domingo, 5 de agosto de 2012

“The Princess and the Frog”, el retorno a la animación clásica.












































John Musker y Ron Clemens, los creativos y realizadores de films animados para la Disney como The Great Mouse Detective -excepcional propuesta- La Sirenita, AladdinHércules y Treasure Planet, decidieron apostar por lo lógico y seguro, al lanzar ya hace tres años The Princess and the Frog. Y aunque tarde, logré observar anoche un acertado film familiar que por muchas razones deberíamos ver, aunque especialmente porque la puesta en escena es un despliegue de diseño integrado, una muy cuidada producción, un guión sólido, bien estructurado, elocuente y una BSO con canciones realmente bellas. Toda una exquisitez de Disney -de ese tempo antiguo plagado de emociones- y que gracias a que ya no estaba un tal Eisner, volvió a ser lo que realmente era: un reino donde conviven la fantasía y la ilusión de grandes y chicos…. Saliéndonos brevemente del film, cuando uno ve con atención el documental de Don Hahn -uno de los mejores productores que ha tenido la Disney- titulado Waking Sleeping Beauty, es imposible pasar por alto un encomiable análisis del periodo fílmico entre 1984 y 1994, en el que se realizaron cintas como Who Framed Roger Rabbit,  La Sirenita, Aladdin, The Nightmare Before Christmas, El Rey León etc. Aquellos testimonios, anécdotas y hasta discrepancias de influyentes personalidades relacionadas con Disney, pudieron renovar un nuevo frente desterrando con habilidad una posibilidad de desvanecimiento del gran imperio de las películas animadas, que parecía inevitable. En este casi desconocido documental, queda claro que la producción animada no se escapa de los sinsabores de los fuertes enfrentamientos por la consecución del poder entre los productores ejecutivos. Waking Sleeping Beauty promete una historia de cambio que se inició en los momentos más insurgentes de la Disney -los años ochenta- cuando Tim Burton mostró sus condiciones como esteta, al margen de una propuesta que parecía acorralada y agotada, y en la que se foguearon nombres como los de John Lasseter o los mismos autores de la película que comentaremos brevemente: John Musker y Ron Clemens. Uno piensa que nunca se sabrá si existe un sitio para un hombre que modificó el micro-historial de la Disney: Eric Goldberg. Él, es el supervisor animado del Genio, ese personaje que a pesar de tener una energía inacabable, que podía pasar por complemento genuino de Tex Avery, no era nada más que un brilloso enunciado de la incorporación de los logros de Chuck Jones al Canon de Walt Disney, es decir, tiempos nuevos en los que la eterna rivalidad con la competencia era una posibilidad de eclecticismo. Goldberg aparece, y le da vida al Cocodrilo que, de nuevo, es inequívocamente un acierto de Jones. Y eso es lo que respira este cuento de hadas -o princesas- en clave post-feminista, una libertad de partituras musicales que llega a lo sublime con Almost There, una hermosa canción sobre el sacrificio, o la divertida Friends on the Other Side, número soñado con un ojo en la ilustración publicitaria de sensibilidad vintage, lo que demuestra que la (gran) animación es la pureza de un movimiento sinuoso, hecho de una excelsa sensibilidad estética. Un fidedigno tour de force animado que incluye al romanticismo, un villano post-Capitán Garfio que lejos de ser un sujeto poderoso está endeudado, un príncipe azul que no solo necesita ser rescatado sino que representa el pathos del cambio-madurez de la historia, y una idea de un pasado hermosa y constructiva. El New Orleans da pie a las apariciones especiales de Terrence Blanchard y Keith David -la voz del villano- espectacular, llena de un insospechado lirismo. Este regreso a la animación tradicional tiene alguno que otro salto narrativo, pero en pos de la poesía -el entierro de Ray- y de una disfrutable contemporaneidad -la presentación de Ray y el uso invertido del cuento de hadas- que jamás sirve de excusa para justificar una mediocre animación, ya que lo que aquí se vive es un auténtico jolgorio animado, con cierta sensibilidad histórica post-Obama, otra prueba que Disney es actualmente, una especie de izquierda moderada, y de la que Musker y Clemens -autores compartidos de un film inolvidable como The Great Mouse Detective, y otras de hallazgos más dispersos- son todavía capaces de usar los esquemas técnicos no de punta como método de celebrar posibilidades visuales sino de plasmar su película de una sofisticación que pasará desapercibida en cabeza de los despistados, como esas máscaras africanas de Picasso que iluminan al villano o la cita de Bechet y Armstrong  con el cocodrilo Louis. The Princess and the Frog es una delicia en si misma, un cuento de hadas donde la narrativa impone su forma y estilo, sin llevarse nada por delante. Es una postura tranquila, que deja un mensaje claro, y que maneja el melodrama con tanta eficacia como los momentos de alegría, respaldados por una música celestial…. La hija de una costurera negra de New Orleans -a principios del siglo pasado- tiene un don especial para con la cocina, tal como la posee su padre. Ambicionando desde niña tener un restaurante mientras asume dos trabajos en paralelo como camarera, su denodado esfuerzo logra conseguirle el dinero suficiente para comprar el local. Su amiga millonaria está obsesionada con el guapo príncipe Naveen, que va a llegar a la ciudad para posiblemente, casarse con ella. Las casualidades de la vida hacen que un brujo vudú se mezcle con el príncipe y le lance una maldición, convirtiéndolo en sapo y su mayordomo en el príncipe. Pero, esto no es todo, porque aún se enreda y enciende  todavía más la cosa, porque el príncipe, ahora sapo, le da un beso a Tiana y la convierte en rana. Sin duda, una aventura apasionante que nos llevará por los legendarios pantanos Cajun, y en donde encontrarán a un cocodrilo que toca la trompeta y a una particular luciérnaga que también ofrece su amistad a cambio de nada. Nadie que haya disfrutado del Disney de siempre, quedará decepcionado con esta película. Los sueños se hacen realidad en aquella New Orleans. Finalmente, el mensaje de Tiana y de su film de Disney nos recuerda que el éxito se obtiene con esfuerzo, nos habla de las dificultades en el camino, de que puede haber muerte, dolor o sufrimiento, pero que todo se soluciona si uno tiene una perseverancia. También hace especial hincapié en la familia y su importancia. En esta época se necesitaba más que nunca una película así, solo esperemos que los niños que crezcan con ella le presten atención y le capten su esencia. No es tarde aún para aquellos que no la vieron. Imperdible.