sábado, 29 de noviembre de 2008

“Juno, embarazada por accidente”, una pequeña joya del cine independiente.






































"Juno" - Jason Reitman 2007


Cuando las expectativas suelen ser alimentadas por recomendaciones de amigos o conocidos de confianza que se pasan la voz unos a otros y que no comprometen un comentario formal porque no tienen como prioridad el análisis de lo que observan sino más bien el poder pasar un rato divertido opinando con sorpresa pero sobretodo con una sinceridad provocativa lo que observaron y a la vez utilizan frases tan contundentes como “No te pierdas Juno, es buenísima y se me pasó volando”, “No te olvides de ir a ver la historia de la quinceañera embarazada pero que parece una vieja solterona de 35”, “Me gustó porque es muy fresca, para nada complicada de entender y te explica que nadie está libre de una situación parecida, es una temática diferente de los embarazos no deseados” o “Juno me hizo acordar a esa familia disfuncional pero con códigos distintos de la Pequeña Miss Sunshine”; es porque hay alguna tendencia de suma originalidad en el contenido y la crudeza en la forma de expresarlo, hecho que suele diferenciarse abismalmente de aquellas producciones promocionadas con exageración y casi con un discurso de visión obligada. Ninguna de estas cuatro personas que me dieron su opinión sabían que ésta película estuvo nominada entre las cinco mejores escogidas por la Academia para disputar el mejor largometraje del año 2007 y que contaba con tres nominaciones adicionales. Pues bien, con ansiedad y tratando de poner paño frío a las emociones amicales , me introduje completamente en la historia de Juno MacGuff, un fascinante personaje lleno de ternura, sinceridad y suficiencia, magistralmente caracterizada por la juvenil, encantadora y talentosa Ellen Page, a quien ya habíamos tenido la oportunidad de observarla hace poco más de dos años en la cinta “Hard Candy”, sorprendiéndonos en la misma con una actuación bastante polémica e impactante, interpretando a una adolescente que aparenta la más pura de las inocencias pero que finalmente resulta aterradoramente malvada. También tengo en cartera el film “Mouth to Mouth” que no lo he podido ver pero del cual tengo buenas referencias de su actuación.

En esta oportunidad, “Juno” y su joven director Jason Reitman -conocido por su aceptable ópera prima “Thank you for smoking”- nos sorprende regalándonos una propuesta que se entromete en un ritmo infernal, la misma que está planteada en términos muy convincentes y exquisitamente relatada tanto en lo visual como en lo narrativo, esto último sustentado en la coherencia de diálogos apropiados, puntuales y sarcásticos, siendo el mensaje de la trama en lo conceptual nítidamente expuesto, verdaderamente innovador y cálidamente responsable. No hay desperdicio alguno para pasar un momento no solamente placentero sino lleno de situaciones de mucha intensidad y lucidez, pasajes en donde el drama envuelve sutilmente a la comedia y ésta a la vez se burla con desparpajo y atrevimiento de ese mismo drama que conmueve, convence y divierte. Reitman logra que su film sea bastante atractivo desde que empieza a ser exhibido, mezclando realidad y animación, austero pero eficaz –Juno y su galonera de jugo de naranja- hasta que finaliza en forma conciliadora, personalísima y sobretodo aleccionadora y prudente. El film se ha ganado la fama y el respeto que tiene a punta de simplicidad siendo muy merecido el premio que significó su nominación a los Oscares aunque en definitiva no llega a la calidad de realización de los otros cuatro directores que fueron nominados. Por otro lado, Ellen Page, también nominada, está estupenda, segurísima de lo que hace, pomposamente atrevida en el papel que se le encarga, pero sin llegar a esa intensidad interpretativa de Marion Cotillard –finalmente ganadora del Óscar- que está técnicamente por encima de esta joven actriz, que más que una promesa nos demuestra que es una gratísima realidad y que su futuro no tiene límites, si la saben llevar con prudencia y tacto como lo ha hecho su director en ésta oportunidad. Precisamente acerca de la realización de Jason Reitman, esta es muy buena, sorpresiva, contundente y sin mayores sobresaltos, manejando con inteligencia el recorrido parejo de sus eficaces planos, soltando las riendas por momentos para que su actriz principal pueda llevar al límite lo que le pide y cuidando mucho que la Page no deba extralimitarse. Muy arriesgado pero seguro en la vorágine del ritmo que le imprime al film, va al fondo del problema con una sutileza y agudeza apreciable, no escatima esfuerzo en compartir la historia con el espectador y lo hace partícipe de las partes dramáticas con el tino adecuado. Propone un tema polémico de una manera entendible, para nada enredado ni laberíntico. Ahí es donde tiene su mérito mayor en la simpleza de su puesta en escena, De alguna manera me recuerda a lo hecho por Joe Wright cuando dirigió la excepcional “Atonement”.

Donde si me atreví a jugarle todas las fichas en la entrega del Óscar fue en la categoría a mejor guión original y logré cobrar algunas apuestas suculentas. Los miembros de la academia valoraron con objetividad a la mediática Brook Hunt-Busey, su creadora, una auspiciosa debutante en este embrolloso camino de la escritura de guiones simples y la vez espectaculares. Su seudónimo es Cody Diablo y es una de las nuevas esperanzas del Hollywood de estos últimos meses. Ha hecho un guión perfectamente elaborado, ordenado y consecuente, nítidamente diseccionado a lo simple y divertido, utilizando diálogos deliciosos como pertinentes y delicadamente envueltos en una inteligencia emotiva particular y quizás lo más importante, la percepción que nos lo va transmitiendo con una naturalidad que asombra porque parece haber sido concebido por una mente que se ha nutrido profusamente del tema del embarazo no deseado y sus consecuencias más cercanas. También asoma un tufillo de recrear parte de sus excentricidades relacionadas con su pasado inmediato.

