sábado, 1 de diciembre de 2012

“Assault on Precinct 13”, un remake que no se esfuerza lo suficiente.
















































































Muchas veces nos quejamos que existe una ostensible ausencia de guionistas y cineastas hollywoodenses, que no atesoran ideas novedosas para la realización de películas, y que forzados por los grandes estudios cinematográficos, deben de adaptar sus destrezas a construir films ya hechos, a los que se denominan remakes. No es una mala idea si de lo que se trata es de igualar o mejorar lo antiguo. El problema surge cuando el remake resulta tedioso, y cuyo resultado es fallido. De eso se trata este posteo, hacer comparaciones entre dos films de mismo título y guión, que tienen más diferencias que similitudes, pero cuyos conceptos vitales buscan objetivos parecidos…. Atraído desde muy jovencito por el arte visual, John Carpenter fue uno de los más importantes realizadores, guionistas y músicos yankees relacionado estrictamente a los géneros del terror, el suspense y el fantástico, cuya prolongada actividad empezó formalmente en los setenta, luego se consolidó en los ochenta y noventa, y que aún sigue en carrera, pero con menor intensidad y fortuna. Su fuerte eran las películas de serie B de bajo presupuesto, y la casi nula utilización de efectos especiales. Destacan Halloween, Assault on Precinct 13, The Fog, Escape from New York, The Thing, Starman, They Live, John Carpenter's Vampires, Escape from L.A, entre otras. Carpenter fue sin duda, uno de los grandes amantes y exponentes del cine de terror, y su obra caló en aquellas generaciones norteamericanas adolescentes que no estaban habituados a este tratamiento del género. Luego, la internacionalización de sus cintas lo hizo famoso –Halloween fue la que hizo despegar al cineasta- lo que reforzó el concepto que algunos de sus films fueron consideradas como obras cinematográficas de culto. Fervoroso cinéfilo y profundo admirador del cine de Howard Hawks y John Ford, Carpenter logró imponer un estilo de filmación y de historias convincentes. Trataremos de establecer semejanzas o diferencias de su film Assault on Precinct 13  con el remake del mismo nombre que llevara a la pantalla el cineasta francés Jean-Francois Richet.  

En la cinta de Carpenter, Anderson es una localidad situada en Los Angeles que acoge una alcurnia de mafias, pandillas juveniles, y bandas de criminales de toda naturaleza. Allí un grupo de policías realiza una emboscada, y liquidan a algunos malhechores. A la mañana siguiente, uno de los hombres más peligrosos del ghetto, Cholo, jura venganza junto con su banda, los Street Thunder, por lo sucedido. Cuando los delincuentes entran en acción se produce un trágico suceso: una jovencita es asesinada por un miembro de la banda, y su padre, Lawson -Martin West- logra matar al ejecutor, lo que enciende al resto del grupo de asesinos. En estado de espanto, Lawson llega a la comisaría de Anderson, que se encuentra a punto de ser clausurada. En el local todavía hay algunos policías, entre ellos el teniente Ethan Bishop -Austin Stoker- que acaba de ser promovido, y ha sido declarado como responsable para darle de baja a la comisaría, junto a otro agente, el sargento Chaney -Henry Brandon- además de dos secretarias, Leigh y Julie -Laurie Zimmer y Nancy Kyes-. Lawson entra en estado de shock y no puede hablar, por lo que los demás no tienen idea de lo sucedido. Al mismo tiempo, un transporte de prisioneros debe detenerse en la comisaría para buscar ayuda médica, ya que uno de los tres detenidos está herido. Los presos son Napoleón Wilson -Darwin Jonston- un criminal condenado a la pena de muerte, Wells -Tony Burton- y Caudell -Peter Frankland- el aquejado. Ellos están bajo la tutela de Starker -Charles Cyphers- un oficial a cargo del transporte. Así es como comienza la noche más larga de sus vidas. Mientras notan que los teléfonos no funcionan, y los presos del transporte son sacados de las cárceles para volver al bus, los Street Thunder aprovechan para empezar a disparar contra la comisaría. En poco tiempo asesinan algunas personas, entre policías y convictos, y solo quedan un puñado de sobrevivientes, sumado el padre de la criatura asesinada. Entre todos los que sobrevivieron al primer ataque de la banda, tendrán que confeccionar una estrategia para librase de los posibles incursiones de los maleantes. Se produce todo un desarrollo y desenlace de gran factura por parte de Carpenter. La filmación es impecable, el elenco luce cohesionado y la puesta en escena es casi perfecta. Assault on Precinct 13  es uno de las mejores films del cineasta aunque no sea una de sus cintas más conocidas. No le dieron el valor que el film tenía en la parte comercial, y quedó para el deleite de los cultores del cine que buscan buenos films, hasta por debajo de las piedras. 

