





























La cartelera limeña se caracteriza por su arbitrariedad y no precisamente por su codicia. La publicidad y promoción de aquellas películas a exhibir es sumamente pobre e inconstante, y el segmento al cual va dirigido cae por rebote en un perfecto laberinto de sinrazones. Sólo queda para nosotros -los cinéfilos más exigentes- el circuito cultural como única opción aunque dotado éste de una infraestructura casi repelente pero que en determinadas ocasiones el film amerita la concurrencia obligada. Sin embargo, en el meollo de este desorden bien intencionado también pueden existir una que otra grata sorpresa sin ser ninguna maravilla. Eso es precisamente Absurdistan del productor, realizador y guionista alemán Veit Helmer, quien tiene en su haber dos muy buenos aprontes: Tuvalu, una espléndida e inverosímil citación del género fantástico que se posiciona en la mejor época del cine mudo europeo. Allí, Helmer centra su teoría argumental en expresiones y emociones innovadoras que giran alrededor de dos hermanos que buscan conseguir objetivos contrapuestos a través de un mismo elemento: la piscina que dejó su Padre ciego al morir en un accidente. La poesía que contienen sus imágenes es hermosa sumados a sus colores virados al azul y al verde, ambos tornasolados. Tuvalu tiene claras diferencias con Absurdistan pero dos bloques en común; el enamoramiento en la etapa de la juventud y la sugestiva expresividad de sus silencios sonoros. Su otra película se titula Gate to Heaven y también encuentra el tono onírico del género fantástico bien combinado con el romance dramático y la temática de la inmigración. Cinta de pocos diálogos -una característica puntual del director alemán- donde los sueños, las esperanzas, el amor y el tráfico de personas se entrelazan para darle vida y contexto a la historia. Gate to Heaven se cimenta en un homenaje cuidadoso al cine hindú no solo por cierta parte de su estructura dramática sino por el personaje femenino cuya curiosa imaginación condimenta el plot argumentativo. Veit Helmer demuestra su pericia al convertirse en un astuto malabarista de ilusiones. Con habilidad construye un canto al destino ingrato, agregándole el baile coral del cine que asombra en aquellas cintas que promueve Bollywood. De esta manera cierra una grata propuesta alejada de ese cine alemán convencional y rígido. Esto se puede comprobar a través de otro de los rasgos de Helmer en sus tres films, vale decir, trabajar en locaciones abiertas, con intérpretes provenientes de los países derivados de la antigua URSS. En el film Absurdistan, Helmer aprovecha todo ese caudal heterogéneo de expresividad artística para poder construir una especie de mescolanza cultural que lleva con criterio al género humorístico. El alemán trata en todo momento que Absurdistan se instale en la comedia y esté concebida desde el ingenio. Entonces todo, absolutamente todo, está pensado en términos ingeniosos: la composición de caracteres, el estilo de filmar, la BSO, la lógica sensatez de su narrativa, la fotografía etc. El alemán no puede salirse de su propio molde y enfoca dentro del tono chistoso u ocurrente un film de amor sin amor definiendo a sus personajes -salvo la belleza angelical de la actriz Kristyna Malerova- por los rasgos del desprecio: la fealdad, la ociosidad, el cretinismo, la extravagancia y hasta la estupidez. Pero lo importante es que la combinación funcione y Helmer la hace funcionar. Inclusive, encierra a sus actores y extras -14 familias, 02 jóvenes y una anciana- en una cárcel de disfuncionalidades en donde no les concede ni un milímetro de libertad para intentar escapar de una tirantez argumental que los sentencia -salvo el previsible desenlace- al infortunio de sus destinos. Pero este tipo de cine tiene personalidad controversial. Hay mucha gente que se divierte –es mi caso- y mucha otra que no. Es la misma disensión que en su momento causaron películas como Delicatessen que filmaron los franceses Jean-Pierre Jeunet y Marc Caro en 1991 o siete años más tarde Gato negro, gato blanco del serbio Emir Kusturica. En fin, eso es lo adictivo de la cinematografía, su gran dependencia de la subjetividad. A unos les puede fascinar tal o cual argumento, y otros lo rechazan pareciéndole ridículo… Absurdistan es recomendable para afinar gustos y su extensa simpleza puede ser controversial dependiendo de qué es lo que se esté buscando en términos de entretenimiento. Inclusive, el film empieza con el viejo chiste de la repartición de cerebros -puesta esta vez en el pueblo- y una odisea histórica de los antiguos pobladores en donde apabullaron a los mongoles. Absurdistan es un pequeño pueblo alejado de la civilización, de todo tipo de comodidades y lujos donde vive un grupo de 17 personas entre mujeres y hombres -todos ellos adultos- salvo la anciana y los jóvenes -Tamelko y Aya- que nacieron el mismo día, y que creen que su destino es estar juntos de por vida. La premisa que construye Helmer deriva en un conflicto que puede ser tan absurdo o interesante dependiendo de cómo uno pueda cocinar la historia que está observando, ya que lo posiciona como un elemento seductor que enfrenta a las parejas del pueblo porque se quedan sin una sola gota de agua. Las mujeres -ante la pasividad de sus maridos que otrora gozaron de fama como seres de inocultable virilidad- deciden iniciar una huelga de sexo hasta que vuelva el agua, y si bien esta extrema resolución perjudica a casi todos por igual, Tamelko está especialmente afectado porque el cruce de las estrellas Virgo y Sagitario -que le aseguraba su primera noche de amor y un baño purificador con Aya- dura seis días, y es el período de tiempo para resolver el problema de la sequía. Ahí es donde Helmer teje sus mejores momentos porque hace lo que mejor sabe hacer y no inventa nada nuevo. Utiliza tres narradores en off, uno neutro, a Tamelko y Aya. No existen los diálogos que guíen la trama. Son interminables gags los que conducen el hilo narrativo. Helmer rueda escenas hilarantes y sin excederse. Hace que los hombres del pueblo en su afán por tener sexo lo intenten todo -menos arreglar la tubería de agua- desde llamar a prostitutas, a intentar trasladarse a la ciudad a algún prostíbulo, o incluso iniciarse en el mundo de la zoofilia, pero siempre están ahí sus mujeres para ponerles freno. Mala o buena, Absurdistan es una película que intenta hacer honor a su título y lo consigue.



































