viernes, 26 de septiembre de 2008

“Traición y Lujuria”, una insólita historia de amor entre el deseo y el peligro.
































LUST, CAUTION (ANG LEE) 2007




Quisiera comenzar este comentario bajo una frase de Oscar Wilde. “Cuando una mujer contrae segundas nupcias es porque odiaba a su primer marido. Cuando un hombre vuelve a casarse es porque adoraba a su primera esposa. Las mujeres esperan tener mejor suerte; los hombres arriesgan la suya.” Lo que logro rescatar en la propuesta del heterodoxo realizador de origen chino-taiwanés Ang Lee, más allá de una gran narrativa audiovisual y una excepcional película – increíblemente vetada en los premios de la Academia 2007 -, es el riesgo que toma para poder contarnos corajudamente su posición sobre la China de sus ancestros, ese país con una cultura milenaria que por efectos de la segunda guerra mundial fue invadida por los japoneses y convertida en una tierra miserable, despojada y dividida. Quien se precie de conocer de cinematografía debe de haber percibido ese mensaje inspirador y a la vez inconformista de Lee, quien reivindica la intrepidez de una postura que pareciera estar olvidada en el núcleo comunitario chino, y que nos la muestra descarnada y temeraria –que involucra nuestros propios miedos, angustias, desasosiegos y hasta nuestro inconsciente- tal como la concibió la escritora china Eileen Chang en parte de su novela “The Rouge of the North”, adaptada por Wang Hui Ling y James Schamus, también productor del film. Ahí radica el éxito de Lee y de su obra, en su bizarra audacia, en ese arresto moral para colocar en escena lo que nadie se atrevió a retratar con una sutil crudeza, agregándole esa potencia descriptiva, esa belleza plástica desplegada en cada una de sus escenas, ahí donde su sensibilidad cinematográfica logra acrisolar personajes e historias sumamente intimistas, complejas e imponerla plácidamente con una vorágine argumental que nos absorbe a todos. Ese riesgo, que incluye una apuesta temeraria por una actriz desconocida, que debuta a base de la porfía de Lee en construir un personaje protagónico y complicadísimo partiendo de una bella modelo china y enfrentarla con un actor de la talla dramática de Tony Leung, uno de los mejores actores del cine contemporáneo y a su vez convencer a éste que pase de ese status de actor con talante bonachón, romanticón y complaciente, a realizar un papel totalmente contrapuesto, nada menos que la de un villano nihilista, un cabal bastardo vendepatria; habla de un tipo que se juega el pellejo porque está convencido de su naturaleza humillada, de lo que sintieron sus padres y abuelos, y en la posibilidad de congregar a propios y extraños para actualizar un hecho histórico desgarrador y olvidado por las nuevas generaciones. No cabe duda que Ang Lee nos hace un relato sobrecogedor acerca de los sentimientos de aquellas gentes, sobre la lucha inextinguible y entrañable de hombres y mujeres por sus preceptos morales, por sus destinos adormitados en manos ajenas y por mantener sus costumbres atávicas y milenarias. La historia que Lee nos relata es conmovedora, romántica, problemática, malvada y dura, muy dura, diría que extremadamente dolorosa. Una combinación perfecta de política, erotismo, traición, amor e identidad que se insinúan e interponen a la vez, fotograma a fotograma mostrándonos una Shangai llena de realismo, con adecuados simbolismos como la aristocracia jugando al Mahjong – azaroso pero complejo -, llevándonos poco a poco a un final imprevisible, desolador, cinematográficamente perfecto. Una gran película que merece ser vista a pesar de su duración y ritmo cansino. Lee está impecable con sus encuadres magistrales, sus tomas llenas de sentido y contraste cromático así como de su irreverente objetivo cinematográfico, llevar al límite la condición de ser humano. La trama la va tejiendo de tal manera que no sabe hasta donde pueda llegar. El riesgo es el riesgo y Ang Lee, como señala Wilde, pone en juego todo lo que tiene para poder conseguir lo que realmente desea.

