sábado, 27 de octubre de 2012

“¿Sabes quién viene?, Polanski y sus emociones tóxicas.




































Este fin de semana los cinéfilos estamos de plácemes ya que la cartelera limeña luce sustanciosa y provocativa. Por un lado un fascinante thriller político muy bien dirigido por Ben Affleck, titulado Argo, Con este film, el actor y director norteamericano lleva al cine la increíble historia de cómo la CIA -encubierta por la inesperada complicidad de Hollywood- buscó sacar en secreto a un grupo de diplomáticos yankees de Teherán en 1979 en plena revolución iraní. Producida por el también actor y director George Clooney, Argo, la tercera cinta que Affleck dirige después de Gone Baby Gone y The Town se estrena con la expectativa de poder ser uno de los films nominados a los próximos premios de la Academia. La película recuerda una de las misiones más románticas de la CIA, por mucho tiempo clasificada como “secreta” antes de ser revelada en 1997. Durante la toma de la embajada de Estados Unidos en Teherán, un grupo de diplomáticos logró escapar por una puerta trasera y huir a la legación de Canadá. Mientras que 52 rehenes yankees se quedaron atrapados por los revolucionarios -permanecerían cautivos 444 días, precipitando la derrota del presidente Jimmy Carter contra Ronald Reagan en 1980- las autoridades buscaron en vano la mejor manera que los diplomáticos refugiados en la embajada de Canadá pudieran salir del país sin ser detectados por los rebeldes. Tony Méndez, un agente de la CIA, propuso entonces una idea estrambótica, pero finalmente aceptada: desarrollar una falsa producción de Hollywood de una película de ciencia ficción, trasladarse a Irán a explorar ubicaciones, y regresar a Estados Unidos con los diplomáticos, haciéndolos pasar como parte del equipo de filmación. Con un guión brillantemente escrito y con una notable eficacia dramática, Argo gira en torno al personaje de Méndez -interpretado por el propio Affleck- el único convencido de su plan. El ex-espía también estuvo involucrado en la realización de la película, en la que incluso aparece. El film es la historia real de un hombre real en un mundo real, donde había vidas reales en juego, y eso la hace sumamente atractiva. Argo logra, y no es poca cosa, mantener la coherencia de tono entre la descripción a grandes rasgos de la revolución iraní, la extrema tensión, el peligro de la misión, y la producción de deliciosas escenas de Hollywood, realizadas por los actores Alan Arkin y John Goodman. Para los chicos se estrena Buscando a Nemo, pero esta vez en 3D, lo que le va a dar más espectacularidad visual a la proyección del film. Para los que se entretienen con el terror light va Actividad paranormal 4 continuando con la millonaria saga. Para la familia hay una muy buena oportunidad con Moonrise Kingdom o Un Reino bajo la Luna, del prolífico y talentoso Wes Anderson. Esta vez encumbra al romance de la pre-adolescencia construida con su acostumbrada tonalidad sarcástica  sumada a un intenso desarrollo tragicómico familiar. Anderson está estupendo con su estilo de relato el que se emparenta como si la abuela nos estaría contando un cuento, incluidos detalles y personajes que se descubren unos a otros. Nosotros nos enfocaremos en Polanski quien vuelve a deleitarnos esta vez con un juego de a cuatro personajes que resulta muy entretenido. 

