sábado, 23 de junio de 2012

“Sombras tenebrosas”, Burton y su manía gótica y psicodélica.










































Otra vez asistimos a ver una película de Tim Burton y pareciera como un partido de la selección peruana de fútbol. Jugamos bien pero siempre perdemos. Una realidad irrefrenable que subsiste gracias a la magia del engaño sublime, y a la estupidez antológica. No seria serio comparar una cosa con la otra pero ustedes –los peruanos- me comprenden a la perfección. Esta nueva aventura de Tim Burton, es una adaptación de la serie de TV, Sombras en la oscuridad que dieron en los EEUU desde 1966 a 1971. Su director fue Dan Curtis quien también realizó un film con el mismo nombre basado en la serie. Este largometraje fue tristemente defenestrado pese a ser una obra reivindicable, hija de su tiempo, de aquellas que se enfrentaban al bajo presupuesto. Curtis realizó con esta producción su particular relectura de la novela de Bram Stoker -quizá lo más estilizado que ha existido acerca de Drácula en el cine- cambiando los nombres de los personajes y modificando ciertas situaciones para darle un sabor único, aunque en el fondo se note su influencia con claridad. Una mansión, la familia Collins y su vampiro, son los ejes sobre los que se define una propuesta que recuerda por tono a las celebradas adaptaciones de Poe llevadas a cabo por el director de serie “B” Roger Corman, extirpando cualquier intención cómica para dejar exclusivamente los elementos de terror gótico, cosa que no sucede en el intento que Burton busca y consigue. Curtis se reveló como un artesano apoyándose básicamente en la fotografía para amalgamar una ambientación dedicatoria de aquellas películas que dos décadas anteriores habían impuesto y gobernado el género, alejándose de sus coetáneos en aquella supuesta modernización del cine norteamericano que tuvo lugar en esos años. Curtis moldea el clasicismo a través de un villano ejemplar -personaje interpretado por Grayson Hall- y una serie de artistas secundarios muy curiosos -carentes toda posibilidad de humor- que no dan miedo, ni causan estragos medulares en nuestra psiquis, pero que no se limitaban solamente al impacto -algo que ahora Burton en perspectiva construye y logra con habilidad- sino que además buscaban llegar a un nivel superior al básico que suponía la impronta cinematográfica del momento y de su género. Detrás de esta propuesta hay pues, un realizador que conoce los resortes del género aunque no los lleva tan lejos como lo hicieran en el pasado Corman o el mismo Freddie Francis. Otro dato interesante, es que en 1972 la mítica casa productora de terror británico Hammer, en un intento casi desesperado por modernizar y rentabilizar las ya agotadas sagas que habían colmado los dorados y exitosos años sesenta, estrenaba Drácula A.D. 1972, en la que el vampiro transilvano aterrizaba en la Londres setentera hippie, pop y alternativa. El terror que pretendía infundir el anacrónico -aunque legendario actor- Christopher Lee en la nueva época, supuso una de las más frikis y decadentes aproximaciones cinematográficas al personaje literario. Es bastante obvio que Burton -director de culto para algunos y un tipo con problemas de intelecto para otros- es más consciente y frontal que el indeciso Alan Gibson, de las propiedades del cóctel terror-humor-romance, y es por eso que nos ofrece con su desabrida aunque macanuda Sombras tenebrosas -poca sustancia, mucha espectacularidad visual- una agitada combinación de lo más gótico y oscuro de su creatividad sumado el underground de la cultura setentera, llena de sarcasmo y nudos de comicidad previsibles. Sombras tenebrosas reúne en sus entrañas 100% burtonianas, a los vampiros decimonónicos y los hechizos de la brujería ancestral junto a los sintetizadores y los hippies pacifistas. La trama es sencilla, sin complicaciones. En 1752, Barnabas Collins -Johnny Deep- llega a los EEUU con su familia huyendo