martes, 30 de junio de 2009

“Ojos Negros”, Sabastka y el inolvidable Romano Patroni.




















Nikita Sergeyevich Mikhalkov, director de este excepcional filme, inicia su carrera de actor a través de la película YA SHAGAYU PO MOSKVE o UN PASEO POR MOSCÚ en 1963. Tenía tan solo 18 años y ya se mostraba como un joven desenvuelto y seductor. Sin embargo fue la película DVORYANSKOE GNEZDO u HOGAR DE LOS VALIENTES realizada por su hermano mayor Andréi Sergeyevich Mijalkov-Konchalovski, quien le daría el espaldarazo final para su efervescente relación con la cinematografía. Paralelamente a la actuación, el joven Mikhalkov estudia realización con su mentor Mikháil Romm y posteriormente con el maestro Andréi Tarkovski, quien detecta en el joven actor su profunda sensibilidad artística. Se recibe como director de cine en 1972 con UN DÍA TRANQUILO AL FINAL DE LA GUERRA, un mediometraje acerca de los pormenores de un grupo de soldados rusos en la segunda guerra mundial. Debuta como director tres años después, siendo su ópera prima la reconocida película SVOY SREDI CHUZHIKH, CHUZHOY SREDI SVOIKH o AT HOME AMONG STANGERS de 1975, una especie de western acerca de las vicisitudes de un soldado del ejército rojo quien es acusado de robo durante la guerra civil soviética. Luego, en 1976 logra realizar una de sus mejores películas RABA LJUBVI o LA ESCLAVA DEL AMOR, una evocación sentimental y a la vez irónica de la época del cine mudo a través de las aventuras de una estrella de cine atrapada en la tormenta revolucionaria. En el año 1977, Mikhalkov se inclina por un tono mucho más formal y serio produciendo una brillante adaptación de la obra Platonov –de Anton Chéjov, uno de los más grandes y excepcionales contadores de relatos breves de la literatura mundial- a la que titula NEOKONCHENNAYA PYESA DLYA MEKHANICHESKOGO PIANINO o PIEZA INCONCLUSA PARA PIANO MECÁNICO. Esta película, exitosa en la URSS, lo pone en boca de la crítica internacional y le da un estatus de director de culto en su país, que confirma al año siguiente con su film PJAT’VECEROV –basada en la obra de Alexandre Volodine- un estudio intimista sobre personalidades y ambientes que tiene en manos del actor Stanislas Lioubchine al verdadero catalizador de la propuesta interpretando a un hombre solitario que vuelve a encontrarse con la mujer que amó. Mikhalkov sigue explotando la vena literaria con el film NESKOLKO DNEY IZ ZHIZNI I.I. OBLOMOVA de 1979, una sustanciosa trascripción de la novela de Gontcharov en donde un funcionario del gobierno decide un día meterse en la cama y no volver a levantarse. Un amigo de la infancia le hará recordar su pasado y afrontar su presente. Tras esta película Mikhalkov realiza luego de cuatro años dos films muy similares en 1983 RODNIJA o LOS PARIENTES y sobre todo BEZ SVITEDELEJ o SIN TESTIGOS, ambas propuestas que retoman la visión intimista, melancólica y afectiva que demostró en PJAT’VECEROV. En el año 1985, le solicitan dirigir tanto ANA KARENINA de Tolstoi así como LADT MACBETH DE MITSESNT de Leskov, ambas en Inglaterra. Nikita Mikhalkov desiste de estos proyectos por considerarlos muy exóticos y a la vez refinados. Prefirió entonces una propuesta para filmar en Italia al lado de uno de sus actores preferidos, MARCELLO MASTROIANNI y concentrarse en una temática de vital importancia para él, la conjunción de la elegancia, la melancolía y el romanticismo. No faltaron audaces solicitudes que le ofrecían el oro y el moro por filmar otros tipos de películas. Ya ubicado en Italia, lo invitaron a dirigir una historia sentimental y conmovedora llamada IL CAPITANO, pero no aceptó porque les señalaría a sus ofertantes que no se encontraba lo suficientemente familiarizado con la cotidianidad de la vida del pueblo italiano, y mucho menos con sus raíces culturales. Por lo tanto filma en 1987, la que yo considero su obra maestra, OJOS NEGROS u OCI CIORNIE y que comentaremos más adelante. Quería agregar que Nikita Mikhalkov siempre fue un hombre muy drástico en sus decisiones artísticas. Un claro ejemplo es que –a diferencia de CRONENBERG- no acepta bajo ningún motivo que la nacionalidad de los actores deba estar vinculada a sus respectivos papeles. Es decir, no es de la idea que un norteamericano interprete a un ruso ni viceversa. Pues bien, luego de OJOS NEGROS –basada en relatos cortos del gran Chéjov- se traslada a China y Mongolia, y en el año 1991 realiza su film URGA –con el que se adjudica el León de Oro del Festival de Venecia en 1992- un precioso homenaje, divertido y a la vez dramático, al aparejo con el que los ganaderos mongoles cuidaban y controlaban a sus rebaños para luego enfrentarse contra el dominante urbanismo. En 1994, filma ANNA OT SHESTI DO VOSEMNADTSATI, un recomendable documental en alusión a su pequeña hija. En 1995 dirige quizás una de las películas más intensas y apreciadas en su filmografía UTOMLYONNYE SOLNTSEM o SOL ARDIENTE. Es sin duda –ganó un Oscar y un premio en Cannes- una notable propuesta cargada de realismo, intriga, dramatismo y humanidad. Pero además, narrada con la magia especial de un cuento absolutamente redondo y épico. Niñita Mikhalkov nos embiste con ese tono que moraliza una situación vital oscura, visceral y sin salida porque rememora de alguna manera al estalinismo. Luego en 1998 filma otro buen largometraje –a escala mayor de coproducción- que titula SIBIRSKIJ TSIRYULNIK o EL BARBERO DE SIBERIA, drama de época que desnaturaliza la difícil evolución de la Rusia zarista. Para muchos una exploración manipuladora y nostálgica de aquellos años controvertidos. Finalmente, en el 2007 filma su última película a la que titula “12”. No he tenido oportunidad de ver este film aunque sé que es un remake libre del excelente drama judicial TWELVE ANGRY MEN de Sidney Lumet. Por lo tanto, si tuviera que resumir la personalidad cinematográfica de Nikita Sergeyevich Mikhalkov, diría que es un brillante y genuino cineasta de la escuela rusa, a menudo actor de sus propias películas, un representante fidedigno del deshielo soviético y posteriormente el ruso. Encarna esa capacidad de seducción de un país –como muchos otros- en busca de reconocimiento internacional que a la postre, hoy en día, se logra con una cultura cinematográfica que mantiene su propia identidad ancestral.

