







































Esta vez nos toca comentar sucintamente una película que tiene algunos atributos bastante rescatables y que es dirigida por un versátil e ingenioso cineasta. SAM RAIMI es el guionista y director de este sorpresivo film. RAIMI es un antiguo amigo de los hermanos COEN y ha colaborado con ellos en algunas de sus películas, incluso como actor secundario –donde lo cocieron a balazo limpio- o extra. Sin embargo, a principios de los 80, sus méritos lo llevarían a debutar en la realización con una propuesta combinada de terror, fantástico, gore y humor negro, escrita por él, titulada THE EVIL DEAD o MUERTE DIABÓLICA, cinta con la que tuvo éxito y de alguna manera mitificó a un antihéroe llamado ASH WILLIAMS, encarnado por el buen actor BRUCE CAMPBELL. Era una época en donde no había mucha producción de cine de terror como género, y la propuesta de RAIMI era definida como película serie B de bajo presupuesto. La consigna era más inspiración y menos recursos materiales. Ya en esos momentos RAIMI le había sumado a su ópera prima elementos que estaban presentes en grandes películas pero no en aquellas que pretendían usar al terror como carnada. RAIMI lo hizo a través de una valiente forma de filmar con planos sugestivamente expresionistas, creando atmósferas no convencionales, diálogos simples pero bien estructurados, la introducción de la música como una posibilidad de inducción certera del miedo y su ingrediente más irrebatible, la mezcla entre lo terrorífico y lo humorístico: el gancho perfecto para sumarlo a la consabida receta de los talentos genuinos de los ROMERD, CRONENBERG, CARPENTER, DE PALMA o CRAVEN, es decir, el latigazo inesperado del sobresalto así como el estremecimiento casi automático del espectador. Obviamente que la mayoría que acudió a ver la película lucía desconcertada pero algunos ya vislumbraban un notable director de culto. Muchos afirman que THE EVIL DEAD es hoy todo un clásico del cine gore y una de las mejores cintas de terror, frase perfectamente discutible. En 1987, vuelve a la pantalla grande con THE EVIL DEAD II: DEAD BY DAWN. En esa ocasión, SAM RAIMI parece realizar más una parodia que una continuación de su primer film, debido a su desopilante humor y a que traía al único sobreviviente de la primera entrega, ASH WILLIAMS, nuevamente en piel de BRUCE CAMPBELL. El director mantuvo la línea de combinar terror, fantástico, gore y humor negro con lo que marcó indeleblemente un estilo que el público logra identificar y aclamarlo. Cinco años después regresa con la tercera película de la saga; EVIL DEAD: ARMY OF DARKNESS, donde mantiene su ya inconfundible estilo de filmar haciendo una más intensa mezcla de terror, humor, epopeya y romance. Una película donde la atmósfera del medioevo onírico y tenebroso está recreada con maestría y singularidad. El antihéroe sigue encarnado por BRUCE CAMPBELL y es el protagonista fetiche del director. En este film RAIMI consolida en su cine lo que muy pocos cineastas logran imponer con claridad: sus inesperados finales. Luego compone algunos buenos films para más adelante dedicarse a la dirección de la triple saga de SPIDERMAN, cuyo rodaje de la cuarta película ya ha sido confirmado. Estamos entonces ante un director de mano maestra, de ideas bastante eficaces y de un hacedor de un cine basado en el entretenimiento. Para mí, su mejor película es A SIMPLE PLAN o EL PLAN, donde a través de una excelente interpretación de BILLY BOB THORNTON, SAM RAIMI logra una notable tomografía de la estupidez humana.
