viernes, 12 de diciembre de 2008

“En el Valle de las sombras”, Haggis aborda el sufrimiento más terrible en la vida de un ser humano.







































EN EL VALLE DE LAS SOMBRAS - Paul Haggis 2007

Cualesquier hecho que encierre dentro de sus propias entrañas la violencia extrema, aquella desproporcionada y cuyas motivaciones sean insignificantes estamos enfrente de un acto indebido que se entremezcla con lo repudiable, lo aterrador y lo vergonzoso. Pero cuando se trata de una guerra inventada, jamás declarada, invasiva e inexplicable, y repleta de inmundicias, de clandestinos sacrificios humanos, como aquellas que suelen construir torpemente los políticos de mentes atrofiadas y codicias desmedidas, pero amparadas en una repelente inmunidad, suelen constituirse dos lados absolutamente distantes de cómo aceptar el conflicto bélico por el lado de los más perjudicados, la de aquellos que esperan impacientes sumidos en la duda y prestándole tiempo a los rezos para que sus seres queridos logren el ansiado regreso y su inconsolable contraparte, aquellos que perdieron la ilusión de vivir, de emocionarse y hasta de soñar porque no terminarán de entender lo que les cambió sus vidas y donde el sufrimiento será eterno porque el destino y la inmoralidad más calcinante les arrebató a los suyos. Pero aquél soldado combatiente que logra regresar a su país de origen tras cumplir con la misión asignada, no logra reportarse encontrándose misteriosamente desaparecido, cualesquier tipo de desconfianza puede repentinamente aparecer en su vida y en la de los suyos. Esta es básicamente la trama principal de la inclemente película “En el Valle de las sombras”. Una búsqueda dramática e incansable vivida por un descarnado padre ex-militar, que ya cargaba sobre sus espaldas la muerte de un hijo mayor también adentrado en la milicia y que se encuentra ante la disyuntiva del conformismo o de la duda moral pero que esta vez no esperará noticia buena o mala, ni respetará la verticalidad de las normas castrenses y saldrá raudo a buscar su verdad no importándole las consecuencias que tendrá que ignorar ni los obstáculos que deberá superar hasta poder hallar la explicación de lo acontecido con su hijo quien se ha eclipsado ahí donde el misterio y el secreto se unen cómplices y encubridores. El guionista, director y productor de esta muy buena película es el canadiense Paul Haggis, quien hizo un más que auspicioso debut en la industria del cine tras haber escrito la adaptación del guión de la premiada “Million Dollar Baby”, película realizada por Clint Eastwood y ganadora del Oscar a mejor película el año 2004, así como mejor director, Clint Eastwood –de quien se comenta que será su sucesor- mejor actriz protagónica, Hilary Swank y mejor actor secundario, Morgan Freeman. Haggis fue nominado ese mismo año para mejor guión adaptado, pero finalmente resignó el Oscar en manos de Alexander Payne por su excelente trabajo con “Sideways” o “Entre Copas”. Al año siguiente, Paul Haggis construyó el famoso guión de la película “Crash” o “Alto Impacto” quien ganó en forma repentina pero con suma brillantez el Oscar a mejor película del 2005. En esa misma ceremonia Haggis perdió con Ang Lee el Oscar a mejor director por “Brokeback Mountain” pero se cobró la revancha del 2004 al adjudicarse merecidamente el Oscar a mejor guión original por la misma “Crash”. En resumen, este ilustre canadiense nacido en Ontario, se convirtió esa noche en la primera persona de la historia de la Academia en escribir los guiones de dos cintas ganadoras en forma consecutivas al Oscar a mejor película. Una conquista nada despreciable que lo ha convertido en uno de los guionistas referentes y más reconocidos de la industria actual del cine. Finalmente, el resto de su trabajo como guionista ha sido muy eficiente ya que ha escrito las historias de películas como; “Banderas de nuestros padres”, 2006, “Cartas desde Iwo Jima”, 2006, ambas de Clint Eastwood, “Casino Royal”, 2006, la primera versión de Daniel Craig como James Bond, “The Last Kiss”, 2007, “En el Valle de las Sombras” y finalmente colaborando en la última película de James Bond “Quantum of Solace”, 2008. En la película “En el Valle de las Sombras”, Paul Haggis no nos habla de la intervención norteamericana en Irak, ni del sueño americano desvanecido o adormitado, tampoco hace apología de la mentira invasora, no nos vende un discurso tácito ni a favor ni en contra de lo inexplicable, no usa su inteligencia narrativa para defender a un inmoral a quien le espera la indolencia y la oscuridad, no se parte la boca con sangre ajena proveniente de inocentes señuelos cuyos padres lo llevaron a la Casa Blanca no para hacer lo que le venía en gana, no nos invita a caminar con los ojos vendados al borde de la cornisa o del abismo, simplemente usa la penumbra y el escenario de la guerra como una metáfora perfecta para explicarnos con sumo detalle y en forma abrumadora como es por dentro ese monstruo indomable y tramposo que define la actitud mezquina e insensible de aquellas autoridades norteamericanas como culpables de la verdadera inacción hacia aquellos que entregaron sus vidas al servicio de esa nación y que los convierte en simples custodios o protectores de la deslealtad, la corruptela y la ociosidad. Aquí si Haggis les da a los norteamericanos un poderosísimo golpe de martillo en donde más les duele, no en el tormento del soldado invadido ni en la inocente sangre iraquí que corre a raudales, sino en el sufrimiento físico y psicológico del soldado propio a quien destruye en vida, derramando la misma sangre pero esta vez sumada al suplicio de sus familiares cuyo infierno si palpitan. Memorable conceptualización. Pero Haggis también relata que no solo que de la hierba mala esta compuesto un desolado y descuidado jardín. Existen seres humanos cuyas acciones rutinarias están gobernadas por valores distintivos y admirables, tan poco usados como la honestidad y la constancia aunque se equivoquen pero involuntariamente. Hank Deerfield -Tommy Lee Jones- y la hermosa detective Emily Sanders -Charlize Theron- son la excusa y contrapeso perfecto para que ese Paul Haggis tranquilo, pausado y calculador pueda controlar sin miramientos al Paul Haggis inquieto, acelerado y desbordado. Porque son justamente este tipo de personajes escritos por el increíble poder intimidante, estremecedor y convincente de Haggis, aquellos dubitativos pero voluntariosos, los condescendientes pero implacables, los sombríos pero esperanzadores, sujetos anhelados que nos perturban y logran emocionarnos brindándonos la inconfundible certeza de lo moral, de lo correcto, de lo legítimo, de lo reconfortante de una equivocación muy humana que se corrige con posterioridad, como aquél policía patrullero acomplejado y tímido envuelto en un uniforme todopoderoso que le distorsionaba su verdadera personalidad, aquél de la variopinta y sensacional “Crash”, interpretado por Matt Dillon, que ante una intervención nocturna se comporta en forma ofensiva pero manipulando seductoramente las piernas de una bella mujer amparándose en la legalidad y causándole una mezcla de placer y odio ante la mirada inerte de su marido impotente, pero que al día siguiente ante un escenario de reencuentro casual con la ofendida y vulnerada mujer, le logra salvar la vida, mirándola a la cara y convenciéndola cautelosamente del arrepentimiento sincero luego de una inminente desgracia tras la volcadura de su automóvil. Pues bien, en esta película Haggis nos demuestra que no le interesa hacer una mega producción ni un memorable largometraje. Inclusive hace inteligentemente un doble enfoque de la corruptela, la militar y la policíaca. Lo que realmente necesita y quiere conseguir con ingenio y tacto es acercarnos a la posición humana más transgresora como a la más consecuente que destilan sus personajes y separarlos del maniqueo desarrollo de una trama enredada en las absurdas disputas de poder entre miembros de todo nivel sea del ejército o policía, y que resultan insulsas y lúgubres. Por eso es que considero que “En el Valle de las sombras” no es una extraordinaria película, y quien quiera analizarla como tal se va meter en una discusión sin sentido. Higgis construye un personaje al que lo dota de virtudes y defectos extremos, de sólidos e indestructibles valores que trata de poner en práctica hasta en los detalles más mínimos, en