viernes, 31 de diciembre de 2010

Elección de la mejor película del año 2010.



















Llegó el momento de seleccionar la MEJOR PELICULA DEL AÑO 2010 de nuestro blog. Es la tercera vez que juntos realizaremos una elección de esta naturaleza. Lamento que muchos hayan abandonado este ejercicio cuyo objetivo es divertido, transparente y democrático. Confirmando lo ejecutado el año pasado, en esta votación se admiten restricciones que resultan esenciales, acordes con los cambios producidos (básicamente por el tiempo que demandó la competición por el curso de cinematografía completo que ganó Úrsula María Gamboa) en este 2010 en el tratamiento del espacio. Las salvedades son las siguientes:

PRIMERO

Se consideran solamente aquellas películas que han sido publicadas y comentadas en el blog. No se considerarán films como los de Ozu, Mizoguchi, Huston etc., además de algunos que no se pudieron postear por razones estrictamente personales, y que tendrían gran chance de ganar. Ej: la tercera versión de TOY STORY de Lee Unkrich.

SEGUNDO

La votación será efectuada exclusivamente por aquellos miembros del blog debidamente registrados. No es una elección abierta sino cerrada. Hay 138 personas que están habilitadas para emitir su preferencia. Se les ha enviado un correo electrónico a cada uno, explicándole las normas básicas y algunos temas muy concretos.

TERCERO

Esta vez no se aceptarán votos en blanco. Hemos preferido que no voten, a tener que encontrarnos con un hecho que no compartimos. Quienes hagan efectiva la violación de la norma, serán excluidos del blog. Este es un consenso a que hemos llegado entre los bloggistas más asiduos.

CUARTO

Es imprescindible que sean lo más específicos posibles. Ejemplo. Mi voto es para LA CINTA BLANCA. Es suficiente con esto. Sé que puede ser inevitable pero hagan su mejor esfuerzo.

Aquel largometraje que obtenga mayores propensiones será el ganador oficial del blog. Es importante señalar que mi voto será el primero en publicarse y no debería de influir de manera alguna en el resultado final. Lo importante de este ejercicio es mantener el criterio democrático de cada participante.

Finalmente, los días de votación son tres. Empieza hoy viernes 31 de diciembre y termina el día domingo 02 del próximo año a las 16.00 PM. El lunes 03 se publicarán los resultados, salvo que la votación esté lista por anticipado. Como siempre, no se tolerarán faltas de respeto e insultos: al blogger, bloggistas, y ni siquiera a la película.

No se publicarán las listas emitidas en otros blogs, revistas o medios que hacen el mismo ejercicio u otro diferente. Quienes lo hagan, su voto no se publicará y será anulado para el conteo final. Las razones se les ha explicado con claridad en el e-mail remitido hace algunas horas.

La relación de las 26 películas en competencia son las siguientes:


LA CINTA BLANCA

UNA PROPUESTA ATREVIDA

RED SOCIAL

A SINGLE MAN

THE ROAD

EL SECRETO DE SUS OJOS

ZONA SUR

LA PONTÍFICE

INCEPTION

DEPARTURES

LA CIUDAD DE LAS TORMENTAS

CRAZY HEART

ROBIN HOOD

EL LIBRO DE LOS SECRETOS

LET THE RIGHT ONE IN

THE BLIND SIDE

LOS AMANTES

EL CUARTO CONTACTO

AN AMERICAN CRIME

SHUTTER ISLAND

PRECIOUS

THE HURT LOCKER

DESDE MI CIELO

INVICTUS

AMOR SIN ESCALAS

SHERLOCK HOLMES


Finalmente, repetirles lo mismo que el ante-año y pasado año. Aprovechar este momento para darles las gracias por el esfuerzo que han desplegado a lo largo del año en la remisión de sus comments. No tengo sino palabras de gratitud para con cada uno de ustedes. Me siento reconfortado de haber sido un humilde gestor aglutinante de una férrea voluntad de colaboración, y que entre todos hayamos logrado conformar un excelente grupo de personas variopintas, pero de una calidad humana excepcional, que se demuestra con luminosa claridad en sus intervenciones. Todos somos el blog, en este espacio no existe nadie mejor o peor. El cine hace que juntemos nuestras sensaciones y las podamos compartir dentro de ese subjetivismo que relativiza la opinión más versada. Muchísimas felicidades a la señorita URSULA MARÍA GAMBOA por ganar el curso completo realizado en la ciudad de Buenos Aires.