Roman Polanski nos vuelve a inquietar adaptando una conocida obra teatral francesa filmándola con puntual y renovada maestría usando a la perfección el Kammerspielfilm entre cuatro paredes. Pasan algunos minutos, y de inmediato afloran en nuestras mentes el recuerdo de dos notables películas del maestro Luis Buñuel : El discreto encanto de la burguesía y El Ángel exterminador, con los personajes hablando sin parar, enfrascándose en una conversación que crece sola y los atrapa irremediablemente, impidiéndoles escaparse de la misma. Polanski filma la cinta en una sola toma, pero con varias cámaras. Ensalza las virtudes del teatro, pero sin abandonar la técnica cinematográfica. Cuatro actores de gran nivel y convocatoria que protagonizan cuatro conductas diametralmente opuestas según las circunstancias que emergen y se complican. Kate Winslet, como una bróker agresiva y excesivamente afectada, Christoph Waltz, su esposo, como un abogado desalmado, adicto al trabajo, que se ven obligados a acudir a la casa del amigo de su hijo buscando una conciliación escrita por la agresión que este le infringió al hijo de la otra pareja. Por otro lado, un matrimonio de clase media, prototipo de aquel que se siente acomodado sin serlo, protagonizado por una puntillosa Jodie Foster, especialista en arte antiguo y maniática hasta la irrisión, y John C. Reilly como el marido bonachón y conciliador, vendedor de cisternas, pero con un núcleo interno machista gigantesco. Pero en realidad, Carnage o ¿¿Sabes quien viene??, resulta un entretenido film que expresa y compromete una serie de contratiempos argumentales que vienen y van fomentados por las dos dobles parejas primero e individualmente después. La agresión física de los hijos pasa a posicionarse en los padres. Mientras tanto, Polanski posa su trinchera en un departamento de Manhattan como espacio vital, y un espléndido atardecer neoyorquino como el efecto de temporalidad pertinente donde juega al diván malévola e impredeciblemente, colocando cuatro fichas de lujo en un sustancioso tablero intrincado de contradicciones y sinceramientos donde quedan literalmente atrapados: Christoph Waltz y Kate Winslet por un lado, frente a Jodie Foster y John C. Reilly por el otro, quienes se encargan de cargar las tintas sobre una trama que brilla por su aspereza, y hasta una templada sucesión de diálogos cuya temática desembarca un cúmulo de frustraciones y miserias que encajan afinadamente en aquellas emociones tóxicas -que cualquier ser humano posee- que se transmiten unos a otros olvidando casi por completo el motivo que los había reunido. Las actuaciones lucen impecables, los diálogos, ácidos y divertidos, y la trama deviene en una sátira despiadada a las buenas costumbres y a lo políticamente correcto, además de golpear de a poco a los trasfondos agresivos de la sociedad occidental, tan estresada con llevar una muy buena vida. Polanski tiene su mayor mérito en no inventar nada nuevo sino en encerrar en tan poco decorado, y a través de una comedia negra notablemente interpretada -Reilly está formidable- el verdadero drama de asumir con honradez ser padres responsables o abiertamente indiferentes. Agita con suave destemplanza esa innata sensación donde la agresión se esconde quisquillosa detrás de la cortesía o de las buenas maneras adultas. Claro está que los padres son responsables en cierta proporción por los errores que sus hijos cometen -más aún si estos son chicos todavía- pero Polanski sabe que ese no es el mejor camino para motivar el conflicto, y opta por el desarrollo de la neurastenia depresiva de cada uno de sus cuatro personajes que aunque conforman parejas dispares dejan en claro que primero son seres personalísimos. Polanski enlaza la acción con tres elementos pensados con inteligencia: un tal Walter, la madre enferma de Reilly y el teléfono Smartphone que porta Waltz. También filma y edita magníficamente el vómito de Kate Winslet, ciertamente lo más llamativo que hace la inglesa en el film. Quizá Waltz no llegue a la calidad interpretativa de Reilly pero es fácil deducir que Polanski le saca todo el jugo a su personaje para beneplácito de los espectadores. Foster -como siempre- hace lo suyo aunque su rol opositor constante la traiciona por momentos. Polanski expone en esta película un extenso catálogo sobre las vanidades y los valores cuestionables de la actual cultura yankee. Ni más ni menos. El francés sigue siendo un genio de la precisión temática, la identidad y el detalle pese a su edad y/o problemas legales con los norteamericanos..... Una nueva película de Polanski siempre es una excelente oportunidad de ver buen cine. Un autor que domina todos los géneros, aunque casi todas sus cintas tienen en común la angustia, el encierro y la opresión que sufren sus protagonistas. En Carnage o ¿¿Sabes quién viene??, también ocurre algo parecido, aunque con ciertos matices. Los cuatro protagonistas que intervienen dan la impresión que nunca podrán acabar de polemizar o explorar sus personalidades fallidas, entrecruzando innecesariamente posturas y opiniones, pero es justamente en el universo laberíntico que forman donde la adaptación de Polanski adquiere brillo y un estilo narrativo sugerente. Género que toque o combine, Polanski siempre se sale con la suya.    

