













































Aunque UNA PASIÓN SECRETA no sea la mejor de las tres películas de STEPHEN DALDRY, debe de haberse convertido con seguridad en la más enigmática. Al menos, el cineasta británico logra llevar más lejos de lo habitual su intento de describir un mundo que, si bien choca con la realidad, funciona autónomamente con arreglo a sus propias proclamas, a sus propias obsesiones y a su propio sentido de la moral. Ambientada en una gélida y desconsolada Berlín Occidental tanto a mediados como a finales del siglo XX, UNA PASIÓN SECRETA es una audaz y melancólica historia de un verosímil amor tan efímero como inusual, sin fecha de inicio ni de extinción, donde se encuentran las voluntades de dos seres totalmente contrapuestos y disfuncionales que sin embargo logran desarrollar sus incontenibles desasosiegos, afectos y misterios propios de una pasión excitante como en paralelo perturbadora. HANNA, una controladora del boletaje de la red de tranvías berlineses -magistralmente interpretada por una sempiterna KATE WINSLET- comparte con un adolescente, MICHEAL, un colegial proveniente de una familia sumamente estricta -aunque interpretativamente un tanto desganado y hasta hierático DAVID KROSS- a quien la WINSLET -una oyente agradecida- lo arropa quizás en demasía, dentro de su insaciable personaje de un conmovedor lector de novelas, además de un entusiasta iniciador de sus aventuras sexuales. Ella de 36 años, él de 15, edificarán sobre el celuloide un concepto de relación tan sugestiva como fracturada, basada en la novela autobiográfica DER VOESLER o EL LECTOR, de 1995, del escritor alemán Bernhard Schlink, un best seller que va más allá de la pura relación erótica y sentimental entre HANNA y MICHEAL. Tanto el intento renovador del realizador inglés STEPHEN DALDRY -director de un hermoso cortometraje llamado EIGHT y de dos magistrales films de personajes, BILLY ELLIOT y THE HOURS- junto a su guionista David Hare,logran acertar dividiendo la trama en tres partes bien sintetizadas. En la primera, el relato se concentra con exclusividad y buen gusto en la mencionada historia de amor entre el inexperto chico adolescente y la mujer madura, en la que observamos una cierta asimetría que ella logra dominar en base a la experiencia y al complejo maternal. Él está perdidamente enamorado e ilusionado con el juguete de verano que supone haber conquistado, mientras que ella lo maneja con una destreza casi dirigida, para justamente complacer dos deseos que MICHEAL le podría proporcionar en una etapa difícil de su vida, el estrictamente sexual y aquel que le da nombre al título: UNA PASION SECRETA lo que logra despertarle con creces el chico de quince: el interés por las historias a través de los libros de época. Otra demostración de lo trascendente de la relación vinculante entre la literatura y la cinematografía. Un pequeño aparte. No es exactamente la misma historia, pero DALDRY me logró recordar -con cierta dosis de melancolía- al gran Bertolucci de EL ÚLTIMO TANGO EN PARÍS, pero intercambiando el manejo de los roles. En la segunda parte, DALDRY nos pone por delante un melodrama intenso, durísimo, implacable en su parte argumental y en el transvase de personajes. Asistimos a la ciudad de Heidelberg donde se celebra un juicio por supuestos crímenes de guerra, donde se plantea uno de los tantísimos dilemas morales de la película. El director británico recrea la tragedia del holocausto judío con tibia precisión, sin maniqueísmos. Finalmente, en la tercera etapa se resuelve la moraleja, en un desenlace quizás previsible pero hermosamente metafórico, dotado de un tono mucho más emotivo que los otros dos segmentos. Cabe destacar que por esta interpretación KATE WINSLET se llevó muchísimos premios, entre ellos el Oscar a mejor actriz protagónica. En este apartado, me parece justo que la bella actriz haya sido premiada con el honor y la gloria, pero según mi percepción de lo que supone la interpretación de un personaje en sus extremos más dramáticos y convincentes, hubiera preferido que se le premiase por su genial personaje de APRIL WHEELER en el film REVOLUTIONARY ROAD, de Sam Mendes, donde tiene un duelo excepcional con LEONARDO DICAPRIO de la que sale perjudicada a la vez que airosa. En THE READER es ella sola contra los desafíos de la trama. Ni el notable actor inglés RALPH FIENNES y menos aún DAVID KROSS -ambos protagónicos- logran poner en riesgo el temperamental personaje de la WINSLET. Solo lo complementan con un aplicado registro. Cuestiones de apreciación que algunos compartirán y otros no. Incluso, me atrevería a afirmar –como lo hice en anteriores posteos- que en la ceremonia de este año la Academia dejó fuera de competencia a geniales películas como la misma REVOLUTIONARY ROAD, la polémica DOUBT, THE WRESTLER y la inmensa GRAN TORINO. Prefirieron jugar con los extremos de la incomprensión nominando a películas excesivamente localistas como MILK o FROST-NIXON para enfrentarlas muy disminuídas a la poco escrupulosa e independiente SLUMDOG MILLIONAIRE quien sorpresivamente barrió con la mayoría de premios. Pero eso ya es historia equivocada. Un buen dato sobre STEPHEN DALDRY. Por las tres únicas películas que dirigió, fue nominado para mejor director. Todo un récord que esperamos pueda mantener o superar. Es un director como pocos este talentoso relator de historias complejas.
