martes, 23 de febrero de 2010

"The Hurt Locker", la dama de hierro de la cinematografía norteamericana.



































































Contrariamente a lo que se cumplía a rajatabla en las necesidades beligerantes Hollywoodenses, el semblante más persuasivo de THE HURT LOCKER radica en que la experiencia cinematográfica de KATHRYN BIGELOW, haya sido expuesta en términos tan contundentes como seductores, y que a partir de su personalísima puesta en escena, plagada de un suspense y tensión continuadas, se permuten las grafías de la impronta costumbrista del género. De ahora en más -casi coincidiendo con el tan promocionado estilo revolucionario de CAMERON- los films que se realicen adentrados en cuestiones de belicismo, se pueden perfectamente contagiar de la tonicidad pragmática de una narrativa eficazmente desglosada, que juega sostenidamente con la cámara al hombro y en mano, que jamás nos da explicaciones y retumba en la anagnórisis de los personajes centrales del nada común guión de MARK BOAL, un periodista independiente, experto en contiendas militares, que se unió a los escuadrones de desactivación de explosivos durante el conflicto con los iraquíes. Durante su estadía en una de las auténticas zonas de miedo de Bagdad, acudió en estricta tarea de emergencia entre 10 a 15 veces al día con el escuadrón, lo que le permitió ser testigo in situ de todo detalle donde los soldados se jugaban el pellejo día tras día, y sin final aparente. Un privilegio arriesgado donde indagó los límites de la tenacidad humana y que finalmente configuró en un argumento estimable. Una historia que bien pudo instalarse en el silencio encopetado del documental, pero que gracias al tesón de la BIGELOW, ambos coincidieron en la ejecución de un proyecto que rompiera moldes, se distanciara de ese argumento patriotero, y que hoy, a pocos días de la gala en el Kodak Theater, su diminuta quimera, se encuentra a punto de llevarse el máximo premio de la Academy of Motion Picture Arts and Sciences -sin ningún tipo de discusión de por medio- y algunos otros que considero merecidos: mejor director, mejor guión original, mejor edición, mejor sonido y mejor mezcla de sonidos. Toda una confirmación de sus anteriores intenciones fílmicas desafiando los extremos de la masculinidad creativa. Desde la violencia pandillera en THE LOVELESS, pasando por el thriller de intriga BLUE STEEL, una recordada POINT BREAK con PATRICK SWAYZE y KEANU REEVES, una entretenido STRANGE DAYS y posteriormente K-19: THE WIDOWMAKER, un film cáustico acerca de las disputas de los altos mandos navales dentro de un submarino en peligro. En este film trabajo con dos actores muy importantes, HARRISON FORD Y LIAM NEESON, quienes coincidieron en las bondades de la BIGELOW como una realizadora a prueba de retos, carácter dominante y objetivos claros.

KATHRYN BIGELOW conduce con prolijidad el primer envión de su propuesta bélica. Necesitamos pocos minutos de observación para comprender que estamos frente a una película que hace mucho más profundo aún el abismo que la aleja del registro dominante de la producción hollywoodense actual. Cuesta imaginar como un buen argumento, que va explorando etapa por etapa una temática tan poco habitual, no haya sido detectada en anteriores films del género. Parecería ser toda una contradicción frente a la cual la contingencia puede decir mucho más que la sensatez del fundamento. Cuando se acredita que la impronta de BIGELOW va hacia adelante sin detenerse en nimiedades, para edificar una película indomable, impregnada de una historia vigorosa en cada arremetida de un escuadrón que domina el control del espacio y los cuerpos, el film impone con absoluta precisión una estructura narrativa ajena a la idea de la progresión dramática. Se escapa con astucia de la idea de la continuidad en el relato y le impone su propio planteamiento, desarrollo y desenlace a cada secuencia. La BIGELOW nos estremece con cada operación de sus protagonistas, nos llena la cartilla de una tensión que se acomoda con justeza a las vicisitudes de un grupo minúsculo de sargentos en Irak, esos conejillos de indias durante la invasión de Bush, pero sin coludirse con la historia de una batalla, de un combate estratégico, ni tampoco de un cuento virtuoso dotado de pacifismo y humanidad. Donde la BIGELOW intuye que la narrativa su torna efectiva en términos de intensidad de género es a través de articular un personaje incuestionable, alienado, capaz del gesto más audaz, despreciativo, desarraigado y melancólico con el cual el espectador no logra identificarse a plenitud, a pesar de sus fobias, manías y sarcásticas formas de enfrentarse al peligro. La BIGELOW fija sus ojos sobre JEREMY RENNER (el sargento WILLIAM JAMES), el