En cuanto a la brillante Ellen Page le impone a su actuación una velocidad no apta para cardiacos, neuróticas e histéricos, que sumado a una fuerza interpretativa arrolladora envuelve y blinda a su personaje de un vigor difícilmente observado en una adolescente de 16 años –ella tiene 22-. Pero justamente de este grado de dificultad se trata esta emotiva historia, Juno debe obligadamente cargar no solo peso en su diminuta barriga sino en sus espaldas la inmensa responsabilidad de la complejidad humana con una valentía y atrevimiento que nos sorprende, nos cautiva y hasta nos involucra. Desde la desdichada noticia del embarazo -tres intentos y tres positivos- pasando por una serie de decisiones complicadísimas de tomar y de sinsabores constantes como su relación con un buen padre pero abiertamente disfuncional y poco comprometido para ese tipo de vivencia, con una madrastra que en vez de empujar para adelante sin preguntar lo hace para los costados preguntando, con una supuesta mejor amiga o compinche que suele apoyar cuando no es necesario, a quien todo le parece una broma y que siempre aconseja sin inmiscuirse del todo, con un enamorado que se nota que intenta, con suma pasividad, pero que no puede imponer su frágil personalidad ni sus buenos sentimientos porque el ímpetu de Juno lo desarma, con unos compañeros de colegio que hacen del rumor un desprecio y de su situación social un demérito, e incluso con una pareja de esposos infértiles y futuros padres adoptivos del bebe, que en vez de ayudarla a llevar un lento pero aceptado bache mental, la sobrecargan de problemas propios de un matrimonio en declive, de una soledad que la martillea y golpea en donde se encuentre y por donde vaya, es decir, tener que llevar una equivocación muy común a cuestas sin encontrar un respaldo tangible pero aguantando de una forma muy propia y casi inhumana. Todos estos obstáculos amarrados emocionalmente al proceso de maduración del embarazo prematuro la MacGuff los resuelve con una naturalidad, habilidad e indiferencia que nos abruma y alecciona sin que su misión haya sido completada y su visión de la vida en esos largos meses de gestación sea una sinfonía inconclusa. Aquí quisiera completar un concepto con algo sumamente importante ha tomar en cuenta. Juno MacGuff hace gala de un arma o fortaleza recurrente que es la sinceridad para consigo misma y que la ha obtenido y perfeccionado cuando pierde a su madre biológica. No se autodestruye pese a su edad. A Juno parece no importarle nada de lo que sucede a su alrededor y muchas veces responde haciendo desplantes muy directos y ofensivos porque parece que lo tuviera todo controlado. Ella está convencida que le alcanza y sobra con su increíble ingenio para resolver los momentos conflictivos, por lo tanto su positivismo ante la vida lo puede todo. Pero siempre existe un límite y Juno no es precisamente una máquina de absorber dificultades. Es una adolescente más dotada, pero adolescente al fin. Ese segundo golpe la conmueve pero pese a que arrastra su propio conflicto con su injusto destino, ella logra salir a flote. Qué duro debe ser no tener una madre justamente en esos momentos. Creo que por eso el personaje de Ellen Page es realmente fantástico y ahí creo que está el principal mensaje de Jason Reitman y principalmente de Diablo Cody; no hay edad para tener un carácter a prueba de golpes demoledores, no existen imposibles para poder sacar adelante un proyecto por más difícil que éste sea y finalmente, siempre que se hace lo correcto, con imperfecciones o aciertos, con amenazas o sin ellas, el camino de la felicidad o la tranquilidad del espíritu es perfectamente posible.

El reparto es lo suficientemente equilibrado y acompaña con propiedad. Todos son personajes importantes pese a que el eje de la película sea el de Juno MacGuff. Si hay algo que me hubiera gustado apreciar es poner actores con algo más de recorrido para poder observar a la Page sometida a un rigor actoral más competitivo. Algún reconocimiento merecido tendría que concederle a la actuación del “Superbad” Michael Cera que hace de pareja de Ellen Page. Su carácter y su personalidad son sinceramente admirables. Es un aparentemente desinteresado, un personaje enamorado que demuestra un increíble interés en amar pero a su estilo, medio lento y desesperadamente pausado. Nunca pierde la fe y tiene un autocontrol propio de un ser místico a pesar de las diferencias de personalidades con su pareja. Finalmente, Juno se logra dar cuenta que es su inmejorable contraparte porque lo que necesita ella es justamente lo contrario a lo que ella es. Cera es un perfecto cable a tierra. Mérito también de la guionista. En el resto de actores todos cumplen aunque esperaba algo más de Jennifer Gardner. Jason Bateman si parece cumplir un papel rescatable porque logra cambiar de rumbo a tiempo. En relación a los demás apartados creo que el diseño de producción es muy correcto, el vestuario y el maquillaje están justos, el montaje esta bien hecho, la banda sonora acompaña con muy buenos temas –la canción que interpretan Page con Cera, ambos con guitarra en mano “Anyone else but you” es imperdible- tanto al igual que la edición de sonido y la mezcla del mismo. La fotografía es la adecuada y juega con muchos escenarios y colores muy sugestivos. Por lo tanto, es una puesta en escena completa, destacan con nitidez Ellen Page, Diablo Cody y Jason Reitman. Es un film recomendable de observar por su frescura, su inconfundible enfoque revelador para enfrentar un tema controversial como un embarazo no deseado y una posibilidad cierta de aborto, su trama nos captura inevitablemente y les da una verdadera lección de madurez y responsabilidad a los adolescentes de hoy en día. Seguro que Juno MacGuff está entre mis 10 mejores films del 2008. Hasta la próxima.