Ambientada en el Shangai de 1938, la película expone la reciprocidad íntima que mantiene un renegado coronel chino de nombre Mr. Yee –extraordinariamente personificado por Tony Leung- con una amiga postiza de su esposa -magníficamente representada por la debutante Tang Wei– de nombre Wong Chia Chi. Mr. Yee es el jefe del servicio secreto chino que opera clandestinamente bajo las órdenes del gobierno impuesto por el invasor japonés. Un sujeto de mirada penetrante, de rostro y gestos entumecidos, de pocas palabras, de decisiones tajantes, y responsable de las torturas y ejecuciones del régimen. Wong Chia Chi se hace pasar por la señora Mak, una joven y cautivadora mujer aristócrata con dinero y relaciones, esposa de un ficticio empresario dedicado a los negocios internacionales. La señora. Mak ingresa en un café, hace una llamada y se sienta a esperar. Luego empieza a recordar y su memoria le lleva a su época universitaria. Descubre su vocación por el teatro, se enfrenta a la multitud con tranquilidad y seguridad, no le teme a nada. Un grupete de jóvenes fanáticos desbocados y nacionalistas la unen a su causa. Wong Chia Chi toma por voluntad propia el papel de una espía conciliadora y se mimetiza con la idea de los jóvenes de la resistencia que planean sin experiencia alguna asesinar a Mr. Yee, poder vengarse de sus abusos e inmoralidades y así tener una oportunidad de un resurgimiento liberador. El plan de espionaje consiste en que Mr. Yee se enamore de la señora Mak sin sospechar mínimamente que se trata de una emboscada. Mak será la amante carnal de Yee y tendrá que representar fielmente su papel para así ponerlo a disposición para que pueda ser atrapado y eliminado. Pero, acá es donde Lee, con su magia argumental reviste de sinceridad la relación amorosa de ambos protagonistas para que el deseo se sobreponga al peligro más inminente, marcado por la tragedia y el sufrimiento. Más o menos, así se da comienzo a un largometraje plagado de interrogantes, estrategias fallidas y un amor incontrolable. Ang Lee, a lo largo del film le hace una convincente dedicatoria fílmica al maestro Hitchcock. De hecho, Lee es un realizador formado en los EEUU, compañero de estudios de Spike Lee, y su arraigo por el cine de occidente es más que evidente. Lee vincula su película a una cantidad apreciable de paralelismos fílmicos con las magistrales obras de Hitchcock, “Notorius” con Cary Grant e Ingrid Bergman, una de las mayores exponentes del cine de espionaje, “Suspicion” con Cary Grant y Joan Fontaine, y finalmente una representación casi milimétrica de un pasaje muy propio de la violenta, polémica e intrigante “Torn Curtain”, en donde se plantea lo difícil que resulta el poder asesinar impunemente a un ser humano. La presencia de Hitchcock en los movimientos de cámara ilógicos casi mágicos que provocan una relación casi intimista, de neutralidad con el espectador están excepcionalmente concebidos por Lee.

Pues bien, la película transcurre entre el espionaje, las dobles identidades, los complots e intrigas. Ang Lee logra disponer de un tratamiento cinematográfico verdaderamente inusual cuando utiliza el sexo explícito en algunas escenas que son magistrales. Dos personalidades que se juntan en un cuarto de hotel y se alejan del mundo real, aquél formal, contradictorio. Para lograr entender a la perfección esa química corpórea y emocional de ambos simbiontes que se unen ahí, donde todo se hace, todo se dice, todo se guarda y la pasión va recorriendo temerosa los cuerpos entregados, el del villano que se convierte en un hombre apasionado y el de la espía que se brinda con extremada sensualidad, Ang Lee le impone un realismo excepcional con tomas que escapan a lo erótico pero sin llegar a lo detestable e insulso, aunque así lo pareciera. La pareja se entrelaza, como la vida misma lo exige cuando los sentimientos son puros y permitidos, aparecen desnudos la pasión y la repulsión, el amor y el odio, el perdón y el rencor. Una amalgama de sensaciones y vivencias para construir el retrato de una mujer ingenua con un interminable dilema existencial y afligida por sus inmensas paradojas emocionales. Una mujer que se siente agraviada por sus ideales y sufre en silencio el papel que le toca representar, aunque sus sentimientos la traicionan y propician la unión con un hombre al que debería odiar en lugar de amar. Mr. Yee no representa a nadie, es el mismo hombre tosco, pervertido y dominante que utiliza la fuerza para tratar de imponerse. Pero la señora Mak tiene el control absoluto de la situación y domina a su amante a su antojo. Memorables escenas para recordar y no malinterpretar. En ese lecho solamente había un hombre y una mujer amándose con el corazón y no con el cerebro. Eran dos seres humanos que lo dan todo porque el verdadero amor así lo demanda. Yo me atrevería a decir que Ang Lee persigue en estas escenas y en casi todas las secuencias del film una idea trascendental, casi desalmada, de los límites que significa constituirse en un ser vivo, tener emociones humanas, encontrarse en una situación que es incapaz de no controlarse, que les pertenece a cada uno por completo, pero que al final siempre arroja a uno más débil que el otro. Ella lo salva porque se traicionó a sí misma. Un huevo de codorniz fue el desencadenante de ese sentimiento arrebatador. El, sin embargo, la manda a ejecutar porque no traiciona sus principios.

