viernes, 21 de noviembre de 2008

“La otra Reina”, dos mujeres interesadas por el amor de un Rey despiadado.





































INTRODUCCION


En la cinematografía moderna se ha consolidado una tendencia de reconstrucción histórica, que pretende buscar por encima del rigor o la veracidad, el esparcimiento y la distracción. Es por eso que algunos críticos especialistas distinguen y clasifican aquellas películas históricas, que se asientan en los personajes y acontecimientos reales y otras que priorizan las costumbres, sobresaliendo el relato de situaciones imaginarias. Los biopics de grandes personalidades de la política, la religión o el arte, enriquecidas en la mayoría de las veces con una visión lírica sumados a un elemento fantástico, han proveído magnánimos títulos al género. Hasta podría ser comparable a aquellas adaptaciones literarias en las que Shakespeare encabeza las preferencias de la gran mayoría de guionistas cinematográficos. El género histórico, compañero inseparable del cine religioso y del “peplum”, un género fílmico popular de aventuras, ambientado en la época greco-romana y cuyo terminología fue acuñada por la crítica francesa de los años 60 y proveniente del griego "peplo", una especie de túnica sin mangas abrochada al hombro. En Roma hemos asistido a sangrientas producciones e intrigas palaciegas donde el género se nutrió de películas como “Cleopatra” en 1963 de Cecil B. De Mille o “Julio César” en 1953 de Joseph L. Mankiewicz. También se incluyen emperadores trastornados como Nerón en “Quo Vadis” en 1951 de Mervyn LeRoy o “Calígula” en 1979 de Tinto Brass. Héroes como Marco Aurelio Cómodo en “La caída del Imperio romano” en 1964 de Anthony Mann o más recientemente “Gladiador” en el 2000 de Ridley Scott. También ocupan un lugar de honor los films “Spartacus” de Kubrick, “Ben Hur” de Wyler, así como muchas otras propuestas en donde predominan los personajes. Es muy interesante resaltar la tendencia que en las últimas décadas se ha impuesto en el reflejo del género representativo de historias en el cine. Las ambientaciones, la música, el vestuario, y hasta en el cuidado escrupuloso de los más mínimos detalles, al contrario de lo que suele suceder en la películas clásicas en las que se admite cualquier anacronismo. Para mí, la película que ocupa un lugar preferente entre mis favoritas es “Barry Lyndon” en 1975, de Stanley Kubrick, protagonizada por Ryan O'Neal y Marisa Berenson. Es simplemente una apreciación por una cuestión de gustos, aunque sé que hay otras que cinematográficamente y en el reconocimiento popular están por encima de la mencionada.