PEPE DERTEANO MUENTE

viernes, 21 de noviembre de 2008

“La otra Reina”, Scarlett Johansson enfrentada a Natalie Portman, por el amor de un Rey despiadado.





































INTRODUCCION

En la cinematografía moderna se ha consolidado una tendencia de reconstrucción histórica, que pretende buscar por encima del rigor o la veracidad, el esparcimiento y la distracción. Es por eso que algunos críticos especialistas distinguen y clasifican aquellas películas históricas, que se asientan en los personajes y acontecimientos reales y otras que priorizan las costumbres, sobresaliendo el relato de situaciones imaginarias. Los biopics de grandes personalidades de la política, la religión o el arte, enriquecidas en la mayoría de las veces con una visión lírica sumados a un elemento fantástico, han proveído magnánimos títulos al género. Hasta podría ser comparable a aquellas adaptaciones literarias en las que Shakespeare encabeza las preferencias de la gran mayoría de guionistas cinematográficos. El género histórico, compañero inseparable del cine religioso y del “peplum”, un género fílmico popular de aventuras, ambientado en la época greco-romana y cuyo terminología fue acuñada por la crítica francesa de los años 60 y proveniente del griego "peplo", una especie de túnica sin mangas abrochada al hombro. En Roma hemos asistido a sangrientas producciones e intrigas palaciegas donde el género se nutrió de películas como “Cleopatra” en 1963 de Cecil B. De Mille o “Julio César” en 1953 de Joseph L. Mankiewicz. También se incluyen emperadores trastornados como Nerón en “Quo Vadis” en 1951 de Mervyn LeRoy o “Calígula” en 1979 de Tinto Brass. Héroes como Marco Aurelio Cómodo en “La caída del Imperio romano” en 1964 de Anthony Mann o más recientemente “Gladiador” en el 2000 de Ridley Scott. También ocupan un lugar de honor los films “Spartacus” de Kubrick, “Ben Hur” de Wyler, así como muchas otras propuestas en donde predominan los personajes. Es muy interesante resaltar la tendencia que en las últimas décadas se ha impuesto en el reflejo del género representativo de historias en el cine. Las ambientaciones, la música, el vestuario, y hasta en el cuidado escrupuloso de los más mínimos detalles, al contrario de lo que suele suceder en la películas clásicas en las que se admite cualquier anacronismo. Para mí, la película que ocupa un lugar preferente entre mis favoritas es “Barry Lyndon” en 1975, de Stanley Kubrick, protagonizada por Ryan O'Neal y Marisa Berenson. Es simplemente una apreciación por una cuestión de gustos, aunque sé que hay otras que cinematográficamente y en el reconocimiento popular están por encima de la mencionada.