Pues bien, al francés Jean-Francois Richet le tocó actualizar este clásico de Carpenter, cuya esencia de incertidumbre, tirantez y entroncamiento parecieran perderse en el tránsito hacia su propia modernización. Es cierto que hay una tendencia casi irracional de copiar films de hace cierta cantidad de años, básicamente para que las generaciones posteriores puedan acceder a films de época, y para que nosotros –cinéfilos empedernidos- podamos rescatarlas, hacer comparaciones, y luego opinar si vale la pena. En la fiebre del remake, cada día más extendida en el cine norteamericano, uno de los preceptos radica en respetar y mantenerse fiel al espíritu del film original. Esta simple hipótesis, no obtenida en muchos eventos, parece ser no suficiente para que un remake mantenga la coherencia de este vacuo ejercicio repetitivo. En el film de Richet, la idea conceptual y esquemática, sin concesiones a la narrativa, se mantiene e incluso se incrementa desde la perspectiva de la acción, ya que se toma la excusa argumentativa de Carpenter: el asedio sufrido por los ocupantes de la comisaría a punto de cerrar. Hasta aquí muy bien, el respeto y finalidad de lealtad cinematográfica hacia el maestro es innegable. Pero hay algo que parece no funcionar. Tal vez sea que esta revisión no suscita ningún tipo de desasosiego, y de tensión claustrofóbica, debido a que el espectador sabe que donde está el entorno le resulta demasiado familiar. Y es que aunque Richet no se aleje de las frías sombras y disparos, del contexto sofocante en el que la violencia va acrecentándose, el director europeo no ubica la vehemencia y la firmeza en la disposición para supeditar lo significativo a lo trivial, haciendo que las concomitancias entre protagónicos, aislados y destinados a entenderse si quieren sobrevivir, ensombrezcan el tratamiento de la soledad o los soterrados silencios del film original. Parecen existir diálogos desmesurados en los personajes como para que posea la expresividad dramática  que Carpenter le otorga a su versión. Como escribimos al principio, es conocida la adhesión de Carpenter al idealismo implícito de Howard Hawks, y su utilización de la más innata autenticidad del Western. En ese sentido, este remake no ha sido modificado lo suficiente del Western urbano con inclinaciones al thriller, donde los indios, reflejados en una pandilla juvenil en busca de venganza, han sido sustituidos por un grupo de policías corruptos que quieren acabar con el único testigo que puede delatarlos. Así mismo, el fuerte a ocupar ya no es una desértica dependencia policial, sino una destartalada comisaría en pleno corazón de Detroit. Desde el principio, Richet deja claro cómo ha cambiado la sociedad moderna respecto a la de los años setenta. En el film de Carpenter, la raíz del acoso procedía de las ansias de venganza del grupo juvenil hacia un padre que veía como éstos mataban a su hija sin motivo alguno, resarciéndose éste con un disparo que acaba con la vida de uno de los bandoleros. En la actualidad, que una inocente niña reciba un disparo  a quemarropa con un helado entre sus manos, es una imagen poco creíble, nula. La rebeldía de esta juventud encolerizada era lógica, teniendo en cuenta que seis elementos de la banda habían sido acribillados por la policía, situación en la que Carpenter propone la vinculación entre la banda y la policía como una batalla fruto de la ineficacia política de la época. La versión de Richet es mucho más sencilla, sin tanta violencia gratuita, haciendo que la trama gire en torno a los valores éticos, acomodando a una treintena de policías corruptos salvaguardando el pellejo. En la versión de Carpenter, Bishop era el policía bisoño, un supuesto héroe que en su infancia coqueteaba