viernes, 26 de octubre de 2012

“Nothing Personal”, la soledad como única razón de amor y libertad.








































Hay un tema que se toca demasiado, quizás se mal manosee sin tener una razón neutral o ecuánime de hacerlo, sin embargo, cuando dos personas se separan -de la forma que haya sucedido- el hecho y el proceso de la ruptura resultan temáticas tóxicas y compungidas. Siempre lo son y lo serán, y el luto debe uno saber manejarlo. Pareciera la única ley del amor vinculante fracturada, estropeada con una daga hirviendo llamada testarudez, conveniencia, inteligencia y demás calificativos. Nuestro cerebro debe estar en absoluta predisposición de intentar comprender ambas posturas, y muchas veces el acto de pensar supone un sacrificio adicional que consiste en colocarse incómodamente en los zapatos del otro. Si ese ejercicio de descubrir sensibilidades renovadoras no funciona, listo, no hay técnica ni psicólogo que pueda encontrar solución, y todo debe de acabar de forma pacífica aunque no siempre sucede sin cobijar algún tipo de violencia… En el film Nothing Personal -todo un hallazgo racional del cine independiente europeo- de la cineasta holandesa-polaca Urszula Antoniak, se postula acertadamente que no es necesario desmenuzar el conflicto para darse uno cuenta que decisión habrá que tomarse. En la película no interesa si lo vemos o no, si ni siquiera se filmó, o si fue de tal o cual catadura etc. La magia estriba en un aro en el dedo anular, que ya no tiene ningún sentido, una casa desalojada, y una mirada perdida. En los tres primeros planos de la cinta, Nothing Personal ha sido capaz ya de narrar el colapso emocional del género al que corresponde, y que a otros les costaría varias secuencias lograrlo. A partir de ahí, comienza el viaje a ninguna parte, no tanto como un proceso de encontrarse a si mismo, me refiero al lento proceso de autodestrucción, pues toda pérdida, todo cambio brusco, equivale también al menoscabo de una fracción de uno, y asumirlo es desolador aunque no determinante. La Antoniak filma esa parte como un descenso a los infiernos, una imposible vuelta atrás, una causa tan lamentable como lo que su personaje femenil vive en su interior. La cineasta hurga en soledades íntimas con un inspirador dominio de lo visual. Descarta con certeza concesiones al sentimentalismo y golpes inútiles de efecto, para nutrirse de una delicadísima sucesión de ritmos y de silencios exquisitamente modulados, y sobre todo de dos elementos importantes : dos magnificas interpretaciones cuya destreza y elegancia conducen la trama haciéndonos olvidar que su relación la podamos prever, y eso tan abstracto llamado atmósfera, que de alguna manera incuba la coherencia absoluta entre el estilo y el magma dramático. En esa travesía sin retorno, una mujer le pregunta a la chica -no se nos revela el nombre hasta el final- si necesita ayuda. Ella le responde con un odio invasivo contenedor de un dolor atroz en cada frase. Un itinerario emprendido como un intento de rechazar todo lo que se le acerque. La sobriedad de la cámara al hombro impregna cada imagen de un microclima ensoñador, y cada plano parece imposible de concebir si no es tal, y como ha sido la intención de rodarlo. Tal vez sea esa la conjunción perfecta entre el cine y su encuadre, entre el relato soñado y el encontrar la manera adecuada de filmarlo. La simpleza de filmar de la holandesa-polaca supera el preciosismo fotográfico inevitable -los paisajes irlandeses son de una auténtica postal- para entregarnos una visión del lugar, de la tierra, de la lluvia, de los interiores de la casa de Martin, que se siente genuina. Las costas del mar donde recogen él y su acompañante algas, el jardín en el que trabajan ensuciándose las manos, la bahía en la que recolectan langostas, no parecen imágenes calculadoramente cinematográficas -aunque claro que lo son- sino retazos de un escenario natural increíble. Pues bien, una bella pero insurrecta joven holandesa va recorriendo