de una antigua maldición. Sin embargo, la distancia no atenúa los nefastos efectos de esa herencia familiar, y Barnabas termina convertido en vampiro y es enterrado vivo, hasta que en 1972 es rescatado y sale a la luz para conocer un mundo totalmente cambiado. El nuevo experimento del genio de Burbank, tiene algo de esa pareja gótica y outsider enmarcado en el espíritu de los 70 de Harold y Maude de Hal Ashby- y también del delirio homicida del film de Robert Zemeckis, Death Becomes Her, vale decir, una inclinación hacia la comedia negra de terror. Quizá el personaje de Bella Heathcote queda minimizado o atomizado después del protagonismo que suponen los minutos iniciales -sin duda prometedores- y el romance con un compenetrado y macabro hasta las vísceras Johnny Depp, resulte desdibujada, pero eso no parece importar mucho, ya que Burton disfruta apasionado llenando la pantalla de celebridades que desnudan sus pasiones, amores y venganzas en un espectáculo de psicodelia gótica que logra llamar la atención. La veterana aunque siempre sensual Michelle Pfeiffer, la exuberante Green, la dulce Heathcote, la delirante Helen Bonham Carter, y por supuesto el mimado de Burton, Johnny Depp, se entretienen entre ellos antes de desatar el nudo de sorpresa en las gargantas y ojos de los espectadores. Lo logran porque todos lucen visualmente estupendos y motivados en esta fantasía burlesca de Burton que nuevamente, vuelve a arriesgarse y a apostar por lo mismo de siempre aunque esta vez con una dosis de estilismo que no desagrada del todo. La película convence quizá por un guion algo lanzado a la vez que simplón, muy a su estilo, y como suele siempre dejar en claro el discutido director. La dirección artística sí impresiona, la música setentera nos pone melancólicos y alegres, los escenarios están perfectamente ambientados, los efectos visuales a la altura de lo que le gusta al espectador común, y una fotografía muy lograda. Y como no podía ser de otra forma, Burton vuelve a reunir una vez más a la estrafalaria pareja de Depp y Carter como si se tratase del duo mejor maquillado y vestido de Hollywood. Hay que reconocer que el vampiro de Depp es muy bueno, no tiene desperdicio. Excepto algunos pequeños detalles en el ritmo del relato o una mezcla de sonido algo desmedida, Sombras tenebrosas es una de esas películas entretenidas, que sabe buscar salidas habilidosas a través de cinco o seis gags delirantes, guiños constantes a filmografías ajenas importantes y a la suya propia, acompañados de un look visual espectacular. Eso sería todo lo rescatable, y que cumple con las expectativas de un público apegado, y de una envidiable fidelidad burtoniana. Para terminar, la brillante adaptación de Sweeney Todd de Somdheim significó un delirio creativo de Burton en medio de olvidable simios, casas de chocolate agridulces o una patética Alicia adolescente. El yankee da la impresión de que puede superarse a si mismo, pero vuelve a resbalar y caer en su fórmula efectista, que a pesar de todo provoca adicción en muchísima gente. Es algo particular esto del estancamiento continuado de Burton en su teoría del cine fantástico disfrazado por personajes exagerados aunque divertidos y una sombra de desproporción. No lo hace por amor al cine sino por su desmedido ego. No creo que su cine sea mediocre o que ese gran director que hiciera la monumental Big Fish esté timorato y perdido en la oscuridad. Sin duda un recuento de todos sus anteriores éxitos de taquilla, dependiendo del paladar de cada quien.  Más y más de lo de siempre con un Johnny Depp que repite su mascarilla por enésima vez, casi fotocopiándose, y que aunque parezca tonto, lo ha convertido en una súper estrella en el mundo. Esperemos Frankenweenie, la próxima locura visual de Burton para que volvamos a observar a ese director que tanto prometía y quedó preso en sus propias virtudes y desaciertos, además de una visión particular del cine de horror.