, sino sus conciencias. Laslo Benedek, director del filme, me decía, eres un nuevo ídolo del cine, se visten como tú, andan todos en motocicletas, muchacho, es tú momento, debes de aprovecharlo. Al año siguiente se estrenaron “Julius Caesar”, Joseph Mankiewicz, me decía, con esta película bajarán las tensiones. Es un personaje histórico, mítico. Ese mismo año se estrenó “On the Waterfront”. Elia –Kazan-, la película y yo ganamos un premio Oscar y seguía recibiendo elogios, regalos, ofrecimientos, viviendo a mil por hora. Elia declaraba; no hay una mejor actuación hecha por un hombre en la historia del cine norteamericano. Era un horror, un verdadero absurdo, pero todos le creían. Elia fue el verdadero padrino. El día que me mostró la cinta de la película -“On the Waterfront”-, me sentí muy mal, me deprimí tanto por mi actuación, que me levanté y me fui de la sala de proyección. Aún así, los tipos de la academia me premiaron. Hay algo más confuso que esa sensación? Elia Kazan era un realizador perfecto, el mejor director cinematográfico con el que trabajé. Trabajé con muchos, todos grandes directores, Fred Zinnemann, Mankiewicz, Koster, Joshua Logan, Sidney Lumet, Milestone, John Huston, Coppola, etc. La mayoría de los actores no reconocían tener ayuda emocional de los directores, si te tocaba un papel complejo, con mucho nervio y extremadamente emotivo, Elia fue el único que conocí, que realmente no te dejaba hasta que te sentías en condiciones. Te ayudaba porque sabía las cosas que iban por dentro y cuales dejar afuera. Tenía sentimientos y te los transmitía, pero visceralmente, por instinto y no por ego. Era su forma de sentir su trabajo y de respetar el tuyo. Elia te decía anda, ensaya, y luego ven con algo que me impresione. Nunca te iba a decir si lo habías realizado bien, mal o regular. El mensaje no podía ser más claro. Allá el que no lo entendió. Kazan me dijo una vez con una seguridad espeluznante, Brando, yo ya gané un Oscar -“Gentleman's Agreement”-, esta vez lo merecíamos, -por el filme “A Streetcar Named Desire”- pero nos lo arrebataron, mala suerte, pero te prometo que ganaremos uno juntos y muy pronto. Solamente hay que ponernos a trabajar. Y así sucedió. Sabía lo que quería. No sucedía lo mismo conmigo. Si no sabes lo que quieres y eres muy sensible, eres mucho más vulnerable a que los demás te hagan sentir como un inservible, propenso a desarrollar corazas de protección, te trabas y nunca evolucionas. Con Elia, nunca me permití sentir nada, porque siempre sientes demasiado. A mí no me gustaba trabajar presionado, cuanto más libre me sentía estaba más predispuesto. Por lo tanto, a los demás también les di lo que a mí me hacía sentirme bien.

Solo una vez dirigí, en el 61, reemplazando a Stanley Kubrick, con quien tuvimos muchas diferencias -“One Eyed Jacks”-. Había tomado la dirección y además era actor en el rol protagónico. Fue infernalmente agotador. El cerebro te funciona de otra manera. Piensas por todos. Desconfías mucho. Eres el primero en levantarte y el último en acostarte. Todo lo improvisas, si no tienes la costumbre de tenerlo todo planeado. Nunca volví a dirigir. Fue un verdadero vía crucis, una odisea. El director de cine es una persona especial, con condiciones y cualidades que no tenemos los actores. Por ejemplo, Bernardo Bertolucci es extraordinario, su habilidad de percibir tus sentimientos es inmenso, una magnífica persona. Eso lo hace un mejor director. Trabajar con él es sumamente fácil. El lo hace todo sencillo. Es cierto que era una película especial, -“Last Tango in Paris”- de miradas profundas, de sensaciones raras, de piel con piel. Venía de ganar otro Oscar con “The GodFather”, con escándalo incluido. Bertolucci tenía todo claramente establecido, tanto María como yo, opinamos lo mismo al respecto. Bertolucci no tiene esa fuerza visceral que tenía Elia Kazan, pero cada quién en lo suyo, ambos eran geniales. Era un pedagogo, un motivador. Recuerdo una charla con Bertolucci a quién le gustaba mucho mi perfume, Odio el olor a perfume, pero si lo que quieres es saber su nombre, te lo voy a decir a mi manera, es el olor del tiempo que corre por la piel de un hombre que ha hecho de todo en la vida, menos ser él mismo, un ser desgraciado. Ese es el nombre. Solo me interesa de los seres vivos, una cosa y esta es, su libertad, la religión que profesan, sus derechos civiles y su lucha por conquistar sus ideales". Bertolucci respondió, entonces cada uno tiene su propio perfume. Era un italiano genial. No puedo pensar en un norteamericano que haya tomado más iniciativas en la lucha por la injusticia humana de este mundo, ni que haya criticado más que yo lo hiriente y desalmada que es ésta. Pero quién entiende, quién actúa.