aquellos casi imperceptibles pero necesarios para la moraleja, cuyo dolor de espíritu es la prueba más cruel y terrible que el supremo creador puso en la conciencia de un mortal, cuya descomunal desgracia la pueda ir domando cautelosamente con una conducta y valentía inquebrantables e invencibles pero a la vez controlada, serena y resignada, Alguno de nosotros podría dudar solo por un instante en reconocer que la vida de un sujeto tan común como Hank Deerfield, que ama con la misma pasión y compromiso tanto a su cercenada y estropeada familia como a su querida patria o al recuerdo de su exitosa labor como militar, pero no a la vida misma, pueda soportar con estoicismo y casi con un macabro sentido de la sumisión y abdicación la forma en que el destino le arrebató la vida de sus dos únicos hijos. Cómo hacer para olvidar esa pena que golpea duro, intensamente y sin descanso el corazón casi destrozado y martillea el alma de un buen tipo que lo dio todo sin condiciones ni retribuciones a cambio. Cómo no identificarnos con la solitaria lucha de un hombre consumido por el sufrimiento y los años contra la inmoralidad de un sistema tan cerrado y tan miserablemente evasivo. Es una sugestiva narración, con diálogos que parecieran de Hemingway, dramáticos, elocuentes, intensísimos, inmisericordes, conmovedores y brutalmente impactantes, contada de la única manera posible, vale decir, pausada, áspera, amarga, cruda y con una lentitud aparentemente desesperante pero rítmica y llevadera. Esa es la nueva propuesta de Haggis, no perfeccionar el estilo de la narrativa clásica y comprobada en mil batallas por su admirado maestro Eastwood, sino confirmarla sin prejuicios pero sumándole el valor agregado de su propia inteligencia le aporta, aquella de la joven escuela del Paul Higgis director y guionista, sencillez, eficacia y constante cambio en todos los planos de la película sin buscar mayores complicaciones , un parsimonioso pero agudo estilo de conducción perfectamente calculado e hilvanado para darnos un final correcto y sin desmanes, un guión tejido con las manos de un artesano ducho utilizando agujas y madejas muy finas que invitan sutilmente a inmiscuirse por completo en la lucha de un personaje nunca tan bien escogido como el inacabable Tommy Lee Jones, una interpretación subliminal para un personaje desbordante, de emociones fuertes. No es un film para analizar la musicalización, la dirección artística y mucho menos el vestuario y las locaciones. Es una verdadera prueba de esfuerzo cinematográfica para el espectador en donde se sigue con los dientes apretados y las manos sudorosas el crecimiento milimétrico y arrollador de la esforzada labor de Deerfield y de Sanders para ir destapando y resolviendo acertijos refinadamente colocados por Haggis para regalarnos dos horas de cine emotivo y enternecedor. Si algo supone grandeza en este film es la brillante y reconfortante actuación de un artista del talento y la genialidad de Tommy Lee Jones en un papel tan complejo y lleno de matices como el realizado. Hace de los momentos más terribles una emocionante y más que convincente caracterización gestual al margen de los diálogos en donde está preciso y sin excesos. No olvidemos que este magnífico actor norteamericano de gesto adusto y ceño fruncido, empezó su carrera en “Historia de Amor”, 1970, junto a Ryan O´Neal y Ali MacGraw, “Quiero ser libre”, 1980, con una jovencísima Sissy Spacek, “JFK”, 1991, con Kevin Costner, “Entre el Cielo y la Tierra”, 1993, una inmensa película recreada en la guerra de Vietnam pero que no se le dio el lugar que merecía, “El Fugitivo”, 1994, basada en la exitosa serie de TV y en donde hace de perseguidor de Harrison Ford. Con este film Tommy Lee Jones ganó un merecidísimo Oscar a mejor actor de reparto, “El Cliente”, 1994, donde comparte roles con la estupenda Susan Sarandon, “Batman Forever”, 1995, “Volcano”, 1997, “Hombres de Negro”, 1997, con Will Smith, su película más taquillera, “US Marshall”, 1998, otra brillante interpretación de un sheriff que logra cazar a un notable Wesley Snipes, “Cowboys del Espacio”, 2000, una entretenida película con Clint Eastwood, Marcia Gay Harden, Donald Sutherland y James