jueves, 12 de agosto de 2010

"Inception", Nolan y el arte de la arbitrariedad.
































































Sería impropio no reconocer los méritos que posee un film como INCEPTION donde se imponen la siempre manipuladora primacía visual que genera la tecnología digital en estos tiempos, un guión sobresaliente -que tardó diez años en terminarse- una banda sonora impecable y una edición excitante, pero también resulta vital cuestionar situaciones frívolas en esta extendida parada de Nolan. Ya venía escuchando, pujas a favor y en contra acerca de lo que para mí significa la TRANSMEDIA NOLABERÍNTICA que introduce el cineasta de moda. Sería revelador que se manifestaran los adictivos consumidores de vídeo games. Unos dudaban señalando: este cine sorprende aunque no necesariamente conmueve, da gusto verlo y hasta sentirlo pero resulta difuso, vacío y proclive a la acotación desmedida. Otros afirmaban: Nolan es el creativo más audaz de la última generación yankee, su narrativa es excepcional porque busca orientar la cinematografía hacia espacios insuficientemente explorados. En resumen, todo lo bueno suele tener algo de malo y todo lo malo poco de bueno... Christopher Nolan supo conquistar a tirios y troyanos con sus anteriores largometrajes –especialmente con aquella doble versión densa, oscura y revoltosa de un estigmatizado Batman- así como la aquiescencia de una respetable cantidad de cinéfilos adolescentes o jóvenes que inquirían, con fundada impaciencia, la reinvención del paradigma de una rejuvenecida vanguardia fílmica –visiblemente montada sobre los millones de las mega producciones- que poseyera sus carestías, los conservara esperanzados, satisfaciendo esa disimulada vacante para las nuevas tendencias -que acumulan un recurrente deseo de sublevación del cine hollywoodense- a expensas de un relato potente, una estética pomposa y unos efectos visuales descomunales. Esta vez, Nolan amalgama -hinchado en su abstracta vanidad- la acción, lo fantástico, lo trágico, lo romántico, lo desconocido etc., y los fusiona con una arbitrariedad que por momentos aburre y desconcierta. El aspirar a darle varias disquisiciones a un mismo condimento cinematográfico es de pretensiones obcecadas, de sueños compulsos.
Es bastante cierto que lograr ser original en esta época de cambios vertiginosos, indecisiones existenciales y egoísmos a ultranza –demostrado fielmente en el personaje de un invasivo DiCaprio- ambicionando convencer a los que estamos del otro lado de la pantalla, es una virtud que pocos realizadores podrían exhibir en su dossier, aunque también suele ser un mérito armonizar los diferentes aportes que emanaron de directores precedentes. Aquí habría que recortar la brecha entre innovación y habilidad. Tarantino podría ser un buen ejemplo con la inesperada BASTARDOS SIN GLORIA. Sin embargo, pese a su insólita suficiencia para la permuta, Nolan no parece haber acertado del todo en cuestiones de convencimiento. En INCEPTION –si uno lo analiza con calma- hay con estridente claridad, suficientes argumentos que impulsaron cineastas de tan dispareja traza como Resnais, Lynch, Welles, Wojciech Has, Kubrick, Rocco, Lewis Milestone, Young-Hamilton-Gilbert y Kershner, Gondry, Spielberg, De Palma-Woo y Abrams, John Glen, Soderbergh, Ridley Scott, Tamahori-Apted-Spottiswoode y Campbell, Rusnak, los Wachowski, Alex Proya o Marc Foster entre otros. Faltaría un plano secuencia al incomparable estilo de Tarkovski para terminar de amarrar el nudo. Nolan deja inconclusa su sinfonía de quimeras al no redondear una escritura privilegiada, algo que sí logró en films de sustancia pura como Memento, Insomnia y The Prestige. INCEPTION no representa un certero golpe de timón en su filmografía, ni tampoco una estricta anexión con la genialidad de la que tanto se habla y chilla. La disyuntiva del plot de Nolan siempre concluye en la sorpresiva aparición del thriller que rompe la profundidad de sus propias manías sobre la ecuación realidad-sueño. Sería desatinado definirla como una película fallida –cada quien puede medir sus complacencias o desganos- pero sucumbe ante el jadeante universo de lo personalista y lo hierático. Es de aquellos tanteos fílmicos que se oculta hábilmente tras un tenue dominio del recurso expresivo como fundamento imperioso de la continuidad narrativa. La amputación en la linealidad de la trama hace de las suyas, mientras el film se envicia en explicaciones huecas de cómo violentar las viejas leyes de la física, manosear justificaciones freudianas –consciente, pre-consciente e inconsciente- rozar la mecánica cuántica, las paradojas, el toteismo, la naturaleza intrínsecamente dinámica de la invasión de los sueños, su arquitectura, sus niveles, sus mecanismos de defensa, y hasta el amuleto o la cabala; por lo tanto, la esencia de su impronta queda aprisionada en lo previsible, como queda encarcelado DiCaprio -el ducho en extracción y sembrado- en la proyección del recuerdo culposo representado por Marion Cotillard, la esencia vital de aquella femme fatale que atormenta su condición de ejecutante manipulador. Lo oscuro del film noir apasiona a Nolan.
Nolan compone escenas de una luminosidad para el asombro, provoca alguna lobreguez que apaña parte de su mensaje audiovisual, y no es de su interés separar los buenos de los malos, los héroes de los pillos etc.. Mi desconfianza se acentúa más en aquellas propuestas que abusan y seducen con el montaje, y a no dudarlo, INCEPTION se nutre de uno que debe de estar entre los más logrados en las últimas décadas. Pero esa no debería ser la bandera de Nolan para embriagar a sus fans. Su arrogancia –Borges la llamaría prosopopeya- lo ciega por momentos y le impide insertar la cercanía y hasta la empatía con el espectador de a pie. Le cuesta mantenerlo en un camino limpio, sin deslices e imperfecciones, embaucarlo en la acción que fluye continua, y le carga el mayor peso del metraje a un ritmo expeditivo y matizado con dilatados aprontes de ralentizado. El avión X-49A que pilotea Nolan parece estar configurado con un silencioso artilugio de frenos, y no precisamente para aterrizar tan enorme boutade. El cineasta pretende redescubrir el rumbo de la cinematografía, y ésta, como sistema, ecuación, estructura, fórmula o receta, termina tragándoselo. Nolan pareciera rendirle pleitesía a una frase nada axiomática: mientras más entrampes lo ininteligible crecerán aún más las idolatrías, y las reverencias serán el común denominador de la mayoría; aunque ni los mandamases del conglomerado Time Warner te lleguen a comprender.