Charles Chaplin, también me dirigió. Fue un hombre talentoso, un referente importante, tenía que arriesgarme. Él era un genio cinematográfico. Tenía un talento cómico sin igual. No te llegabas a dar cuenta que era un sujeto serio. Pero el filme -“La Condesa de Hong Kong”-, fue una vergüenza, para olvidarla. No tuve protagonismo alguno, era un muñeco, una marioneta. No podía ser otra cosa, porque Chaplin era un hombre imponente, y yo no iba a discutir con él, sobre que es divertido y que no. Además en los sesenta no me fue bien. No empezamos la relación ni siquiera con amabilidad. Llegué a Londres para leer el guión a solas, con tranquilidad. Chaplin nos llamó a todos y nos lo leyó. Yo sufría de jetlag -es una mezcla de cansancio y otras síntomas provocados por un viaje en el que cruza distintas franjas horarias. De hecho tiene otro nombre más científico, síndrome del cambio de franjas horarias-, y en plena lectura, no soporté su acento inglés y me puse a dormir. A veces dormir es más importante que todo lo demás. La mitad de mi vida dormí. Ese papel no era para mí. Chaplin no debería haber intentado dirigir la película; tendría que haber actuado él. Era un hombre malvado, casi sádico, lo vi torturar psicológicamente a su hijo, humillándolo, insultándolo, haciendo que se sintiera ridículo e incompetente. Sydney, -hijo de Charles Chaplin-, interpretó un pequeño papel en la película, y Chaplin no lo soportaba, se descontrolaba con él, lo acosaba constantemente. Yo le dije a Sidney, Porqué le aguantas eso al viejo, él me contestaba muy avergonzado, con las manos y el rostro sudorosos. Lo que pasa es que ya está muy anciano y tiene un problema serio con los nervios, no pasa nada, ya estoy acostumbrado. No es una excusa, pero Chaplin me recordaba lo que el inglés Churchilla decía de los alemanes, o están a tus pies o colgados de tu cuello. Chaplin intentó meterse conmigo. Yo le dije con tranquilidad, “No me vuelva a hablar nunca con ese tono”. Me volvió loco de verdad. Uno de aquellos días, a última hora, armó un escándalo por lo que yo le había dicho. Le dije que podía tomar el master de su película y metérselo en el traste. Eso lo hice después de darme cuenta que la misma era un completo fracaso. Me miró con rabia pero sintió miedo. Ese hombre, en esas condiciones no podía dirigir. Seguramente podía hacerlo cuando era joven. Pero con la reputación que tenía Chaplin, tenías que darle el beneficio de la duda. Aunque siempre debes separar lo que es un hombre con talento y genialidad, de su personalidad instintiva, son cosas diferentes. Un talento admirable, pero un monstruo como persona. No me gusta ni siquiera recordarlo. Era un hombre miserable. Muchos lo podrían afirmar. Yo era de otra época, había tenido otra formación.

