sábado, 11 de agosto de 2012

“The Cranes are Flying”, del arrebato romántico al espanto bélico.








































El cineasta ruso Mijail Kalatozov -originalmente Kalatozishvili- nació en Tbilisi en 1903 y falleció en Moscú en 1973. En 1969 fue distinguido como Artista Popular de la URSS. Empieza a trabajar  el mundo del cine en los años 20, en diversas funciones como actor, etc. Su debut como ealizador llega en 1928 codirigiendo con Nutsa Gogoberidze el documental Su imperio, elaborado con material procedente de noticiarios cinematográficos. Será en 1930 cuando dirija en solitario el documental La sal de Svanetia, sobre las duras condiciones de vida de los habitantes de esa región caucásica. En 1941 realiza el film biográfico Valeri Chkalov, sobre un piloto de pruebas que culminó un vuelo bajo el puente de la Trinidad de Leningrado. En 1950 dirige el drama El complot de los condenados, sobre una conspiración en un país del Este recientemente liberado por las tropas soviéticas. En 1955 realiza el drama social El primer escalón, sobre un destacamento de jóvenes del Komsomol que van a cultivar tierras en Kazajistán. En 1957 dirige su obra más reconocida, el drama Cuando pasan las cigüeñas o The Cranes are Flying, a partir de la obra de Viktor Rozov, Eternamente vivos, con la que lograría la Palma de Oro en el Festival de Cannes de 1958. En 1959 rueda el drama La carta no enviada, film que al igual que el anterior protagonizó la actriz Tatyana Samoilova. En 1964 dirige Soy Cuba, coproducción cubano-soviética realizada pocos años después del triunfo de la Revolución Cubana, cinta con interesantes aportaciones técnicas merced a una nueva colaboración del operador Sergei Urusevski con Kalatozov. Su última película como director llega en 1969, la coproducción italo-soviética La tienda roja, sobre la trágica expedición del dirigible capitaneado por Umberto Nobile. Pues bien, por las calles de Moscú pasean dos jóvenes enamorados, Boris y Verónica, que están decididos a casarse. Mientras Boris acompaña a Verónica a su casa, vuela sobre ellos una bandada de grullas, en forma de cuña, tal vez un presagio de la próxima partida del joven. Verónica vive con sus padres, mientras Boris vive con su padre, su abuela, su hermana Irina y su primo Mark. Al día siguiente estalla la guerra, y mientras los dos jóvenes están en casa llega un amigo, Stepan, quien le comunica a Boris que han sido aceptados como voluntarios. Boris explica a Verónica que no le había informado que se presentaba voluntario para no estropear su cumpleaños que se celebraba al día siguiente. Boris ha de partir al frente y le deja a su abuela un regalo de cumpleaños para Verónica, una ardilla -apodo con el que llama a la joven- de juguete con una cesta en la que esconde un mensaje para ella, por si no la ve antes de marcharse. Verónica llega a la casa de Boris cuando esté ya se ha marchado, y pese a que lo persigue durante el desfile de los voluntarios por las calles de Moscú, no logra darle caza  y no se pueden despedir. Cuando se produce un bombardeo en la ciudad, Verónica acude a resguardarse en el metro, pero cuando regresa a casa ve medio en ruinas el edificio donde vive con sus padres, y observa aterrorizada como su piso ha desaparecido. Fyodor Ivanovich, el padre de Boris, pide entonces a Verónica que se quede a vivir con ellos. Verónica intenta hacer enfrente al continuo cortejo por parte de Mark, el primo de Boris, pero finalmente cede y acepta casarse con él. Desde entonces contará con la enemistad de Irina frente a la comprensión del resto de la familia. La compañía en la que sirven Boris y su amigo Stepan sufre un ataque y el joven muere fatalmente mientras auxiliaba a un compañero herido. Mientras Boris cae abatido sueña con la boda que presumiblemente hubiera celebrado con Verónica. La familia de Boris es evacuada a los Urales, donde Fyodor Ivanovich e Irina trabajan como doctores, y Verónica asiste como enfermera. Allí Verónica, infeliz, se da cuenta de que ha traicionado a Boris, aún sin saber que éste ha fallecido. Mientras vuelve a casa después del trabajo rescata de