Este
fin de semana los cinéfilos estamos de plácemes ya que la cartelera limeña luce
sustanciosa y provocativa. Por un lado un fascinante thriller político muy bien dirigido por Ben Affleck, titulado Argo, Con este film, el actor y director
norteamericano lleva al cine la increíble historia de cómo la CIA -encubierta
por la inesperada complicidad de Hollywood- buscó sacar en secreto a un grupo
de diplomáticos yankees de Teherán en 1979 en plena revolución iraní. Producida
por el también actor y director George Clooney, Argo, la tercera cinta
que Affleck dirige después de Gone Baby Gone y The Town se estrena con la
expectativa de poder ser uno de los films nominados a los próximos premios de
la Academia. La película recuerda una de las misiones más románticas de la CIA,
por mucho tiempo clasificada como “secreta” antes de ser revelada en 1997.
Durante la toma de la embajada de Estados Unidos en Teherán, un grupo de diplomáticos
logró escapar por una puerta trasera y huir a la legación de Canadá. Mientras
que 52 rehenes yankees se quedaron atrapados por los revolucionarios
-permanecerían cautivos 444 días, precipitando la derrota del presidente Jimmy
Carter contra Ronald Reagan en 1980- las autoridades buscaron en vano la mejor
manera que los diplomáticos refugiados en la embajada de Canadá pudieran salir
del país sin ser detectados por los rebeldes. Tony Méndez, un agente de la CIA,
propuso entonces una idea estrambótica, pero finalmente aceptada: desarrollar
una falsa producción de Hollywood de una película de ciencia ficción, trasladarse
a Irán a explorar ubicaciones, y regresar a Estados Unidos con los
diplomáticos, haciéndolos pasar como parte del equipo de filmación. Con un
guión brillantemente escrito y con una notable eficacia dramática, Argo
gira en torno al personaje de Méndez -interpretado por el propio Affleck- el
único convencido de su plan. El ex-espía también estuvo involucrado en la
realización de la película, en la que incluso aparece. El film es la historia
real de un hombre real en un mundo real, donde había vidas reales en juego, y
eso la hace sumamente atractiva. Argo logra, y no es poca cosa,
mantener la coherencia de tono entre la descripción a grandes rasgos de la
revolución iraní, la extrema tensión, el peligro de la misión, y la producción
de deliciosas escenas de Hollywood, realizadas por los actores Alan Arkin y
John Goodman.
Para
los chicos se estrena Buscando a Nemo,
pero esta vez en 3D, lo que le va a dar más espectacularidad visual a la proyección del film. Para los que
se entretienen con el terror light va Actividad paranormal 4 continuando con la millonaria saga. Para la
familia hay una muy buena oportunidad con Moonrise Kingdom o Un Reino
bajo la Luna, del prolífico y talentoso Wes Anderson. Esta vez encumbra al
romance de la pre-adolescencia construida con su acostumbrada tonalidad
sarcástica sumada a un intenso desarrollo tragicómico familiar. Anderson está estupendo con su estilo de relato el que se emparenta como si la abuela nos estaría contando un cuento, incluidos detalles y personajes que se descubren unos a otros. Nosotros nos enfocaremos en Polanski quien vuelve a deleitarnos esta vez con un juego de a cuatro personajes que resulta muy entretenido.
Roman
Polanski nos vuelve a inquietar adaptando una conocida obra teatral francesa
filmándola con puntual y renovada maestría usando a la perfección el
Kammerspielfilm entre cuatro paredes. Pasan algunos minutos, y de inmediato
afloran en nuestras mentes el recuerdo de dos notables películas del maestro
Luis Buñuel : El discreto encanto de la
burguesía y El Ángel exterminador, con
los personajes hablando sin parar, enfrascándose en una conversación que crece
sola y los atrapa irremediablemente, impidiéndoles escaparse de la misma.