las sendas de Irlanda, casi deambulando, pero disfrutando de la soledad adquirida que necesitaba confirmar en un reposado paraje del gélido y nublado Connemara. En medio de la aventura se encuentra con un hombre maduro, que vive solo en una casa apartada y anclada en una isla hermosa. Ambos están ligados por el concepto que la soledad equivale a libertad. El hombre le ofrece trabajo a cambio de comida. Ella acepta con una condición, no habrá relación entre los dos, solo los unirá el trabajo. Con el transcurrir del tiempo, no tardan en sentir curiosidad el uno por el otro, pero no quieren romper su trato de involucrarse. Su vida simple sigue el ciclo de los días y las noches, el trabajo y el descanso, aunque cada vez se van ablandando, y se acercan más. ¿¿Quién será el primero en romper el trato?? Martin, es un sujeto que ha sufrido la perdida física de su esposa, y que está recorriendo similar travesía, abandonar también su cuerpo como ineludible expresión de la desintegración de su yo. En tales circunstancias no resulta necesario ni interesante comentar acerca de cada una de las rupturas para comprender el grado de intensidad de cada quien. Repito, no importa si no las vemos, si no son filmadas, o fueron de determinada forma. Solamente deben confluir miradas hostiles de dos desconocidos, que se abrazan a la vida en reticente comunión para poder encontrar, al menos, un resquicio de supervivencia capaz de alumbrar una oportunidad. Finalmente, esa relación no estará lejos de aquella pregunta que la mujer le hace a la protagonista durante su peregrinaje. Un ofrecimiento de ayuda que es, en el fondo, la más desesperada de las peticiones, pues cualquier hombre sabe que ayudar a otro ser humano es la única manera de redimirse por completo. Es difícil concebir una historia de amor con tamaña intensidad y valoración conceptual en el drama-romántico que se elabora hoy, porque aquí el género prevalece ante el amor de la gratuidad, del sacrificio mutuo, del compartir cotidiano y de los pequeños detalles. Una relación de la madurez que puede sobrevivir porque viene de dos personas que han bebido del sufrimiento auténtico, de quienes han perdido al ser amado, de aquellos que han aprendido que el salvarse a sí mismos sólo puede venir de lo incondicional del uno hacia el otro. En esa calidad humana que le imprime la cineasta a su obra, y del estilo conque acurruca su relato tiene mucho que ver la interpretación de Lotte Verbeek, un delicioso ángel celestial de la pantalla, capaz de la energía o el vigor más desquiciado como de una sublime delicatessen. La cámara no puede escapar a su embrujo, y en sus matices descansa el poderío emocional de una película simple pero llamativa. Stephen Rea encarna a la perfección el rostro de aquel que lo ha perdido todo, pero que le sigue sonriendo a la vida como adecuada respuesta de quien sabe que está viviendo una oportunidad final. Que el desenlace del film se ajuste o no al convencionalismo no es un pecado cinematográfico, ni un acto de apocamiento. Supongo que se parecerá al desafío de asumir momentos de vida, como motor de las respuestas poco probables de explicar. Podría también ser la continuidad natural que funcione como parate en el errar de una vida que busca el sentido que se extravió con ese anillo en el primer plano de la película. Que incluso esa meta final sea un punto más en el camino, y no el auténtico colofón del viaje que nunca termina. Porque lo que nuestros cuerpos han ideado, lo que han sentido, lo que han experimentado y vivido, se marchará para siempre con nosotros. Pero todo lo que hemos brindado permanecerá en la historia de este mundo como la huella de nuestros gestos impregnados sobre ellos. Ese amor tajante, es ese pequeño milagro que la holandesa-polaca Urszula Antoniak ha sabido ponerlo en generosas y sutiles imágenes, y no desperdiciarlo en diálogos desabridos. Para quienes gustan del buen cine, éste es un film dolorosamente sensible, profundamente hermoso y definitivamente radical.