Sophia Loren, si era una mujer encantadora. No había conocido una mujer como ella, todo en Sophia era grande, generoso, una autentica estrella y una actriz extraordinaria y no eran ciertos los comentarios que se hicieron sobre las relaciones que supuestamente tuvimos en la película, aquello era una de las muchas mentiras que se decían. Nos hicimos muy amigos y ambos interpretamos nuestros papeles como humanamente pudimos, bajo la dictadura férrea de Chaplin, odiaba ese filme al igual que amaba al cantante Jacques Brel y su canción "Ne Me Quitte Pas".Cuando se hacen encuestas y los críticos se inclinan por mí como el mejor actor de todos, o lo ponen a Olivier, por haber hecho personajes clásicos, no me llama la atención, es especular sobre algo sin importancia. Para mí es un gran actor, pero de vieja escuela, grande como el infinito, el decía lo mismo de mi, pero que lo mío era más popular, más hecho para el gran público; pero de frases aprendidas con puntos y comas. Olivier, no se salía lo mas mínimo del guión y odiaba absolutamente las normas del Actor’s Studio, al que despreciaba. Me puntualizó que poseía un enorme atractivo físico y que su presencia a veces le alteró todas las coordenadas inimaginables. Hablar de los demás es perder el tiempo. Me importa poco lo que digan los demás. Han dicho de mí barbaridades e inventado mentiras, empezando por homosexual, un objeto de la farándula, hasta que no me entregaba al personaje como lo hacía tal o cuál. Yo hacía mi trabajo como mejor me parecía, no medía mi capacidad de entrega. Solo hacía lo que me gustaba. Si uno muestra menos de lo que tiene, es una posibilidad, como la es también no entregar nada o aparentar mucho sin tener nada. Las películas son experiencias muy fluidas. En una película, al final, lo que resulta es, casi siempre, diferente, mucho peor, mucho mejor, o completamente distinto de lo que se pretendía cuando se empezó. Actuaciones malísimas se pueden apuntalar, proteger y hacer que parezcan burdas o maravillosas. Siempre se está a merced del director y del montajista, y también de tus propios defectos.

Si de algo me lamento, es no haber podido filmar “Lawrence of Arabia”, porque tenía otro compromiso y cuando me la ofrecieron rompí una silla. Era una historia y un personaje que me apasionó siempre y por el que sentía un cariño especial. Una de las personas que admiré y tuve un cariño muy especial fue Marylin Monroe. Es un bello conejo blanco, perdido en una montaña de hielo, sin rumbo fijo, a pesar de su popularidad y belleza interior. Me olvidaba de su hermoso cuerpo, miraba solo su rostro. No creo que nadie pueda expresar su alma mejor que el conjunto en movimiento de sus ojos, nariz y boca. Yo la amé mucho, me necesitaba y siempre que pude me tuvo. Lo malo de ella fueron los políticos influyentes que le proporcionaban esa corte de hijos de puta que siempre la seguían a todas partes y la hacían caer en esas malditas contradicciones. Estoy totalmente seguro que la asesinaron. Hablamos el día antes de su muerte por teléfono y estaba muy feliz, ilusionada por haber sido admitida de nuevo por la Fox y con muchos proyectos, el que más ilusión le hacía, era interpretar a la protagonista de la nueva obra de Wilder, “Irma la Douce”. Es lamentable lo que hicieron, otra injusticia mas de mi contradictorio país”.

Mirando hacia atrás mi obra cinematográfica, no eliminaría nada de ella ni cambiaría mucho de ellas, si tuviera oportunidad de reeditarlas, porque uno de los lugares más horribles del mundo es la sala de montaje. Estás todo el día en un sitio oscuro repleto de humo de cigarrillos. Cuando me preguntaron si la Paramount me dio 100,000 dólares, para hablar con los periodistas, luego de estrenar “The GodFather”, les respondí que ni siquiera lo recordaba. Normalmente no concedo entrevistas porque quiero evitar que la gente me haga preguntas que pienso que no son importantes. Me preguntaron porqué yo era el actor del método. No sé ni siquiera lo que significa eso en su verdadero contexto. Solo me formaron de una manera diferente. Porqué no se lo preguntaron a Stanilavski, a Strasberg o a Elia. Kazan, que creó un cine artístico muy localista, con convenciones fáciles como el sentimentalismo y la esperanza eterna que caracteriza a la cultura norteamericana, centrando todo en la actuación de sus actores. El método de "hacer y no mostrar" como tesis de la interpretación se fue imponiendo hasta la actualidad y es uno de sus máximos aportes. Yo, en el Actor’s Studio, tenía que hacer verdaderos esfuerzos mentales para lograr una perfecta identificación con los personajes que me tocaba interpretar, cada gesto, cada inflexión bucal, cada movimiento, todo para que fueran los exigidos por la escuela. No sé porque razón, pero desde el comienzo, esto llamó poderosamente la atención de mis colegas actores y maestros. Me decían, tienes una calidad interpretativa notable, tu desdoblamiento es sorprendente, tienes todo en proporción etc. Existe una gran preocupación por la interpretación, que para mí no tiene sentido. Todos somos actores, nos pasamos el día entero interpretando. La única diferencia entre un actor profesional y un actor de la vida real, es que el profesional conoce un poco mejor el tema y cobra por hacerlo. Aunque, en realidad, la gente también cobra por interpretar. Si tienes una secretaria con una gran presencia y una buena dosis de encanto y ella lo sabe, cobrará por eso, tanto da si dispensa favores como si no, igual si es un hombre joven atractivo, con buena apariencia, para el caso es lo mismo. Supongo que no existen los misterios sino la lógica.