THE READER es una muy buena película -negarlo sería poco serio- que muestra momentos de acrecida emotividad, un tratamiento de temáticas bastante fuertes pero con minuciosa suavidad, además de tensión moderada, como en las que involucra secuelas de la segunda guerra mundial, el romance incrustado en la diferencia de edades como un prejuicio de los años cincuenta y los horrores acontecidos en el campo de concentración de Auschwitz. La historia destila trazos de acrimonia tanto como de sobrecogimiento, el ritmo es lo suficientemente equilibrado e intenso en su cadencia narrativa, si bien pausada pero de ninguna manera lenta. Uno tiene que acostumbrarse al compás y que el mismo se mantenga constante. La realización técnica y la atmósfera que logra DALDRY tanto en sus encuadres, vinculación de escenas, personajes y ambientaciones se sitúa apropiada, la puesta en escena es aceptable, proporcionada, y se completa con la certera combinación de matices interpretativos de KATE WINSLET -que además luce sin complejos su bello cuerpo desnudo, provocador y sensual- quien sin ninguna duda es lo más interesante de la película. Esta, co-producida por dos prolíficos cineastas desaparecidos pocos meses antes del estreno, ANTHONY MINGUELLA y SYDNEY POLLACK, descarga en pantalla un especial interés argumental justo tras la desaparición y posterior reaparición de HANNA. Ella y el secreto con el cual convive, conforman un concluyente punto de inflexión dentro de la continuidad de la historia. Algo que maneja con severa pulcritud y decencia STEPHEN DALDRY, es que la relación tan estimulantemente carnal e intelectual entre HANNA y MICHEAL funciona a la perfección –HANNA acepta que lo ama con un gesto de asentimiento quizás adusto desde la bañera donde pasan mucho tiempo juntos- hasta que en un mal día para él y en un ascenso en el trabajo, ella desaparece sin dejar rastro alguno. Esto desencadena una frustración de carácter psicológico de por vida en MICHEAL y también confunde al espectador que se mimetiza con las escenas que ambos comparten, desde el amor desmedido, la lectura conmovedora, la tranquilidad de las palabras, sus riñas sin sentido, los paseos en bicicleta y hasta una merienda en donde HANNA confirma su condición de analfabetismo ante la imposibilidad de leer la carta del menú campestre. STEPHEN DALDRY logra causar dolor, lástima y hasta cierta compasión y ternura por HANNA. Un notable truco de doble juego. El británico hace un corte temporal bastante amplio de casi cuarenta años -aunque sabe disfrazar y hasta hacerla imprescindible- recurriendo a flash y fowardbacks del personaje de MICHEAL, que le funcionan con acierto y donde ya involucra del todo a RALPH FIENNES, un actor sobrio, de consistencia moderada pero que se nota acomplejado cuando trata de relacionarse con su adorada HANNA, con posterioridad a la condena aunque su cabeza sigue coludida en el pasado de ambos. DALDRY nos propone un film al que hay que acercarse sin conocer su premisa de fondo pues, en buena medida, gran parte de la fuerza de UNA PASIÓN SECRETA radica en esa sorpresa devastadora que nos reserva hasta bien entrada la trama, donde el efecto buscado por DALDRY de descubrir el misterio que rodea a HANNA resulta demoledor. Quizá si algo se le pudiera reclamar a DALDRY, es reprocharle una dirección de actores algo menos prolija como la que sí logró con el niño de BILLY ELLIOT o las tres actrices de THE HOURS. A NICOLE KIDMAN la hizo ganar un Oscar protagónico. Tanto DAVID KROSS, RALPH FIENNES y hasta BRUNO GANZ -lo veo y me imagino a HITLER- no están brillantes sino en un nivel comprometido y poco distendidos. También noto un descuido en el maquillaje que lleva KATE WINSLET tanto en el juicio como en la etapa del encarcelamiento, dos periodos largos que no ayudan visualmente a la actriz.