Hasta la próxima y que este año 2011 que viene sea mejor para cada uno de ustedes.

domingo, 26 de diciembre de 2010

“La cinta blanca”, los ominosos núcleos de la venganza.







































No debería ser ningún secreto para los que nos gusta esto de la cinematografía, que los deliberes socio-políticos de Michael Haneke abracen un vinculo categórico con lo más sombrío del ser humano en lo general, y a la violencia en lo particular... El austriaco es un cineasta tan ingénito como dialéctico que convierte sus propuestas en una apreciable muestra de género –drama e intriga como condicionantes- a través de una postura reincidente en la contemplación de acontecimientos y personajes nebulosos, intrépidos, y la mayoría de veces infinitos, de donde irradia una extenuación social unida a la evocación de ese talante acomodadizo del quehacer burgués. Nuevamente, Haneke disecciona de un modo entomológico a la culpabilidad, a la represión y a la humillación, todas cubiertas por lo invisible; sea el miedo ancestral, la amenaza constante arropada en un trasfondo vouyerista, o una mirada sui generis que asoma desde una visión pluralista que le abre paso al hallazgo de una realidad fascinante, descobijando las turbaciones, sin restricciones que subviertan lo que estamos percibiendo mientras observamos con atención. Todas estas variantes acomodan las muchas insinuaciones de su lograda puesta en escena. Así mismo, hace un uso congruente de la infracción con fragmentos beligerantes para poner al descubierto la fragilidad de la familia -me viene a la memoria su film Caché- o de una aldea marginal que se fundamentan en la desconfianza, la mentira, la destrucción y la traición, induciéndonos al progresivo alejamiento de sus mecanismos explicativos -La cinta blanca está más cercana a Wolfzeit o La Pianiste-. La intimidación psicológica se tamiza no sólo en la piel de los protagonistas y en las atmósferas de sus historias, sino las traslada con una milimétrica precisión a los confines del espectador, obligado a enfrentarse a un encadenamiento de imprecaciones que resultan invasivas, a ese poder mágico de la imagen que se enfrenta a la palabra y los diálogos, a una inestabilidad que se desploma y/o afirma dentro de un universo soso y/o seductor, al congestionante escrúpulo histórico, a la negligencia sin posibilidad de redención, a una moralidad desmembrada por los fantasmas instalados en el pasado o a los traspiés cuya única solución es la deflagración de la provocación, la amenaza y el fanatismo cuyo común denominador refrenda la violencia. Haneke se desentiende sin que le importe demasiado una posible elucidación, dejando que nosotros seamos los encargados de cavilar con agudeza para determinar el metamensaje de una narrativa con una prolijidad y reparo comparable a una microcirugía cinematográfica. Muchos lo definen como un tipo intransigente, encerrado en su propio laberinto de ideas sectarias etc., pero lo cierto es que con La cinta blanca nos vuelve a dejar constancia de su virtuosismo para provocar el asombro y la radicalidad que mantiene ese estilo vehemente de abordar su cine. El mundo fílmico de Haneke es opresivo porque para él la realidad debe ser expuesta mediante un tono donde la ficción es un muy sencillo subterfugio metalingüístico. Acá su objetivo lo va dibujando con un pragmatismo que supone la confrontación ética y religiosa del hombre antiguo y el actual para con su responsabilidad individual, siempre establecida dentro de una vida asfixiante y plagada de apariencias. Para el austriaco, 100 años de soledad no son nada. Es a no dudarlo la mejor película de este 2010, donde la cartelera volvió a burlarse de los cinéfilos, y nos bombardeo despiadadamente con blockbusters que convocaron mucha masa y poco de materia gris.