Esas son las cosas que me aburren de un diálogo con alguien que pregunta y se responde a sí mismo sin que yo pueda abrir la boca. Seguramente lo que hace un actor de método, es abrirse paso hasta la misma esencia del personaje y va más allá de la angustia de las entrevistas. Yo creo en mí, en mis posibilidades. Tengo fe y me auto-motivo. Creo que hice bien con mi dedicación al Movimiento por los Derechos Civiles y por los Indios Nativos Americanos No sé si Dios exista, pero creo que debe haber algún tipo de orden en el universo. Y mientras haya orden, debe haber algún tipo de fuerza en el mismo. Para mí es difícil concebir que todo es una casualidad o una confluencia de desorden que hace que el universo exista. No puedes vivir la vida pensando en que se va a terminar el mundo. Sean las circunstancias que sean, uno tiene que seguir intentando encontrarle soluciones a los problemas. Incluso si parece imposible hacerlo. No se ha inventado nunca un sistema que funcione. La religión no lo consigue, ni la filosofía, ni la ética, ni los sistemas económicos. Ninguno de los sistemas con referencia a los problemas humanos, ha funcionado jamás, aunque vivir solo de desesperación, no es posible. He oído hasta el cansancio de las ventajas y las desventajas. He escuchado a científicos decir que no sabemos bastante, que el ciclo de la vida en la Tierra tiene un equilibrio tan delicado que trascenderemos nuestras naturalezas, que parecen imparables e inmutables. Otros dicen que va a venir un gran día. Buckminster Fuller es un hombre esperanzado, cree decididamente en el nirvana del futuro cercano. Herman Kahn nos ha contado lo maravilloso que es el mundo que tendremos y la naturaleza de las luchas para llegar a ello. Alguien lo sabe. No tengo una solución para la muerte pero sí para envejecer con sabiduría. Cuanto más viejo, me he sentido más feliz, más contento, más sabio. De todas las maravillas que he oído, me parece la más extraña que los hombres deban temer; al ver que la muerte, un final necesario, vendrá cuando vendrá. Otro maravilloso discurso sobre la muerte. Prefiero recordar a Shakespeare,

“Por el amor de Dios, vamos a sentarnos en el suelo / Y a contar historias tristes de la muerte de los reyes”. “Donde rodean los templos mortales de un rey / Mantiene la muerte su corte, y allí se sienta el bufón / Que se burla de su estado, y se ríe de su pompa / Y con un pequeño alfiler / Atraviesa por el muro del castillo, y adiós rey”.


LA ENTREVISTA DE LAWRENCE GROBEL A MARLON BRANDO
“10 días con Brando”

Marlon Brando, uno de los más grandes e inolvidables actores del cine, murió hace cuatro meses. El periodista norteamericano Lawrence Grobel, lo visitó hace 30 años en su isla privada de Tahití. Éste es el diario de aquellos 10 días que pasó con el actor, charlando de lo humano y lo divino.
14/11/2004

Marlon Brando murió el 2 de julio de 2004. Han pasado 30 años desde que estuve 10 días con él en su isla tahitiana. El que sigue es un diario que escribí allí, publicado por primera vez en la revista “Movieline” en 1991. Había estado persiguiendo a Brando durante meses para hacerle una entrevista para “Playboy”. Cuando aceptó y llegué a la isla, me pareció fascinante. Y quedé fascinado por todo, absolutamente todo. No le gustaba hablar sobre cine, porque le aburría, pero podía hacerlo mejor que cualquier actor con el que he conversado. Podía charlar sobre el interior de la boca de un camello, sobre sentarse en una playa marroquí con una azafata de vuelo escuchando la llamada del almuecín, sobre el filósofo Kant o el pintor Pablo Picasso.

Indudablemente, fue un actor revolucionario, como ha quedado patente por el aluvión de historias que acompañaron a su muerte. Pero también existía un Brando privado, del que obtuve un inusual retrato. Era un gran estudioso del comportamiento humano, jugador y algo tirano. Abusó de su cuerpo, de su talento, de su mente y de sus mujeres, y atormentó a algunos de sus 11 hijos (o más). Pero cuando ves sus películas, observas sus acciones o lees lo que decía, comprendes que era un hombre que se preocupaba profundamente por las cosas que le importaban.