Garner, “Hombres de Negro II”, 2002, “The Hunted”, 2003, en donde le aplica una clase de perfección actoral y física a Benicio del Toro, “Desapariciones”, 2004, una hermosa película de amor y redención con Cate Blanchett, “Los tres entierros de Melquíades Estrada”, 2006, quizás una clase magistral de actuación químicamente pura, “Una compañía de Amigos”, 2007, la última cinta grabada por Robert Altman antes de morir, hasta llegar a la gran película de los Hermanos Coen, “No Country for old men”, 2007, donde realiza sin escatimar profesionalismo una estupenda interpretación del Sheriff del condado en donde hace de las suyas el simpático asesino Antón Chigurt protagonizado por Javier Bardem. Como verán, no hay desperdicio alguno y se justifica plenamente acudir al cine a ver esta buena película, pero principalmente para meterse en la piel de Tommy Lee Jones. El año pasado estuvo nominado por la Academia como mejor actor principal por éste film, lo cual es un evidente síntoma de su extraordinaria labor interpretativa. También hay que reconocer el mérito de Charlize Theron quien no destaca tanto como Lee Jones pero que acompaña con una prestancia y seguridad muy propia de la gran artista que es. Lo mismo habría que señalar de la convincente Susan Sarandon, quien aparece en muy pocas escenas –quizás la conversación telefónica con Lee Jones sea la interpretación más conmovedora, convincente y mejor realizada del film- pero lo hace con la justeza y crudeza requeridas. En fin, una muy buena y sugerente película, recomendable, con una actuación descomunal por parte de Tommy Lee Jones y con una dirección prolija y aprovechada al máximo por Paul Haggis. Para terminar, quisiera hacer notar, de donde proviene el título del film en su versión original – “En el Valle de Elah” -porque aparentemente pasa algo desapercibido. Según la estupenda metáfora que, dada las circunstancias, inventa Tommy Lee a David, hijo de Charlize Theron cuando el pequeño tiene que dormirse, a media puerta y a cuento obligatorio, basada en el relato bíblico de la lucha de los israelitas contra los filisteos o palestinos, un niño pastor llamado David llega al pueblo de Israel y le señala al rey Saúl que el podía vencer al gigante que los había retado durante 40 noches seguidas porque el acostumbraba matar leones y osos que devoraban sus ovejas. El rey, algo incrédulo, accede y el niño pastor sin armadura alguna, porque era demasiado pequeño, se enfrentó al descomunal y gigantesco líder del ejército filisteo llamado Goliat, que medía algo más de tres metros, justamente en el “Valle de Elah o de las sombras”. David, quien era la única y última esperanza del pueblo judío pudo derrotarlo lanzándole la primera piedra, de las cinco que tenía, con una honda en el medio de la frente, cuyo impacto le partió el cráneo y el gigante cayó muerto. Tommy Lee Jones le remarca con gran astucia al pequeño que hay que esperar concentrado al enemigo que se acerca furioso y descontrolado y cuando se encuentre a distancia, utilizar la inteligencia y la tranquilidad para disimular el miedo y poder vencer al enemigo. Fue la victoria del débil contra el fuerte. Lástima que sólo sea una leyenda bíblica y que en la vida real el gigante Goliat siempre acabe con el valiente y diminuto David. Bush y una justicia amenazada mandó a la horca a Saddam Hussein por suponer que era un dictador. Ojala que Obama logre lo que todo ser humano busca, la paz y la felicidad de sus semejantes. Un dato, la fotografía es de Roger Deakins, el mismo que hizo nuestras delicias en “El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford”, “Sin lugar para los débiles”, “Una mente brillante” etc. Vayan a ver esta película y les aseguro que la concepción de la interpretación auténtica y genuina del brillante Tommy Lee Jones les pondrá los pelos de punta, en especial en ese memorable final cuando Paul Haggis usa el recuso del izamiento de la bandera – que en un inicio estaba al revés y el compone, pero luego vuelve a izarla patas arriba - que nos revela angustia, socorro y mentira - como arma descalificadora y crítica en contra del sistema político y a ese ejército que finalmente lo engañó. Muchos saludos y hasta la próxima.