OJOS NEGROS quizás sea una de las películas más hermosas jamás filmadas. Antes quisiera recordarles una anécdota. En el año 1987, el festival de Cannes cumplía 40 años y la Palma de oro se tenía que quedar en casa. Todo estaba preparado para que una película francesa se hiciera del máximo galardón –no solamente en la Academia se cuecen habas- y así ocurrió. El film BAJO EL SOL DE SATÁN o SOUS LE SOLEIL DE SATAN del realizador galo Maurice Pialat –director de la notable L'ENFANCE NUE, 1968- de la mano con su actor fetiche Gérard Depardieu obtuvo la Palma de oro ante la estruendosa protesta del público y algunos meses después de la crítica mundial. Con mucha mayor razón porque los premios del GRAN JURADO y del JURADO fueron concedidos a películas de Tengiz Abuladze y Suleyman Cisse, respectivamente. Cuando a pantalla abierta se enfrentaron las películas de Pialat y Mikhalkov no hubo mayor discusión al respecto. El circuito comercial y cultural prefirió OJOS NEGROS. Hoy, habiendo pasado casi 22 años, el obligado repaso le vuelve a dar la razón a esa queja mayoritaria en uno de los festivales más importantes del mundo cinematográfico. OJOS NEGROS supo envejecer, su rival de antaño quedo solo inscrito en un prestigioso listado. Sin embargo, un actor italiano, MARCELLO MASTROIANNI con una interpretación magistral, lograba llevarse el premio de Cannes al mejor intérprete en desmedro del siempre irregular Depardieu. Además, no hay que olvidar algo importante. El guión que construyen tanto Alexandr Adabachian, Suso Cecchi d'Amico y el mismo Mikhalkov, son literalmente escritos para Mastroianni y no para cualquier actor. No hay que olvidar que Nikita Mikhalkov hace cine sobre literatura, aquella que le pertenece a Chéjov, ese compatriota de quien conoce su obra y le apasiona profundamente. Ese entendimiento, ese afecto y obediencia por la obra de Chéjov estalla prominente en OJOS NEGROS, donde confluyen las complejas y múltiples aristas del genio de Chéjov haciéndose imagen con tal destreza, exactitud y maestría, que deslumbra cuando se plasma en pantalla. En OJOS NEGROS están finamente dibujados el Chéjov humorista así como el trágico, el Chéjov tierno y el desolado, el Chéjov dulce, tanto como el agudo y penetrante. Los innumerables rostros y gestos labrados en la orfebrería de uno de los mayores exponentes de las letras rusas –muerto a los 44 años y de tuberculosis- brincan y juguetean en las inmortales imágenes que desnuda la genialidad de Mikhalkov. Chéjov resucita en OJOS NEGROS para ir acumulando su innegable presencia que nos fascina y enternece hasta ponernos un nudo en la garganta o una carcajada en los labios. OJOS NEGROS es una lección insuperable de la difícil disciplina de extraer verdadero cine, de la más asombrosa literatura. También afirmaría que es una producción exclusivamente italiana, pero se trata de un film absolutamente ruso, pues sólo es comprensible observado a través de la finísima textura visual de Nikita Mikhalkov. La cinematografía rusa tiene en los últimos años realizadores trascendentes, de la capacidad de Kirill Serebrennicov, Aleksandr Sokúrov, Andréi Zvyagintsev, Boris Khlebnikov, Aleksei Popogrebsky y obviamente Mikhalkov, pero gracias a lo heredado de cineastas memorables de la talla de Sergéi Eisenstein, Lev Kuleshov, Vsévolod Pudovkin, Andréi Tarkovski, Mijail Kalatazov, Grigori Kozintsev y Vladimir Valentenovich Menshov. Y tener esos referentes significa muchos años de historia e identidad cinematográfica.