Polanski filma la cinta en una sola toma, pero con varias cámaras. Ensalza las
virtudes del teatro, pero sin abandonar la técnica cinematográfica. Cuatro
actores de gran nivel y convocatoria que protagonizan cuatro conductas
diametralmente opuestas según las circunstancias que emergen y se complican. Kate
Winslet, como una bróker agresiva y excesivamente afectada, Christoph Waltz, su
esposo, como un abogado desalmado, adicto al trabajo, que se ven obligados a
acudir a la casa del amigo de su hijo buscando una conciliación escrita por la
agresión que este le infringió al hijo de la otra pareja. Por otro lado, un
matrimonio de clase media, prototipo de aquel que se siente acomodado sin
serlo, protagonizado por una puntillosa Jodie Foster, especialista en arte
antiguo y maniática hasta la irrisión, y John C. Reilly como el marido bonachón
y conciliador, vendedor de cisternas, pero con un núcleo interno machista
gigantesco. Pero en realidad, Carnage
o ¿¿Sabes quien viene??, resulta un entretenido
film que expresa y compromete una serie de contratiempos argumentales que
vienen y van fomentados por las dos dobles parejas primero e individualmente
después. La agresión física de los hijos pasa a posicionarse en los padres.
Mientras tanto, Polanski posa su trinchera en un departamento de Manhattan como
espacio vital, y un espléndido atardecer neoyorquino como el efecto de
temporalidad pertinente donde juega al diván malévola e impredeciblemente,
colocando cuatro fichas de lujo en un sustancioso tablero intrincado de
contradicciones y sinceramientos donde quedan literalmente atrapados: Christoph
Waltz y Kate Winslet por un lado, frente a Jodie Foster y John C. Reilly por el
otro, quienes se encargan de cargar las tintas sobre una trama que brilla por su
aspereza, y hasta una templada sucesión de diálogos cuya temática desembarca un
cúmulo de frustraciones y miserias que encajan afinadamente en aquellas
emociones tóxicas -que cualquier ser humano posee- que se transmiten unos a
otros olvidando casi por completo el motivo que los había reunido. Las
actuaciones lucen impecables, los diálogos, ácidos y divertidos, y la trama
deviene en una sátira despiadada a las buenas costumbres y a lo políticamente
correcto, además de golpear de a poco a los trasfondos agresivos de la sociedad
occidental, tan estresada con llevar una muy buena vida. Polanski tiene su
mayor mérito en no inventar nada nuevo sino en encerrar en tan poco decorado, y
a través de una comedia negra notablemente interpretada -Reilly está
formidable- el verdadero drama de asumir con honradez ser padres responsables o
abiertamente indiferentes. Agita con suave destemplanza esa innata sensación donde
la agresión se esconde quisquillosa detrás de la cortesía o de las buenas
maneras adultas. Claro está que los padres son responsables en cierta
proporción por los errores que sus hijos cometen -más aún si estos son chicos
todavía- pero Polanski sabe que ese no es el mejor camino para motivar el
conflicto, y opta por el desarrollo de la neurastenia depresiva de cada uno de
sus cuatro personajes que aunque conforman parejas dispares dejan en claro que
primero son seres personalísimos. Polanski enlaza la acción con tres elementos
pensados con inteligencia: un tal Walter, la madre enferma de Reilly y el
teléfono Smartphone que porta Waltz. También filma y edita magníficamente el
vómito de Kate Winslet, ciertamente lo más llamativo que hace la inglesa en el
film. Quizá Waltz no llegue a la calidad interpretativa de Reilly pero es fácil
deducir que Polanski le saca todo el jugo a su personaje para beneplácito de
los espectadores. Foster -como siempre- hace lo suyo aunque su rol opositor
constante la traiciona por momentos. Polanski expone en esta película un
extenso catálogo sobre las vanidades y los valores cuestionables de la actual
cultura yankee. Ni más ni menos. El francés sigue siendo un genio de la
precisión temática, la identidad y el detalle pese a su edad y/o problemas
legales con los norteamericanos..... Una nueva película de Polanski siempre es
una excelente oportunidad de ver buen cine. Un autor que domina todos los
géneros, aunque casi todas sus cintas tienen en común la angustia, el encierro
y la opresión que sufren sus protagonistas. En Carnage o ¿¿Sabes quién
viene??, también ocurre algo parecido, aunque con ciertos matices. Los
cuatro protagonistas que intervienen dan la impresión que nunca podrán acabar de
polemizar o explorar sus personalidades fallidas, entrecruzando
innecesariamente posturas y opiniones, pero es justamente en el universo
laberíntico que forman donde la adaptación de Polanski adquiere brillo y un
estilo narrativo sugerente. Género que toque o combine, Polanski siempre se
sale con la suya.







































