Pero yendo al meollo del post y luego de observar ARRÁSTRAME AL INFIERNO, pienso en lo emotivo que debe de haber sido para SAM RAIMI el de reencontrarse con sus raíces, volver a recuperar el desenfado y humor de un género de terror de aquellos años ochenta, y del cual el mismo cineasta fue artífice. RAIMI nos demuestra palmariamente que esa avalancha actual de remakes norteamericanos de terror esparcidos por todos lados no eran ni el camino ni la consolidación de un estilo viable de hacer las cosas. Eran efectismos que proliferaban por una necesidad básicamente de mercadeo. Acá le voy a robar una frase que se la escuché a EL VECO –el mejor comentarista deportivo del Perú, siendo uruguayo y habiendo pasado los setenta- en alguna ocasión: En el mundo lo que menos abunda son la DEMOCRACIA y los GOLEADORES. Notable expresión plagada de verdad. Yo le aumentaría necesariamente: INTELIGENCIA CINEMATOGRÁFICA. Seguramente RAIMI conocerá algo de democracia y nada de tipos que se embolsan millones de euros por meter una pelota dentro de un arco de fútbol, pero si algo indiscutible guarda en sus funciones cognitivas este digno cineasta norteamericano, es un tipo de ingenio abrumador para ponernos un poco neurasténicos y movernos el piso recreándose a la vez que haciéndonos sus cómplices, y así podernos reír del terror. Hoy por hoy eso es impagable. Son oportunidades magníficas de disfrutar de la verdadera razón del cine: diversión y entretenimiento. La bandera de RAIMI es su simpleza argumental y ésta, el talante de ARRÁSTRAME AL INFIERNO. En este film no hay secretos codificados, ni siquiera misterios complicados. Lo que hay son una notable continuidad de golpes de efecto, es decir, lo que siempre propuso RAIMI en sus supuestos films de terror que terminan siendo esa combinación de géneros y sub-géneros que buscan el efecto del miedo con dosis de humor negro, retratos nauseabundos pero esenciales y lo absurdo de algunas escenas surrealistas. RAIMI pone a prueba nuestro sentido de la persistencia imaginativa y nos invita a entrar en su macabro y animado juego de contrastes, haciéndolo a través de tres elementos muy escuetos para que podamos empaparnos de sus sagaces intenciones de ahondar en el conflicto; un pañuelo, un botón y una mosca. Con esos tres componentes tan insignificantes, usados con una envidiable sutileza, RAIMI nos arma un rompecabezas fílmico tan convincente como aquella ópera prima de hace 27 años en donde hizo casi lo mismo que nos propone ahora pero controlando algunos aspectos –ligados con lo salvaje- que le restarían puntos. El objetivo, agobiar de la manera que sea a la joven protagonista ALISON LOHMAN hasta destruirla recurriendo a cualquier entresijo. Los personajes se enfocan como una cuestión relativa en determinados momentos y fundamentales en otros. Esta vez, RAIMI pone énfasis en objetos con intrínsecos significados y portadores de las momentos más escalofriantes y divertidos del film. También usa de una manera adecuada los sonidos en aumento mezclados con primeros planos para poder causar conmoción y luego dispar la molestia con silencios precisos. RAIMI, le agrega a su propuesta lucidez narrativa al plasmar con fina irreverencia ese miedo adolescente, brutalmente norteamericano, donde los conjuros y maldiciones vienen de otras culturas e idiomas: una anciana gitana de la antigua Europa del Este, una médium Mejicana, un gurú de rasgos árabes dedicado a los rituales de la liturgia demoníaca y un empleado bancario de rasgos orientales. Con respecto a los actores, RAIMI acierta al depender del trabajo del conjunto y no de una o dos figuras que destaquen. Cada quien hace lo suyo y con buena predisposición para lo que quiere RAIMI. Los actores ALISON LOHMAN, JUSTIN LONG, LORNA RAVER, DAVID PAYMER, DILEEP RAO, REGGIE LEE y la mejicana ADRIANA BARRAZA hacen una correcta labor. Quizás la LOHMAN representando a una víctima de la LAMIA y LORNA RAVER como la gitana portadora de la maldición, sean las que aparezcan con mayor continuidad por el guión, pero su contribución es tan buena como cualquiera de los demás. Si existe un escarceo o pugna interpretativa me quedo con LORNA RAVER por sobre los gestos atinados y la carita tímida de la LOHMAN. LORNA RAVER le insufla vida –y también muerte a su personaje- y es merecedora de un halago aparte. Por méritos propios, se ha convertido en una de las grandes villanas del terror: su inquietante aspecto, ya desde su inicial papel de anciana desvalida, la confiere un magnetismo peculiar. Puede que éste se deba a lo bien caracterizado que está el personaje, tanto por ella como por RAIMI, pero lo cierto es que sus minutos, aunque escasos, son estupendos. En cuanto a los apartados técnicos, me pareció muy interesante la banda sonora, tiene alguna falla instrumental menor pero siempre luce coordinada con respecto a la intensidad de las escenas más fuertes. El manejo de cámaras, es muy bueno y variado, muchos tipos de plano, pero justos y ninguno innecesario. Las angulaciones están bien manejadas y todo se registra con la estética debida. Creo que el director de fotografía metió prolijamente su cámara e hizo una pequeña obra de enfoques luminosos oportunos. La dirección artística cumple con su cometido, las locaciones, el macro y micro clima están correctamente diseñados y todo está en perfecto orden. Me gustó la ambientación del cementerio, sus variantes progresivas y no estáticas. El maquillaje de LORNA RAVER es muy bueno. Me pareció correcto el aspecto sonoro, muy interesante la mezcla y la penetración del sonido justo en los momentos más inesperados de cada escena. Los efectos especiales son muy simples pero de una eficiencia envidiable. Lo demás me parece muy normal pero correctamente estructurado. Ojo no estamos hablando de una obra maestra sino de una película de no con abundantes recursos económicos pero muy bien concebida y filmada.