ACONTECIMIENTO HISTÓRICO

Ana Bolena (1507-1536). Cuando Enrique VIII o Henry Tudor se enamoró de Ana Bolena –de fastuosa belleza y carácter impetuoso- ya no lucía como aquel joven esbelto que había conocido Catalina de Aragón, Reina de Inglaterra y de ascendencia española. Ahora, en su madurez, era un hombre vigoroso que mantenía un atractivo peculiar aunque empezaba a envolverlo la obesidad, como se puede observar en los retratos de la época. Enrique VIII conoció a Ana, cuando frecuentaba la casa de los Boleyn o Bolena. Al poco tiempo, llegó a entablar una relación más frecuente con Ana. Ana Bolena se convirtió en dama de honor de la Reina Catalina. Habría que destacar que antes había ocupado el mismo cargo en Francia, adonde su Padre Thomas Bolena la había enviado en 1519 a los 12 años para situarla en el séquito de la reina Claudia, y allí pulir sus modales cortesanos y el idioma francés que se hablaba preferentemente en la corte inglesa. Enrique VIII se apasionó perdidamente por la bella joven y la cortejó sin que ella accediera a sus requerimientos, aduciendo que solo se entregaría en cuerpo y alma si el Rey la hacía su esposa. Enrique decidido a conseguir a la esquiva joven, solicitó un injustificado divorcio a su mujer, la cual se negó a concedérselo. Entonces solicitó ante la Santa Sede la anulación de su matrimonio con el pretexto de que Catalina había sido la viuda de su hermano Arturo y según la Santa Biblia no debiera haberse realizado por ser nulo de raíz. Pero el Papa Clemente VII, que no quería disgustar nada menos que al Emperador Carlos V, sobrino de la reina a la que se pretendía repudiar, no cedió ante las gestiones del enviado del rey inglés. Ante tal obstáculo, Enrique decidió deshacer las relaciones con el Papado, instauró la reforma en Inglaterra que culminó con la religión católica creando la Iglesia Anglicana, de la que se consagró soberano y jefe. El matrimonio con Ana Bolena necesitaba celebrarse cuanto antes ya que, fruto de su relación extramatrimonial, había quedado embarazada. El Rey esperaba ansioso consagrar el matrimonio y obtener el deseado vástago varón. Según algunos cronistas la alianza ya había sido realizada en secreto. En este sentido nombró a Tómas Cranmer - mano derecha y consejero político del Rey - como arzobispo de Canterbury - legitimó públicamente ese matrimonio, luego de declarar la nulidad del contraído con Catalina, bajo el amparo y la ayuda del parlamento. Así, Ana Bolena fue coronada corno reina de Inglaterra en 1533 a los 26 años. De esta forma se generaba una situación ambigua. Cuando la nueva soberana pasaba en su carruaje por las calles, la mayoría de la gente del pueblo le profería una serie de insultos y abucheos, mientras victoreaban a Catalina, reemplazada por ella e injustamente recluida en un sombrío castillo. Llegó así el día del esperado nacimiento que para desilusión del rey y congoja de la reina, fue una hermosa y robusta niña a la que se dio el nombre de Isabel I, única heredera de Enrique VIII, la cual llegaría a ser Reina y gobernar Inglaterra por 45 años continuos. Detrás de este inesperado nacimiento, los lazos del reciente matrimonio se deterioraron, la ruptura final devino tras un nuevo embarazo, donde la reina dio a luz un niño muerto. La frustrada búsqueda de un heredero varón pareció “un castigo de Dios” ya que se produjo casi conjuntamente con la muerte de Catalina de Aragón. Sumado a ello, el Papa había excomulgado a Enrique y Ana Bolena. A su vez, a la pérdida del favor del rey ante estos hechos se sumaba el nuevo “apasionamiento” del monarca por una joven dama de honor de su esposa, Juana Seymour. Por ese entonces, Enrique murmuraba que se había casado con Ana Bolena influenciado por las brujerías a las que había sido sometido. Y quizá, para librarse de sus malas artes, la hizo encerrar en la Torre de Londres, de siniestra fama. Tras su reclusión, dio comienzo el proceso de enjuiciamiento de Ana, sustentado en causas reales o ficticias para librarse de ella. Al respecto, todavía se discute la fiabilidad de los elementos probatorios ya que tras la finalización del juicio, las pruebas y demás documentos desaparecieron y los incriminados declararon tras horrendas torturas. En cuanto a la reina, ella mantuvo firmemente su declaración de inocencia. El imponente tribunal que la juzgaba estaba presidido por el tío de la acusada, el Duque de Norfolk, y ante él fue acusada no sólo de adúltera por adjudicársele como amantes a cuatro cortesanos sino también de incesto, por supuesta relación carnal con su hermano Lord Roeford. El tribunal condenó a todos por unanimidad y los supuestos amantes fueron decapitados un día antes que Ana –cuya cabeza cayó en el cadalso, cercenada por un sablazo el 19 de Mayo de 1536 a la edad de 29 años-. Aún hoy corre la leyenda que el fantasma decapitado de la reina se aparece en la capilla de San Pedro, situada en la Torre londinense. Al día siguiente, Enrique VIII, vestido de inmaculado blanco, se casaba con su tercera esposa, Juana Seymour. La reina inmolada fue llamada “Ana de los mil días” a causa de que ésa fue la duración de su reinado. Luego de terminar con Juana Seymour, el mujeriego Rey de Inglaterra tuvo tres mujeres más, Ana de Cleves, Catalina Howard y Catalina Parr.