Hay muchas escenas de una potencia argumental exquisita. Me quedo con aquella en donde Mr. Yee cita a la señora Mak en una casa de geishas y ella baila, canta, desnuda no su cuerpo sino sus sentimientos más entrañables para él hasta hacerlo llorar. Si eso no es excelencia en el arte de la interpretación y de la transmisión de sensibilidad visual por parte de ambos actores, no se qué adjetivo tendría que considerar. Existen aristas y puntos críticos que se desarrollan con gran prolijidad y profesionalismo. Ninguno de los nudos argumentales que observarán en pantalla quedará en el aire y sin recurso que lo resuelva. Las ambientaciones -tanto en interiores y exteriores- están hechas con una pulcritud escrupulosa. La atmósfera que logra Ang Lee en cada una de sus escenas y con su diversidad de personajes es simplemente apasionante. La cinematografía y/o fotografía del mexicano Rodrigo Prieto es de un gran nivel, creo que superando sus anteriores trabajos en “Into The Wild”, “Babel”, “Brokeback Mountain” y “21 gramos”. Las actuaciones de los dos secundarios, tanto de Joan Chen como la señora Yee y del súper ídolo de la música asiática Wang Leehom como Luang Yu Min, son muy acertadas. La banda sonora del compositor francés Alexandre Desplat es muy limpia y delicada, aunque me quedo con sus composiciones tanto de “The Painted Veil” y de “The Beat My Heart Skipped”. En los demás apartados destaca nítidamente el vestuario y el maquillaje. Me atrajo muchísimo como lucía Tang Wei. Una auténtica belleza oriental de los años cuarenta. La edición está bien trabajada y no escatima en lucir las bondades de la cámara de Lee y de Prieto. En fin, una de esas joyas cinematográficas para agasajarse uno mismo, sentirse atrapado por casi 150 minutos.

Finalmente, quisiera decirles algo. Estoy convencido que la misión personal de Ang Lee era llevarnos con sentimiento y con sensatez a ese tormentoso y perturbador mundo chino de los 40. Ang Lee tenía algo pendiente con su pueblo, con sus ancestros, con su pasado que permanecía oculto. Creo que cumplió y a gran altura, y supongo que debe estar orgulloso de haberlo hecho. Puso toda su capacidad, interés y dedicación en transmitirnos un mensaje muy de fondo, sumamente espiritual, expuso su suerte y arriesgo todo. A mí ese sentimiento me golpeó con fuerza, me estremeció hasta la médula. Estoy completamente seguro, que al margen de la misma obra cinematográfica, Lee se siente afortunado de haber logrado dejar una pequeña semilla de amor en nuestros corazones.

Hasta la próxima.

PEPE DERTEANO

jueves, 25 de septiembre de 2008

“Buscando un amor”, un delicioso pastel con sabor a esperanza.













MY BLUEBERRY NIGHTS (WONG KAR-WAI) 2007

Bella y reflexiva historia. Sublime película. Imponente y grandiosa puesta en escena sumada a una edición fascinante, casi mágica y una música que le agrega melancolía al sentimiento. Wong Kar-Wai, el hongkonés que dirigió y escribió “In the Mood for Love”, aquella maravillosa película donde plasma una de las historias de amor más tristes del cine y “Chungking Express” una auténtica pieza de colección del romance más emotivo dispersado en el desamor y el amor imposible, vuelve a destilar magnetismo y fantasía para sorprendernos con su debut norteamericano “My Blueberry Nights”, Quizás no logre repetir aquellas sensaciones inigualables, apoteósicas ni arrebatadoras de sus más atrapantes realizaciones, pero logra una perfección estética muy delicada, una verdadera poesía de la narración visual y de la imagen insólita, hipnótica y nostálgica, difícilmente apreciadas en una pantalla de cine. Quizás una revisión pulcra de lo mejor de aquella nueva ola francesa de los años sesenta. Una película desarrollada en lugares simples, rutinarios o comunes como una cafetería, un bar o una mesa de apostadores, pero que los envuelve con un toque de imaginación sutil al retratar a sus personajes con una afabilidad cinematográfica notable, haciéndolos parecer como seres fácilmente vulnerables, como aquellos adornos tan frágiles de cristal. Los hombres de esta película no son más fuertes ni resistentes que las mujeres, lo cual le suma un irrebatible encanto, la dosis de paridad tan poco acostumbrada en el drama romántico norteamericano.