“Ten Days on Brando’s Island” fue reeditado por “Hyperion Books”, junto con la entrevista para “Playboy”, en el libro “Conversations with Brando”. De los cientos de personas a las que he entrevistado en mi carrera, nunca he conocido a nadie como Marlon Brando. Dudo que algún día ocurra.

13 de junio: primer día

Estoy sentado junto a la esposa de Marlon Brando, Tarita, en el pequeño avión bimotor que nos lleva a la isla de Brando en Tahití. Estamos penetrando en unas densas nubes grises y una repentina tormenta. Tarita cree que deberíamos dar media vuelta. Abraza a su hija de siete años, Cheyenne. Debajo de nosotros está Tetiaroa: una docena de pequeñas islas cubiertas de palmeras, dispuestas alrededor de un lago turquesa. Aterrizamos en la pista de la única isla habitada. El avión rueda a lo largo de la isla y se detiene a escasos metros del bungaló de Brando.

Lo primero que me llama la atención no es el hermoso paisaje de los mares del Sur, la suave brisa tropical o los cocoteros. Son las moscas. Ahuyento a dos o tres en pocos segundos.

Brando está esperando. Le da dos besos a Tarita y se acerca a saludarme. Lleva una camisa india de algodón con capucha y pantalones, y con su pelo gris blanquecino, su panza y su sonrisa irónica tiene el aspecto de un indio sagrado. Bromea sobre su vestimenta y dice llevarla porque tiene tendencia a las insolaciones y debe cubrirse. Coge mi bolsa y me conduce a un bungaló con el techo de paja.

Brando hace un comentario sobre mis sandalias. Dice que no durarán demasiado, porque se me meterá la arena entre los dedos y el cuero.

“Puedes adivinar la educación que ha recibido un hombre por cómo se le abren los dedos del pie”, dice en uno de los apuntes aparentemente aleatorios que sazonan sus conversaciones. Apoya los pies descalzos en el alféizar. “Si los dedos se le abren mucho, es que ha crecido sin zapatos”, afirma, y se dispone a iniciar un discurso sobre el carácter de los tahitianos.

Habla sobre sus ambiciones para su isla. Le gustaría construir una escuela para ciegos e invitar a oceanógrafos a realizar experimentos. Pero ha tenido que abandonar varios de los proyectos porque tienden a fracasar cuando él no está. “Aquí no puedes traer cultura, tienes que adaptarte a la suya”, afirma mientras atrapa dos moscas con la mano. Y los tahitianos, según él, carecen de objetivos o ambiciones. “Nada les preocupa. Si tienen moscas, viven con ellas. Las moscas se crían en los cocos caídos, así que a menos que los recojas todos, no te desharás de ellas. Pero dile a un tahitiano que lo haga y te mirará incrédulo”.

La mayoría de los que vienen, dice Brando, se aburren al cabo de unas semanas.

“Cuando llego aquí, soy como una batería descargada. Me lleva unas semanas relajarme, pero al final el ritmo pausado de la isla acaba impregnándote”. Ha llegado a quedarse hasta seis meses. “Cuando la gente viene a visitarme, normalmente está alterada, habla rápido, tiene proyectos, ideales, acuerdos. Y yo aquí sentado como una ballena”.

Me pregunta si tengo hambre y damos un paseo hasta su bungaló. Señala las plantas que crecen en la arena frente a su puerta, que dice regar con su propia orina. Dentro hay dos camas dobles, estanterías con libros y casetes, una botella de Rolaids y paquetes de chicle sin azúcar Double Bubble. Me muestra su radio, se sienta y gira el dial. Las moscas siguen molestándole. Le da una palmada a una que se le posa encima y ahuyenta a las que vuelan a su alrededor. Sus manos son tan rápidas como la lengua de un lagarto. “Si pudieras juntar todo el tiempo que pasas cazando moscas, te quedarían unas buenas vacaciones”, apunta. Brando dice que hubo una época en la que estuvo influido por la filosofía de Jain, que sostiene que no deberíamos matar nada, ni siquiera una mosca. Dice que le encontró sentido durante un tiempo, hasta que reflexionó y se dio cuenta de que cada vez que respiras estás matando algo. Brando me dice que no dude en visitar la isla. “Yo iré más tarde”, propone. “Podemos ver la puesta de sol. A veces tiene un tono verde cuando cae el sol”.