COMENTARIO PELICULA ‘ LA OTRA REINA ‘ - Justin Chadwick 2008

Quería mencionarles muy brevemente algo que tiene que ver con la película “Anne of the Thousand Days” de 1969, realizada por Charles Jarrott y que importé de España ya hace algunos años en un pack doble de DVD -con otra de las buenas películas del mismo director titulada “Mary, Queen of Scots”-. En el film “Anne of the Thousand Days” - muy superior a la obra del debutante Chadwick -que no he podido repasar íntegramente ahora y que sí observé hace dos años- la interpretación de Richard Burton como Enrique VIII es infinitamente superior a la de Eric Bana quien interpreta al mismo personaje en “La otra Reina”. Burton hace de un Rey verdaderamente despiadado, brutal e inhumano -cuyo protagonismo político es muy interesante- cosa que no logra Bana, muy encasillado y sin posibilidades de lucimiento. La actriz que sí está a la altura de Geneviève Bujold -recordada mujer de los gemelos protagonizados por Jeremy Irons en el film “Dead Ringers” de David Cronenberg - y que interpreta a Ana Bolena en el film de Jarrott, es Natalie Portman que junto a Scarlett Johansson, Kristin Scott Thomas y Ana Torrent destacan con nitidez en el film. No vayan a creer ni por asomo que “La otra Reina” es un film histórico magistral y prodigioso que vaya a revolucionar el género, perfeccionarlo o descubrir la verdad histórica de la Inglaterra del siglo 16. Es una película bien hecha pero nada más que eso. Predomina una historia de personajes que tienen inmensos conflictos entre sí y que llegan a consecuencias inesperadas y extremas. La naturaleza misma de los personajes tiene profundas desavenencias existenciales que sorprenden y se sitúan en un melodrama trágico que va desde la lucha entra las hermanas por el amor rebelde y psicópata del Rey Enrique VIII, pasando por el amor discrepante de las mismas dados los fracasos amorosos de ambas los mismos que nacieron del dictado del corazón pero que fueron interceptados por las aciagas y patriarcales épocas en donde los padres y sus consortes planeaban los matrimonios y los hijos tenían que amar e intentar ser correspondidos según las circunstancias negociadas por sus respectivas contrapartes. La película logra su mayor expresividad artística en cuanto las personalidades tanto de Natalie Portman y Scarlett Johansson confrontan posiciones y se enfrentan por voluntad ajena utilizando artificios y engaños por parte de la Portman y la sinceridad así como el verdadero amor de hermana por el lado de la Johansson. La actuación de la Portman cautiva aunque por la condición de villana y de hermana cariñosa se trate. Es una actriz que tiene ese don de poder situarse con comodidad en el papel que demande y transmite cualquier sentimiento sea este de palabra, gesto o de una mirada cómplice. Aborda con profundidad y consistencia lo duro que la historia cuenta de las andanzas de Ana Bolena y su interpretación es muy convincente, precisa y fascinante. Lo mismo tendríamos que apuntar sobre lo que hace la Johansson, quien es todo lo contrario a la Portman. Su gesto inocente y su belleza física logra encandilar hasta una piedra sin sentimientos como lo era el inefable Henry Tudor. Ella se enamora de un tierno Rey y lo hace entregándonos la sinceridad como el elemento más puro de su eficaz interpretación. El odio, el amor y la conveniencia son aquellos entresijos que las Bolena intercambian entre ellas y lo hacen con la crudeza que encierra la conveniencia por ascender a merced de lo que sea y del alto costo que implica lograr lo que se quiere simplemente por un orgullo desmedido. Ambas tienen una potencia interpretativa muy apreciada pero la Portman la supera por la hondura y dimensión del personaje. Eric Bana no alcanza una lucidez que pueda demostrarnos sus grandes cualidades interpretativas. No actúa mal pero el hacer de villano tiene una dimensión artística que no logra aún este buen actor. Se diría que cumple con su papel pero que el guión no lo favorece de modo alguno. Es una buena película mientras trata acerca de la ambición desmedida envuelta en la soberbia más que despreciable y decorada con un aspecto humano tan vil como la traición entre hermanas que al final son tratadas como mercancías desechables por el opresor y autócrata Rey de Inglaterra. En cuanto al trabajo del director Justin Chadwick hace lo que su noviciado le permite. El ritmo de la película va de menos a más hasta su intenso desenlace final. Si tomamos en consideración el guión adaptado por Peter Morgan -guionista de "La Reina"- de la novela original de la gran escritora Philippa Gregory - quien ha realizado seis novelas de los Tudor y tres acerca de la familia Roses con gran éxito – la realización empieza a flaquear, porque creo que se concentra más en las relaciones familiares de los ambiciosos Bolena, más que en los hechos puramente histórico y políticos que siempre son importantes describir y situar. Chadwick quien debuta como director en el cine con esta película, tiene una muy buena experiencia televisiva que se nota en demasía porque no logra adentrar la historia con pulso narrativo cinematográfico coherente y si logra esas maniobras efectistas de las series de televisión por capítulos. No soy de los que critican abiertamente las películas, pero debo señalar este tipo de circunstancia que cualquiera podrá constatar con facilidad. Sí me agradaron algunas apartados como la fotografía HD de Kieran McGuigan – hay tres tomas extraordinarias - que espero las puedan detectar y disfrutar. La banda sonora de Ed Shearmur también destaca sobre el conjunto aunque quizás si la conceptuamos por secuencia no sería aparentemente la más adecuada para este tipo de film, pero es muy buena y agradable. Por otro lado el vestuario es realmente distinguido, muy elegante y uno de los aciertos del film. Bien editada y el aspecto sonoro acertadamente  mezclado. Para terminar, quiero señalar que los intérpretes están por encima de la dirección del film lo que no debería suceder por una cuestión elemental de autoridad. Creo que con un director con mayor experiencia cinematográfica en este complejo género, la película hubiera logrado su propósito y hubiera sido más inclinada hacia la verdad histórica. Me gustó la película más por las interpretaciones de cuatro mujeres – Natalie Portman sensacional - y los apartados técnicos ya descritos que por la personalidad que le quiere imponer el director. Si hay una escena que me pareció magistral es la que interpreta Ana Torrent - gran actriz española - como Catalina de Aragón, en donde trata de hacer entrar en razón a su esposo Enrique VIII con una elegancia y elocuencia bellísima, una verdadera lección de técnica de interpretación. Saludos y hasta la próxima.

PEPE DERTEANO MUENTE

sábado, 15 de noviembre de 2008

“Un Cuerpo Desnudo”. Intimista propuesta de los Lombardi que debutan juntos y lo hacen correctamente.