En OJOS NEGROS, lo ruso de Nikita Mikhalkov juega increíblemente enlazado con lo italiano de la historia, lo absorbe en la matriz cultural de origen, y lo hace sin emplear la fuerza ni los desmanes, pero sí con ese glamour que va siempre yuxtapuesto a la generosidad de la propuesta. Y tal vez en esa absorción esté el secreto de la riqueza de la inigualable actuación que Marcello Mastroianni propone y alcanza en este film. A su potencia expresiva habitual y su vertiginoso dominio de la improvisación, la inteligencia de Mikhalkov -que es actor y sabe de la secreta fragilidad que sostiene la fortaleza de los grandes intérpretes- le suma algo impensado, una voz inédita, escondida bajo la garganta ya enronquecida del maestro italiano y que va unida a un fino gesto inesperado, de esos que el actor le roba a su experiencia, esa que le permitió colocarse al lado de las mujeres más hermosas y ser solicitado por seis de los directores más importantes del cine italiano, Luchino Visconti, Federico Fellini, Vittorio de Sica, Ettore Scola, Michelangelo Antonioni y Pietro Germi, sin contar a la leyenda del brasilero Manoel de Oliveira, quien lo dirigiera meses antes de morir en París. Mastroianni es el eje del filme, pero su mérito crece exponencialmente al contemplar como todos aquellos que lo rodean, en la circunstancia escenográfica que fuera –y son muchos- lo replican de tu a tu, con gestos, miradas y palabras –a veces que ni siquiera las entiende- pero que él esta atento y dispuesto a aceptar. Un hermoso juego de bellas imágenes que hablan por él y que demuestra la proeza narrativa de un Mikhalkov, como corresponde a una obra plena, potente, en los bordes más cercanos a la perfección expresiva. Nuestro héroe, ROMANO PATRONI es un personaje extraordinario, inusual y un inmenso espejo donde se observan atentas y descubiertas, desde las mentiras más crueles hasta el amor más puro, allí donde la memoria y su consecuencia -el recuerdo- funden el pasado y su presente. ¿Hay algo de verdad en lo que ROMANO le cuenta emocionado a su amigo el tripulante? Claro que sí, esa verdad que únicamente le pertenece a un italiano bullicioso y pendenciero pero que es dueño de su propio sueño, de su recuerdo más preciado y surrealista, de un perfecto idealismo que traspasa las fronteras de su mente, de las distancias y hasta de nuestra complicidad, y que van tomando una forma muy especial de transmitirnos dramatismo, melancolía, romanticismo y comicidad, todo esto envuelto en una magistral estética de una época costumbrista, donde los matrimonios por conveniencia afloraban dentro de una moral auténtica. Algo que también es notable en OJOS NEGROS es detenerse en los diálogos tan precisos como preciosos y que equivale a ingresar a un salón festivo donde nuestro espíritu es tratado como un huésped de honor. Cada personaje es magistralmente modelado por los guionistas adaptándolo a un tipo social propuesto por los relatos del célebre Chéjov. El vestuario está muy bien concebido tanto en la elegancia de una clase pudiente italiana más orientado a las tonalidades de colores claros –el traje blanco de Mastroianni en el hotel del balneario es impresionante- como en los diferentes momentos en donde ROMANO se encuentra en Rusia buscando a su amada ANNA y donde los colores son tan umbríos como cálidos, inclusive cuando aparecen los gitanos en una escena realmente bella. Quizás la secuencia del comienzo así como la del final sean las mejor trabajadas en lo argumental por Mikhalkov unidos a los flasbacks que perfectamente articulados le dan un sentido de continuidad a la trama muy preciso. Si me tengo que quedar con alguna escena, creo que me impresionaron dos, aquella en donde ROMANO ingresa a la piscina de barro y flores para sacar el sombrero de su amada, y cuando ANNA dibuja con sus dedos bañados en lágrimas una línea en la pared del dormitorio del hotel. Simplemente notables. La simbología del amor verdadero. De las actuaciones todas están a la altura de la historia. Destacar al trío de mujeres y su notable condición de soportes para la actuación de Mastroianni, tanto Silvana Mangano –su última actuación en vida- bella y radiante, Marthe Keller haciendo de cómplice y mejor amiga de ROMANO, y finalmente la rusa Elena Sofonova, tan etérea como dubitativa, quien personifica a ANNA, una mujer conquistada y enamorada. De los actores sin duda la interpretación de la contraparte de Mastroianni, el gran actor ruso de teatro Vsevolod Larionov, quien está muy comedido en toda la película, para impactar en un final inesperado, en donde le cuenta a ROMANO que está enamorado y felizmente casado con una mujer que no lo quiere. Brillante narrativa.