El genial Wong Kar-Wai nos relata la historia de Elizabeth, una chica radiante, de mirada inocente, medio bizca y un rostro angelical que ingresa a una cafetería donde poco a poco descubrirá que su vida puede tomar un rumbo incierto y diferente a lo rutinario debido a un contratiempo amoroso. Entabla un diálogo fluido con el dueño del local, Jeremy, un tipo amable, seductor y resignado, que le estropeará la autoestima al insinuarle que su novio había cenado con otra muchacha en su local la noche anterior. Elizabeth confirma el rumor, vuelve al establecimiento y entabla una relación de amistad con Jeremy. En esta secuencia – casi de 20 minutos – WKW hace de los planos angulares, picados y medios planos una delicia visual, agregándole el contraste de la tonalidad justa de colores iluminados mediante las sombras, luces y contraluces originadas por los decorados de neón. Pone la cámara como quiere, cuando quiere y donde más le saca lustre a la toma, sea en un primer plano fijo o en un medio plano tomado desde fuera del local interponiendo con sobriedad las propias ventanas de la cafetería. Le incrusta algunos medios efectos retardados y le agrega el desconcertante pero rítmico sonido de los trenes pasajeros de Nueva York. La secuencia es potente y no tiene errores. WKW también logra dotar a la relación de Elizabeth y Jeremy de un contexto psicológico y seductor agudamente trabajado, como si le diese una libertad incondicional a ambos para que puedan construir un determinado tipo de vínculo. Es una excelente posibilidad de analizar el manejo de actores que hace el realizador porque daría la impresión que no existiera un guión de por medio. Los gestos y miradas de los protagonistas son muy bien articulados y logran transmitir una atmósfera intimista y solitaria. La combinación con la parte visual y estética es casi perfecta. La trama continua con Elizabeth en medio de una pugna espiritual como buscándole un consuelo a la inesperada separación, Decide encontrarse consigo misma a través de un largo viaje que la llevará por distintas experiencias en donde logrará comprobar que las penas de su dolido corazón son más fuertes, desoladoras y aterradoras que la simple separación experimentada. Durante la travesía logrará conocer personajes y situaciones que la llevarán a mejorar y nutrir su mundo interior, y poder hallar lo que estaba tan dispuesta a conseguir.

Los actores están todos metidos en la historia de una forma espléndida. Norah Jones - una popular cantante y pianista norteamericana de jazz y música pop, con ocho premios Grammy en su haber, y que debuta como actriz gracias al ojo clínico de WKW - personifica a Elizabeth. Acá se tiene que hacer un apunte necesario, para ser primeriza hace una actuación que impresiona y convence. Esa tristeza que emana de su interpretación es muy limpia, casi sin esforzarse. Su gestualidad está impecablemente desarrollada en el filme y tiene una química muy particular con todos los actores con quienes cruza diálogos e improntas. Jude Law, como Jeremy está más que correcto. David Strathairn, como Arnie, un policía alcohólico y despreciado por su esposa, hace un papel redondo, tan igual a Natalie Portman, quien representa a una ludópata tramposa que pierde a su padre e influye mucho en la afirmación de la nueva personalidad de Elizabeth. Finalmente, la bellísima y talentosa Rachel Weisz – hoy por hoy la mejor actriz secundaria de Hollywood – quien hace una interpretación perfecta como la esposa de Strathairn.

El filme también cuenta con una maravillosa banda sonora con la que hace un repaso por lo mejor de la música jazz, rythm and blues, rock, e incluso un tema inédito de Norah Jones titulado “The Story”, que con su estilo le brinda un aire apesadumbrado muy a la par de la trama del filme. La riqueza y la variedad de canciones y melodías que la componen, así como los intérpretes, entre los que se encuentran, Otis Redding con “Try a little tenderles”, Cat Power con “Linvig proof" y “ The Greatest”, Cassandra Wilson con la sugestiva “Harvest moon”, Amos Lee con “Skipping Stone”, Ruth Brown con “Looking back”, además de un tema de Gustavo Santolalla y tres del gran Ry Cooder, hacen de esta recopilación, una magistral partitura y un genial acompañamiento que goza de vida propia más allá de las espectaculares imágenes de la película.

En resumen, “Buscando un amor” es una película que sintetiza y refleja la madurez de Wong Kar-Wai en la integración de absolutamente todos los elementos cinematográficos expresados con un sello marcadamente poético visual y de una categoría estética prodigiosa. La visión particular de WKW acerca de aquellas situaciones cotidianas y universales de las relaciones interpersonales, como el amor, la infidelidad, la soledad etc., se confirma a la vez que se extiende según su magnífica obra y que le brinda un carácter connotativo al film. Con esto intento señalar que la música, la fotografía, el color, el sonido, sus personajes, la ambientación y el vestuario tienen que estar perfectamente hilvanados, logrados y equilibrados con la temática a tratar. No basta solamente una buena historia para justificar el ver esta película de WKW. La factura final de un film de esta categoría, se consolida tras el equilibrio de todos estos componentes de fondo y de forma, además del movimiento de estos fenómenos ópticos, que se resumen en la exudación de algo esencial, tiene que haber una síntesis poética de lo expresado. En definitiva, “Buscando un Amor” es poesía hecha cine o cine poético donde el referente o ingrediente principal es la vida misma. Wong Kar-Wai llevó a los EEUU desde el mismísimo Hong Kong, no solo un pastel de cerezas azules o arándanos para ser testigo impulsor de su debut en tierra ajena, llevó un arma letal para cualquier director norteamericano, genialidad.

