miércoles, 25 de enero de 2012

“The Boxer”, el boxeo como puente para la paz.









































Anoche revisando mi archivo de films me encontré con un título que ya hace un tiempo debería haber observado. Su nombre, The Boxer, y con mucha mayor razón si su director es el irlandés Jim Sheridan, director polémico, quien logra juntar dos excelentes protagónicos, el fabuloso actor de método, británico él, Daniel Day-Lewis, y la bella actriz inglesa Emily Watson. Algunos años atrás, Sheridan había hecho dos películas que se diferenciaban de The Boxer a partir de un guión y mega-contextos que no involucraban a su posterior inclusión en el cónclave terrorista. En Mi pie izquierdo, trató con notable tacto, placidez y emotividad la historia de un personaje entrañable, de esos que dejan huella, interpretado por Daniel Day-Lewis, y que le valió su primer Oscar como actor dramático. Su nombre real, Christy Brown, un irlandés que demostró un arrojo pocas veces vista, una autoestima a prueba de fuego, un sujeto invencible que asumió cada obstáculo que le colocaba el destino como una oportunidad de superación. Brown tenía una parálisis cerebral ateloide que lo postró en una silla de ruedas. Esto lo obligó a desarrollar los dedos de su pie izquierdo, e hizo de sus males un verdadero poema a la esperanza. Posteriormente, Sheridan se atrevió a poner en pantalla un notable film titulado The Field, donde aglutina un conjunto de elementos exquisitamente empleados para construir una historia oscura y demoledora. Tiene la inteligencia para poder valerse de lo que supone ser la belleza austera e inquietante del paisaje irlandés, para entregarnos encuadres de una deliciosa narrativa visual, y aprovecha la maravillosa actuación del irlandés Richard Harris a través de un personaje que resalta su poderosa fuerza dramática. El campesino que encarna Harris contiene una trascendencia capaz de estremecer, horrorizar, conmover e inquietar a cualquiera. Su drama es el del hombre abocado a la perdición, a la derrota, atacado hasta la extenuación por conservar el legado de sus padres y abuelos. La herencia de la tierra de sus ancestros lo hace presa de ese sacrificio a cualquier precio, ya que se trata de la única pertenencia a la que se está unido por lazos irrompibles. La aparición de un hombre rico amenazará con destruir su obra, por humilde que esta sea, pero que despierta en él un torrente de violencia y pugna, tan potente que lo cegará, ya que no verá por sí solo -hasta que sea demasiado tarde- que, aunque consiga imponerse sobre quien pretende dejarlo sin el terrazgo, tendrá una terrible decepción, su hijo no nació con el mismo afán de él, y por tanto, la herencia de la tierra -que es la perpetuación del trabajo y el sacrificio de generaciones pasadas- será en vano. Sheridan hace un film inolvidable, de aquellos degustables como el vino tinto más añejo. Luego, el cineasta irlandés edifica su obra maestra, En el nombre del Padre, una película donde posee la habilidad de transmutar a la anti-heroicidad por la heroicidad, la inocencia por el dolor, y la tragedia en un soberbio alegato. Posiblemente sea una de las tramas basadas en hechos reales mejor reflejadas en una pantalla en la historia del cine. Su guión, la estética, la excepcional BSO, un trasfondo ético conmovedor, y la conmovedora actuación de Daniel Day-Lewis, sostenida punzantemente por Emma Thompson y Pete Poslethwaite, hacen de esta película una de las mejores o de las más completas del género. Sheridan no solo relata de forma magistral una crónica basada en aquellos hechos reales y espeluznantes. Va mucho más allá del film que narra un episodio existente de nuestra historia. Es la transformación de un hombre a través de una juventud robada, una metamorfosis en la que tropieza brutalmente y cae sin defensas desde ese nido de inconsciencia, irresponsabilidad y protección paternal hasta golpearse de bruces con los valores que hacen a un hombre ser justamente eso “un hombre”. Justicia, sensatez, auto-superación, y sobre todo una inimaginable admiración y orgullo por el nombre de su padre como un claro ejemplo a seguir. Sheridan basa su film en el injusto caso de Los Cuatro de Guildford sucedido en los años setenta. Los Cuatro de Guildford era un grupo de cuatro personas -Paul Hill, Gerry Conlon, Patrick Armstrong y Carole Richardson- que fue condenado en el Reino Unido por la supuesta colocación de una bomba en un pub de Guildford, y cuya acción fue atribuida a miembros del IRA. En el atentado murieron cinco personas y resultaron heridas otras sesenta. Los Cuatro de Guildford cumplieron penas de cárcel de más de quince años por un delito no cometido. Irlanda del Norte fue un país marcado por los conflictos con la corona Británica, lo cual provocó el surgimiento de grupos independentistas, entre los cuales el que más destacaba era el IRA (Irish