Por lo tanto, UNA PASIÓN SECRETA es una historia conmovedora, evocadora, que hace fluir los sentimientos y reflexiones sobre aquellas razones eminentemente éticas y de integridades morales expuestas en vivencias que nos dejan en la retina una escalofriante experiencia de vida, que vuelve a acercarnos a una época cuestionada de la historia de la humanidad, pero con mucha cautela y tratando de ponerla en un contexto de referencia y no de contenido. Nos explica con acierto de los estragos del tiempo dentro de una incontrolable pasión, que sucede en determinado momento y luego se esfuma en la intemporalidad del relato. El director británico no deja cabos sueltos y nos regala una propuesta bien construida, con esas tres partes ya descritas, tan diferentes pero a la vez tan relacionadas entre sí, y donde cada detalle tiene relación con lo que va a saberse más adelante: párrafos de Emilia Galiotti, la Odisea, la Dama del perrito, la nota que MICHEAL le deja a HANNA pero que ella no la lee, sus reacciones violentas, siempre maternales y autoritarias -lo llega a golpear con un cinturón- las lecturas en voz alta de MICHEAL a su amante que la hacen presa del sentimentalismo y el llanto. La evocación del primer amor y las primeras experiencias sexuales se narran con sutil elegancia, sin siquiera sospechar de un retrato explícito ni grotesco que podrían habernos expulsado del meollo de la cuestión, y mucho sentimiento, tamizado desde la subjetividad del recuerdo que idealiza al objeto amado y deseado. No es un film maniqueo, sino que plantea un dilema de honestidad al espectador sobre el tema de la obediencia debida, de la pasividad ante el crimen de estado, del silencio y de la diferencia entre la obligación y la lealtad, para que se resuelva. También es un canto poético a la simpleza del género romántico y al poder de la palabra, de los libros y de la lectura, como símbolos de progreso, y también de la fuerza del conocimiento en la modificación de la vida. HANNA logra su cometido estando encarcelada. En este caso el conocimiento básico que aporta la educación, el saber leer y escribir, que obra como emblema del aprendizaje y de cómo esta contribuye a la realización del ser humano oprimido y distanciado. HANNA resulta una heroína al lograr lo que se propone, tan melodramática como romántica, en la aseveración que puede ser fría en el trato con personas, incluso cruel, como demuestran los testimonios de las supervivientes del campo de concentración, pero que sin embargo se conmueve medularmente con la literatura. Además, se ve abocada a su final casi de forma casual, digamos por la fuerza del destino, de esa carencia que ella tiene, que es el analfabetismo, y que condiciona su vida de un modo radical hasta entender su razón para el suicidio. También se muestra incapaz de comprender por qué juzgan su obediencia a las normas –cumplió sin miramientos lo que le mandaron, tenía que impedir que las prisioneras escaparan-. Lo encara al desorientado fiscal y le pregunta: ¿¿Qué hubiera hecho usted en mi lugar?? A lo que este no responde y demuestra su poco sentido de la autoridad y del trato igualitario al ser humano. Quizás HANNA era la que había amado verdaderamente a MICHEAL en aquél verano y este solo había tenido una experiencia maravillosa como frustrante pero basada en la ilusión de un niño, en el pleno desconocimiento de la dureza que enfrentaba la vida de HANNA.
Para finalizar, y volviendo al realizador y quizás extremando ligeramente la nota, se le podría atribuir a DALDRY el haber tenido una visión un poco sutil, pero efectista en su capacidad de hacernos pensar sobre un asunto tan trillado como el holocausto judío, sobre el que pareciera que no se puede añadir nada más. En lo personal creo que la historia nos dice medias verdades de ambos lados. En el juicio no se dan datos exactos sobre la confrontación a que someten a HANNA, salvo los esenciales para la comprensión del contexto histórico. En algunos momentos, parece que se nivelaran víctimas con verdugos, donde ambos fueron arrastrados por las fuerzas de un aciago destino. Un film que consigna el terrible trauma que para las generaciones posteriores a la guerra, aún representaba este ignominioso hecho. MICHEAL bien podría representar la encarnación de esos menores inocentes, pero que cargan en su devenir con la culpa ajena pues su relativa experiencia del pasado condiciona su vida entera, su relación con sus semejantes, con su familia etc., y HANNA es el viejo pueblo alemán, cuya condición de analfabetismo es como un símbolo de aquellos hombres y mujeres que en su lógico no comprender de lo que estaba sucediendo, contribuyeron a uno de los episodios más deplorables de la historia del supuestamente viejo y sabio continente. Una muy buena película, recomendable, aunque fue un exceso nominarla entre las cinco mejores del año pasado. Hasta la próxima.