Resumiendo, una magnífica realización por parte de Mikhalkov demostrando que la belleza de la cinematografía está en las imágenes enfocadas con sencillez pero con eficiencia, en los diálogos mesurados y enriquecedores y en las interpretaciones que se sostienen mutuamente. Una historia de amor y desencuentro desde lo sentimental y lo afectivo. Una imponente fotografía y una musicalización hecha por cánticos rusos y gitanos en su mayoría. El sello que le impone el realizador ruso a este film es definitivamente la nostalgia que resplandece ante nuestros ojos evocando las vivencias y recuerdos que todos los seres humanos tenemos y tendremos más adelante. No me atrevería a asegurar porqué la película se tituló OJOS NEGROS, pero supongo que son por los ojos de Silvia Mangano o por la canción OCI CIORNIE, un himno ruso a la tristeza y el desencanto. Hasta la próxima.

sábado, 20 de junio de 2009

"Duplicity", cine de metacrilato





























Duplicity (2009)
Dir. Tony Gilroy 125 min. EEUU - Alemania

Intérpretes: Clive Owen (Ray Koval), Julia Roberts (Claire Stenwick), Tom Wilkinson (Howard Tully), Paul Giamatti (Richard Garsik), David Shumbris (Turtleneck), Rick Worthy (Dale Raimes), Oleg Shtefanko (Boris Fetyov), Denis O’Hare (Duke Monahan), Kathleen Chalfant (Pam Frailes), Khan Baykal (Dinesh Patel), Thomas McCarthy (Jeff Bauer), Wayne Duvall (Ned Guston).

Estreno en España: 18 de marzo de 2009.
Estreno en Perú: 18 de junio de 2009.



Ben Stiller se tomó a guasa -y se divirtió de lo lindo parodiándola- toda la producción cinematográfica realizada sobre la guerra del Vietnam en la desternillante Tropic Thunder. Ya antes, él y sus muchos amigos actores y productores echaron unas risas y crearon, en Zoolander (2001), un circo sobre el mundo de la moda, los desfiles y toda la parafernalia que le es habitual. Dispongo que en un tiempo no muy lejano le de a Stiller por montar otro número circense de choteo extremo sobre el espionaje y sus variantes, tanta es la producción, tantos los motivos, tantas las formas y maneras. Y una de ellas, si bien menos explotada en las salas de proyección, es la del espionaje industrial, que parece estar ocupando, resultado quizás de la crisis económica mundial, el lugar de importancia de su maestro, el espionaje político entre estados. No ha llegado, aún, a ser un tema trillado en la cinematografía de Hollywood, aunque tal vez se hayan descubierto las fuentes de un Nilo de moda que nos avasalle con visionarios mil, teniendo en cuenta que el tema da para un infinito arte conceptual.