La cinta blanca se centra en el año 1913, algunos meses antes de que se produjera la primera guerra mundial. Haneke pareciera fundamentar su propuesta en lo afirmado en 1885 por uno de los filósofos más visionarios de la Alemania del siglo XX, Fritz Mauthner: “Nadie advierte que aquellos pecados cometidos minuto a minuto contra nuestros hijos se constituyen en la esencia de su formación educativa. Pero, en aquellos lugares que han hecho de sus principales instituciones armas que destruyen sistemáticamente el alma y el sentir de estos, absolutamente nada quedará impune”. El famoso imperio alemán (1870-1918) adoctrinó a muchas generaciones de infantes y adolescentes, manipulando espiritualmente a una burguesía que tomaba inusitado poder en lo político y lo económico. Ya en esos momentos los consensos repulsivos que catapultaban un ordenamiento social estadual eran materialmente imparables. El escritor Hermann Hesse, en 1916, refería las relaciones entre profesor y alumno en términos concretos, casi igualitarios. Se preguntaba cuál de los dos era el más tirano o el más verdugo, así como también cuál de ellos corrompía en el otro más parte de su alma y de su vida a través de una conducta que se sustentaba en el ensañamiento y la fatalidad. Existían dos patrones de comportamiento. Uno, el razonable, y el otro, el que se situaba detrás del pensamiento ecuánime. Digamos que en el seno de esa sociedad alemana el pulso entre lo familiar y lo extraño inquietante (teoría sostenida por Freud) no eran sino el anverso y reverso de una misma moneda: lo cordial y lo siniestro. No debería extrañarnos entonces que podamos comprender este nivel de perversidad e indignidad -en un rinconcito comunitario protestante de un país sumido en el fanatismo- a través de este excepcional ejercicio de sutileza que realiza Haneke donde descollan la hipnótica tranquilidad rítmica con que va conduciendo la historia, su maravillosa fotografía en un terso y a veces traslúcido y/o contrastante blanco y negro, y la fenomenal tibieza para sugerirnos la degeneración de cuerpos y de mentes. Esto último nos resulta familiar a los peruanos. Hay un halo magistral de “coherencia tramposa” en esta película, que, quizá no de forma tan sorprendente, nos pone piel de gallina y a la vez nos inclina hacia una mirada apacible de un fenómeno monstruoso. No somos partícipes directos de la vivencia aterradora de los pobladores porque la forma en que Haneke manipula la trama es maestra, pero cualquiera pude llegar a imaginar lo inconcebible sin poder definirlo con precisión por aquella concepción de que los extremos ideológicos que se exponen como paralogismo no son otra cosa que perniciosos grupos de poder con sus delirantes dogmas.