Hace algunos días quería referirme a un asunto que quedó pendiente y no logré acondicionar en la entrada del film "Pasajeros" de Cotler ni en el comentario acerca de la película "Dioses", dentro de la publicación acerca del film "Crimen Oculto" de Gus Van Sant. Aprovecho para hacerlo ahora... No me cabe duda que hoy por hoy Francisco Lombardi es el heredero natural del maestro Armando Robles Godoy en cuanto nos refiramos a aquellos que realizan cine en nuestro país. Quizás hasta lo haya superado en los hechos aunque esta posibilidad sea materia de otro análisis. Lo que queda claro es que la madurez de estilo alcanzada por Lombardi ya hace algunos años se mantiene incólume. No siento precisamente una gran debilidad por el cine hecho en casa –no creo estar siendo temerario ni indiferente- no me causa emoción cuando lo observo ni me llama la atención en sí mismo. Tiene defectos de concepción, de profundizar con atrevimiento en temáticas que seduzcan. Está muy inclinado al costumbrismo y a esa problemática social que empalaga, que se queda en la anécdota repetida, en la lisura abundante y el desnudo antiestético, como si los directores se amarrasen deliberadamente a si mismos sin permitirse la peripecia de arriesgarlo todo... Pero siempre hay excepciones que reivindican. Desde esta perspectiva es una obligación reconocer a dos personajes que conocen, dominan y aman su oficio en nuestra accidentada vida cinematográfica, uno, el gran maestro Armando Robles Godoy -a quien lo he escuchado hablar de cine en forma apasionada, dibujar frases célebres e irrebatibles que muy pocos podrían imaginar– y a Francisco Lombardi quien –a mi modesto criterio- es el único director peruano que al margen de tener una trayectoria internacional intachable –hecho que debemos admirar- y haber parido su hijo número catorce de buena manera, destila probidad en su forma de contextualizar sus propuestas, de transmitir esa intencionalidad calculada siempre ahondando sobre el predominio de un cine estrictamente de personajes, casi siempre masculinos –algo alterada en Mariposa negra, Maruja en el Infierno o Pantaleón y las visitadoras– a quienes les encuentra una dimensión exacta de la esencia que compone esa naturaleza humana tan imperfecta, llena de extravíos y enterezas. Lombardi construye películas cuyas historias suelen escurrirse en un círculo virtuoso en el que resbalan atormentados, hostigados, lúcidos e ingeniosos sus personajes de ocasión, meridianamente vinculados y conexos como si de un cordón umbilical se tratase. No entiendo porqué se le critica tanto a Lombardi y no se le reconoce sagacidad, tino y talento. A mí como cinéfilo no me suma ni me resta ver o no hacerlo, criticar o halagar los films de Lombardi, pero no soy inconsecuente al no poder distinguir entre un cineasta mediocre y uno que hace con corrección su trabajo. Conozco gente del extranjero -de incontables horas de cine- que hablan muy bien de la trayectoria de Lombardi. Acá en el Perú no son muchos. Quizás les caiga mal su cara imperturbable y barbuda, su sólida formación jesuita o el haber nacido en una ciudad fronteriza y testicular. No lo sé y me importa poco. Simplemente quiero expresar un sentimiento de solidaridad para un hombre que se entregó a la lucha por adentrar el cine peruano en el exterior –como lo hizo en su momento Robles Godoy– hacerlo conocido y consumido. No estoy pidiendo un homenaje reinvidicativo –aunque bien lo merece y me juego a que si alguien se lo hace, no va a ser primero en el Perú– ni nada que se le parezca. A esos coyotes que se autodenominan críticos de cine, solo tómense la molestia de comprender en su real contexto la vigencia, lo noble y lo valiente de la obra de un tipo honesto.

En "Un cuerpo desnudo", Lombardi hace una introspección juiciosa de la cultura peruana contextualizando con realismo los desatinos de esa clase media masculina a través de soledades paralelas, decepciones compartidas, amantes lastimados, amores frustrados, perversiones contenidas, de aquella obsesión por la muerte como un conflicto tibio, contemplativo e inmóvil. No hay que ser sabio o ignorante para darse cuenta que son escasos los cineastas peruanos que pueden mostrar un temperamento contrastado, una experiencia variada, una diégesis propensa a la conmoción y rebelde a lo convencional como lo intenta Lombardi. Además, es ingenioso ese doble juego atrapante de entretener con lo dramático y dramatizar con lo entretenido. "Un Cuerpo desnudo" no puede llegar a ser un magistral film por que Lombardi se restringe y colisiona contra ese motivo económico que parece ser el mismo de siempre y de todos, pero esboza una cualidad que lo sugiere discorde pero sugerente, con poco logra mucho. Es una película pequeña pero llevadera, placentera, un espejo donde el espectador se puede observar y verse representado a si mismo. Lombardi es un buen arquitecto cinematográfico y su hija Joanna una ingeniera del guión despabilada. Además, quien lo hereda no lo hurta. La madre de Joanna, Giovanna Pollarolo, que pocos saben el inmenso talento literario que tiene, fue guionista de "La Boca del Lobo" –quizá una de las tres mejores películas peruanas de la historia junto a "La muralla verde" y "Espejismo" de Don Armando Robles-. Por lo tanto, si queremos avales de gente decorosa, estos están a la vista. Lastimosamente siempre se dependerá del presupuesto para edificar una casa o una mansión. Lo que construye Lombardi –con lo parvo que tiene- es una casita pequeña pero sólidamente cimentada, con materiales nobles y una distribución adecuada donde todo está en su lugar. Le agrega suntuosidad en los interiores, esplendidez en los colores y logra calor de hogar. Además denota un pulso narrativo coherente con el plot argumental. Nada está improvisado aunque pudiera parecerlo. Todas las escenas están cuidadas y articuladas, como Lombardi suele hacerlo. Tiene diálogos interesantes, jocosos y tensos. Eso no lo exonera de algunas exageraciones que saltan a la vista pero que no son ofensivas ni caen en el descrédito. Son gustos que tiene Lombardi y que me parecen prescindibles; el moderado uso del “fade out” y el constante empleo de primeros y medios planos que suelen golpear la vista. Hay alguno que otro pequeño error de edición pero que no creo que los espectadores vayan a poder ubicar, aunque es notorio... En relación al guión me parece prometedor lo realizado por Joanna Lombardi. Consistente, decidida y haciéndole letra fácil a los interpretes, hacen de esa simpleza un valor agregado estimable, lo que se resalta con mayor decoro al ser su "primera vez" al lado de un director meticuloso y con la carga adicional de ser su padre. Obviamente se nota la mano de Lombardi, pero el mérito mayor es de Joanna. Muy atinado el inicio de la película con esa colección de cálidas y hermosísimas muñecas maquilladas, que al ritmo de un acompañamiento musical umbroso, sombrío y eficaz, logra transmitir cierta incomodidad que hay que saber valorar en la creación de la atmósfera. El sillón rojo y el tapado verde de ese cuerpo esteticista –elogiable el control mental de la poco pulposa Carla Vallenas- perfectamente enlazado con la pavura belleza de las muñecas, así como el corte de los limones, el lucir al pisco como una bebida nativa, son solo algunos de los detalles que le dan al film una amplia gama de matices que terminan por agradar además que las consabidas lisuras o groserías no son ofensivas sino exclamativas, y eso no es hiriente sino efectista.