La cena. Brando viene a buscarme. Nos acompañan la secretaria de Brando, Caroline, y su hija de seis años, Petra. El comedor tiene 20 mesas, 19 de ellas vacías. Comemos carne, patatas, pescado, ensalada, helado, fruta y queso. Marlon dice que está a régimen, así que no come pan. Durante la cena, nos cuenta la historia de una mujer de Hong Kong que llevó a su caniche a un restaurante, y el camarero lo cogió, lo cocinó y se lo sirvió para comer.

14 de junio: segundo día

Brando está ocupado con sus negocios isleños: planes turísticos, construir otra casa, supervisar una nueva construcción en una zona de acogida, recubrir los techos de paja.

Mantiene un conflicto con los turistas que llegan a su isla. Está cansado de que le saquen fotos y un día llegó a cerrar el hotel y echó a 35 personas. Pero a causa de los impuestos y porque resulta caro seguir invirtiendo dinero en la isla, lo ha reabierto para visitas de uno o dos días.

Al disponer de una cantidad de agua limitada, el turismo nunca se consolidará del todo.

Por la noche, Brando y yo nos tumbamos en la arena y hablamos durante tres horas, saltando de un tema a otro. Habla sobre el ajetreo, y dice que nunca ha hecho promoción de sí mismo ni de sus películas. “No me interesan los negocios”, afirma. “Podría haber sido multimillonario, pero habría tenido que ser otra clase de persona, y no lo soy”.

Cita un poema de Kenneth Patchen sobre la espera, y yo menciono La canción de amor de J. Alfred Prufrock, de T. S. Elliot. Conoce el verso que recito y dice: “Si las sirenas no me cantan aquí, nunca lo harán”.

15 de junio: tercer día

“Mi entrevista favorita”, cuenta Brando, “fue una en televisión con la mujer de Arnold Palmer. El entrevistador preguntó: ‘¿Sigue algún ritual antes de que juegue su marido?’. Ella respondió: ‘Sí, le beso las pelotas’. El entrevistador se quedó boquiabierto. ‘Se refiere a sus pelotas de golf, ¿verdad?’. ‘Por supuesto’, respondió la señora Palmer. ‘¿De qué cree que estaba hablando?”.

Antes de cenar voy al bar con Brando. William, el capataz de la isla, llega y menciona que ha estado guardando un excelente vino de palmera para que lo pruebe. Me cuenta que ha celebrado algunas fiestas muy salvajes en la isla. “Una vez tuvimos seis clases distintas de borrachos, duró toda la noche. Los tahitianos pueden beber, divertirse, dormir, beber, divertirse y follar toda la noche. Yo no puedo. Una vez que me he emborrachado, se acabó”. Una copa es suficiente para Brando. Después de cenar damos un paseo. Hay un círculo de luz alrededor de la media luna. Unos pájaros blancos se sumergen en el agua. El cielo brilla con las estrellas y los meteoritos que caen. Coge un puñado de arena. “Probablemente hay más granos de arena en dos puñados que estrellas en todo el universo”, dice.

16 de junio: cuarto día

Grabamos toda la tarde, seis horas. Brando parece un pontífice en ocasiones, pero es lo que cabría esperar. Debe de haber atrapado dos docenas de moscas.

Más tarde, en el embarcadero, contempla el lago. “Si tuvieras una pajita de aluminio de más de 10 metros y quisieras aspirar una naranjada, sólo llegaría a 9,90 metros. Eso es todo lo que puede succionar una bomba de vacío”, afirma.

Después se estira boca abajo y mira al agua. Está perplejo por los cambios de la corriente. Dice que nunca había visto nada igual en los 15 años que lleva visitando la isla. Parece muy preocupado.

17 de junio: quinto día

“Otro día en el paraíso”, dice Brando con una sonrisa durante el desayuno. Entretiene a la hija de Carolina, de seis años, cerrando los ojos y golpeando a las moscas que zumban alrededor de los pomelos. La reta a adivinar cuántas ha cazado. Ella dice que tres. Las deja caer al suelo y las cuentan. Hay ocho. Mientras ella cuenta, Brando atrapa otra mosca y se la mete en la boca. Cuando la niña le mira, abre la boca y la mosca sale volando.

