sábado, 20 de diciembre de 2008

“Quémese después de leerse”, lo desequilibrado del equilibrado humor negro de los Coen.

















































BURN AFTER READING - Joel y Ethan Coen - 2008
Ayer cuando fui a ver la película, una pareja de enamorados discutía sobre si la película era buena o demasiado tonta. Le pregunté si sabían quienes eran los directores del film y me dijeron que no tenían ni la menor idea. Les di los nombres y les señalé que estos señores se caracterizaban por imponer un estilo visual muy agresivo utilizando una cámara de gran agilidad y que se deslizaba a una velocidad increíble por las grietas o resquicios más inesperados utilizando un bricolaje muy cristalino y a la vez duro. La chica se quedó aturdida y el buenote del muchacho me pidió algunos ejemplos así que terminamos tomando un café. Le dije que escribiera al blog y me señaló que no le nacía pero que aceptaba que le enviase un saludo. Así que para Nicolás y para Andrea espero que ahora si me crean. Tomando este mismo ejemplo creo que los que tenemos una idea más o menos avanzada de lo que significa la cinematografía podemos ver allí donde la gran mayoría no puede. Ventaja o desventaja, no lo sé, simplemente estoy muy orgulloso de hablar de cine y de tener colaboradores como ustedes que pueden darle una forma más prolija a lo que yo pueda aportar. Bueno, luego de esta pequeña introducción con sabor a café colado intentaré comentar lo que realmente se pueda, porque la película es para ir a verla, sorprenderse, entretenerse y olvidarla porque para eso dicen en Hollywood que se les ocurrió realizarla a los hermanos Joel y Ethan Coen. Todos sabemos quienes son los Coen – espero que sí - quizás los hermanos más famosos o los cineastas más respetados y admirados por el grueso del espectador independiente de nuestra devastada galaxia. Conocemos de sus virtudes, sus locuras y desequilibrios, de sus grandiosas películas – NO COUNTRY FOR OLD MEN, FARGO, THE MAN WHO WASN’T THERE, BARTON FINK, THE BIG LEBOWSKI etc. - así como de sus memorables desaciertos, que no llegan a ser del todo malos pero si controversiales. Esta vez reaparecen con una expectativa más que curiosa y luego de haberse regocijado con tres de las estatuillas más preciadas logradas el año pasado. Pues bien, empezaré a redactar antes de quemarme después de leerme. Desde el punto de vista de su guión, la película de los hermanos Coen debería ser considerada como un resplandeciente razonamiento y una entusiasta expresión de lo que todos deberíamos conceptuar y aceptar como el nuevo clasicismo cinematográfico del humor negro. Es casi un hecho que por esta circunstancia, más que por cualquier otra que lo pueda demandar, la película toca fibras eminentemente profundas, sensibles y entrañables de lo que yo le llamaría la extravagante caricatura y la más contundente, singular y evolutiva de las bufonescas y hasta ridículas parodias – tengo forzosamente que recordar al maravilloso Ernst Lubitsch – acerca de una sociedad cuyos integrantes suponen estar tan bien organizados, que nadie se da cuenta del porqué sus instituciones más prestigiosas, así como sus autoridades más representativas se encuentran acosadas y acorraladas por una certera noción primitiva de lo neurasténico y de lo exponencialmente estúpido. Cuando leía la crítica que hace nuestra querida amiga Blanca Vázquez en su blog – se los recomiendo porque está espléndida, ella y la crítica – me encontré con una frase también de los Coen pero de la película “Sin Lugar para los Débiles” y que pronuncia casi al final un desesperanzado y cansado Tommy Lee Jones… “este país tiene una historia bastante extraña y tremendamente sanguinaria además”. Así que pensé, no tengo porqué esforzarme demasiado en pensar y luego aseverar que la historia de los Estados Unidos ha estado tan llena de conflictos raciales, económicos, religiosos, sociales, bélicos etc., que los Coen logran acertar esta vez con el matiz adecuado y un claroscuro –no tan prodigioso como el de Clint Eastwood- pero decididamente bien combinado con aquel sentido del humor negro que los hace exclusivos. Si le sumamos a esto el hecho que a todos nosotros - no hay que ser mojigatos ni disimulados - nos gusta que alguien se burle con categoría de los defectos del otro y lo ponga en el extremo de lo absurdo – más si se trata de los EEUU, sus sistemas de inteligencia y sus cientos de miles de cornudos - la película cumple su objetivo con creces, por lo menos para los que no somos de por allá o creemos que los yanquis provienen de una mezcla entre la tierra prometida con la tierra confiscada. Quizás no sea una de las mejores propuestas de los hermanos Coen, pero en su inclinación por la comedia creo que está a la altura de “El gran Lebowski”, aunque en esta sutil diferencia la trama gire alrededor de un CD con información inservible y en la otra en torno a una alfombra. No nos olvidemos del corto “Tuileries”, ese de cinco minutos que hicieron en “París je t’aime” en donde Steve Buscemi desprecia a la palabra y asombra con la gestualidad.