Al modo que sentenciaban -“la corrupción es la que gobierna el mundo”- los tiburones de gabinete en Syriana, Stephen Gaghan, 2005, podríamos decir que el mundo empresarial es el que maneja los finos hilos de este sistema económico mundial, y por tanto, también es el que gobierna el mundo. Tanto así que los políticos están a su servicio; tanto así, insinúa Tony Gilroy en Duplicity, que como los grandes nombres (no confundir con grandes hombres) de la política mundial acaban por cruzar la frontera al mundo empresarial, (cuando no chupan de ambos al mismo tiempo), con lo que su economía privada y personal (que no la del país) va a verse aumentada en muchos ceros, ¿por qué no habrían de hacer lo mismo expertos espías que estuvieron al servicio de gobiernos (algunos con doble juego) y pasarse al espionaje entre empresas, (también con doble juego), si pagan el doble o triple?. Claire y Ray no lo dudan mucho. Ex agente de la CIA, y ex agente del MI6, forman una pareja atípica que se alimenta prácticamente de desconfianza. Ganan dinero, no hay duda, pero distorsionan todo lo que tocan con su juego de verdades y mentiras. De esto se compone esencialmente un guión que hubiera podido dar lugar a una más que interesante película. El cineasta neoyorquino Gilroy acomete una labor que filtra humedades por todas las esquinas, preguntándonos como espectadores que supimos apreciar las superficies rugosas y oscuras de su anterior trabajo, Michael Clayton, 2007, también centrado en arquitecturas empresariales, que vaivenes hacen oscilar tanto a este director, guionista de la saga Bourne, que también resbaló con Prueba de vida, 2000.

Sea quizá la frialdad que Gilroy ha estampado a Duplicity; la elección de actores principales, de los secundarios poco hay que objetar, con una evidente falta de química entre Julia Roberts (Claire) y Clive Owen (Ray); la mala utilización de constantes flash-back (atrás-adelante) que más que sorprender, lo que consiguen es aburrir y entorpecer el desarrollo de la historia; los continuos viajes que dan la impresión de inmovilidad; el tic del champagne; o a saber si la resolución final de un Santo Grial de la cosmética, que más bien pareciera un guiño de Stiller, el caso es que como con la mesa (diseño-superlativo) del mandamás de Burkett & Randle, este filme solo se sostiene por una de las patas laterales, la del grupo de secundarios y cierta manufactura urbana y rituales audiovisuales de despliegue de pantallas. Sin olvidarnos del curioso menú referente a los métodos de espionaje entre empresas (a fe todas ciertas según las informaciones puntuales aparecidazas en prensa sobre el tema), en el que estos variopintos secundarios (entre los que se encuentra Tom McCarthy el director de la esplendida The Visitor, además de Tom Wilkinson y Paul Giamatti) mantienen la energía que les falta a las estrellas.

Julia Roberts es una actriz que va perdiendo naturalidad a medida que gana años, quedando patente que servirá muy bien a papeles de Primera Dama, y poco más. Una pena, pues algunos de sus trabajos pasados demostraron cierta ductilidad. En cuanto a Clive Owen, no consigue fabricar el carisma de un Cloony, Penn, Pitt, Damon, Law, Hoffman…aunque lo intente arduamente. Su próximo estreno, The International como agente de la Interpol, además de rodearse de una pareja más elástica, Naomi Watts, aborda también un tema muy en boga, la banca y sus chanchullos. Esperemos que se mantenga más despierto que en esta duplicidad empresarial. Una cinta en todo caso más para el mercadillo de consumibles en deuvedé y televisiones de marcado carácter empresarial.

BLANCA VÁZQUEZ desde España.

sábado, 13 de junio de 2009

“Motor y Motivo”, mucho ruido musical, pocas nueces cinematográficas.































Si todos los cineastas peruanos, nuestra insignificante industria de la cinematografía, distribuidores, salas de exhibición y los críticos de cine intentasen trabajar en forma colectiva, reflexivamente y a la vez con mayor preocupación en los contenidos, estoy seguro que el nivel general de las exhibiciones sería bastante mejor y muchos de los estrenos repelentes ni siquiera saldrían a flote. Espero que no se malentienda. Un valioso ejemplo lo dan aquellos que se dedican al negocio de los restaurantes. Se cuidan entre ellos, desde el pequeño al suntuoso, se prestan comensales, no hay competencia desleal, trabajan por el desarrollo de la cocina peruana y el resultado es envidiable. Todos ganan dinero, existe un prestigio sólido conquistado en base a un esfuerzo mancomunado y no solo han conquistado el mercado peruano sino el internacional. ¿¿Cuál es la formula?? Muy simple, liderazgo, comunicación, objetivos claros, una buena gerencia, el respeto por el cliente, por el amigo competidor y un producto de calidad. ¿¿Alguien podría desmentir o señalar que lo que digo es absurdo?? Entonces, ¿¿Cuáles son las razones por las que no se puede imitar este fenómeno de identidad culinaria en el cine de nuestro país?? Siempre quedará latente la duda del porqué el cine peruano se muestra impotente al expresar certeza de solidez argumentativa en su conjunto, más allá de indiscutibles films bien realizados que no pasan de 10 o 15 en toda su historia. El año pasado, el avión cinematográfico estaba empezando a carretear, levantó un vuelo inesperado este año con la propuesta de Claudia Llosa, y Chicho Durant mantuvo la nave segura aunque con un poco de tormenta que pasó rápidamente, a pesar de que tres o cuatro pasajeros pavos insistían -llenos de nervios y miedo- que el avión se venía a pique. Llega un piloto principiante, que demuestra no conocer los secretos del avión y lo único que cabe es un aterrizaje de emergencia.