Hasta la próxima.

PEPE DERTEANO





miércoles, 17 de septiembre de 2008

Resultados finales. "El Padrino", la mejor película de la historia de la cinematografía.















Según lo acordado estoy remitiendo los resultados de nuestra primera experiencia en un sufragio cinematográfico, tomando en consideración las 10 películas más votadas por los 914 participantes, entre bloggistas y lectores, que intervinieron en la encuesta acerca de buscar la mejor película de todos los tiempos de “el blog de Pepe Derteano”. Es innegable la elección del film “El Padrino” como la ganadora de este pequeño escrutinio que realizamos. En la más famosa y concurrida página Web de cine, IMDB, Internet Movie Data Base, sección Top 250, “El Padrino” está considerada como la mejor película de la historia del cine con una calificación media ponderada de 9,1 sobre un puntaje máximo de 10. Así que por coincidencia o por alguna razón desconocida, los integrantes de nuestro blog tienen un criterioso concepto de claridad cinematográfica.

En todo caso resultaría interesante ir más allá de un simple resultado para averiguar el porqué de las preferencias de nosotros mismos, hacia el film de F.F. Coppola o incluso opinar con relación a los 10 films más votados sobre algo más de 80 títulos nominados – lo dejo vuestro criterio - y si su orden en el resultado está justificado o no. Para mí, es claramente un reflejo real de lo que significa un gusto popular no especializado, pero que tiene esa virtud de la que muchas veces no logran aceptar la mayoría de los infalibles críticos que desbordan meridiana lucidez por diarios, periódicos o revistas; la subjetividad y la sensación individual de satisfacción que logra causar el cine en cada mente atenta y expectante. Podríamos polemizar técnicamente y jamás llegaríamos a un acuerdo. Nadie puede coincidir con las sensaciones de cada quien. El cine es abstracto. Es esta mi mayor herramienta para combatir esa especialización o sabiduría pontificia acerca de lo que significa el cine, que en realidad es un espejo de nuestra mediocridad, pero también de nuestra grandeza, de aquellas enormes debilidades y limitaciones que se apagan con ese intensísimo espíritu sensible. Quizás lo más sublime puede estar cerca de lo más banal e intrascendente. El ser humano es así de proteico, variable, disímil y absurdo. A fin de cuentas somos lo que vemos. Vemos lo que creemos que somos, pero no vemos lo que creemos que no somos. Sin embargo, no existe la posibilidad de desilusionarnos, porque todos hemos tenido la posibilidad de votar y no de forma anónima que sería la admisión de perjudicar al prójimo. Ese si sería un monumental conflicto que nos llevaría a la pérdida de la legitimidad.

Finalmente, mi voto también habría sido para el film “El Padrino”. Primero porque el libro escrito por Mario Puzo es inmenso, generoso y de lectura más que obligada. En mi incongruente caso, lo leí mucho tiempo después de ver el film y me causó una gratísima sensación por la detallística con que está relatada la historia y en especial la relación individual de sus personajes. Basta solo con aquellas líneas del comienzo, en donde un tipo deshonrado como Amerigo Bonasera, sentado en una de las salas de la Corte criminal de Nueva York, clama impacientemente justicia, para que el interés no solo despierte sino se prepare ansioso y esperanzado en una lectura de privilegio, la adicción perfecta, una obra literaria que se lee y relee con el mismo placer y regocijo. Luego pude leer a Puzo en “El Siciliano”, “La Cuarta K”, “El último Don” y la sensación fue auténticamente similar. Lo que Francis F. Coppola - con la invalorable ayuda de Mario Puzo - hace en la película, es supremo, inexplicable con palabras. Ante lo potente de la argumentación literaria, lo profundo, detallado y bello de una historia íntegramente familiar, le antepone una coraza mafiosa e inmigrante hipnotizándonos con escenas, personajes y diálogos inolvidables, una mezcla de sensaciones visuales, auditivas y narrativas que simplemente son perfectas, imposibles de mejorar, además de aquella música, la más extraordinaria y admirada que se inventó en la historia del cine. Coppola perfecciona un género con su sabiduría y genialidad cinematográfica. Para terminar, un actor, Marlon Brando, el mejor de todos y otro, Al Pacino, que hace la transformación más imponente que se haya plasmado en una pantalla de cine, quedan para siempre en la memoria de cualquier cinéfilo criterioso.

