sábado 14 de enero de 2012

“Historias cruzadas”, venas blancas, sangre negra.




































































Han sido incontables las oportunidades en que se han repetido en el cine yankee aquellas historias que atacan a placidez la desigualdad revestida del abuso o lo que supone ser su visión antagónica, es decir, la creencia del débil en la fortaleza de una esperanza liberadora, combativa de una opresión generadora de odios, y siempre situada en los viejos tiempos de la segregación racial sureña. Nosotros comentamos ya hace algunos meses The Great Debaters -un largometraje nunca estrenado en nuestro país- que dirigió y también protagonizó Denzel Washington, donde tocamos con amplitud esta temática ya costumbrista aunque esa vez ligada a la postura educacional. Pues bien, esta semana ha llegado a la cartelera peruana la cinta Historias cruzadas o The Help de Tate Taylor, que ha tenido muchísimo éxito en los EEUU. Acá parece que la gente no ha respondido como se esperaba -los tres primeros días son vitales- y por esta razón me animo a comentarla en el blog para que -especialmente las damas- puedan ir a motivarse y disfrutarla. Historias cruzadas -es posible que el título los confunda- es una buena película, quizá algo extensa en su duración, y demasiado reiterativa en sus nudos de acción, además de estructurada sobre aquellos arquetipos melodramáticos del Hollywood clásico -esta vez notoriamente femenino- ese mismo que se sostuvo firme sobre films de férrea lineatura como In the Heat of the Night de Jewison, To Kill a Mockingbird de Mulligan, Mississippi Burning de Parker, Fried Green Tomatoes de Avnet o Gran Torino de Eastwood. Una película que le cae redonda a los siempre previsibles votantes de la Academia en los próximos premios Oscars. No parece tener chance a ganar en mejor película -considero que hay desproporciones en el seno de la realización- pero en los rubros de actrices protagónicas -Viola Davis está formidable- o secundarias como Octavia Spencer y Jessica Chastain, no sería raro que puedan acceder a las estatuillas. Incluso, Sissy Spacek, quien aparece en contadas escenas del film, cuando lo hace es realmente toda una delicia como cual pastel cocinado por el personaje de la Spencer. Sin embargo, y a pesar que su narrativa posee una fina capa de conciencia acerca de los múltiples contratiempos sociales de su época y lugar -Mississippi era un hervidero- existe un discurso político innecesario, mal empleado por Taylor, quien no parece usarlo como sostén de la relación entre matrona y sirvienta sino como otra carta negativa más en pro de la ofensiva que hacían detonar las indiferencias de las jefas de familia en contra de los derechos de sus pares afro-americanas. Por lo tanto, Historias cruzadas parece escaparse en determinados momentos de la receta clásica que mencionamos líneas arriba, para involucrarse más en un matiz minimalista que se adentra en un paralelismo demasiado dominante así como dependiente entre sirvientas y matronas, quienes se manejan con criterio encausador -partiendo del personaje de Emma Stone- pero que en escenas claves vuelve a ese estilacho algo cursi de mostrarse como en una película rellenada por héroes y anti-héroes casi desconocidos cuyos rumbos nos suponen incertidumbre. Y aunque esto aparente no sonar del todo satisfactorio, la verdad es que son los personajes o las actuaciones -muchas de estas envueltas en una rivalidad no frontal- lo que prima en la puesta en escena. En su discurso melodramático y de corrección política, existe un aire de comedia que pretende no salirse del cliché yankee tanto temático como estético, pero que Taylor parece no poder controlar -no tiene la experiencia suficiente- aunque por motivos aparentes de un guión adaptado, y no propio, el film jamás aparenta irsele de las manos. Es ahí donde se amerita más la interpretación de la Spencer porque es solamente ella la encargada de canalizar con un tempo individual perfecto, una personalidad arrolladora aunque estereotipada todos los momentos de humor negro..... Pues bien, la película se instala en los años sesenta en el sur de los EEUU, exactamente en Jackson-Mississippi, una de las regiones más controversiales en materia de segregación racial junto a Carolina del Sur. La narración en off, enfrascada en una voz quejumbrosa, pertenece a Aibileen –genial interpretación de Viola Davis- una de las muchas mujeres afro-americanas que por generaciones se dedican al servicio doméstico, incluyendo la crianza de los bebes de las familias blancas. Dos asuntos diferentes combinados con cierto temor por Taylor aunque no parece trascender demasiado en los vaivenes del relato. Skeeter -un meritorio trabajo de enlace de la carilinda Emma Stone- una joven blanca de clase alta, algo insociable, que vive con su dubitativa madre, aspirante a periodista o escritora, les propone a las sirvientas que puedan contar sus historias de vida, sus humillaciones -le da voz a quienes nunca la tuvieron- para luego publicarlo todo bajo el sello del anonimato en su primer libro que será editado en la ciudad