THE READER es una muy buena película -negarlo sería poco serio- que muestra momentos de acrecida emotividad, un tratamiento de temáticas bastante fuertes pero con minuciosa suavidad, además de tensión moderada, como en las que involucra secuelas de la segunda guerra mundial, el romance incrustado en la diferencia de edades como un prejuicio de los años cincuenta y los horrores acontecidos en el campo de concentración de Auschwitz. La historia destila trazos de acrimonia tanto como de sobrecogimiento, el ritmo es lo suficientemente equilibrado e intenso en su cadencia narrativa, si bien pausada pero de ninguna manera lenta. Uno tiene que acostumbrarse al compás y que el mismo se mantenga constante. La realización técnica y la atmósfera que logra DALDRY tanto en sus encuadres, vinculación de escenas, personajes y ambientaciones se sitúa apropiada, la puesta en escena es aceptable, proporcionada, y se completa con la certera combinación de matices interpretativos de KATE WINSLET -que además luce sin complejos su bello cuerpo desnudo, provocador y sensual- quien sin ninguna duda es lo más interesante de la película. Esta, co-producida por dos prolíficos cineastas desaparecidos pocos meses antes del estreno, ANTHONY MINGUELLA y SYDNEY POLLACK, descarga en pantalla un especial interés argumental justo tras la desaparición y posterior reaparición de HANNA. Ella y el secreto con el cual convive, conforman un concluyente punto de inflexión dentro de la continuidad de la historia. Algo que maneja con severa pulcritud y decencia STEPHEN DALDRY, es que la relación tan estimulantemente carnal e intelectual entre HANNA y MICHEAL funciona a la perfección –HANNA acepta que lo ama con un gesto de asentimiento quizás adusto desde la bañera donde pasan mucho tiempo juntos- hasta que en un mal día para él y en un ascenso en el trabajo, ella desaparece sin dejar rastro alguno. Esto desencadena una frustración de carácter psicológico de por vida en MICHEAL y también confunde al espectador que se mimetiza con las escenas que ambos comparten, desde el amor desmedido, la lectura conmovedora, la tranquilidad de las palabras, sus riñas sin sentido, los paseos en bicicleta y hasta una merienda en donde HANNA confirma su condición de analfabetismo ante la imposibilidad de leer la carta del menú campestre. STEPHEN DALDRY logra causar dolor, lástima y hasta cierta compasión y ternura por HANNA. Un notable truco de doble juego. El británico hace un corte temporal bastante amplio de casi cuarenta años -aunque sabe disfrazar y hasta hacerla imprescindible- recurriendo a flash y fowardbacks del personaje de MICHEAL, que le funcionan con acierto y donde ya involucra del todo a RALPH FIENNES, un actor sobrio, de consistencia moderada pero que se nota acomplejado cuando trata de relacionarse con su adorada HANNA, con posterioridad a la condena aunque su cabeza sigue coludida en el pasado de ambos. DALDRY nos propone un film al que hay que acercarse sin conocer su premisa de fondo pues, en buena medida, gran parte de la fuerza de UNA PASIÓN SECRETA radica en esa sorpresa devastadora que nos reserva hasta bien entrada la trama, donde el efecto buscado por DALDRY de descubrir el misterio que rodea a HANNA resulta demoledor. Quizá si algo se le pudiera reclamar a DALDRY, es reprocharle una dirección de actores algo menos prolija como la que sí logró con el niño de BILLY ELLIOT o las tres actrices de THE HOURS. A NICOLE KIDMAN la hizo ganar un Oscar protagónico. Tanto DAVID KROSS, RALPH FIENNES y hasta BRUNO GANZ -lo veo y me imagino a HITLER- no están brillantes sino en un nivel comprometido y poco distendidos. También noto un descuido en el maquillaje que lleva KATE WINSLET tanto en el juicio como en la etapa del encarcelamiento, dos periodos largos que no ayudan visualmente a la actriz.