Los resultados son los siguientes:

01.- EL PADRINO 207 votos y 22.65 % de la votación.

02.- TIEMPOS VIOLENTOS 93 - 10.18 %
03.- AMÉLIE 76 - 8.32 %
04.- LA VIDA ES BELLA 58 - 6.35 %
05.- LA LISTA DE SCHINDLER 47 - 5.14 %
06.- CINEMA PARADISO 38 - 4.16 %
07.- ANNIE HALL 35 - 3.83 %
08.- CIUDADANO KANE 29 - 3.17 %
09.- CASABLANCA 24 - 2.63 %
10.- AMOR SIN BARRERAS 21 - 2.30 %


Gracias por participar. son 914 sensaciones diferentes retratadas en un voto que sale desde ese interior ilusionado, jubiloso pero sereno y recatado. Les pedí solo un título y me regalaron mucho más que eso, su valioso tiempo expresado en palabras. Eso es muy importante para mí y también alentador. Hoy sabemos que tenemos 10 joyas cinematográficas que ojala podamos comentar en alguna oportunidad. No es necesario opiniones en esta entrada. Si las quieren hacer, serán bienvenidas. Un saludo cariñoso para todos y hasta la próxima.

PEPE DERTEANO MUENTE


viernes, 12 de septiembre de 2008

“Cómo casarse y mantenerse soltero”, una deliciosa e imperdible comedia romántica francesa.












Cuando uno es hijo hombre, surgen una serie de conceptos por lo general estigmáticos que casi siempre apuntan hacia la supuesta “hegemonía masculina” dentro de un contexto puramente patriarcal. Nuestra identidad está constituida por una negación de tal característica tan condicionante. Por lo general - hablo de la infancia -, somos contemplativos y no actuamos ni controlamos la realidad que nos rodea y nuestro ego está inevitablemente formado por un deseo inconsciente de escapar de la razón, el enfrentamiento y la lucha. En todo caso ser hijo único parecería relacionarse con el tener que actuar inevitablemente como un hombre, es decir, hacer y decidir, mientras vamos creciendo y los años confirman o desestiman una necia ventaja que alguien se encargó de inventar. Pero la situación se torna insostenible y radicalmente contrapuesta cuando eres el único hijo hombre, pero a la vez con muchas hermanas, muy menores o contemporáneas. Si a eso le agregas que te toca la desgracia de perder al viejo y por lo tanto, no hay un tronco fuerte de donde sostenerte, el matriarcado temporal resulta irrevocable, obligatorio y necesario. En estas condiciones uno está lejos de tomar una posición de liderazgo simplemente por una cuestión de género. Fuiste el orgullo de papá y de mamá. Ahora, por cuestiones del destino, eres el protegido por un gobierno familiar de facto donde domina sin oposición el machismo femenino. Te acostumbran mal, te dan de todo sin haberlo pedido, no te vales por ti mismo, te conviertes en un mueble/adorno/empaque y las hermanitas se organizan para redactar sus cronogramas y así poder criar a su manera al elemento macho o jugar desproporcionadamente con el hombre de sus vidas, pero futuro protector y proveedor del hogar. El hombre tiene que luchar para deshacerse de una identidad feminista y poder encontrar su masculinidad innata. Antes, uno tardaba pero se comprobaba, por simple comparación de estructura física, ya no una “hegemonía masculina”, sino una diferencia de sexos. Mamá adorable, cedía porque la regla familiar lo señala así, donde mandan las mujeres, no existen diferencias individuales. Por lo tanto, qué podría resultar de una introducción tan majadera como la que acabo de realizar, un tipo como Luis Costa, nuestro protagonista de esta muy aceptable y entretenida comedia romántica, otra vez proveniente de la ciudad del amor y que intentaremos darle un toque de informalidad para no sentar una postura sobre lo bueno y lo malo de ser un hombre de las estrambóticas particularidades de Luís Costa.