Republic Army). La relación entre la historia de Gerry y el IRA, es directa. Nació en Belfast, capital de Irlanda del Norte, ciudad en la que también pasó los años de infancia y adolescencia, esta última caracterizándose por sus malos hábitos y conductas, lo que provoca que su padre, Giuseppe Conlon, lo envíe a Londres a pasar un tiempo con su tía Annie McGuire, y así estabilizar su ritmo de vida. Durante el tiempo que Gerry vive en la capital inglesa, ocurren diversos atentados, todos perpetuados por el IRA, en contra de centros sociales frecuentados por soldados británicos. Las bombas en Londres, durante esos días, eran cosa común, y por lo mismo el gobierno británico se impone con drásticas medidas para así paralizar la ola de violencia desatada en Gran Bretaña. Es en estas circunstancias, que se promulga en Inglaterra la ley de protección antiterrorista que otorgaba a las fuerzas de seguridad del Estado la capacidad de retener sin cargos durante siete días y siete noches a cualquier sospechoso de terrorismo. Durante ese tiempo Conlon, pernoctaba en una casa perteneciente a una comunidad hippie, junto con su amigo Paul Hill, también irlandés. Luego de una mediana estadía en Londres, Gerry vuelve a Belfast, con mucho dinero, producto de un robo llevado a cabo una noche antes del regreso. Una vez en Belfast, Gerry es arrestado y llevado a Londres, para que declare por los hechos ocurridos en el Bar de Guildford en octubre de 1975. La policía no tenía nada entre manos, no habían podido conseguir ni siquiera información sobre algún sospechoso. Sin embargo, Gerry Conlon, Paul Hill, Patrick Armstrong y Carole Richardson resultan ser la captura perfecta . Una vez arrestados, la policía británica les aplica la ley de protección antiterrorista, obligándolos a asumir la culpa de la bomba puesta en el bar. Los acusados ceden ante las amenazas y maltratos, y firman la declaración que los coloca como culpables del hecho. Después de esto vendrían una serie de malas noticias, las cuales comienzan con el arresto de Giuseppe Conlon y la familia McGuire, acusados de servir como cómplices, supuestamente efectuado por Conlon y sus amigos. Se realiza el juicio, y Los cuatro de Guildford, con los McGuire y Giuseppe, son condenados a prisión. Estuvieron quince años en prisión por un crimen que aparentemente no habían cometido. Durante este periodo de tiempo se produce en la cárcel la muerte del padre de Gerry, Giuseppe, el 23 de enero de 1980. En 1989, se prueba la inocencia de Los Cuatro de Guildford, quedando en libertad, y evidenciando el gran abuso de poder efectuado por el sistema legal británico. Sheridan logra a nivel artístico una de las películas-denuncia más sólidas y valiosas que se hayan realizado sobra la temática terrorista, y que involucra tanto el drama carcelario como el de la justicia. Un guión notablemente estructurado y que jamás exagera los hechos sin perder sus objetivos históricos a través de un sólido alegato…. Hay algo importante que añadir antes de comentar The Boxer. Hay críticos de cine –yo no lo soy- que afirman que es mucho mejor que los hechos hablen por sí solos. Me explico; señalan que muy a menudo los cineastas se sienten obligados a inflar sus films valiéndose de cualquier estimulante postizo principalmente solicitando prestado recursos manipuladores al cine considerado como publicitario. Sheridan –opinan esos críticos- a partir de un material de vestigios desgarradores en su obra En el nombre del Padre, transforma la impresionante historia de un hombre encarcelado injustamente por la policía británica durante quince años, bajo inspiraciones de supuesta complicidad con el terrorismo irlandés en Londres, en una apoteosis de demagogia impertinente. La verdad es que su opción le hace un flaco favor al film y a la causa de la justicia. Reiteran los críticos que, En el nombre del Padre, es efectivista en términos de intensidad emocional mientras dura su proyección, pero se debilita con el correr de los años. Terminan sentenciando, "Con la publicidad siempre ocurre lo mismo: vence pero no convence". Coincido con el final, me refiero al tema de la publicidad –no solo con el cine sino con todo lo que toca- pero discrepo abiertamente con los críticos que –indefectiblemente se emocionan- quieren destruir con palabras todo aquello que implique a un punto de vista democrático exhibido en pantalla. Es eso lo que trata de transmitir Sheridan, y sólo comprende la ejecución del guión porque cinematográficamente lo construido es de una factura indiscutible. El mensaje –o la forma e intensidad de éste- es un tema que cada quien tendrá que evaluar o no. El hecho cinematográfico, es decir, el film, que fluye desde la técnica, es un tema más complicado, y no soporta adjetivos como demagógicos etc. En todo caso cada uno de ustedes que ha podido observar la película podrá tener su opinión al respecto.

