martes, 13 de marzo de 2012

“The Darjeeling Limited”, La magnificencia de lo ingenioso y lo espontáneo.













































Ya todos conocemos quien es Wes Anderson y que es lo que le gusta hacer. Digamos que tiene preferencia por un tipo de comedia trágica familiar con una personalidad muy marcada que reivindica la transformación lógica de un estilo absolutamente distinto de narrativa. The Darjeeling Limited -Darjeeling es un amasijo de nepaleses, tibetanos e indios donde se toma quizá el mejor té del mundo- comienza antes de empezar ella misma. Y lo hace con un cortometraje de introducción titulado Hotel Chevalier, dirigido también por el mismo Anderson. Son diez minutos en los que dos personajes representados por Natalie Portman y Jason Schwartzman ponen en escena una especie de reencuentro dentro de una suite parisina buscando corregir discrepancias y solucionar un problema de pareja. La velada posiciona una maleta, un palillo en la boca, un perfume, una cálida conversación de voluntades, amor y aversión donde finalmente el sexo determina la terminación y/o la prosecución de una relación vacilante, los elementos de una historia mínima que servirá como punto de referencia dentro de su posterior relato… Sustentado en su concisa brevedad expresiva, en el sarcasmo y con grandes dosis de nostalgia, Anderson hace una premonición de lo que será The Darjeeling Limited. En esta nueva aventura, este avezado destructor de clichés, vuelve a demostrar su dimensionalidad narrativa, su apuesta por la inspiración, y una admirable extrañeza estética y belleza poética, imprudente y anárquica. El cineasta persiste en la esencia de la intrepidez, pero cuidando magistralmente sus imágenes, aportando aquí una exótica atmósfera en la que se embarulla lo anodino y lo trascendente, lo surreal y lo espontáneo. Para su quinto largometraje, el texano involucra un entorno arquetípico como es la India, para contarnos la historia de tres hermanos con algunas contradicciones de forma y fondo interpretados con soltura por Owen Wilson, Adrien Brody y Jason Schwartzman, quienes -tras el fallecimiento de su padre- van en búsqueda de la espiritualidad para intentar localizar la vinculación con el pasado, En el trayecto se les une su madre, bien actuada por la actriz  Anjelica Huston. Anderson regresa sobre el drama familiar ataviado con significativos toques de comedia, en el que se vuelven a juntar la amargura interna  -edulcorada con un agudo sentido del humor, y la reflexión sentimental, que pone en práctica al extraviar a sus personajes en un lugar distinto al normalmente habitado, y ahí darse un banquete desgranando sus miedos, sus pequeñas miserias, desubicados en variados contextos como el afectuoso o el familiar. Los tres hermanos, afligidos de diversos modos, representan el modelo de rol que siempre ha retratado o bosquejado Anderson, es decir,  perdedores emotivos y discordantes que caminan a ciegas en un paraje de incertidumbres, plagados de súbitas incertidumbres, y desalentados, pero que no pierden el ánimo por reconquistar, aunque las intenciones no sean del todo ciertas, un ejemplo de cercanía familiar. Al igual que en sus películas anteriores, el cineasta yankee se nutre de subyacentes deliberaciones existencialistas sobre el significado de la vida, los nexos o las necesidades que logra incrustar a través de una Road Movie ferroviaria.

En The Darjeeling Limited no escasean las insólitas situaciones que rodean a la desesperanza y el ánimo, a partes iguales, despertando éstas la búsqueda de respuestas al desaliento de los vulnerables hermanos para, una vez superadas, descubrir una nueva etapa más llevadera de sus vidas, el reencuentro consigo mismos. Como todos y cada uno de los protagonistas de sus anteriores cintas, cada uno a su manera, los hermanos Whitman son incapaces de afrontar sus problemas al colisionar con un mundo que no hace nada por entenderlos, pero que en su desenlace cambia al asumir con plenitud su madurez y hacer lo correcto : desconfiar de lo insustancial, dándole prioridad a elementos vitales más significativos. La desunión familiar, la falta de afecto, y necesidad de lazos comunes rotos por la distancia y la incomunicación, siguen perviviendo en la superficie de la trama. Anderson incide, en las coordenadas de otro particular viaje introspectivo, y así escapar a los problemas en un simulado rito de espiritualidad que obtendrá sus frutos con una desgracia real que logra  el ensamble de sus sollozos. Con ello, Anderson logra asumir que su cine es la aseveración de un progreso cinematográfico ligado a una transformación lógica de un estilo de relato muy personal, de un cine donde identidad y discurso juegan con la disfuncionalidad para hacer de la tragedia una comedia y viceversa, donde no faltan cámaras lenta, canciones pop, y una estructura episódica que responde a los rasgos de rompimiento elegante con la narración convencional. Sin embargo, la cámara mira directamente al rostro de sus personajes en primeros planos, con los que los roles transmiten su esencia alejándose de filigranas o de virguerías; el cine de Anderson es sencillo y directo. Con  The Darjeeling Limited corrobora que es uno de los cineastas con más personalidad del cine norteamericano actual. Dentro de paisajes desérticos y calurosos de la India, representado desde la metempsicosis, con sus ritos, sus gentes, sus reacciones e idiosincrasia, siempre desde el respeto y la fascinación, el film entra en el proceso de imaginería personal de un autor que mediante la confrontación del espectador ante unos caracteres de condiciones inmaduras, permite llegar, a través de sus discursos, los absurdos tratos de hermanos mediante palabras inconexas o perdidas, a las realidades de ese mundo alejado de toda civilización que les sirve como superación del trauma de la pérdida paterna, último acontecimiento que los reunió, y a la vez los separó. Un extravagante poema dialéctico sobre el egoísmo inocente de aquellos que emprenden trayectos espirituales para comprender al compañero de viaje, y que aprovechan para echarse un vistazo a las entrañas, pese a llevar un pesado lastre -unas maletas de Louis Vuitton- como legado del recuerdo patriarcal, metáfora de rémora vital del que deberán de desprenderse para poder intentar ser felices. Es el cine y la personalidad de Wes Anderson, capaz de hacer perder a un tren en sus propias vías en el perdido paraje de Jodhpur, en el límite del desierto de Thar. Es la valentía de un sujeto que está decidido a innovar y crear dentro de un mismo estilo de contarnos historias, siempre bajo el amparo de la tragicomedia familiar. Sin duda uno de los hijos del buen cine.