Lucho, para ahorrarnos el apellido dulcete, tiene 43 años, soltero, mujeriego insaciable, un hombre dotado con una atípica cualidad, una especie de catador olfativo e inventor de fragancias exquisitas para luego convertirlas en perfumes exclusivos para damas. Además es del signo capricornio, parisiense y descendiente de lo que él llama con orgullo la dinastía Costa, conformada por su bella madre Geneviéve y sus cinco hermanas, Carole, Marie, Catherine, Axelle y Maxine. Tiene doce sobrinas, Eva, Inés, Alice, Vanesa, Melanie, Clémence, Lou-Anne, Manon, Simone, Lucille, Penélope y Aurore. A los maridos de cuatro de sus hermanas, menos Maxine, la menor, los llama “los chicos”, simplemente porque no recuerda sus intragables nombres. Sus hermanas lo apodaban Pipou, como una especie de diminutivo de protegido. Su padre se llamaba Hércules porque su abuela tenía alguna relación, que no recuerdo bien, con los griegos. Hay un detalle importante en el inicio de esta comedia romanticona. El padre, admirador del partido republicano francés, creó en su familia una tradicional reunión que los políticos de ése entonces denominaban el G7. Este ente estaba formado por Pipou, cuatro de sus cinco hermanas y mamá Geneviéve. Allí se tomaban las grandes decisiones corporativas de la familia. La democracia imperfecta porque todo era por mayoría simple. Decisiones importantes o intrascendentes, pero el G7 perduraba aún después de muerto el forjador de la misma. Hubo un día en donde, según Pipou, ya de 21 años, se produjo una decisión mal tomada que rebasó todo límite democrático - es una escena de fastuoso humor fino francés-, y produjo una cierta catarsis de libertinaje en nuestro protagonista. La famosa desobediencia juvenil de aquellos años. Pipou se enamoró perdidamente de una hermosa chica llamada Sandrine, se identificaba con el grupo Abba y a veces con The Cure. Corrían mediados de los ochenta, donde los jóvenes se juraban amor eterno, sin saber porqué lo hacían. El G7 había decidido conocer a Sandrine y Pipou la llevó a casa para someterla al régimen del cuál no se podía desligar. Sandrine fue vapuleada por el G7 y tomó la decisión de abandonar a Pipou porque no entendía de conceptos tan complejos e inoportunos. Acá hay una toma de cámara en mano muy buena, en donde Pipou trata de sostener a su ex-enamorada y se produce un cambio de tonalidad en la pantalla, fijándose en la misma un tono ocre de fondo acompañado por un pañuelo largo de seda color enteramente morado. Un contraste muy sugestivo y una bufanda que va a determinar finalmente la afición por las fragancias que hará de Pipou un hombre de negocios. Esa toma se repite minutos después, pero con grandísimos claroscuros bajo la misma tonalidad. Es un detalle común, pero que destaca mucho en éste film por la grosura del contraste. Las hermanas o el G7, se burlaban de toda acción o decisión que el inservible Pipou Costa ponía a disposición del comentario familiar. Pipou siempre amagaba con irse de la casa, pero estaba enganchado a esa entelequia o naturaleza femenina familiar que era indestructible. Al estudiar química o alguna materia por el estilo, Pipou logra determinar que necesitaba 17 o 18 fragancias diferentes para poder rescatar el olor del pañuelo de Sandrine, su amada perdida, que encarnaba la simbología de la masculinidad hegemónica, pero de su propia autoestima. Hasta acá hay un relato más bien descriptivo de la película, aunque hay escenas de humor que son tan leves y sensibles como el olfato de Pipou. Les he contado esto, porque seguramente son los 15 minutos más arrítmicos de la comedia y los que aparentan una película aburrida y sin sentido, pero no es así.

Lo que yo percibo de Pipou es un eterno vínculo con la soltería, no por culpa de él, sino de las 18 mujeres que tenía en su vida. Un hombre que no tenía vicios, no era el cuarentón sinvergüenza, indolente u holgazán, muy por el contrario era “la nariz” – puesto clave -, de la empresa de perfumes para la cual trabajaba y que profesional y económicamente ya había despegado. Su debilidad, la idea del hogar propio, la inocultable falta de cariño y amor, bastante difusa, amaba su soltería y su soledad, además del costumbrismo y dependencia de la mala educación que le habían impuesto Geneviéve y sus ahora cinco hermanas, aunque el motivo de su éxito laboral había surgido precisamente del genial G7 y de los desvaríos de las decisiones autoritarias de sus integrantes. La historia es atractiva, novedosa y bastante original. La trama principal no es lo que he tratado de explicarles, está situada justamente después de estos tediosos 15 minutos. Hay muchos detalles bien producidos y que se aprecian básicamente en las ambientaciones, la fotografía y sobretodo en las dos interpretaciones protagónicas. Alain Chabat, quien personifica a Pipou, es un reconocido comediante, productor, director y hasta animador francés. Es la voz del famoso ogro Shrek para el idioma francés, y es un hombre muy querido en su país. A mi me da la sensación de ser un actor completo, muy correcto y bastante gestual además de parlanchín. Se expresa con inusual propiedad y el papel de Pipou lo hace con brillo y naturalidad. La otra cara de la medalla de oro, la pone una sensacional actriz francesa, Charlotte Gainsbourg – Emmanuelle o Emma -, quien ya actuó junto a Chabat y al mexicano Gael García Bernal en el apático film “La ciencia de los sueños”. Yo la tengo más en mente por “Los miserables” de Josée Dayan, con Gérard Depardieu y John Malkovich, allá por el 2000, “21 gramos” de Alejandro González Iñárritu, con Sean Penn, Benicio Del Toro y Naomi Watts, y “I'm Not There” de Todd Haynes, un biopic de Bob Dylan, actuando junto a Cate Blanchett y al fallecido Heath Ledger. Una notable actriz que encanta porque su físico es desgarbado, plana por ambos lados, pero tiene un carisma y una gestualidad muy pronunciada, diría que hasta erótica. Su presencia es espectacular y la belleza de su rostro es perturbadora. Tiene una fotogenia alucinante. Hace que los fotógrafos, camarógrafos y hasta los equipos se sensibilicen. En éste film se lleva de lejos la actuación más completa, aunque con Chabat tienen mucha química interpretativa. Es un complemento adecuado para el tipo de comedia que nos muestra el realizador francés Eric Lartigau. Esas que no tienen pierde, que nos gustan a todos, porque es divertida, porque nos reímos y nos entristecemos.