Por otro lado, es sumamente alentador que artistas provincianos, cultores de la música popular, puedan tener no solo éxito a nivel de conciertos en su país de origen, sino en algunas ciudades del mundo, y entre otros logros conquistar la radio y posteriormente la televisión. Luego la industria del disco o CD los espera con los brazos abiertos para consolidar la parte financiera, porque a través de los años y un notable esfuerzo se lo han ganado y lo tienen merecido. Pues bien, me referiré al aclamado GRUPO 5, que fue creado en la hermosa y cálida tierra de Monsefu, Chiclayo en el año 1973 por los hermanos Víctor y Elmer Yaipen. Se iniciaron con temas melódicos para luego posicionarse en la pegajosa cumbia norteña. El verdadero hacedor de la agrupación, Don Elmer Yaipen fallece en el año 1999. “El faraón de la cumbia” –como se le conocía en el ambiente– deja en manos de sus hijos, Andy y Elmer, la dirección general del conjunto musical. Ambos muchachos con dedicación logran sacar adelante el nuevo proyecto agregándole un estilo más juvenil y seductor... El éxito logrado por la nueva generación del GRUPO 5 parece ser un caso sui géneris dentro del medio musical peruano. Convocan grandes multitudes de fans, se manejan con prolijidad y sus discos se venden mucho. Algo así como LOS SHAPIS en los ochenta. No conozco al detalle el fenómeno, pero cualquier persona a quien pregunto, me habla bien de su música. A mí en lo particular me da muchísimo gusto que el grupo sea exitoso a todo nivel, aunque percibo que todavía haya un techo al cual les costará llegar. Las preguntas serían entonces: ¿¿Es absolutamente imprescindible detenerse para llevar su fama al cine?? ¿¿No hubiera sido más inteligente posponer la película hasta cuando el grupo haya conquistado una buena parte del mercado internacional?? ¿¿Para qué una película localista si el reconocimiento ya ha sido logrado?? ¿¿Cuál es el objetivo real de los Yaipen o del promotor del film con este giro brusco de timón? ¿¿Solamente dinero?? ¿¿Será lo mismo que sucedió con LOS SHAPIS en los ochenta?? Para mí, un golpe de efectismo que se apaga más rápido de lo planeado.

Cuando los grupos musicales exitosos en nuestro país ingresan al mundo cinematográfico las cosas suelen trstocarse si no se toman los recaudos básicos ni las responsabilidades son asumidas en el momento adecuado y con gente experta en el negocio. Son dos temas muy diferentes el cine y la música. ¿¿Se imaginan al buenote de Gianmarco interpretándose en su película?? La taquilla es lo de menos, esa está asegurada de entrada, lo que importa es la nueva imagen que provoca la pantalla grande y que puede desmoronar en poco tiempo todo el esfuerzo conseguido en los otros medios... Retomando la mención al grupo LOS SHAPIS –significa guerreros incas– propulsores de la chicha desde 1981, oriundos de Huancayo, sus fundadores fueron Julio Simeón -Chapulín el dulce- y Jaime Moreyra. Impusieron además de su música sus inolvidables trajes multicolores. No hago comparaciones con otros destacados conjuntos tropicales como el grupo Néctar, el grupo Maravilla, Armonía 10, Agua Marina, Pintura Roja o el inolvidable Chacalón etc., porque no soy la persona indicada, y la idea es comentar y comparar lo cinematográfico. LOS SHAPIS -debido al éxito del grupo y su irrefutable popularidad- protagonizaron la película LOS SHAPIS EN EL MUNDO DE LOS POBRES, junto a la entonces sensual Amparo Brambilla. LOS SHAPIS eran ídolos populares admirados en muchos países, pero alguien se acuerda qué es lo que pasó con su película. Absolutamente nada, es decir, una taquilla y convocatoria alucinante –casi 980,000 espectadores- pero de nula técnica cinematográfica, mal calcada, se quisieron colgar de la metodología de una película inglesa producida por United Artists y dirigida nada menos que por Richard Lester. Obviamente se trataba de LOS BEATLES, los hijos ilustres de Liverpool –sin duda el grupo más importante de la historia musical- que hicieron cuatro películas, LET IT BE, YELLOW SUBMARINE -versión animada-, HELP y A HARD DAY'S NIGHT. No se apresuraron, lo hicieron en el momento justo y con fuste cinematográfico. No confundieron el arte de la música con el del cine. Se adaptaron en la medida justa y sabiendo adonde querían llegar en el aspecto cinematográfico. En la filmografía musical hay muchos ejemplos de grupos y solistas que han realizado films con buenos, irregulares y pésimos resultados cinematográficos: MENUDO, MAGNETO, NEIL YOUNG, GARIBALDI, PARCHÍS, TIMBIRICHE, PRINCE, MAX CASTRO, PINK FLOYD entre otros. Aprovecho para recomendarles el film THIS IS SPINAL TAP. No va con el tema pero si pueden conseguirlo háganlo. Por lo tanto, la palabra riesgo e incertidumbre se prenden luminosas cuando de este género se trata.