Por lo tanto, UNA PASIÓN SECRETA es una historia conmovedora, evocadora, que hace fluir los sentimientos y reflexiones sobre aquellas razones eminentemente éticas y de integridades morales expuestas en vivencias que nos dejan en la retina una escalofriante experiencia de vida, que vuelve a acercarnos a una época cuestionada de la historia de la humanidad, pero con mucha cautela y tratando de ponerla en un contexto de referencia y no de contenido. Nos explica con acierto de los estragos del tiempo dentro de una incontrolable pasión, que sucede en determinado momento y luego se esfuma en la intemporalidad del relato. El director británico no deja cabos sueltos y nos regala una propuesta bien construida, con esas tres partes ya descritas, tan diferentes pero a la vez tan relacionadas entre sí, y donde cada detalle tiene relación con lo que va a saberse más adelante: párrafos de Emilia Galiotti, la Odisea, la Dama del perrito, la nota que MICHEAL le deja a HANNA pero que ella no la lee, sus reacciones violentas, siempre maternales y autoritarias -lo llega a golpear con un cinturón- las lecturas en voz alta de MICHEAL a su amante que la hacen presa del sentimentalismo y el llanto. La evocación del primer amor y las primeras experiencias sexuales se narran con sutil elegancia, sin siquiera sospechar de un retrato explícito ni grotesco que podrían habernos expulsado del meollo de la cuestión, y mucho sentimiento, tamizado desde la subjetividad del recuerdo que idealiza al objeto amado y deseado. No es un film maniqueo, sino que plantea un dilema de honestidad al espectador sobre el tema de la obediencia debida, de la pasividad ante el crimen de estado, del silencio y de la diferencia entre la obligación y la lealtad, para que se resuelva. También es un canto poético a la simpleza del género romántico y al poder de la palabra, de los libros y de la lectura, como símbolos de progreso, y también de la fuerza del conocimiento en la modificación de la vida. HANNA logra su cometido estando encarcelada. En este caso el conocimiento básico que aporta la educación, el saber leer y escribir, que obra como emblema del aprendizaje y de cómo esta contribuye a la realización del ser humano oprimido y distanciado. HANNA resulta una heroína al lograr lo que se propone, tan melodramática como romántica, en la aseveración que puede ser fría en el trato con personas, incluso cruel, como demuestran los testimonios de las supervivientes del campo de concentración, pero que sin embargo se conmueve medularmente con la literatura. Además, se ve abocada a su final casi de forma casual, digamos por la fuerza del destino, de esa carencia que ella tiene, que es el analfabetismo, y que condiciona su vida de un modo radical hasta entender su razón para el suicidio. También se muestra incapaz de comprender por qué juzgan su obediencia a las normas –cumplió sin miramientos lo que le mandaron, tenía que impedir que las prisioneras escaparan-. Lo encara al desorientado fiscal y le pregunta: ¿¿Qué hubiera hecho usted en mi lugar?? A lo que este no responde y demuestra su poco sentido de la autoridad y del trato igualitario al ser humano. Quizás HANNA era la que había amado verdaderamente a MICHEAL en aquél verano y este solo había tenido una experiencia maravillosa como frustrante pero basada en la ilusión de un niño, en el pleno desconocimiento de la dureza que enfrentaba la vida de HANNA.
Para finalizar, y volviendo al realizador y quizás extremando ligeramente la nota, se le podría atribuir a DALDRY el haber tenido una visión un poco sutil, pero efectista en su capacidad de hacernos pensar sobre un asunto tan trillado como el holocausto judío, sobre el que pareciera que no se puede añadir nada más. En lo personal creo que la historia nos dice medias verdades de ambos lados. En el juicio no se dan datos exactos sobre la confrontación a que someten a HANNA, salvo los esenciales para la comprensión del contexto histórico. En algunos momentos, parece que se nivelaran víctimas con verdugos, donde ambos fueron arrastrados por las fuerzas de un aciago destino. Un film que consigna el terrible trauma que para las generaciones posteriores a la guerra, aún representaba este ignominioso hecho. MICHEAL bien podría representar la encarnación de esos menores inocentes, pero que cargan en su devenir con la culpa ajena pues su relativa experiencia del pasado condiciona su vida entera, su relación con sus semejantes, con su familia etc., y HANNA es el viejo pueblo alemán, cuya condición de analfabetismo es como un símbolo de aquellos hombres y mujeres que en su lógico no comprender de lo que estaba sucediendo, contribuyeron a uno de los episodios más deplorables de la historia del supuestamente viejo y sabio continente. Una muy buena película, recomendable, aunque fue un exceso nominarla entre las cinco mejores del año pasado. Hasta la próxima.












