Se pasa la mañana hablando por radio, utilizando otro nombre y evitando revelar su verdadera identidad. Habla con alguien que vive bajo tierra realizando experimentos médicos en el polo Sur. Un hombre que vive a 800 kilómetros al oeste de Miami le cuenta que una vez entró un rayo por la línea telefónica y le quemó la nariz a su mujer. Una transmisión aclara un misterio. Brando descubre que hubo un terremoto en Samoa ayer por la noche. Los cambios de corriente que observó en el embarcadero eran el efecto de un maremoto provocado por el seísmo.

Deja la radio, escucha un momento y dice que está llegando un avión. Durante un minuto no oigo nada y después escucho el tenue ruido de un motor. Brando me cuenta que tiene un oído muy sensible. Ha acudido al médico porque incluso el sonido de una cucharilla contra una taza le molesta. Los médicos le dijeron que no tiene nada. “Oye lo que quiere oír’, me dijeron. Quizá sea cierto”, afirma Brando, “quizá sea psicológico. Porque a veces no oigo lo que me dicen. Oigo altas frecuencias y sonidos, pero no la voz humana”.

El avión aterriza y trae a su hijo Tehiotu y a varios amigos. Mañana es el Día del Padre y han llegado de Papeete, donde todavía estudian, para pasar unos días. Brando y Tarita les saludan y luego él vuelve a su bungaló mientras ella barre el recinto. “Nunca he visto a nadie trabajar tanto como Tarita”, dice. “No hace más que trabajar”.

18 de junio: sexto día

Aunque Brando no se encuentra bien, salimos de excursión a otra isla. En el catamarán pregunta: “¿A qué velocidad crees que vamos?”. Todos hacemos suposiciones. “A 40 kilómetros por hora”, responde, y explica que el catamarán va a 20 kilómetros por hora y el viento añade otros 20. Lo sabe, dice, porque todavía hay moscas en el barco y “las moscas pueden volar hasta 40 kilómetros por hora”.

Un tahitiano que había soltado un sedal detrás del catamarán arrastra un gran pez. Le quita el anzuelo y le corta la cabeza. Brando es muy aprensivo. “¿No es horrible? Pero es la naturaleza de la bestia. No quieren comer copos de maíz”.

Cuando llegamos a la otra isla, Brando le pide a Teihotu, de 17 años, que le lleve a hombros. No quiere mojarse. Teihotu lo hace.

Recogemos madera y hacemos una fogata. Tarita y su equipo salen a pescar en el arrecife. Brando coge un cangrejo y juega con él, introduciendo una astilla de madera entre el cangrejo y su concha para examinarlo. “¿Crees que podrías construir el puente de Brooklyn con todos los tapones de botella del mundo?”, pregunta. Cuando digo que sí, él responde. “Chico, estás muy seguro de ello, ¿verdad?”.

19 de junio: séptimo día

Marlon llega por la tarde con una capa de crema solar en la nariz. Hace calor, no hay viento, y le pide a William que abra tres ventanas más en mi bungaló para que haya más corriente. Coge mi catalejo y mira a través de él. “Es de 10 aumentos”. Le pregunto cómo lo sabe y me indica que mirando con un ojo y abriendo el otro para calcular la distancia entre ambas imágenes. Lo que ha hecho en realidad es leer en el catalejo que es de 10 aumentos. Al volver hacia su bungaló me dice: “Hice una apuesta con Carolina de que no dirías nada sobre esta porquería que llevo en la nariz”. “Has ganado”, le contesto.

20 de junio: octavo día

Por la noche, Brando y yo jugamos al ajedrez. Es un jugador audaz, gana todas las partidas. “Nadie sabe qué es lo que te convierte en un buen jugador de ajedrez”, dice. “No tiene nada que ver con la inteligencia, sino con el sentido del espacio. Los arquitectos suelen ser buenos jugadores”.

21 de junio: noveno día

Hay luna llena y, después de cenar, salimos a navegar. Caroline y su hija llevan bañador; Brando lleva una cazadora impermeable amarilla con capucha, pantalones de caucho y botas. Parece salido de un anuncio de tabaco de mascar. Tras una hora se parte algo en el mástil y es difícil gobernar la barca. Nos volvemos.

De vuelta a su bungaló, durante nuestra última sesión grabada, Brando habla sobre mujeres con el culo grande. Las prefiere a las que lo tienen pequeño. “Las mujeres con el culo pequeño me parecen casi paralíticas”.

