



























A ese realizador contemplativo, quimérico como lo fue el italiano ROSSELLINI le hubiera encantado apreciar una película tan eficientemente construida sobre la base del ascetismo cinematográfico. HACE MUCHO QUE TE QUIERO, es impresionista, cuidadosa en su pudor narrativo y su registro de cotidianeidad, en el manejo imaginativo de los tiempos muertos, en su extremada certeza del enorme poder expresivo de esos silencios que gritan exclamando lo más mínimo, quizá el paradigma del progreso de la cinematografía que ilusionaba a un sujeto como ROSSELLINI, que hablaba poco pero escondía mucho, ese genio que husmeaba entra la evidencia y la pedagogía, cuando decidió volverse un cineasta de verdad fundando lo que se conoce como el neorrealismo italiano, alejándose de traiciones, y de derroteros fílmicos manchados de sangre. Lamentablemente el devenir de la historia del cine terminó por no darle la razón aunque su obra es estupenda y ha quedado intacta en las memorias de los verdaderos cinéfilos. El cine progresó precisamente en la dirección contraria a lo que pensaba el italiano, es decir, abundancia de efectos especiales, vulgar manipulación de las emociones, iniquidad en los montajes, excesiva exterioridad y poquísimas verdades esenciales asociadas a lo profundo de la imagen... Pues es ese el camino que toma el debutante PHILIPPE CLAUDEL, es decir, una compulsiva dependencia del cadencioso saber hacer que ha caracterizado a los mejores cineastas franceses. El control minucioso, casi metodista, intelectualmente fuerte, de absolutamente todos los elementos que conforman su película, la envuelven de virtudes que no abundan en el cine de hoy. CLAUDEL le imprime esa tonalidad caprichosa, versátil, distinta, de una exquisita sensibilidad artística, ese estilo narrativo que se ensombrece a la vez que se aclara entre matices grisáceos del dolor sin pausa, que denota una lógica coherente, casi aristotélica, que sorprende por su crudeza que se va haciendo adictiva, y que es todo un acontecimiento de la exigencia, del riesgo. Quizá la posibilidad que se vaya a perder entre una caprichosa cartelera que promociona solo AVATAR y ACTIVIDAD PARANORMAL sea lo más probable. Pero en estricto rigor de la verdad, como un cinéfilo porfiado, este es un film que hay que ir a verlo si se quiere apreciar un compacto melodrama en su carrocería narrativa y un fascinante viaje homérico a partir de dos conciencias que fueron heridas. Bajo sus imágenes fluye prolija una corriente de emociones estremecedoras, de verdades esquivas y de sentimientos no pronunciados, que va generando esa chispa que se enciende no para la exclamación exterior sino diseccionada hacia el placer de nuestra interioridad. En esta notable película del francés no abunda la erudición sino las verdades que invaden al sufrimiento humano -ese que nos carcome el interior- como su premisa argumental.
KRISTIN SCOTT THOMAS Y ELSA ZYLBERSTEIN son dos buenas actrices -sobretodo la inglesa- algunas veces desaprovechadas, pero que CLAUDEL les construye personajes formidables. También tiene el mismo rigor con actores secundarios poco conocidos pero que parecen de un nivel artístico competente, sea el marido de ELSA y las dos especies de cortejantes de KRISTIN. La primera toma de la SCOTT THOMAS es de una naturalidad que enmudece. Está excepcional, imparable. Se supone –en la toma- que está esperando en el comedor de un aeropuerto a alguien. Su rostro luce seco, impenetrable, de gesto melancólico, totalmente desprovisto de maquillaje, tiene el pigmento de una piel consumida por el abandono y el acostumbramiento, por el secreto y el distanciamiento. Su delgadez demostrada a través de un abrigo no entallado refuerza el concepto visual: no estamos ante una persona común sino ante un ser distinto. Detrás de esa figura misógina se esconde la soledad por un lado y la oscuridad por el otro. Esa “personalidad” tan plagada de bemoles la mantiene intacta durante todo el desarrollo del film, salvo dos o tres escenas donde la trama la obliga a estallar debido a lo ingobernable de las circunstancias. Me pareció excesiva cuando la gritó a la hija de la hermana que le quiso leer un poema. La gestualidad que luce KRISTIN recuerda lo que hacían con sus rostros actrices de la talla de BETTE DAVIS, MERYL STREEP o KATHERINE HEPBURN en sus personajes más recordados, quizá no por su espectacularidad sino por la contención, o la manera de internalizarlos. Esta escena la remarco porque me parece perfecta, de una identificación brutal con el personaje, y de una espontaneidad que asombra. KRISTIN SCOTT THOMAS es una mujer bella, pero sin maquillaje es bellísima... Luego, llega su hermana menor ELSA -bañada en ternura- la recoge del lugar y la historia empieza a develarse con cautelosa precisión. Preguntas y respuestas que vienen y van pero que no terminan de aterrizar en ese largo tiempo de ausencia en que cayeron ambas. KRISTIN ha estado en prisión cerca de 15 años por decidir la muerte de su hijo enfermo de seis años. Acá se enfoca superficialmente un concepto tan profundo como la eutanasia. KRISTIN es médico y optó por realizar lo impropio. Las hermanas parecen distantes, alejadas de una realidad que las encima dubitativas, abstraídas quizá, aunque ELSA se esfuerza en hacer que la relación vaya reconstruyéndose de a poco. La aloja en su casa y procura que su estancia