Finalmente, INCEPTION sustenta la premisa del cine de evasión. Su narrativa es esquiva a los largos plano secuencias, al constante reencuadre del motivo subliminal, la desnudez técnica y la conciencia explícita de estar utilizando el lenguaje cinematográfico. Nolan es incapaz de introducir lo general en lo particular y prefiere escudarse en lo contrario. No elabora pensando en el segmento adulto cuyos designios más preciados son arriesgar con tramas de suspenso o conspiraciones política-terroristas, sino que se arrima y duerme en la demanda del cine de entretenimiento, el de altísimo presupuesto, ese tan denostado pero imperdible, al que llaman BLOCKBUSTER o TANQUE. Es posible que muchos estén convencidos que Nolan es un hacedor de películas de culto u obras maestras, cuando en honor a la verdad lo que hace y consigue es un estimable film de espías corporativos o atracadores –al sugestivo estilo de Ocean's Eleven- aunque esta vez colocando un plus en el subconsciente de la víctima. INCEPTION es de aquellos largometrajes que está hecho para disfrutarlo no en el momento mismo de observarlo sino en el análisis posterior, en la charla con el amigo o con el alumno inexperto. De ahora en adelante la exploración de los sueños a través de estereotipadas guerras mentales van a tener la trascendencia que antes no obtuvieron. Se librarán batallas sin armas. Si cuatro sueños a escalas temporales precipitan la excusa perfecta para internarse en lo más profundo de las creencias que transmutan el razonamiento, la memoria y el pensamiento, y así modificar el inconsciente colectivo con viles o sanos propósitos, Nolan es el que primero se atreve porque su temperamento osado, su innegable talento y las veintenas de millones que lo cubren así lo establecen. Queda mucho camino por andar... La que sí me pareció extraordinaria es la fotografía. Tecnología innovadora pura. Destacan también la gran mezcla y edición de sonido, y los efectos visuales. Realmente fascinantes. ¿¿Alguien se atreverá a pisarle los mocasines al director del momento?? Parece difícil pero no imposible. Hoy el que no corre (descansa) vuela (sueña). Les adjunto un gráfico explícito de la estructura de la película. Tienen que agrandarlo haciendo click. Hasta la próxima.