Ayer fui a ver MOTOR Y MOTIVO y me estrellé contra una película irregular, extraña y por momentos irrelevante. Yo tenía en mente observar una historia bien pensada, una narrativa limpia, explicativa, la historia de la vida, pasión y triunfo del GRUPO 5. Quizás esperaba un drama documental, o un biopic estilizado, porque era mi deseo conocer quienes eran y en qué medida se fue dando ese ascenso vertiginoso, pero lamento no haber visto lo que imaginé. Me dio la sensación de una campaña publicitaria de 90 o más minutos, donde el drama no lograba calar como drama, la comedia estaba planteada sin respetar los códigos del género y el romance estaba mutilado e inconcluso. Siempre ocurre lo mismo con las promociones: Parece que vence pero no convence. Pienso que los productores se excedieron en lo que realmente querían lograr y lo que sobra siempre termina siendo perjudicial. En una pantalla no basta con las buenas intenciones, hay que contraponerlas, contrastarlas porque la vida es una larga lista de complejidades. Pero en el cine tanto y más importante que las ideas son las emociones, las cóleras. ¿¿Qué se quiso reivindicar en esta película?? Le doy vueltas y no encuentro la clave. No me gusta ser destructivo. No lo voy a hacer porque no es mi costumbre y no voy a traicionar mi palabra con los bloggistas... No me sedujo la película, me resultó vacía, sin objetivos claros, como entregándose a un pasatiempo... La recomendé porque hay que apoyar el cine que se hace por peruanos. No sé quien es Enrique Chimoy. He revisado su poca información en Internet y no existe mucha acerca de sus tendencias artísticas, que directores de cine admira, qué películas ha visto y cuales le han impactado, que libros o novelistas son sus preferidos etc.. Nada de nada. Difícil saber lo que piensa un hombre invisible. Si a mí me catalogaron como un fantasma, que envoltura le tendrían que poner esos "sujetos" a Chimoy. Lo único que encontré fue la siguiente declaración: “Estoy contento porque el producto ya está terminado y bien editado. Estamos muy satisfechos con la disposición del GRUPO 5 y qué mejor manera de realizar mi ópera prima con un largometraje del grupo más popular del Perú”. La fuente es peru.com. No es un invento, es lo que decía la nota. Tampoco encontré fotografías de la película y he tenido que adjuntar algunas que retratan situaciones de la grabación y mayormente a los actores... Les decía que lo excesivo juega en contra. En Chimoy pareciera ser una indelicadeza, además de un factor que malogra sin remedio las relaciones de eficiencia y productividad del audiovisual. Qué sentido puede tener –Chimoy dice que el film está bien editado- colocar dos o tres imágenes si con una sola es suficiente. No me refiero a las tomas sino a la continuidad de las imágenes. John Huston decía: A veces las películas son más hermosas por lo que dejan fuera de la misma que por sus inclusiones... Y eso es lo que le sucede a Chimoy. No se da cuenta que una imagen bien elaborada o una sutilmente contextualizada pero dejada afuera, vale mucho más que inundar las escenas de momentos reiterativos que dejan la sensación de vacío argumental. Quizás la juventud o la poca tolerancia visual del realizador. De repente presión o apresuramiento. Ojo que el problema no está en los asistentes, los actores, los extras, técnicos etc., sino en la concepción del guión y su puesta en escena. Otra frase que viene al caso. Cézanne decía que todo lo que no era estrictamente necesario en una obra de arte termina siendo olvidable. ¿¿Era necesario hacer ese ida y vuelta de tomas aceleradas, luego desacelerarlas, vueltas a acelerar y frenadas bruscamente?? Me pregunto si era prudente esa sucesión de conciertos en diferentes zonas del Perú que justifica una gira en autobus y que no le aportaba nada a la imagen de los artistas en su contexto individual. Estamos hablando de 15 integrantes no de cuatro o cinco. Es decir, se me ocurre que el manager del GRUPO 5 tiene el criterio suficiente para no contratar una persona que va a experimentar con el grupo musical más importante del país a través de una película donde se la pasa construyendo planos que se alejan de la premisa argumental con efectos sosos y sin el timing necesario para articular un mínimo del lenguaje cinematográfico. La continuidad del relato se pierde en la confusión de tanto personaje endeble que no le aporta nada original a la historia. A mí me gustó la melodía que tocan los músicos pero no cómo la interpretan y cantan los intérpretes. No tienen ese sentimiento que debe ser visualmente obligatorio en un film, que justamente trata sobre las fortalezas y debilidades de los integrantes del grupo. Se les puede y debe de perdonar que no sean actores ni tengan técnica interpretativa, pero es absoluta responsabilidad del director no minimizar algunos errores que son demasiado evidentes. En cuanto a los actores de soporte. Primero, lo mejor de la película y de lejos, la modelo Cati Caballero. Tiene un rostro dulce y delicado. Una buena muestra de lo que es la naturalidad y capacidad gestual, sus líneas están pronunciadas con precisión, sin excederse, su juego de miradas es acertada y su presencia envidiable. Convertir un rostro dulce en uno de villana seductora no es un juego de niños, es bastante complicado y la actriz lo hace de forma convincente. Lo termina oscureciendo a Carlos Cano. Otra de las actrices que entra y sale bien de las escenas aunque le falta madurar y mejorar algunas cosas, es la chica que hace de reportera. Es bonita y tiene gracia... De los actores conocidos todos están correctos salvo Carlos Gassols que es un señor actor y Carlos Cano que es uno de los pocos actores que lo hace bien en cine y en televisión. A Claudia Portocarrero no la conozco mucho, pero sobre-actúa demasiado. La escena del desnudo es muy poco prolija. De Fernando Armas que hace de maquillador, es un personaje de relleno y prescindible. No le aporta a la temática. De aquellos protagónicos -los del GRUPO 5- las actuaciones son irregulares y la verdad es que no se les puede pedir más porque no tienen experiencia actoral. Suenan bien las canciones por el reproductor de CD, son rítmicas y de una cadencia musical sugestiva. Las letras no me atraen demasiado, son superficiales y no profundizan. Es una apreciación personal y subjetiva. El choque visual cuando las canciones se plasman en imágenes es lo que mata la propuesta musical. Tanto los que tocan como los que las interpretan no tienen esa garra, firmeza y las voces resultan bastante planas. Hay una canción en el CD que se titula "La culebritica" y parece que está de moda. No la escuché en el film.

