





























No hace falta estar muy enfocado para darse cuenta que los géneros de comedia y terror suelen ser los más complicados que existen para elaborar en el cine y representan para los realizadores un desafío artístico mucho mayor al que podrían enfrentar dirigiendo un drama. No es tan complicado que una trama de tales características logre calar hondo en los espectadores o deprimirlos basándose en una tragedia. Por el contrario, poder armar una historia divertida que haga reír a la gente no es un trabajo para cualquiera. Aunque HAPPY GO LUCKY no sea una comedia convencional sino más bien melodramática, es interesante poder retroceder en el tiempo para rescatar el género en su más elocuente dimensionalidad. Como no recordar al inglés Alexander MacKendrick con una insólita comedia británica titulada THE LADYKILLERS, con actores de la talla de Peter Sellers y Alec Guinness. O a las comedias del maestro español Luís G. Berlanga, PLACIDO en 1961 y EL VERDUGO en 1963, ambas guionadas por otro adelantado de la escritura como Rafael Azcona. Los italianos haciendo comedia de ladrones con la inolvidable RUFUFÚ o I SOLITI IGNOTI del estupendo Mario Monicelli. En Hollywood, un desorbitado Jerry Lewis, recupera el espíritu del rey de la comedia, Mack Sennett -el innovador de la comedia cinematográfica llamada slapstick- parodiando a placer las frustraciones del norteamericano de clase media. Peter Sellers, toda una leyenda con películas como, DR. STRANGELOVE, una sátira estupenda, LA PANTERA ROSA en 1963 de la mano de Blake Edwards, la excepcional THE PARTY o LA FIESTA INOLVIDABLE en 1968 o una de sus últimos filmes antes de morir, BEING THERE en donde combina la comedia y el drama. El maestro Billy Wikder hace de las suyas con Jack Lemmon y Walter Matthau en THE FORTUNE COOKIE, donde ambos actores se consolidan como pareja cómica. Anteriormente había dirigido quizás una de las mayores obras maestras de la comedia con THE APARTMENT en 1960. También debemos considerar dentro de la comedia –quizás más inclinada a la trama romántica- a la gran película de Delbert Mann, donde consagra a Doris Day y Rock Hudson como los ídolos de este tipo de propuesta. Luego vendría Peter Bogdanovich con su comedia dramática PAPER MOON en 1973, para luego darle pase a Woody Allen y su inolvidable ANNIE HALL en 1978. En los ochenta la comedia se segmenta como una propuesta juvenil y pierde mucho del encanto de las películas que hemos nombrado. Quizás sea rescatable un film de Rob Reiner en 1989, WHEN HARRY MET SALLY que vuelve a poner en un pedestal a la comedia romántica con Meg Ryan y Billy Cristal. En los noventa, la cosa cambia para bien. En 1996, los ingleses, a través de la genialidad de Peter Cattaneo, ponen en pantalla una comedia deliciosa, de las mejores que se han podido apreciar, THE FULL MONTY. Una muestra emblemática de comedia comprometida, que logra algo sumamente complicado, que el espectador se desborde en risas y emociones con situaciones que, en el fondo, no tienen ninguna gracia. Luego, me gustaría citar al deslumbrante ingenio francés con el film AMELIE de Jean- Pierre Jeunet en el 2001. Quizás las últimas comedias inglesas que me gustaron fueron SHAUN OF THE DEAD –mezcla de comedia y terror-, la estupenda HOT FUZZ o ARMA FATAL –comedia y acción- ambas de Edgar Wright y una que me divirtió por sus permanentes extravagancias, ROCKNROLLA del director Guy Ritchie, uno de los últimos juguetes humanos de la cantante Madonna. Hoy en día el purismo de la comedia no asoma y nos tenemos que contentar con alguna combinación efectista en donde se tenga que rodear necesariamente de otros géneros o sub-géneros.
HAPPY-GO-LUCKY o LA FELICIDAD TRAE SUERTE es una buena propuesta aunque decididamente polémica, pero que si se analiza con detenimiento resulta hasta innovadora dentro del contexto de un personaje extremadamente simpático. Su director, el respetado y talentoso MIKE LEIGH, parece querer instalar la peculiaridad de un personaje que se aleja años luz de su manera de enfocar la natural concepción de su cinematografía y de sus particulares personajes. LEIGH hizo algunas películas que marcaron un estilo más que una tendencia, no precisamente orientadas a la comedia, y relacionadas con una especie de neutralidad fílmica, con personajes enmarcados dentro de lo dramático y hasta lo sociológico. En NAKED, critica sin despeinarse y recurriendo a la filosofía negra a la sociedad británica en un drama durísimo. En SECRETS AND LIES, su mejor película, un relato certero, agudo y cautivante, nos convence con uno de esos dramas existenciales de una intensidad emocional asfixiante que involucra a una madre caucásica y corriente con una hija de color, quien luego de muchos años de búsqueda la logra encontrar y establecer una relación. ALL OR NOTHING, un drama social sugestivo desde la perspectiva que el amor acaba pero vuelve bajo determinadas circunstancias. Lejos de la maestría de SECRETS AND LIES y de la potencia dramática de NAKED, ALL OR NOTHING, es sin embargo, una película que conmociona por el aprovechamiento para describir sensaciones íntimas, heridas abiertas y sueños de gente que nació para sobrevivir sufriendo. Finalmente, VERA DRAKE, un drama fortísimo donde se retrata a una modesta y ejemplar madre de familia que cargaba sobre sus retorcidas espaldas con un secreto terrible: ayuda a realizar una actividad ilegal, practicar abortos a quien solicitara de sus servicios. Notable actuación de Imelda Staunton y un tratamiento de la temática realmente escalofriante por parte de LEIGH. Quizás lo mejor que tengan los films de LEIGH sea su capacidad de observación de historias poco convencionales. Planos largos, diálogos cortos que intercambian culpabilidades y personajes crudos, dignos de la hipocresía y trivialidad de la sociedad inglesa.