sea placentera. ELSA tiene dos hijas pequeñas adoptadas, son vietnamitas -otro bombazo argumental- su marido luce nervioso con la presencia de KRISTIN. En ese momento aparece la mano de CLAUDEL para darle una atmósfera intimista al cómodo hogar con la presencia de un anciano que ha perdido el habla pero que representa la buena vibra, y lo articulada que está la familia. Es el padre del marido de ELSA y un personaje de descarga ideal para este tipo de tramas. Ya instalada, KRISTIN y ELSA tienen que luchar juntas por dos cosas que le son prioritarias. Primero, que ELSA tenga una oportunidad de reconciliación consigo misma a través de KRISTIN. Ha pasado demasiado tiempo y esa pareja indivisible que eran cuando niñas ya se ha perdido en el recuerdo lejano. La segunda, lo que podría suceder con la nueva vida de KRISTIN de ahora en más. Cómo evolucionará psicológica y socialmente tanto en el grupo de amigos de ELSA, quizás a través de su guardia de libertad condicional, o en su trabajo. Hay que observar con detenimiento la involución de este personaje policial porque su historia está definida acertadamente. Es en esta búsqueda donde la película se hace fuerte y se mimetiza con el espectador. La historia está contada con soltura narrativa, nunca cae en el desbalance visual ni en la sobre-posición de los diálogos. De fondo se escucha una melodiosa combinación entre dos guitarras, una acústica y la otra eléctrica. Ambas suenan acompasadas sobre el vía crucis interno de KRISTIN. Se van produciendo escenas en donde los personajes se conectan con propiedad y sin excederse. Esto supone un meritorio trabajo de dirección de actores ya que nadie está por sobre nadie y todos aportan con meridiana intensidad al objetivo que propone CLAUDEL, vale decir, contar una historia fuerte y sensible, basada en una puesta en escena meditada, controlada, rigurosa y sobria, que no aburra y nos haga reflexionar de forma consecuente. Una de esas tramas maduras y respetuosas de la vida cotidiana, optimista a pesar de un punto de partida trágico; una historia sincera, de la relación entre seres humanos, que guía a sus personajes principales hacia la luz, el renacimiento del amor y la comprensión.
Finalmente, las intenciones de CLAUDEL se podrían prestar a una extrapolación de la trama a todos los niveles de la vida en que se atenta contra la misma. Por ello estamos ante un guión inteligente que pretende huir de un receptor superficial que busca la típica orquestación trágica, sexista y reivindicativa. Por encima de la defensa del papel de la madre se exhorta el derecho a la vida. Posiblemente ambos derechos se encuentren ligados desde las entrañas de la mujer, que es donde se gesta la vida. Por ello la defensa del derecho de la mujer nunca podrá ser incompatible con la defensa del derecho a la vida, sino que ambos se refuerzan y alcanzan un único significado. KRISTIN pagó con 15 años de su vida física, pero mentalmente estamos ante una evidente cadena perpetua. Es difícil que una madre pueda descansar en paz con ese tipo de carga emotiva. La película, sin embargo, hace un gran esfuerzo por empezar a comunicar el sentido de la libertad y el de la nueva vida, nos dice que todos somos humanos, y como tales, tenemos derecho a las segundas oportunidades. KRISTIN y ELSA están encerradas en un laberinto del que logran salir como hermanas pero redimiéndose una ante la otra. Lo mejor de la película, la interpretación de KRISTIN. Es capaz de expresar mucho sin pronunciar una palabra, sin perder ese aire misterioso. Lo de ELSA es magnífico. Su torpeza, su falsa alegría, su sonrisa siempre está a punto de asfixiarse bajo un torrente de lágrimas, pero no llega a ese dominio expresivo de KRISTIN. Estamos ante una gran historia. El film derrama autenticidad y fidelidad por donde se le quiera analizar, lo cual constituye el armazón que le da equilibrio y estabilidad a la narrativa. Por otro lado, el realizador francés usa la cámara de manera novedosa. Juega permanentemente con los encuadres. Por ejemplo, al principio utiliza muchos primeros planos del rostro de KRISTIN, encerrándola, encarcelándola pero sacándole expresiones magistrales. Luego, los planos son cada vez más abiertos a medida que se reintegra en la sociedad. La cámara apenas tiene movilidad, mientras que filma a los otros personajes con más rapidez. Aunque de fondo hay un planteamiento antropológico cercano al nihilismo y a la desesperanza, CLAUDEL consigue no recargar las tintas en el dramatismo exagerado y molesto, dando a los personajes una humanidad minimalista que salva en cierta medida la película de ese pesimismo que asfixia y aburre. De esta manera, el francés acaba permitiendo brillantez argumental aportando detalles de ternura, deseos de ayudar que hacen que la película haga pensar al espectador sin cerrarle todas las puertas. El drama psicológico es fuerte, pero las hermanas descubren en los valores familiares la válvula de escape a ese dolor que las ahoga. A veces uno se pregunta ¿¿Es importante la familia?? CLAUDEL lo responde de la mejor manera. Secretos que convierten a los conocidos en desconocidos o viceversa. No hay duda, el francés sabe construir personajes y describir emociones sin caer en defectos tan habituales como la cursilería, la pedantería o el hermetismo. Queda la pregunta flotando: ¿¿Se puede ser feliz mirando hacia el otro lado?? Hasta la próxima.