En resumen, un intento que se frustra por la inexperiencia de su realizador. Las buenas películas se logran con buenas historias, MOTOR y MOTIVO no las tiene o no las muestra. Lo demás es una simple utopía. Ni estómago lleno ni corazón contento ni siquiera tensión en el desarrollo de la argumentación. Chimoy no tiene mucho que contar y se dedica a inflar un globo que no se desinfla sino que explota por tanto aire ocluído. Una película que no está a la supuesta estatura musical del GRUPO 5. Una verdadera lástima. No me cabe duda que van a lograr una buena taquilla para los tiempos. Quisiera terminar la entrada diciendoles lo siguiente: Disfrutar de una película supone no sólo admirar las buenas realizaciones, también significa saber apreciar en las que nos decepcionan -con benevolencia y a la vez con complicidad- detalles pretenciosos, delirantes o divertidos. No todo hay que verlo con la temeridad y el fervor que prescribe la crítica formal mediática. Dentro de cada uno de nosotros hay un crítico, un espectador y un actor. Por fortuna existe la democracia en el cine y cada quien elige lo que quiere ver sin tener que rendirle cuentas a nadie. Por esta y otras razones, felicito a los hermanos Yaipen por el intento, el atreverse y sigan adelante porque de eso se trata. Solo les exigiría como cinéfilo, que si piensan en una segunda propuesta puedan contarnos los motivos que llevaron a su grupo musical al lugar donde ocupan hoy, y se olviden de la historia sobre un mafioso que parece tonto, y que aspira a comprar empresas musicales o clubes de fútbol. Hay que reflexionar a veces por triplicado. La creatividad no se compra en la esquina de casa. Hasta la próxima.