Pues bien, vayamos a tratar de motivarlos para que vayan a ver el filme. La trama central se explica por sí misma. Llega un momento en que el G7 decide que no soportan más a un tipo de 43 años al que se le ha dado de todo y aún se le sigue sirviendo, lavándole la ropa o pagándole la renta de su lujoso departamento. La escena transcurre en una cena tirante pero a la vez hilarante. Las hermanas cansadas que Pipou no despegue su vida sentimental, deciden por cualquier medio conseguirle una esposa para literalmente sacárselo de encima – le cuelgan un aviso en Internet -, y que se independice del todo. A esta encrucijada sentimental se le suma un problema laboral, ya que su inventó más preciado – un perfume de marca Tahar -, no es aceptado por uno de las más importantes distribuidoras de fragancias. Pipou tiene que recomponer la fórmula, aunque su valioso instrumento de trabajo, esté atiborrado de oler fragancias y se encuentra totalmente desfasado, cansado y seco. Hay escenas de finísimo humor francés, el ritmo de la película comienza a ser más ligero y las situaciones o enredos van en aumento. Pipou tiene un amigo de trabajo llamado Pierre-Yves, - un actor estupendo de nombre Grégoire Oestermann -, que no suele aparecer mucho en pantalla, pero cuando lo hace hay que verlo y disfrutarlo. Justamente Pierre-Yves y Pipou se ponen de acuerdo para que la hermana del primero, Emma, quien regresó de Londres porque rompió con el novio y que por su lado está negociando una adopción de un niño brasilero – Sandro - , con el gobierno, pueda hacerse pasar por su prometida y futura cónyuge. Para esto nuestro querido Pipou hace alarde de su inteligencia y establece un contrato de alquiler romántico simulado – que después se torna poco menos que inmanejable -, con Emma, quien cobrará por sus servicios una cierta cantidad de euros, y que en su negociación ocasionará más de un dolor de cabeza a Pipou, pero siempre envueltos en situaciones de refinado humor. Lo que no logra comprender Pipou es que Emma es más inteligente y arriesgada que él. Tiene las famosas 3C, calle, cabeza y categoría. Una vez acordada la cantidad, Emma es formalmente presentada a las socias del G7, quienes quedan totalmente deslumbradas y fascinadas con la prometida bamba. Emma comienza a presionar el contrato por algunas horas extras y Pipou no tiene alternativa. Son momentos que divierten. Por su lado, la madre, hermanas, sobrinas y los chicos deciden apoyar a Pipou para que pueda por fin establecer una relación amorosa formal y alargue el apellido de la dinastía. Lo último que les voy a comentar es que la boda será planeada al mejor estilo de la alta sociedad francesa, pero Pipou establece en el documento de trabajo que el día de la boda suceda algo inesperado. Así será y luego vendrán más situaciones en donde la comedia, el romance y la melancolía logran un nivel de perfección narrativa y laberintos argumentales bien concebidos y resueltos. Muchas sorpresas inesperadas al comienzo y previsibles en la mitad del metraje. La cuestión es no criticarle las imperfecciones sino divertirse, entretenerse y – como la vez pasada, con “Novia por compromiso”, sacarse algo de stress -. El guión está elaborado con pulcritud, el dúo interpretativo genial y los apartados técnicos como ya los describí anteriormente. La realización de Lartigau es muy buena y la banda sonora sostiene con jerarquía las situaciones y embrollos más divertidos así como los más desolados. Moraleja, quizás, no hay que casarse por amor sino por comprometerse a amar. Hasta la próxima.

PEPE DERTEANO MUENTE