KRISTIN SCOTT THOMAS Y ELSA ZYLBERSTEIN son dos buenas actrices -sobretodo la inglesa- algunas veces desaprovechadas, pero que CLAUDEL les construye personajes formidables. También tiene el mismo rigor con actores secundarios poco conocidos pero que parecen de un nivel artístico competente, sea el marido de ELSA y las dos especies de cortejantes de KRISTIN. La primera toma de la SCOTT THOMAS es de una naturalidad que enmudece. Está excepcional, imparable. Se supone –en la toma- que está esperando en el comedor de un aeropuerto a alguien. Su rostro luce seco, impenetrable, de gesto melancólico, totalmente desprovisto de maquillaje, tiene el pigmento de una piel consumida por el abandono y el acostumbramiento, por el secreto y el distanciamiento. Su delgadez demostrada a través de un abrigo no entallado refuerza el concepto visual: no estamos ante una persona común sino ante un ser distinto. Detrás de esa figura misógina se esconde la soledad por un lado y la oscuridad por el otro. Esa “personalidad” tan plagada de bemoles la mantiene intacta durante todo el desarrollo del film, salvo dos o tres escenas donde la trama la obliga a estallar debido a lo ingobernable de las circunstancias. Me pareció excesiva cuando la gritó a la hija de la hermana que le quiso leer un poema. La gestualidad que luce KRISTIN recuerda lo que hacían con sus rostros actrices de la talla de BETTE DAVIS, MERYL STREEP o KATHERINE HEPBURN en sus personajes más recordados, quizá no por su espectacularidad sino por la contención, o la manera de internalizarlos. Esta escena la remarco porque me parece perfecta, de una identificación brutal con el personaje, y de una espontaneidad que asombra. KRISTIN SCOTT THOMAS es una mujer bella, pero sin maquillaje es bellísima... Luego, llega su hermana menor ELSA -bañada en ternura- la recoge del lugar y la historia empieza a develarse con cautelosa precisión. Preguntas y respuestas que vienen y van pero que no terminan de aterrizar en ese largo tiempo de ausencia en que cayeron ambas. KRISTIN ha estado en prisión cerca de 15 años por decidir la muerte de su hijo enfermo de seis años. Acá se enfoca superficialmente un concepto tan profundo como la eutanasia. KRISTIN es médico y optó por realizar lo impropio. Las hermanas parecen distantes, alejadas de una realidad que las encima dubitativas, abstraídas quizá, aunque ELSA se esfuerza en hacer que la relación vaya reconstruyéndose de a poco. La aloja en su casa y procura que su estancia sea placentera. ELSA tiene dos hijas pequeñas adoptadas, son vietnamitas -otro bombazo argumental- su marido luce nervioso con la presencia de KRISTIN. En ese momento aparece la mano de CLAUDEL para darle una atmósfera intimista al cómodo hogar con la presencia de un anciano que ha perdido el habla pero que representa la buena vibra, y lo articulada que está la familia. Es el padre del marido de ELSA y un personaje de descarga ideal para este tipo de tramas. Ya instalada, KRISTIN y ELSA tienen que luchar juntas por dos cosas que le son prioritarias. Primero, que ELSA tenga una oportunidad de reconciliación consigo misma a través de KRISTIN. Ha pasado demasiado tiempo y esa pareja indivisible que eran cuando niñas ya se ha perdido en el recuerdo lejano. La segunda, lo que podría suceder con la nueva vida de KRISTIN de ahora en más. Cómo evolucionará psicológica y socialmente tanto en el grupo de amigos de ELSA, quizás a través de su guardia de libertad condicional, o en su trabajo. Hay que observar con detenimiento la involución de este personaje policial porque su historia está definida acertadamente. Es en esta búsqueda donde la película se hace fuerte y se mimetiza con el espectador. La historia está contada con soltura narrativa, nunca cae en el desbalance visual ni en la sobre-posición de los diálogos. De fondo se escucha una melodiosa combinación entre dos guitarras, una acústica y la otra eléctrica. Ambas suenan acompasadas sobre el vía crucis