La historia es apasionante porque no se puede ver sino suponer, por lo que no cuenta pero se imagina. Nada es explícito, todo cae en lo irresoluto y ahí radica su grandeza. Es fácil de seguirla ya que no posee baches ni saltos narrativos, Haneke no usa flashbacks, ni nudos de acción que pesen en el desarrollo mismo ni descubran a sus personajes, salvo algunos cuestionamientos morales propios del ser humano. La voz en off que utiliza está puesta con una notable parsimonia y hasta delicadeza. No interfiere ni molesta en absoluto. Lo que si emana con soltura, prolijidad y hasta diría de modo austero es el orden impuesto entre los habitantes del lugar donde un barón, un administrador, un médico, un granjero, un pastor luterano y un maestro son los “elementos claves” que van manejando en forma concatenada el hilo argumental de la película, lo que vendría a ser una multiplicidad de sucesos infrecuentes que nos causan extrañeza, entre accidentes, suicidios, actos de vandalismo, agresiones físicas a mujeres y niños, venganzas familiares, etc. Absolutamente todos los personajes o papeles por pequeños que sean aportan “algo singular” a cada una de las historias que se van moldeando y entrelazando. Algo que llama la atención -en medio de la variedad temática- es la capacidad del cineasta para plasmar algunas escenas que es improbable desviar ni disimular, como la presencia infantil en los momentos de los hechos más resaltantes, la brutalidad que engloba desde un absurdo revanchismo que perturba la fidelidad femenina y su sexualidad hasta la tergiversación de los roles jerárquicos entre adultos o los mismos niños, e inclusive el juego de un romanticismo demostrativo –inusual en Haneke- aplacado por el chantaje de un padre aparentemente bonachón... Una de las imágenes poderosas –hay muchas- que pone en juego el cineasta -que debió llevarse el Oscar- nos deja entrever parte del cuerpo de una mujer –la esposa del granjero- que fallece repentinamente a causa de una inexplicable circunstancia. En un magnífico plano-secuencia –tan largo como estático- podemos ver como son aseadas las extremidades inferiores de su cuerpo antes de velarla, luego la abrupta incursión del marido desconsolado, lográndose escuchar con mucha suavidad -es un sonido finísimo casi imperceptible- cómo algunas voces la lloran alrededor de su lecho de muerte. La escena nos entromete en una sensación inusual de pena y dolor que provoca la pérdida de un ser querido, en la medida en que no muestra casi nada, y por tanto, lo sugiere todo. Hay que saber mucho de psicología, y tener una sensibilidad exquisita para atreverse a maniobrar de esta manera. Haneke sublima esta premisa como lo hicieron otros sobresalientes directores -de fijarnos lo inenarrable- con tanta o más destreza, optando por la ocultación, el fuera de plano, el silencio envuelto en un sonido imaginario, el misterio que aplaca etc., en films de vital fantasía como L'avventura de Antonioni, Picnic at Hanging Rock de Peter Weir. La ambigüedad moral me recuerda a Suspense de Clayton. En el todo –básicamente atmósferas, cotidianeidad, encuadres perfectos, composición medida y depurada- se reflejan algunas pinceladas de dos cineastas admirados por Haneke: Ingmar Bergman con su inolvidable Gycklarnas afton, la inflexible Nattvardsgästerna y The Serpent's Egg, y el gran danés Dreyer con su espectacular Dies irae. Las comparaciones suelen ser odiosas pero en este caso siempre es bueno referenciar algunos autores para aprender lo impensado o repasar lo aprendido. Esta película no es de paladares masivos. Desde ya, es para aquellas personas que sepan apreciar un tipo de cinematografía abismalmente distinta a la que estamos acostumbrados, de mucha profundidad temática y con un alto grado de soportabilidad.

Resumiendo, La cinta blanca es un extraordinario film, la obra maestra del austriaco Haneke, la madurez consecuente de un viejo inteligente y obsesionado, una propuesta dotada de imágenes potentísimas que nos atrapan más por la inquietud de lo que sugieren que por su espléndida narrativa. Su virtuosismo visual se fundamenta en movimientos de cámara acuciosos –y muchos planos fijos- que se conjugan en cada cambio de escena, y de los que se desprenden sensaciones tan incómodas como amenazantes, tan sutiles como reconfortantes. Su plasticidad articula la estética clásica de un bello y adictivo acabado en blanco y negro que le da un matiz histórico adecuado. En esta película no hay actores de prestigio multimillonario. Todos hacen lo suyo con una prolijidad que asombra. El trabajo de los niños es tan fascinante como la pureza de sus miradas. Haneke logra realizar una conveniente interpretación sobre los ominosos núcleos de la venganza o lo que vendría a ser algo parecido: el origen de las conductas autoritarias, las frustraciones y represiones que despiertan los instintos de la punición y la crueldad, además de conseguir hacernos pasar 140 minutos tan hipnóticos como lúcidos, tan apabullantes como aterradores. Y todo, contado con una calma que no aburre sino emociona. La cinta blanca empieza muy bien y termina como corresponde, hecho poco frecuente en este tipo de propuestas. Haneke es un verdadero ejemplo del mejor cine de autor. Su parecido con nuestro Armando Robles Godoy es alucinante. Lo mejor del año sin siquiera dudarlo. Hasta la próxima.