Finalmente, cuatro amigos casi anacoretas, de reunirse una vez por mes cada sábado, cuatro catástrofes existenciales que intercambian miserias e historias hasta llegado el amanecer, cuatro formas diferentes de preparar el Pisco Sour o de catar el aguardiente peruano, cuatro estilos de nula gestión con el sexo opuesto, cuatro mundos diferentes que chocan, discuten y pelean con tolerancia y una mujer en común que le pondrá los nervios de punta. Se verán en la obligación de solucionar el impase de una manera secreta, pero sin perder de vista dos elementos, la partida de póker y libar lo que se pueda. Interpretativamente vuelve a lucirse Gustavo Bueno –formidable la lección sobre los pechos de las mujeres– como líder natural del grupo, y poniéndole esa capacidad actoral para ir llevando el ritmo y los tiempos de la trama con afinado profesionalismo. Lo llaman el Capitán burdeles y nos brinda un trabajo de los que se llaman imprescindibles. De los tres intérpretes restantes todos en el mismo nivel. El Doctore –Gonzalo Torres, muy buen debut- El Negrito –Haysen Percovich– y El Corazita -José Miguel Arbulú- a pesar de improntas disimiles logran simbiosis interpretativa, que junto a la experiencia de Bueno –siempre serán sus pichones- sacan sus personajes adelante. En los apartados técnicos, se logra un equilibrio que es apreciable. Todo está bien trabajado. Desde la realización, la dirección artística, la de actores, la fotografía, el sonido, la música hasta la edición. Una buena película. Felicitaciones a todos aquellos que participaron en ella y esperamos la próxima aventura de Lombardi. Para mí, lo más rescatable del cine peruano en este 2008. Hasta la próxima.

jueves, 6 de noviembre de 2008

“The Last Kiss”, cómo abordar la presencia de la tentación que se presenta en la vida de pareja.



















"EL ULTIMO BESO" - Tony Goldwyn 2006


Aquellas películas que entretejen historias de varios personajes dentro de un drama romántico -casi tragicómico- siempre me han despertado algún resquicio de curiosidad, más aún cuando el guión va priorizando con despercudida inteligencia masculina, el sentido de la expectación, el entusiasmo y la perspectiva de un grupo de amigos que están a punto de llegar a la espinosa y dificultosa etapa de los treinta, donde de algún modo se tiene que ir definiendo la viabilidad de relacionarse formalmente con la pareja, medir atinadamente el sentimiento de cómo se está llevando a cabo el desarrollo de la vida y si necesariamente ésta transitará cómodamente por el codiciado sendero de la felicidad o de la desventura. No solo la mujer puede ser sensible a situarse ante una extrema posición de incertidumbre con respecto a su destino. El hombre también está rodeado de ciertos paradigmas que denotan un lado curiosamente femenino cuando de dudar del futuro en pareja se trata. Es evidente que este film no inaugura ninguna desconocida tendencia que pueda resolver los problemas del miedo a envejecer, o a tener que tomar decisiones firmes y con resultados óptimos en el amor, ni mucho menos nos endulce la posibilidad de una mirada indulgente y compasiva hacia lo perfecto, pero nos propone -con alguna destreza narrativa- que todo ser humano, para buscar su propia placidez existencial, debe de aprender a convivir con sus inevitables demonios interiores.

"The Last Kiss" ha sido adaptada de la notable película italiana “ L'ultimo bacio ” de Gabriele Muccino, un especialista en temas melodramáticos. El guionista norteamericano Paul Haggis -MILLION DOLLAR BABY, CRASH, CARTAS DESDE IWO JIMA- nos adentra en la historia cruzada de cuatro amigos de infancia que abordan en un tono laberíntico, casi apocalíptico la temática del temor natural a expandirse, a poder tomar decisiones que demarquen con justeza el rumbo de sus vidas y a ejercer el legítimo derecho a dudar sobre situaciones que vayan a comprometer en demasía sus libertades de permanecer siendo uno mismo y estar regido por el status quo. Sin grandes ni brillantes desarrollos argumentales ni una trama que excave en la profundidad de la perfección del género dramático romántico, pero sí con un socarrón humor decididamente pesimista, “El Último Beso”, es una interesantísima película que expone un amplio espectro cromático acerca de la problemática de pareja de una forma correcta, sensitiva y llevadera. No es una obra cinematográfica monumental ni tampoco una propuesta mediocre y vacía, pero enfoca y ataca con adecuada proporción una realidad nunca ajena, "es realmente el matrimonio el estado emocional más estable con la naturaleza humana" o hay variantes que puedan asegurarnos un mejor porvenir en la convivencia o vida de pareja. Ahí se encuentra escondido el detalle. Por lo tanto, la tentación suele ser una invitada que nos circunda permanentemente, siendo primordial la forma en que lidiamos con ella y las lecciones que aprendemos cuando nos visita o la buscamos. A menudo tenemos que obtener el aprendizaje por nosotros mismos, aunque se acostumbra a pedir consejo o asistencia en momentos extremos. Lo que es innegable es que cada uno está en la obligación de responder por sus actos personales sean estos comedidos o exagerados.