ACONTECIMIENTO HISTÓRICO


Ana Bolena (1507-1536). Cuando Enrique VIII o Henry Tudor se enamoró de Ana Bolena –de fastuosa belleza y carácter impetuoso- ya no lucía como aquel joven esbelto que había conocido Catalina de Aragón, Reina de Inglaterra y de ascendencia española. Ahora, en su madurez, era un hombre vigoroso que mantenía un atractivo peculiar aunque empezaba a envolverlo la obesidad, como se puede observar en los retratos de la época. Enrique VIII conoció a Ana, cuando frecuentaba la casa de los Boleyn o Bolena. Al poco tiempo, llegó a entablar una relación más frecuente con Ana. Ana Bolena se convirtió en dama de honor de la Reina Catalina. Habría que destacar que antes había ocupado el mismo cargo en Francia, adonde su Padre Thomas Bolena la había enviado en 1519 a los 12 años para situarla en el séquito de la reina Claudia, y allí pulir sus modales cortesanos y el idioma francés que se hablaba preferentemente en la corte inglesa. Enrique VIII se apasionó perdidamente por la bella joven y la cortejó sin que ella accediera a sus requerimientos, aduciendo que solo se entregaría en cuerpo y alma si el Rey la hacía su esposa. Enrique decidido a conseguir a la esquiva joven, solicitó un injustificado divorcio a su mujer, la cual se negó a concedérselo. Entonces solicitó ante la Santa Sede la anulación de su matrimonio con el pretexto de que Catalina había sido la viuda de su hermano Arturo y según la Santa Biblia no debiera haberse realizado por ser nulo de raíz. Pero el Papa Clemente VII, que no quería disgustar nada menos que al Emperador Carlos V, sobrino de la reina a la que se pretendía repudiar, no cedió ante las gestiones del enviado del rey inglés. Ante tal obstáculo, Enrique decidió deshacer las relaciones con el Papado, instauró la reforma en Inglaterra que culminó con la religión católica creando la Iglesia Anglicana, de la que se consagró soberano y jefe. El matrimonio con Ana Bolena necesitaba celebrarse cuanto antes ya que, fruto de su relación extramatrimonial, había quedado embarazada. El Rey esperaba ansioso consagrar el matrimonio y obtener el deseado vástago varón. Según algunos cronistas la alianza ya había sido realizada en secreto. En este sentido nombró a Tómas Cranmer - mano derecha y consejero político del Rey - como arzobispo de Canterbury - legitimó públicamente ese matrimonio, luego de declarar la nulidad del contraído con Catalina, bajo el amparo y la ayuda del parlamento. Así, Ana Bolena fue coronada corno reina de Inglaterra en 1533 a los 26 años. De esta forma se generaba una situación ambigua. Cuando la nueva soberana pasaba en su carruaje por las calles, la mayoría de la gente del pueblo le profería una serie de insultos y abucheos, mientras victoreaban a Catalina, reemplazada por ella e injustamente recluida en un sombrío castillo. Llegó así el día del esperado nacimiento que para desilusión del rey y congoja de la reina, fue una hermosa y robusta niña a la que se dio el nombre de Isabel I, única heredera de Enrique VIII, la cual llegaría a ser Reina y gobernar Inglaterra por 45 años continuos. Detrás de este inesperado nacimiento, los lazos del reciente matrimonio se deterioraron, la ruptura final devino tras un nuevo embarazo, donde la reina dio a luz un niño muerto. La frustrada búsqueda de un heredero varón pareció “un castigo de Dios” ya que se produjo casi conjuntamente con la muerte de Catalina de Aragón. Sumado a ello, el Papa había excomulgado a Enrique y Ana Bolena. A su vez, a la pérdida del favor del rey ante estos hechos se sumaba el nuevo “apasionamiento” del monarca por una joven dama de honor de su esposa, Juana Seymour. Por ese entonces, Enrique murmuraba que se había casado con Ana Bolena influenciado por las brujerías a las que había sido sometido. Y quizá, para librarse de sus malas artes, la hizo encerrar en la Torre de Londres, de siniestra fama. Tras su reclusión, dio comienzo el proceso de enjuiciamiento de Ana, sustentado en causas reales o ficticias para librarse de ella. Al respecto, todavía se discute la fiabilidad de los elementos probatorios ya que tras la finalización del juicio, las pruebas y demás documentos desaparecieron y los incriminados declararon tras horrendas torturas. En cuanto a la reina, ella mantuvo firmemente su declaración de inocencia. El imponente tribunal que la juzgaba estaba presidido por el tío de la acusada, el Duque de Norfolk, y ante él fue acusada no sólo de adúltera por adjudicársele como amantes a cuatro cortesanos sino también de incesto, por supuesta relación carnal con su hermano Lord Roeford. El tribunal condenó a todos por unanimidad y los supuestos amantes fueron decapitados un día antes que Ana –cuya cabeza cayó en el cadalso, cercenada por un sablazo el 19 de Mayo de 1536 a la edad de 29 años-. Aún hoy corre la leyenda que el fantasma decapitado de la reina se aparece en la capilla de San Pedro, situada en la Torre londinense. Al día siguiente, Enrique VIII, vestido de inmaculado blanco, se casaba con su tercera esposa, Juana Seymour. La reina inmolada fue llamada “Ana de los mil días” a causa de que ésa fue la duración de su reinado. Luego de terminar con Juana Seymour, el mujeriego Rey de Inglaterra tuvo tres mujeres más, Ana de Cleves, Catalina Howard y Catalina Parr. 