A veces, Brando tiene una mirada distraída y distante y contempla el mar. No responde a las preguntas. Dice que no le queda ninguna ambición, no quiere hacer papeles principales, actuar por actuar. No cree que tenga que demostrar nada. “Como dijo Orson Welles una vez, no necesitas repetirte para demostrar que todavía puedes hacerlo. Con haberlo hecho una vez ya es suficiente”.

22 de junio: décimo día

El avión llega por la mañana. Brando sigue durmiendo. Hablamos hasta las dos de la madrugada. Cuando le di las buenas noches me acompañó hasta la puerta, educado, cansado, un elegante anfitrión.

Vuelo a Tahití con Tarita. Me lleva en coche hasta el hotel. Le pregunto si prefiere vivir en la isla o en la ciudad. “Aquí”, me dice, “en la ciudad. A él le gustaría que me quedara allí. Una vez estuve dos meses, pero cuando él no está, es muy solitario. Eso no es vida”.

Le pregunto si le gustaría trabajar en más películas. “No”, responde. “Bueno, sí me gustaría, pero él no quiere que lo haga. Quiere que me quede en casa y críe a los niños”.

En el hotel le doy dos besos y me despido. Me pregunto si las sirenas cantarán alguna vez para Marlon Brando.



Finalmente, Marlon Brando participó en varias películas adicionales, colaborando y cobrando cantidades significativas, pero ya no lo hacía por desarrollar su profesión, sino inducido por los costos enormes que tenía que afrontar por el trágico problema que tuvo con sus hijos. Brando falleció de insuficiencia pulmonar a los 80 años el 01 de julio del 2004. Las cenizas de Marlon Brando fueron esparcidas en Tetiaroa y en el Valle de la Muerte, en California, un lugar que también amaba su adorado padre”. Uno de sus nueve hijos, Miko Brando declaró a un diario. Las cenizas de su íntimo amigo, Wally Cox, que falleció en 1973, también fueron diseminadas en el desierto como parte de la misma ceremonia. No se informó por qué las cenizas de Cox estaban en poder de la familia de Brando, pero ese detalle le pertenece a la prensa amarilla, que tejió un pasado de amor intenso entre ellos dos. Un servicio de honor al actor, fue realizado en la residencia del productor de Hollywood, Mike Medavoy y a la cual asistieron, muchos actores, entre ellos, Warren Beatty, Jack Nicholson, su gran amigo y Sean Penn. En los últimos meses antes de su muerte, Brando había bajado 39 kilos y necesitaba un tanque de oxígeno para poder respirar, Pero prefirió mantener su estado en privado. Siempre odiaba ser reconocido cuando su aspecto no era del todo agradable y me imagino sus últimos momentos, porque debieron ser duros, aunque se realizó todo como él lo había previsto.

Pocos actores consiguen llegar al Olimpo irreal de las grandes estrellas cinematográficas. Sólo algunos de ellos tienen asegurada su permanencia en ese pedazo de cielo estrellado, mirando desde su propio universo al resto de los mortales. Marlon Brando, el eterno salvaje, es indudablemente una de esas estrellas que siempre brillará en el espacio fílmico. Incomprendido, solitario, rudo y temperamental podrían ser algunos de los adjetivos que se utilizarían para hablar de la personalidad de este astro, que conquistó el corazón de millones de mujeres. Precisamente, su aura distante y fría, acompañada de esa mirada triste y seductora, despertaban los deseos más básicos en los corazones de generaciones de jóvenes. Los muchachos querían ser él y las muchachas, deseaban tenerlo a él. Pero en la vida, pocas veces se refleja aquello que vemos en la pantalla. Hombre promiscuo, no descartaba su implicación sexual con hombres, aunque prefería su trato con mujeres. Precisamente ellas fueron una de sus grandes debilidades, teniendo aparte de sus tres matrimonios, innumerables amantes, sintiendo especial debilidad por las mujeres de origen exótico. Era conocido su odio hacia el sistema de Hollywood pero, aunque no le gustaba el acoso de los medios y de su público, sí tuvo serios problemas en diversos rodajes por su actitud despótica y prepotente. Hombre poco sociable, no tenía muchos amigos, pero sí era muy fiel a aquellos a los que le concedía su amistad, caso de Montgomery Clift o Jack Nicholson. . Estoy seguro que lo último que se llevaron sus ojos sería ese lugar a orillas del mar, donde vuelan siempre los recuerdos, los instantes vividos y las personas que se han amado, su padre, su madre, sus hermanas, sus tres mujeres y sus nueve hijos
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