con el delito. En el remake, Bishop se ha convertido en el criminal que se pone de parte de la ley, ya que esto lo beneficia, perdiendo así la figura del irónico y carismático Napoleón Wilson, un interno que se manejaba bajo el instinto de perpetuarse. Quizá sea que la arbitrariedad del remake posicione a los policías como elementos pasivos si lo comparamos con el Cholo de Carpenter. Hay algunas diferencias que hacen que el film de Richet no alcance el brillo de su predecesor. Una de ellas se encuentra  en la exposición de sus personajes. Mientras que Carpenter definió sus roles a través de una insubordinación delineada a la perfección. Richet no parece tener el mismo cuidado y sus personajes son demasiado típicos. Los tres protagonistas de la cinta de Carpenter, Leigh es una secretaria impasible y tenaz, Bishop, el policía negro, y Wilson, no estaban a gusto en el tópico que se les imponía, no encajando en los preceptos que regían. Richet pierde alguna cuota de identidad y claudica ante lo común de una historia que descarrila cualquier intención imaginaria que poseía la película original. El guión de James DeMonaco no tiene el mismo control que sí posee el del Carpenter guionista, que no tiene excesos mayores en los prototipos de sus actores. La excesiva personalización no sólo se etiqueta en el personaje principal y en su acólito Bishop, sino que toca a los secundarios, que toman un protagonismo exorbitante, por ejemplo, una secretaria deseosa de tener sexo con delincuentes, un policía irlandés a punto de jubilarse, un drogadicto irracional, y una negada psicóloga. Esto conlleva a que la innovación que pretende Richet pierda potencia, los recursos argumentales sean escasos, y la superposición de la acción en detrimento de esa atmósfera claustrofóbica que si logra Carpenter, obligue al  cineasta francés a decidirse por los movimientos de cámara continuos, y así tratar de encontrar el ritmo visual adecuado, cosa que sí impone pero no en forma constante. Richet también tiene algunos problemas en el corazón del desarrollo de la trama, apoyándose en un realismo que corta las notables intenciones de insinuación que le sobran al maestro Carpenter, incluso la postura dramática del encierro se invalida con un final a campo abierto que no logra igualar de modo alguno el clímax conseguido por el cineasta yankee, con aquel atrincheramiento en el sótano de la comisaría, y con tan solo unas pocas balas frenan a los agresores. A cambio, Richet brinda un arsenal de escenas de acción, de ráfagas de cine de género bien rodado, con buen pulso y amparado en la presuntuosidad técnica, siempre en función de un espectáculo que termina siendo algo superficial, enérgico y eficaz, eso sí, pero sin la emoción continuada que se requiere en estos casos. No se escuchan tampoco los maravillosos punteos sintetizados del Carpenter músico, que le brinda esa peculiar energía a la acción, ni concurre en su interior una incrédula visión acerca de la tolerante actitud de la sociedad yankee, ni se haya conservado el sentido del humor socarrón  que espolvoreaba el film de serie B de Carpenter, ni se percibe algún signo de inquietud por aportarle algo nuevo a la historia. El cine lo pone Carpenter, y un producto cinematográfico de entretenimiento y comedida intriga es lo que aporta Richet. Por lo tanto, seguimos creyendo que los maestros de la cinematografía no pueden ser superados por sus alumnos, teniéndolo todo al alcance a la mano. El film de Richet no es malo ni fallido, pero no brilla como el que construyó Carpenter 30 años antes. Con todas las ventajas de la modernidad el remake debería superar al film original, hecho que no sucede en la inmensa mayoría de los casos. Recomendable observar las dos versiones.