COMENTARIO PELICULA ‘ LA OTRA REINA ‘ - Justin Chadwick 2008



Quería mencionarles muy brevemente algo que tiene que ver con la película “Anne of the Thousand Days” de 1969, realizada por Charles Jarrott y que importé de España ya hace algunos años en un pack doble de DVD -con otra de las buenas películas del mismo director titulada “Mary, Queen of Scots”-. En el film “Anne of the Thousand Days” - muy superior a la obra del debutante Chadwick -que no he podido repasar íntegramente ahora y que sí observé hace dos años- la interpretación de Richard Burton como Enrique VIII es infinitamente superior a la de Eric Bana quien interpreta al mismo personaje en “La otra Reina”. Burton hace de un Rey verdaderamente despiadado, brutal e inhumano -cuyo protagonismo político es muy interesante- cosa que no logra Bana, muy encasillado y sin posibilidades de lucimiento. La actriz que sí está a la altura de Geneviève Bujold -recordada mujer de los gemelos protagonizados por Jeremy Irons en el film “Dead Ringers” de David Cronenberg - y que interpreta a Ana Bolena en el film de Jarrott, es Natalie Portman que junto a Scarlett Johansson, Kristin Scott Thomas y Ana Torrent destacan con nitidez en el film. No vayan a creer ni por asomo que “La otra Reina” es un film histórico magistral y prodigioso que vaya a revolucionar el género, perfeccionarlo o descubrir la verdad histórica de la Inglaterra del siglo 16. Es una película bien hecha pero nada más que eso. Predomina una historia de personajes que tienen inmensos conflictos entre sí y que llegan a consecuencias inesperadas y extremas. La naturaleza misma de los personajes tiene profundas desavenencias existenciales que sorprenden y se sitúan en un melodrama trágico que va desde la lucha entra las hermanas por el amor rebelde y psicópata del Rey Enrique VIII, pasando por el amor discrepante de las mismas dados los fracasos amorosos de ambas los mismos que nacieron del dictado del corazón pero que fueron interceptados por las aciagas y patriarcales épocas en donde los padres y sus consortes planeaban los matrimonios y los hijos tenían que amar e intentar ser correspondidos según las circunstancias negociadas por sus respectivas contrapartes. La película logra su mayor expresividad artística en cuanto las personalidades tanto de Natalie Portman y Scarlett Johansson confrontan posiciones y se enfrentan por voluntad ajena utilizando artificios y engaños por parte de la Portman y la sinceridad así como el verdadero amor de hermana por el lado de la Johansson. La actuación de la Portman cautiva aunque por la condición de villana y de hermana cariñosa se trate. Es una actriz que tiene ese don de poder situarse con comodidad en el papel que demande y transmite cualquier sentimiento sea este de palabra, gesto o de una mirada cómplice. Aborda con profundidad y consistencia lo duro que la historia cuenta de las andanzas de Ana Bolena y su interpretación es muy convincente, precisa y fascinante. Lo mismo tendríamos que apuntar sobre lo que hace la Johansson, quien es todo lo contrario a la Portman. Su gesto inocente y su belleza física logra encandilar hasta una piedra sin sentimientos como lo era el inefable Henry Tudor. Ella se enamora de un tierno Rey y lo hace entregándonos la sinceridad como el elemento más puro de su eficaz interpretación. El odio, el amor y la conveniencia son aquellos entresijos que las Bolena intercambian entre ellas y lo hacen con la crudeza que encierra la conveniencia por ascender a merced de lo que sea y del alto costo que implica lograr lo que se quiere simplemente por un orgullo desmedido. Ambas tienen una potencia interpretativa muy apreciada pero la Portman la supera por la hondura y dimensión del personaje. Eric Bana no alcanza una lucidez que pueda demostrarnos sus grandes cualidades interpretativas. No actúa mal pero el hacer de villano tiene una dimensión artística que no logra aún este buen actor. Se diría que cumple con su papel pero que el guión no lo favorece de modo alguno. Es una buena película mientras trata acerca de la ambición desmedida envuelta en la soberbia más que despreciable y decorada con un aspecto humano tan vil como la traición entre hermanas que al final son tratadas como mercancías desechables por el opresor y autócrata Rey de Inglaterra. En cuanto al trabajo del director Justin Chadwick hace lo que su noviciado le permite. El ritmo de la película va de menos a más hasta su intenso desenlace final. Si tomamos en consideración el guión adaptado por Peter Morgan -guionista de "La Reina"- de la novela original de la gran escritora Philippa Gregory - quien ha realizado seis novelas de los Tudor y tres acerca de la familia Roses con gran éxito – la realización empieza a flaquear, porque creo que se concentra más en las relaciones familiares de los ambiciosos Bolena, más que en los hechos puramente histórico y políticos que siempre son importantes describir y situar. Chadwick quien debuta como director en el cine con esta película, tiene una muy buena experiencia televisiva que se nota en demasía porque no logra adentrar la historia con pulso narrativo cinematográfico coherente y si logra esas maniobras efectistas de las series de televisión por capítulos. No soy de los que critican abiertamente las películas, pero debo señalar este tipo de circunstancia que cualquiera podrá constatar con facilidad. Sí me agradaron algunas apartados como la fotografía HD de Kieran McGuigan – hay tres tomas extraordinarias - que espero las puedan detectar y disfrutar. La banda sonora de Ed Shearmur también destaca sobre el conjunto aunque quizás si la conceptuamos por secuencia no sería aparentemente la más adecuada para este tipo de film, pero es muy buena y agradable. Por otro lado el vestuario es realmente distinguido, muy elegante y uno de los aciertos del film. Bien editada y el aspecto sonoro acertadamente  mezclado. Para terminar, quiero señalar que los intérpretes están por encima de la dirección del film lo que no debería suceder por una cuestión elemental de autoridad. Creo que con un director con mayor experiencia cinematográfica en este complejo género, la película hubiera logrado su propósito y hubiera sido más inclinada hacia la verdad histórica. Me gustó la película más por las interpretaciones de cuatro mujeres – Natalie Portman sensacional - y los apartados técnicos ya descritos que por la personalidad que le quiere imponer el director. Si hay una escena que me pareció magistral es la que interpreta Ana Torrent - gran actriz española - como Catalina de Aragón, en donde trata de hacer entrar en razón a su esposo Enrique VIII con una elegancia y elocuencia bellísima, una verdadera lección de técnica de interpretación. Saludos y hasta la próxima.


PEPE DERTEANO MUENTE