En LA FELICIDAD TRAE SUERTE no solo reflexiona acerca de su particular estilo o postura ante lo que considera viable mostrar como novedoso. Esta no es una película desalmada pero si realista dentro de un contexto de identidades, donde a fuerza de contemplarlos en una lógica coherente, LEIGH llega a construir personajes desacostumbrados para la mayoría pero que a pesar de ello llaman la atención por su simpleza, su actitud flemática y hasta positiva hacia su entorno. Nulos conflictos existenciales, no hay mucho que emocione ni llame poderosamente la atención hasta un momento en que se tiene que romper la monotonía y mostrar antagonismos ciertamente disforzados. Me da la impresión que esta vez LEIGH abre una compuerta necesaria en su temática argumental por donde emerge una corriente de doble discurso entre sus personajes -evidentemente forzados por la postura de POPPY- que están al servicio de una historia prolija en su estética pero indiferente en su pretensión humana. Quizás sea de aquellas comedias de homogeneidades individualistas más que argumentativas. El hecho de colocar a la actriz SALLY HAWKINS en un papel excéntrico y provocador no hace sino convertirla en una súper protagonista que acapara toda la dinámica de la historia y que destaca sobre el resto, salvo cuando se produce un fuerte choque de personalidades con EDDIE MARSAN, el arisco, racista y perfeccionista profesor de manejo. El personaje es perfecto -LEIGH y su animosa filantropía que envuelven sus protagónicos- la interpretación que hace la HAWKINS es brillante, de una naturalidad alucinante, me atrevería a decir que hasta adorable. por ser un catalizador perfecto de los defectos de quienes giran a su alrededor. Pero volvemos a lo de siempre, una película tiene que tener una buena historia –más allá de los personajes imperfectos o magistrales- para poder ser considerada como una buena, muy buena o excelente película. HAPPY GO LUCKY es irregular y por momentos desequilibrada en su pretensión temática ya que sustenta todo su peso en nuestra querida y extremadamente simpática POPPY. Lo que hace LEIGH con ella es un personaje típicamente fabular dentro de un contexto psicosociológico realista, sórdido y fragmentado como lo es la sociedad británica , y allí aparentemente es donde no le encuentra la vuelta pese a que intenta coherencia y profundidad. MIKE LEIGH no realiza bajo ningún punto de vista una película mediocre, porque esta tiene momentos divertidos y hasta dramáticos correctamente ensamblados pero con un ligero abuso de la tibieza narrativa y su atemporalidad. La gran pregunta es como una profesora de primaria que adora a los niños, está feliz en su trabajo, que vive establemente en pareja más de 10 años con una amiga de diferente carácter –ni un roce, un pequeño distanciamiento o un desfogue natural- en una habitación muy pequeña, a punto de ser tía, de 30 años, sin mayores preocupaciones, que paga en efectivo sus clases de manejo, caprichosa, inteligente, amante del prójimo e inoportuna, sin un gramo de stress, con una vestimenta donde predominan los colores encendidos, que provoca sin motivo a la gente, que anda en bicicleta, que intenta bailar flamenco, que está sonriendo hasta cuando duerme, y que destila un positivismo y una felicidad que causan envidia sana: puede ser parte de una sociedad mundial que es todo lo contrario. Ser así debe ser verdaderamente un privilegio divino. Hay muchísima gente que consideraría a POPPY como un ser despreciable y otros como una persona que marca indeleblemente la superación espiritual, y la seguridad en si misma. La mejor parte de la película es cuando toma clases de manejo. SCOTT vs. POPPY o viceversa. El contrapunto ideal de la película. ¿Quien tiene la razón? SCOTT, personaje con auténtica dimensión en sus matices, es un solterón –ella también se autodefine así- tiene una personalidad quizás singular para ser un maestro, aunque busca la perfección en su trabajo cosa que no ocurre con POPPY como alumna. SCOTT le da ciertas normas para hacer más viable el aprendizaje pero POPPY no le hace caso –las botas para manejar- y eso para SCOTT es una ofensa que tiene que soportar a regañadientes. Poco a poco van entrando ambos en conflicto porque su antagonismo, tan interesante como absurdo, inclina a POPPY a jugar sin mala intención con los sentimientos de SCOTT, quien piensa gratuitamente que POPPY lo debe corresponder en su desesperado afán por afirmar sentirse enamorado. La escena final entre ambos es atractiva, pujante porque encuentra a un tipo celoso y ofendido, y a una mujer madura, cosa que POPPY ignora pero que le sirve como experiencia vital. SCOTT no es un mal tipo porque cede cuando POPPY le ajusta las clavijas. Tratemos de encontrar una escena tan confrontacional como esta y no la encontraremos. En realidad, HAPPY GO LUCKY es una película que hay que saber apreciarla y también criticarla en su justadimensión. Yo la considero irregular en los temas que ofrece, pero innovadora cuando propone a la protagonista y su excesiva simpatía como eje de una historia distinta. Todos sabemos el lugar que ocupamos dentro de nuestra sociedad. Habida cuenta de la cantidad de falsedades, prejuicios e inmoralidades que tenemos que soportar en estos tiempos, las interrogantes de esta película están muy lejos de ser bizantinas o anecdóticas. En un tono menor y sin muchos aspavientos lo que recojo de esta propuesta de MIKE LEIGH es hasta donde podemos soportarnos a nosotros mismos -tal como realmente somos- en una sociedad llena de inclemencias y embrollos. POPPY parece encontrar un camino especial y a eso se refiere el realizador inglés. Hasta la próxima.





