una muerte por accidente a un pequeño niño de tres años, curiosamente también llamado Boris y lo lleva a casa donde empieza a cuidarlo. Una noche Mark, que es pianista, se va de casa a tocar en una fiesta y lleva, como regalo a la anfitriona, la ardilla que Boris regaló a Verónica. Al enterarse de todo esto Verónica corre al piso donde se celebra la fiesta, y recupera la ardilla al tiempo que descubre la carta de amor que Boris había escondido en la cesta. Verónica entiende entonces que ha de abandonar a su esposo y dejar la casa donde vive, pero Fyodor Ivanovich le ruega que se quede, y el que se va de casa es Mark. Días después llega a la casa el soldado Zajarov, para traer la noticia de la desgraciada muerte de Boris. Verónica se resiste a creer que Boris está muerto, puesto que Zajarov afirma que él no lo vio morir. Verónica no puede volver por segunda vez a dejar de esperar a su amado. Pasa el tiempo y la guerra acaba, y a Moscú llegan las tropas de vuelta. Verónica sale ilusionada con un ramo de flores a ver si regresa Boris. La joven corre entre la multitud pero sólo se encuentra con Stepan, su amigo, que le confirma que Boris ha caído en el campo de batalla. Verónica, desconsolada, reparte sus flores entre los soldados, mientras sobre la ciudad sobrevuelan de nuevo las cigüeñas. Sin duda una de las mejores películas soviéticas que lograron conmover al mundo de la cinematografía. Al triunfar la revolución soviética, Lenin señaló al cine como el arte futuro. Décadas después, cualquier rastro de iniciativa creadora estaba apisonado por Stalin, tras cuya muerte comenzaron síntomas de descongelación. La película-insignia del rebrote fue ésta de Kalatozov, que en plena Guerra Fría alcanzó distribución en USA. Pero lo que en esta película destaca es la riqueza y modernidad del lenguaje visual, el dinamismo de la cámara animada sin cesar, por un espíritu danzante, coreográfico. Como si fuera la última oportunidad de plasmar la destreza técnica, los conocimientos y recursos acumulados, hay aquí un aprovechamiento total de la grúa y el travelling, la profundidad de las panorámicas, la viveza incansable de la cámara en mano, en lo que se ha encontrado en tiempos que anticipan a la Nouvelle Vague. Temáticamente, es un melodrama profundo e intenso, bien llevado, conmovedor y serio. Ha sido una suerte haberla visto solo porque en algunos momentos la emoción desborda el aguante. Históricamente, sorprende su desenfado, su desafiante descaro cuando trata temas militares y patrióticos en una coyuntura política tan adversa. Y sí, como se señala en la historia, se nota cierta apertura que es explotada con ingenio por Kalatozov. Además la película es una gran producción, hecha con grandes medios materiales, lo que demuestra la llegada de esos nuevos tiempos al cine soviético en la mitad de los años 50. El film, técnicamente es un portento, de una modernidad que asombra. Ha habido escenas, concretamente un plano-secuencia, que he tenido que verla repetidamente porque no podía creer lo que estaba viendo: Verónica va en autobús camino de la casa de su novio para despedirse de él, que se va a la guerra. El plano es corto, desde dentro del vehículo. Ella desciende y se mezcla con la multitud, pero la cámara no para de seguirla lateralmente en lo que parece cámara al hombro de lo más corriente, aunque difícil de ejecutar por la velocidad. Pero es ahora cuando viene lo increíble: la gente se agolpa en las aceras de una avenida por la que circula una columna de tanques, y ella entra en la avenida, se mete por entre los tanques humeantes, mientras la cámara se eleva para captar un plano general de la escena. Y todo ello sin saltos, sin movimientos extraños que indiquen que la cámara se ha subido a una grúa. Es el mismo plano tanto en las estrecheces de dentro del autobús como en la amplitud de una gran panorámica de toda una calle, a vista de pájaro. Es alucinante, no podía creer tal belleza, tal hallazgo narrativo y tal alarde técnico, tan imaginativo de la cámara. Es un perfecto ejemplo de la técnica y el lenguaje al servicio de la expresión dramática. Repito, excepcional film.