Finalmente, ARRÁSTRAME AL INFIERNO, cumple su labor de entretener al público con una feroz combinación de suspenso, terror sobrenatural y negrísimo humor. Raimi orquesta escena tras escena con la precisión de un cirujano (o la de un carnicero), jugando con las expectativas de la audiencia y sin temor a caer en el absurdo siempre y cuando consiga una reacción del espectador, ya sea un sobresalto, una risa nerviosa o una carcajada incrédula.También es, ante todo, una película que se beneficia de la dilatada carrera profesional de SAM RAIMI y su innata capacidad que corrobora su ingeniosa creatividad, pues, aunque ciertamente típica en su puesta en escena, sorprende tanto en su planteamiento, desarrollo y mucho más aún en su inesperado final. Una propuesta meditada, entera, muy madura y cuya simpleza atraerá no solo a los seguidores de RAIMI sino a todos aquellos que quieren pasar una buena jornada cinematográfica. Recomendable para un entretenimiento entre lo humorístico y lo terrorífico, los dos mandamientos de RAIMI, y decididamente un juego que tienen más que ver con la imaginación o los sueños de la gente. También me atrevería a señalar que con ese artilugio es que RAIMI empieza donde termina la rutina conocida y, como en un nuevo paisaje de sombras, se comienza a avanzar en lo desconocido, lo disimulado, lo que atemoriza o directamente horroriza, y que el cineasta quiere hacerlo vinculante con el público y lo logra con mano firme. A mí me gusta el SAM RAIMI de A SIMPLE PLAN pero éste me causa más intriga por lo que tiene en la cabeza y su forma de expresarlo con tanta desinhibición. Hasta la próxima y cuidado con las brujas o maldiciones demoníacas hoy 31 de octubre.
Pero yendo al meollo del post y luego de observar ARRÁSTRAME AL INFIERNO, pienso en lo emotivo que debe de haber sido para SAM RAIMI el de reencontrarse con sus raíces, volver a recuperar el desenfado y humor de un género de terror de aquellos años ochenta, y del cual el mismo cineasta fue artífice. RAIMI nos demuestra palmariamente que esa avalancha actual de remakes norteamericanos de terror esparcidos por todos lados no eran ni el camino ni la consolidación de un estilo viable de hacer las cosas. Eran efectismos que proliferaban por una necesidad básicamente de mercadeo. Acá le voy a robar una frase que se la escuché a EL VECO –el mejor comentarista deportivo del Perú, siendo uruguayo y habiendo pasado los setenta- en alguna ocasión: En el mundo lo que menos abunda son la DEMOCRACIA y los GOLEADORES. Notable expresión plagada de verdad. Yo le aumentaría necesariamente: INTELIGENCIA CINEMATOGRÁFICA. Seguramente RAIMI conocerá algo de democracia y nada de tipos que se embolsan millones de euros por meter una pelota dentro de un arco de fútbol, pero si algo indiscutible guarda en sus funciones cognitivas este digno cineasta norteamericano, es un tipo de ingenio abrumador para ponernos un poco neurasténicos y movernos el piso recreándose a la vez que haciéndonos sus cómplices, y así podernos reír del terror. Hoy por hoy eso es impagable. Son oportunidades magníficas de disfrutar de la verdadera razón del cine: diversión y entretenimiento. La bandera de RAIMI es su simpleza argumental y ésta, el talante de ARRÁSTRAME AL INFIERNO. En este film no hay secretos codificados, ni siquiera misterios complicados. Lo que hay son una notable continuidad de golpes de efecto, es decir, lo que siempre propuso RAIMI en sus supuestos films de terror que terminan siendo esa combinación de géneros y sub-géneros que buscan el efecto del miedo con dosis de humor negro, retratos nauseabundos pero esenciales y lo absurdo de algunas escenas surrealistas. RAIMI pone a prueba nuestro sentido de la persistencia imaginativa y nos invita a entrar en su macabro y animado juego de contrastes, haciéndolo a través de tres elementos muy escuetos para que podamos empaparnos de sus sagaces intenciones de ahondar en el conflicto; un pañuelo, un botón y una mosca. Con esos tres componentes tan insignificantes, usados con una envidiable sutileza, RAIMI nos arma un rompecabezas fílmico tan convincente como aquella ópera prima de hace 27 años en donde hizo casi lo mismo que nos propone ahora pero controlando algunos aspectos –ligados con lo salvaje- que le restarían puntos. El objetivo, agobiar de la manera que sea a la joven protagonista ALISON LOHMAN hasta destruirla recurriendo a cualquier entresijo. Los personajes se enfocan como una cuestión relativa en determinados momentos y fundamentales en otros. Esta vez, RAIMI pone énfasis en objetos con intrínsecos significados y portadores de las momentos más escalofriantes y divertidos del film. También usa de una