Cuando me refería a Ernst Lubitsch - TO BE OR NOT TO BE, THE SHOP AROUND THE CORNER, NINOTCHKA, TROUBLE IN PARADISE, DESIGN FOR LIVING, CLUNY BROWN etc. - e intentar compararlo de una intrépida manera con los Coen, quería de alguna manera señalarles lo que se conocía ya hace muchos años como el famoso “Lubitsch touch” o “el toque Lubitsch”, que era una forma de llamar a un estilo inimitable, genuino en el que se imponían la insinuación y la sugerencia que ilustran mucho más que cualquier demostración directa de los conflictos internos de los personajes, es decir, la perfecta utilización de la elipsis. A Lubitsch se le recuerda como el mayor exponente de la “sofisticada comedia norteamericana” en la que los enredos y la humorada son portadores de descripciones particularmente mordaces de una sociedad y sus códigos de valores. Si pueden consigan la película TO BE OR NOT TO BE – una corrosiva sátira del nazismo - y se darán perfecta cuenta de lo que trato de explicarles. Finalmente, Lubitsch tenía una fórmula infalible para la realización de sus filmes. Esta genialidad consistía en hacer sentir inteligentes al público que fatalmente no lo era o que adolecía de la materia gris suficiente para entender sus tramas. Una forma muy estimulante que luego aprendieron los políticos, y que hoy lo padecemos los peruanos, ya sabemos por cual melindroso e impopular personaje. Me tomo la libertad de hacer un chiste referencial porque estamos hablando de un descomunal cineasta cuya vida era la comedia en grado máximo – no los actos sospechados por la justicia ni hacerle hijos a una dama muy respetable, pero que no era su esposa - y aunque ustedes no lo vayan a creer, Lubitsch nació en Alemania, hizo su primera etapa como cineasta allí y estaba inscrito en el partido nacionalista de ese entonces. Luego emigró a los Estados Unidos en 1922 y se hizo grande.

Volviendo a los Coen. Si alguna virtud tienen es que no dejan espacio para la improvisación. No se confabulan con la puesta en escena al azar. Acá hay una posibilidad deliberada de una lógica calculada casi matemáticamente que vinculada a la planificación minuciosa son caminos tanto o más efectivos para no llegar al caos total, aunque la trama de la película nos demuestre lo contrario. Sus actores si suelen tomar algunos riesgos porque parte de su negocio es la genialidad imprevista e improvisada, pero estructuralmente los filmes están concebidos con la perfección de una ornamentación gótica. En el caso de “Quémese después de leerse”, lo que me parece una verdadera lección de construcción narrativa es que – al margen de ser un guión original y complejísimo – tiene muchos personajes protagonistas que están todos enredados entre sí rebotando y triangulando constantemente con historias en paralelo y dependientes que se van situando, anudando y luego definiendo con una permeabilidad asombrosa. Cuando estén viendo la película noten que hay tres mundos totalmente opuestos que también tienen que entrelazarse a través de los empalmes que establecen estos personajes. Justamente articular este tipo de trama en un género como la comedia es sumamente complicada, ya que se debe sostener un ritmo en donde las cadencias de cada sub-trama tienen que mantener el acoplamiento, la potencia y la continuidad del todo. Además existe una combinación de estilos de comedias que no es nada fácil de armonizar y que debe establecerse o mejor dicho reflejarse ante nuestras retinas como una película de humor negro. Es más o menos la dificultad de la selección peruana de fútbol yendo al mundial pero a nivel de escollo argumentativo. No olvidemos que todo lo demás, la banda sonora, el sonido, la edición y demás apartados técnicos tienen que estar al unísono y en simultáneo con las partes y finalmente correctamente incrustado en el todo argumental. Por lo tanto la realización del filme es de una factura realmente impecable. No hay mayor discusión al respecto. En cuanto a la música que compone Carter Burwell, la fotografía de Emmanuel Lubezki, la dirección artística de Jess Gonchor y el montaje de Roderick Jaynes, los cuatro están magistralmente sincronizados con lo requerido por los Coen, así como estos logran una genialmente ensamblada dirección de actores.