Normalmente son las mujeres quienes van piloteando -ahora se estila decir monitoreando- con prolija exactitud los pormenores de una relación de pareja. No trato de culpar a los hombres de no hacerlo o no intentarlo, pero entiendo que la naturaleza femenina es más sensible a dotar a la convivencia la dosis adecuada de ese ritmo parsimonioso y eficinte en donde cada cosa se encuentra en su lugar aparentemente correcto. En otras palabras, el control emocional de la pareja pasa más por la sabia actitud de tolerancia, madurez y compromiso de la mujer que por la propensión al descontrol habitual en el hombre. Simplemente trato de establecer una sutil diferencia para poder entrar en materia fílmica. Toda historia entre un hombre y una mujer que sientan atracción-match-química o empatía, el uno por el otro, tiene la extraordinaria virtud de ser diferente aunque a veces no lo parezca y se establezcan similitudes o repeticiones que no son sino sensaciones o sentimientos encontrados. Digamos que el amor puede ser intangible pero existe y el grado en que pueda ser medido no depende exclusivamente de estar enamorado e ilusionado sino de sentirse a gusto y compartir desavenencias, imprevistos y demás situaciones que se vayan presentando en el día a día.

Este film es básicamente una historia de contrariedades y misterios entre personajes imperfectos pero envueltos en amistad, compasión y humanidad, a pesar que no logran establecer las prioridades para poder entender sus propias necesidades afectivas a la vez. Cada historia va reflejando una situación completamente diferente en cuanto a la disyuntiva de cuatro personajes bisoños e incipientes en sus respectivas relaciones amorosas. No es una fábula de buenos contra malos, de mujeres contra hombres o viceversa. Sólo fija un punto de referencia -desde el género masculino- partiendo desde aquél individuo que está deprimido y avergonzado porque la mujer de su vida lo ha reemplazado sin dudar por otro y lo ha dejado de querer, pasando por el que no logra soportar más el tener que asumir las consecuencias de convivir con una esposa obsesiva y encerrada mentalmente por su pequeño hijo, el liberal idealista que trabaja como encargado de un bar y que prefiere disfrutar del sexo sin compromiso -un gigoló en ciernes- hasta que alguna supuesta ofensa lo haga despertar de su letargo, terminando en el infaltable protagonismo de aquel que lo tiene todo –una novia embarazada, posición y un futuro prometedor- pero siente temor e incomprensión, y se imagina que toda su vida va a ser una constante monotonía, sin sorpresas ni sobresaltos. Es un hecho fáctico y sintomático que estos cuatro compinches conforman una interdependencia mental casi feligrésica que los hace cotejar sus dificultades complotando y enredando cada uno sus asuntos el uno con el otro hasta volverse dependientes del mismo flagelo que los apaña y los seduce, la inseguridad, aquella que se presenta a veces de la nada y a la que se le teme como si no tuviera aparente solución. Creo que los inteligentes nudos de acción que va tejiendo Haggis con su trama inquisidora alrededor de los diversos personajes hacen que la historia vaya tomando una dimensión bastante atractiva y también intolerante porque se van ventilando acciones envueltas en desesperadas medidas que a la vez, sumergidas en un descontrol casi desesperanzado, abren una polémica muy sugerente a favor o en contra del matrimonio. Nadie está a salvo de los problemas serios de pareja. De alguna manera los continuos encuentros y desencuentros de los personajes van encausando aquellas razones que parecen solucionar en parte los momentos conflictivos pero se vuelve tediosa la búsqueda por aclarar los pormenores. Intervienen las familias, surgen las dudas de la infidelidad, las mentiras se confunden con las buenas intenciones y hasta de las situaciones más inexplicables logran surgir algunos matices que proyectan darle sentido a lo que parecía insalvable. Por eso señalaba al principio que la tragicomedia salta como un gran resorte de este conglomerado afectivo en donde padres e hijos están dominados por el mismo placer o la misma desgracia. Hay muchas formas simples de resolver un mismo problema o quizás una gran cantidad de inconvenientes que necesitan solo un mínimo esfuerzo de coherencia y sacrificio.

“The Last Kiss” es una película para internalizarla, para compartirla y conversarla con la amiga, el amigo o con la pareja, aunque polémica y sorpresas no van a faltar. Está bien realizada aunque debo reconocer que es no es más profunda que la versión original. Este remake es más inclinado al colorido estilacho norteamericano de la resolución de conflictos con singulares espectacularidades que el cine europeo no se permite a sí mismo. Una película con un guión bien definido, la dirección cumple con su objetivo cinematográfico, las simples locaciones son las adecuadas así como las atmósferas que se crean sobre los personajes y sus conflictos. La banda sonora no destaca tanto pero acompaña con canciones sensibileras que no desentonan. De las actuaciones, me quedo con las de Tom Wilkinson y Blythe Danner, dos veteranos que logran distribuir con eficiencia sus roles y sus propios dilemas. Destacar el trabajo sólido de Casey Affleck quien vuelve a demostrar su aplomo interpretativo. Recomendable para que podamos intentar comprender si el perdón es un acto de compasión o de necesidad. Este es un comentario dedicado a las chicas del blog, aunque espero que los caballeros también muestren los dientes. Hasta la próxima.

PEPE DERTEANO MUENTE