manera adecuada los sonidos en aumento mezclados con primeros planos para poder causar conmoción y luego dispar la molestia con silencios precisos. RAIMI, le agrega a su propuesta lucidez narrativa al plasmar con fina irreverencia ese miedo adolescente, brutalmente norteamericano, donde los conjuros y maldiciones vienen de otras culturas e idiomas: una anciana gitana de la antigua Europa del Este, una médium Mejicana, un gurú de rasgos árabes dedicado a los rituales de la liturgia demoníaca y un empleado bancario de rasgos orientales. Con respecto a los actores, RAIMI acierta al depender del trabajo del conjunto y no de una o dos figuras que destaquen. Cada quien hace lo suyo y con buena predisposición para lo que quiere RAIMI. Los actores ALISON LOHMAN, JUSTIN LONG, LORNA RAVER, DAVID PAYMER, DILEEP RAO, REGGIE LEE y la mejicana ADRIANA BARRAZA hacen una correcta labor. Quizás la LOHMAN representando a una víctima de la LAMIA y LORNA RAVER como la gitana portadora de la maldición, sean las que aparezcan con mayor continuidad por el guión, pero su contribución es tan buena como cualquiera de los demás. Si existe un escarceo o pugna interpretativa me quedo con LORNA RAVER por sobre los gestos atinados y la carita tímida de la LOHMAN. LORNA RAVER le insufla vida –y también muerte a su personaje- y es merecedora de un halago aparte. Por méritos propios, se ha convertido en una de las grandes villanas del terror: su inquietante aspecto, ya desde su inicial papel de anciana desvalida, la confiere un magnetismo peculiar. Puede que éste se deba a lo bien caracterizado que está el personaje, tanto por ella como por RAIMI, pero lo cierto es que sus minutos, aunque escasos, son estupendos. En cuanto a los apartados técnicos, me pareció muy interesante la banda sonora, tiene alguna falla instrumental menor pero siempre luce coordinada con respecto a la intensidad de las escenas más fuertes. El manejo de cámaras, es muy bueno y variado, muchos tipos de plano, pero justos y ninguno innecesario. Las angulaciones están bien manejadas y todo se registra con la estética debida. Creo que el director de fotografía metió prolijamente su cámara e hizo una pequeña obra de enfoques luminosos oportunos. La dirección artística cumple con su cometido, las locaciones, el macro y micro clima están correctamente diseñados y todo está en perfecto orden. Me gustó la ambientación del cementerio, sus variantes progresivas y no estáticas. El maquillaje de LORNA RAVER es muy bueno. Me pareció correcto el aspecto sonoro, muy interesante la mezcla y la penetración del sonido justo en los momentos más inesperados de cada escena. Los efectos especiales son muy simples pero de una eficiencia envidiable. Lo demás me parece muy normal pero correctamente estructurado. Ojo no estamos hablando de una obra maestra sino de una película de no con abundantes recursos económicos pero muy bien concebida y filmada.
Finalmente, ARRÁSTRAME AL INFIERNO, cumple su labor de entretener al público con una feroz combinación de suspenso, terror sobrenatural y negrísimo humor. Raimi orquesta escena tras escena con la precisión de un cirujano (o la de un carnicero), jugando con las expectativas de la audiencia y sin temor a caer en el absurdo siempre y cuando consiga una reacción del espectador, ya sea un sobresalto, una risa nerviosa o una carcajada incrédula.También es, ante todo, una película que se beneficia de la dilatada carrera profesional de SAM RAIMI y su innata capacidad que corrobora su ingeniosa creatividad, pues, aunque ciertamente típica en su puesta en escena, sorprende tanto en su planteamiento, desarrollo y mucho más aún en su inesperado final. Una propuesta meditada, entera, muy madura y cuya simpleza atraerá no solo a los seguidores de RAIMI sino a todos aquellos que quieren pasar una buena jornada cinematográfica. Recomendable para un entretenimiento entre lo humorístico y lo terrorífico, los dos mandamientos de RAIMI, y decididamente un juego que tienen más que ver con la imaginación o los sueños de la gente. También me atrevería a señalar que con ese artilugio es que RAIMI empieza donde termina la rutina conocida y, como en un nuevo paisaje de sombras, se comienza a avanzar en lo desconocido, lo disimulado, lo que atemoriza o directamente horroriza, y que el cineasta quiere hacerlo vinculante con el público y lo logra con mano firme. A mí me gusta el SAM RAIMI de A SIMPLE PLAN pero éste me causa más intriga por lo que tiene en la cabeza y su forma de expresarlo con tanta desinhibición. Hasta la próxima y cuidado con las brujas o maldiciones demoníacas hoy 31 de octubre.






























