interno de KRISTIN. Se van produciendo escenas en donde los personajes se conectan con propiedad y sin excederse. Esto supone un meritorio trabajo de dirección de actores ya que nadie está por sobre nadie y todos aportan con meridiana intensidad al objetivo que propone CLAUDEL, vale decir, contar una historia fuerte y sensible, basada en una puesta en escena meditada, controlada, rigurosa y sobria, que no aburra y nos haga reflexionar de forma consecuente. Una de esas tramas maduras y respetuosas de la vida cotidiana, optimista a pesar de un punto de partida trágico; una historia sincera, de la relación entre seres humanos, que guía a sus personajes principales hacia la luz, el renacimiento del amor y la comprensión.
Finalmente, las intenciones de CLAUDEL se podrían prestar a una extrapolación de la trama a todos los niveles de la vida en que se atenta contra la misma. Por ello estamos ante un guión inteligente que pretende huir de un receptor superficial que busca la típica orquestación trágica, sexista y reivindicativa. Por encima de la defensa del papel de la madre se exhorta el derecho a la vida. Posiblemente ambos derechos se encuentren ligados desde las entrañas de la mujer, que es donde se gesta la vida. Por ello la defensa del derecho de la mujer nunca podrá ser incompatible con la defensa del derecho a la vida, sino que ambos se refuerzan y alcanzan un único significado. KRISTIN pagó con 15 años de su vida física, pero mentalmente estamos ante una evidente cadena perpetua. Es difícil que una madre pueda descansar en paz con ese tipo de carga emotiva. La película, sin embargo, hace un gran esfuerzo por empezar a comunicar el sentido de la libertad y el de la nueva vida, nos dice que todos somos humanos, y como tales, tenemos derecho a las segundas oportunidades. KRISTIN y ELSA están encerradas en un laberinto del que logran salir como hermanas pero redimiéndose una ante la otra. Lo mejor de la película, la interpretación de KRISTIN. Es capaz de expresar mucho sin pronunciar una palabra, sin perder ese aire misterioso. Lo de ELSA es magnífico. Su torpeza, su falsa alegría, su sonrisa siempre está a punto de asfixiarse bajo un torrente de lágrimas, pero no llega a ese dominio expresivo de KRISTIN. Estamos ante una gran historia. El film derrama autenticidad y fidelidad por donde se le quiera analizar, lo cual constituye el armazón que le da equilibrio y estabilidad a la narrativa. Por otro lado, el realizador francés usa la cámara de manera novedosa. Juega permanentemente con los encuadres. Por ejemplo, al principio utiliza muchos primeros planos del rostro de KRISTIN, encerrándola, encarcelándola pero sacándole expresiones magistrales. Luego, los planos son cada vez más abiertos a medida que se reintegra en la sociedad. La cámara apenas tiene movilidad, mientras que filma a los otros personajes con más rapidez. Aunque de fondo hay un planteamiento antropológico cercano al nihilismo y a la desesperanza, CLAUDEL consigue no recargar las tintas en el dramatismo exagerado y molesto, dando a los personajes una humanidad minimalista que salva en cierta medida la película de ese pesimismo que asfixia y aburre. De esta manera, el francés acaba permitiendo brillantez argumental aportando detalles de ternura, deseos de ayudar que hacen que la película haga pensar al espectador sin cerrarle todas las puertas. El drama psicológico es fuerte, pero las hermanas descubren en los valores familiares la válvula de escape a ese dolor que las ahoga. A veces uno se pregunta ¿¿Es importante la familia?? CLAUDEL lo responde de la mejor manera. Secretos que convierten a los conocidos en desconocidos o viceversa. No hay duda, el francés sabe construir personajes y describir emociones sin caer en defectos tan habituales como la cursilería, la pedantería o el hermetismo. Queda la pregunta flotando: ¿¿Se puede ser feliz mirando hacia el otro lado?? Hasta la próxima.












