y luego en el estado. No olvidemos que en la década de los sesenta, el Movimiento por los Derechos Civiles en los EEUU constituyó una larga lucha para que los oprimidos ciudadanos afro-americanos tuvieran acceso pleno a los derechos civiles, y así acabar con la segregación racial. Esta lucha tuvo lugar entre 1955 -con la negativa de un ciudadano afro-americano de ceder su asiento en un autobús a un blanco -conocido como el boicot a los autobuses Montgomery- y el asesinato de Martin Luther King, en 1968…. La infancia de Skeeter -como en la de tantas otras chicas de su edad- tiene aquel ingrediente tierno y emotivo del que Taylor si sabe sacar provecho, es decir, que el papel de la madre natural era asumido por las afro-americanas y criadas, algunas de ellas bastante subidas de peso -lo que no era discriminatorio-. Al principio, el miedo a las represalias -hay un intento por la formación de un grupo aglutinador pero que fracasa, y que Taylor pretende componer no lográndolo- les hace bajar los brazos, pero con la sucesión de despidos y malos tratos se convencen de utilizar el arma blanca ofrecida por Skeeter. Comienza su entrevista con una voluntariosa aunque siempre tristona Aibileen, salvo cuando tiene que escuchar las anécdotas de su amigota Minny -excepcional Octavia Spencer- donde explota en sonrisas y carcajadas. El film se va construyendo alrededor de estos personajes y de sus vidas, testimoniando también una época del lugar y del propio país. Habría que tomar en cuenta la presencia de Jessica Chastain, quien -al margen de una magnífica interpretación- aprisiona en su personaje a la matrona buena, generosa y consecuente. El hecho de no poder tener hijos, y de darle empleo a una despedida Minny -muy al margen de centrarse en un duelo notable con la Spencer- hace más digerible el entripado. La Chastain también le pega a las de su misma clase -la detestan- en una arista que si Taylor logra desarrollar con diligencia...... Hay una pregunta que Skeeter le hace a Aibileen, y que resulta la más importante para que tanto desatino tome vuelo estimulante: ¿¿Qué se siente dejar todos los días a tu hijo con otra persona para ir a criar a los hijos de una familia blanca?? Aquí esta uno de los plots del film que Taylor tiene que hacer explotar y encarrilar con justeza. Si bien el tema de la segregación va conduciendo la trama a decenas de interrogantes, la gran tarea del director es hacerlas no solo fluidas sino decididamente vivenciales, sugerentes y emotivas. No tiene sentido si una afro-americana era considerada por la gente adinerada –y blanca- un ser indigno ¿¿Cuál es esa razón tan poderosa que se establecería en sus conciencias para que confiaran a sus hijos a dicha gente con semejante tara?? Por eso es que la película no solo debe ser un concierto calculado de sufrimiento e injusticia de sus potenciales víctimas, sino tener imaginación para que todo lo malo o bueno de ambas partes deban obligadamente de conformar un todo perfecto donde los nudos que crea Taylor tanto de los duelos entre sirvientas y matronas, matronas con matronas, y sirvientas con sirvientas -acá Taylor no instala un solo conflicto entre estas- puedan ser resueltos mediante una narrativa sencilla pero repleta de imágenes que no sólo transmitan un orden de los hechos que se plantean sino de sus formas y contenidos. Sucede así en casi todo el film pero no en todas sus secuencias ni escenas principales. Tal es así que Taylor tiene que irse a 143 minutos cuando un director ducho lo hubiera resuelto máximo en 110 minutos. Todos sabemos que cuando de ambientar grandes producciones de época, los yankees no suelen tener competencia. Por lo tanto, la apuesta que se hace con The Help en manos de Taylor, no es mala pero tiene sus bemoles. Testimoniar acontecimientos del pasado dice mucho acerca de quien o quienes lo hacen, y en este caso es el casting –seguramente escogido por Taylor- el que supera a la dirección del film. 100% película de personajes. Viola Davis y Octavia Spencer personifican con maravillosas performances las dos caras de una misma moneda, convirtiéndose desde un principio en el símbolo de la contención. Una desde sus silencios que gritan igualdad, y la otra con su atrevida verborragia y mirada amenazante que absorbe castigos que no la amilanan sino que la reafirman en su actitud hermosamente combativa. Detrás de ellas una imprescindible y querendona Jessica Chastain quien mezcla inocencia, inadaptación, dolor y sensualidad para sacudir con aires de frescura las armazones de la sociedad feminoide local, tan llena de impulsos y hábitos discriminantes logrando ser una aliada de la solidaridad y de su propio rechazo. Por eso es que The Help es una buena película, hay que ir a entretenerse al cine por sus notables personajes, porque ellos hacen y deshacen sus propias tenacidades e impotencias, y porque sobre toda las cosas, se toca el trabajo de las personas, algo que estaba en agenda, y que Taylor esconde y saca a la palestra sólo por ratos. Debería ser una de las nominadas a mejor película, y mejores actuaciones femeninas en los Oscares del 2011.