The Boxer no es una obra menor de Sheridan siendo la actuación de Day-Lewis formidable. El irlandés pretende ir más allá de la realidad y de los hechos verídicos en qué se inspira. Sheridan y el guionista Terry George comparten la escritura del guión a través del caso de Barry McGuigan, un boxeador católico irlandés, campeón del mundo de los pesos pluma, que fue encarcelado por su aparente vinculación al IRA, y por expresar su propia visión del conflicto. La paz, palabra casi prohibida en esos momentos, era el mayor anhelo del boxeador irlandés quien tuvo que pasar 14 años bajo sombra. Sheridan se adentra con decisión en la disyuntiva del discurso, una opción arriesgada y poco utilizada por aquellos directores que han tocado el tema. Si En el nombre del Padre, el conflicto de Irlanda del Norte era visto a través de una historia concreta y específica -un caso real de injusticia y error del gobierno británico- Sheridan se enfrenta a una visión global del conflicto, en la que personajes y argumento son acomodados a la condición de símbolos. Uno de ellos es el boxeo como cruda o fiel imagen del enfrentamiento. Danny Flynn –personaje interpretado por Daniel Day-Lewis- es el encargado de representar a la libertad como el camino a seguir para que la violencia pueda terminarse. Sheridan parece pecar de codicia porque los objetivos del film son poco probables de ser conseguidos. La estructuración de algunos personajes y situaciones en beneficio de la causa no son los más eficaces que uno espera. Pero, la mano virtuosa del cineasta lo cambia todo. De algunos errores, solamente voy a fijarme en uno de ellos para no monopolizar los estereotipos. Liam, el hijo de Maggie –Emily Watson- que en un primer momento no acepta a Danny porque piensa que este quiere separarlo de su madre, hace lo que justamente no se debe de hacer, no preguntar, y debido a eso quema el gimnasio donde él entrenaba con los chicos de su edad. No hay casi información de su Padre, y de su relación con el mismo. La de él con su Madre resulta artificial y poco evolucionada. Ahí se pierde el control de un desenlace objetivo. Sin embargo –aunque pareciera una contradicción- Sheridan es un maestro en mostrarnos lo justo sin caer en sentimentalismos. Proporciona la dosis exacta para que pueda removernos las tripas lo suficiente, y nos logre interesar qué es lo que pueda pasar con cada uno de sus actores, incluidos los antagonistas. Sabe muy bien perfilar a este tipo de personajes, los oponentes cobran mucha fuerza y a la vez también nos suscitan interés. Harry -Gerald McSorley- representa claramente el por qué es imposible una salida lógica a todo el conflicto. Cada decisión hepática que toma es un paso atrás donde la violencia gratuita se fortalece. Una objeción que se le puede hacer a Sheridan, es la supeditación de personajes y acciones a una voluntad discursiva que no logra entrampar los diferentes nudos de acción para posteriormente desovillarlos. No hace lo que sí logra desarrollar a la perfección en su film En el nombre del Padre. Su apetencia a la hora de proponer una reflexión sobre el conflicto de Irlanda del Norte lo lleva a incluir escenas que no fluyen desde un meta-mensaje supuestamente imprescindible. El enfrentamiento entre las comunidades católicas y protestantes en el recinto deportivo “Sagrada Familia” tras la revancha donde Danny Flynn derrota a un rival de fuste -hecho claramente manipulado por el IRA y la policía británica- a pesar de que aparentemente buscan un acercamiento, sí resultan bien trabajadas en lo conceptual, y en lo actoral. Quizá un pequeño descuido en la tortuosa relación entre Day-Lewis y Watson –posee una dulce mirada- hace que esta no avance lo suficiente. Sin embargo, la película tiene otras cosas interesantes. La línea argumental –sobre todo al comienzo del film- es muy sólida y firme. Sheridan no hace hincapié en ciertos aspectos religiosos, sociales, morales y hasta metafísicos, llegado el momento. Day-Lewis es un actor increíble, riquísimo en matices. La dicotomía a la que se atreve a desafiar, sea esta en forma de amor o paz, le da al papel una especie de heroicidad perfecta, sin desbordes, más allá de los gestos que logra como boxeador que son realmente excepcionales. Otro elemento que está a la altura de Sheridan es la notable ambientación, muy cuidada, espectacularmente urbana, sin llegar a los suburbios a los que gente que otros grandes directores diseñan. Sheridan tampoco intenta hacer una magnificencia abierta, donde la grandiosidad se come a los pequeños detalles. Hace un equilibrio perfecto en este aspecto puntual que también vincula la atmósfera, y determinados usos del espacio-tiempo. Visualmente The Boxer nos entrega muchas escenas sugerentes, como por ejemplo el final, las imágenes derivadas del helicóptero, haciendo que nos metamos en el núcleo de personajes y eventos sin saber realmente que es lo que va a suceder. No comprendo al casting que aprobó Sheridan aunque pienso que pongan a quien pongan, Daniel Day-Lewis opaca al resto….. Sheridan filma una excepcional película, alejada de los típicos convencionalismos políticos. Su empeño está en querer mostrarnos el deseo de la conciliación, la redención y la paz en un mundo donde la violencia es casi una costumbre. A pesar de algunos temas que no terminan de cerrar, Sheridan es un tipo osado y eso paga –por lo menos para mí- muy buenos dividendos.