mismo de NORTH COUNTRY, THE ASSASSINATION OF JESSE JAMES BY THE COWARD ROBERT FORD y 28 WEEKS LATER. Les suma dos secundarios de mucha empatía para con el espectador, por un lado el aparente equilibrio emocional del sargento SANBORN (un notable ANTHONY MACKIE que actuara en MILLION DOLLAR BABY) y la fragilidad sostenida de ELDRIGE (una actuación convincente de BRIAN GERAGHTY). Una vez más el trío acomete, muestran sus fortalezas tanto como sus miserias, y estas se perpetúan en cada misión que llevan a cabo. Es importante detenernos en los tres personajes porque la BIGELOW los retrata con un gran dominio de sus respectivos registros expresivos logrando provocar diálogos de todo alcance que los enfrenta o los acerca nerviosos en medio de sus incursiones en la desactivación de explosivos. JAMES juega al líder, 874 explosivos desactivados, él decide y es el experto en cercar bombas. Es de esos hombres claves que arriesga sin pensar, que se tutea con la muerte como un verdadero profesional, que le ha encontrado el gusto a la rutina. SANBORN protege y ordena los tiempos, mientras ELDRIGE es el especialista que apoya y provee. Los tres son un grupo, no un equipo. Con el transcurrir de los días logran mejorar su relación y complementarse más eficientemente. Los tres ofrecen sus mejores esfuerzos aunque desnudan sus dramas existenciales. JAMES, logra dominar el miedo, y consigue serenidad espiritual a pesar que está en los límites de la supervivencia. Su mayor problema parece ser la duda que siente por el futuro de su familia. Es el más sentimental de los tres. Su relación con el niño iraquí Beckham lo delata así como también su diálogo inútil con el hombre bomba del final. SANBORN destila autoridad, cumple con su trabajo pero le cuesta mucha aceptar sus temores. Odia las formas que utiliza JAMES –no utiliza el robot explorador y es desobediente ante la inminencia del peligro- pero, al igual que ELDRIDGE, se dan cuenta que el jefe es el que los puede sacar con vida al irse consumiendo los días de permanencia. ELDRIDGE denota mucha inseguridad y busca ayuda en un coronel psicólogo para poder ir acostumbrándose a los vaivenes de ese tipo de vida. No tiene la valentía de JAMES ni el cálculo de SANBORN, pero es el que más experiencia asimila. Necesita apoyarse en los demás y por momentos su inocencia le aporta seguridad a sus compañeros. Los tres tienen que lidiar contra ellos mismos, contra la arbitrariedad de la guerra, contra las sorpresas enterradas bajo la arena, contra la mirada desconfiada de los pobladores, contra el temor indefinido y colectivo que se respira en un aire casi amarillo. En la secuencia del desierto -donde aparece un RALPH FIENNES copioso- los soldados lucen atrincherados en una grieta del infierno, se desata un duelo apoteósico de francotiradores, la consonancia de los tres implicados es lograda por una esforzada BIGELOW, sin miramientos, ni romanticismos. El tiempo apremia. La necesidad de supervivencia es brutal. El instinto no tiene mejor ocasión que apoderarse de sus angustias. Los soldados son cuerpos que valen de acuerdo con su velocidad de reacción, están preparados para actuar ante cualquier amenaza que se detecta. La reverberación del sol es tal que no les deja ver a qué le están disparando, apenas aparecen unos bultos oscuros en la mira. Pero disparan. Una, dos, tres veces, a tientas, hasta que el objetivo cae y queda colgando de una ventana, como una mancha inmóvil. Los roles se han intercambiado vertiginosamente. JAMES se sale por un momento de la obsesión y de la locura para acompañar a SANBORN. Este, asume el liderazgo al contrarrestar al enemigo fantasma, mientras JAMES es un cabal apoyo. Lo protege al otro más que a sí mismo. ELDRIDGE se hace cargo de la retaguardia y su cooperación es vital en el desenlace de quizás la mejor secuencia del film. La BIGELOW causa tensión con detalles precisos. La sangre que atasca el cargador, la mosca como un elemento tan indispensable como la concentración de SANBORN. Las bocas llenas de tierra, donde un jugo con pajita funge de calmante. JAMES le regala su porción a SANBORN. La BIGELOW también tiene sentimientos. ¿Hay algún lugar para el heroísmo? Dicen que el héroe es aquel que se sacrifica por una causa o por los otros. La BIGELOW se encarga de que no nos detengamos en petulancias. Las causas no sirven, tampoco los héroes. La épica se desvanece como arena por las manos. Debemos seguir acechados por la inercia. La resistencia iraquí siempre estará presente en el rincón menos esperado. Solo algunos minutos para celebrar el seguir con vida y recién conocer algo de la intimidad de los implicados vía el alcohol, la riña y la amistad cubierta de zozobra. Unas pocas horas después el sol avisa, la rutina empieza a dar órdenes.