En cuanto al elenco, los Coen siempre tienen en sus películas a actores y actrices de primer nivel, de confianza mutua y que normalmente ya hayan actuado con ellos. En el caso de incorporar a un artista nuevo a sus elencos lo hacen con la debida anticipación y con los requisitos antes señalados. Quizás la esposa de uno de los Coen, Frances McDormand como actriz y Steve Buscemi como actor, sean los que más veces hayan actuado en sus films. Esta vez se incorporan cuatro protagonistas de excepcional nivel interpretativo, Richard Jenkins, John Malkovich, Tilda Swinton y Brad Pitt. La culpable de sus presencias es la hacedora de imposibles, Ellen Chenoweth, quien se ha dado el lujo de trabajar y hacerles la vida más llevadera a directores como James L. Brooks, Barry Levinson, Paul Schrader, Jay Roach, Sidney Lumet, Douglas McGrath, Tony Gilroy y nada más ni nada menos que con Clint Eastwood en su último film “The Changeling”. Los otros dos protagonistas son, George Clooney, amigo de los hermanos – aunque no le ha ido tan bien cuando filmaron juntos – y la antes mencionada Frances McDormand. La señora Coen y el español Javier Bardem son los únicos que han conseguido premios de la academia con los hermanos. En relación a las actuaciones solo señalarles que me impresionó lo que hace en el film Brad Pitt – parece un rapero caucásico - como un desentendido y bucólico fitness, adicto al chicle y al ipod, primero porque nunca lo había visto hacer un papel tan riesgoso, complicado, casi patético y segundo porque le da un brillo inconfundible y especial a la trama. Tienen que verlo y después me darán la razón. Frances McDormand es una actriz deliciosa, que hace un papel muy loable, tan creíble, soberbio y cómico como el de Brad Pitt. Cuidado con aquellas mujeres obsesionadas con la cirugía plástica en todo el cuerpo. Clooney siempre en lo suyo. Es un actor multifacético y se desempeña bien en el personaje de un tipo neurótico, irresoluto, sexópata, cornudo y con varias paparruchadas que las acomoda con mucha propiedad. De Malkovich que les puedo decir, es un actor estelar, que le aporta mucho a los enredos por los que meten la trama caliente los Coen. Es el que empieza el juego del tontódromo. Hace las veces de un analista de inteligencia despedido, alcohólico y luego de un catalizador de desgracias. Tiene una escena descomunal – coenismo puro – haciendo añicos a Jenkins a golpe de hacha. Tilda Swinton es una actriz que tiene la villana adentro – hay una escena de espejos donde está con la cara llena de cremas y que le sale una risa socarrona sensacional justamente para que no se le corra el maquillaje - y eso la hace una actriz peculiar. Está simplemente soberbia, siempre incomprendida, mortificada, la que genera los desencuentros. Richard Jenkins lo hace muy bien como gerente de un gimnasio llamado “Hardbodies”, es el bueno del film, enamorado y dispuesto a cambiar su vida pero no es correspondido. En fin, esta vez les he adelantado algunas cositas pero la tarea tienen que hacerla ustedes yendo al cine y viendo la película.

Finalmente, “Quémese después de leerse” da la impresión de una broma que acaba por volverse seria. La seducción está fijada en ese semitono socarrón que aturde y nos hace cómplices de la estupidez humana y de lo absolutamente sensata que se vuelve esa estupidez, aunque los Coen nunca renunciarían a convertirla en ese humor negro casi patentado por ellos y que ya es un icono en la industria cinematográfica. Si a todo esto le agregamos su brillante y hasta sofisticada técnica narrativa, el film se convierte pronto en atractivo y ambicioso en lo estúpido. Como señalo en el título de la entrada, la película evoca a la vez la risa más franca y el aspecto formal más elaborado. Cuesta creerle a los Coen – habiendo estudiado en la NEW YORK UNIVERSITY FILM SCHOOL – que el cine les llegó por casualidad. De hecho, sabemos que ambos escriben juntos, Joel dirige y Ethan produce, pero eso es lo que dicen sus amigos. Yo creo que ambos hacen de todo y se corrigen con actitud y prontitud. He aquí la última película de los hermanos Coen. Quizás no sea una obra perfecta pero si es de aquellas películas bastante salvaje y extremadamente burlona que producen algo más caliente en nuestras retinas que la admiración casi gélida de nuestro embeleso por un cine diferente, es decir, nos suscita emoción y entusiasmo. Rescata de aquellas turbulencias de los lugares comunes y de la pedagogía chabacana y ramplona de la cinematografía de hoy, algo que ellos mismos habían perdido y que hoy logran recuperar, el sagrado derecho a hacer un disparate tan entretenido. PD.- No ser estúpidos, quemen este comentario después de leerlo. Será hasta la próxima.
PEPE DERTEANO MUENTE