Al margen de estas opiniones y de las singularidades del cine de la BIGELOW, lo realmente importante es que THE HURT LOCKER es una película titánica, de excepción, como lo fueron en su momento APOCALYPSE NOW, THE DEPP HUNTER, PATTON, THE GREAT ESCAPE, o la alemana DAS BOOT, no solo por la vehemencia de sus transgresiones sino por los entresijos que inventa la humanidad. Salvo la crítica más tullida, ya pasó la época en que la pura experimentación concedía méritos ilustres. Lejos del patriotismo sensiblero de SPIELBERG y su RESCATANDO AL SOLDADO RYAN, del antimilitarismo tozudo de KUBRICK y su NACIDO PARA MATAR o del pacifismo de OLIVER STONE y su NACIDO EL CUATRO DE JULIO, THE HURT LOCKER triunfa en la contradicción de sus emociones, en la ambigüedad de sus interrogantes, en la dimensión cósmica de sus conjeturas. ¿Cómo negar que sea una película de guerra? ¿Cómo no reconocer también que estas imágenes ponen en juego muchísimas cuestiones que jamás fueron tocadas? THE HURT LOCKER tiene en su dimensionalidad, el resquemor de la alucinación y la embriaguez de la violencia excitada. BIGELOW no hace arengas morales, derrama veracidad, un crudo realismo, suspense y tensión de primerísima clase. Una notable película por donde se le ausculte. Es un film que da por hecho que en el cine de acción bélica es la acción la que precisamente se impone. La BIGELOW no encuentra mejor excusa que no permitirse digresiones poéticas que bien podrían estar amparadas no por lo que sus audaces personajes logran realizar, sino palmariamente por lo que están sintiendo al hacerlo. ¿De cuando a esta parte es ilícito abandonar la objetividad de las crónicas de guerra y entrar a la subjetividad de la lírica? ¿Qué logramos con todo esto? Ustedes tienen la palabra. Majestuosa como un ademán ceremonial, mucho más racional de lo que aparenta, sin un atisbo de megalomanía en su inspiración y dividida entre las nociones acalladas de las tinieblas que se transforman en guerra y viceversa, THE HURT LOCKER, no obstante ser una película inmensa, no llega a ser una obra maestra sino una tendencia a seguir. Deberíamos intentar de no confundirnos pensando que esta no es la obra de una cineasta exclusivamente talentosa, sino un formidable ejercicio de un cerebro privilegiado, sublime, lúcido y de una sensibilidad incomparable. Si algo me da que pensar es que el mérito de KATHRYN BIGELOW –más allá de su magnífica forma de filmar- está en su inteligencia para ordenar su acostumbrada capacidad de enfrentarse a un trabajo impropio de una dama, con una energía despejada, y a lograr en cada minuto de metraje una expresión verdadera de lo que ella está segura que es lo más apropiado que encierra su propuesta y sobretodo para los espectadores ávidos de encontrarse con sensaciones nuevas. Esta vez su adicción bélica femenina descompone cualquier intento de tacha masculina. Les da una soberana lección de género. Estoy seguro que la BIGELOW no solo filma su obra magna con los ojos de una cineasta, sino con la fe de un panteísta. La pregunta que debe uno hacerse no es si vale la pena ver la película, sino si estamos preparados para hacerlo. Me juego el pellejo a que gana el Oscar. Hasta la próxima.