miércoles, 25 de julio de 2012

“What Lies Beneath”, la esencia del terror inesperado.








































Habiendo observado esta película, creo que es uno de esos trabajos en el cual Robert Zamackis hace un uso prolijo del terror para conceptualizar una reactivación del género que ilustra y fascina los tópicos de este entretelón cinematográfico, 'What Lies Beneath o Revelaciones no fue tomado en su manifiesta dimensionalidad -y menos aún- como una apuesta solidaria a un novedoso estilo narrativo que ocultaba una temática insospechada, sino que se le ignoró y hasta se le despreció, cuando es claro darse cuenta que contiene una decorosa muestra del auténtico homenaje tanto al suspense como al horror. He revisado en detalle esta ambivalente propuesta protagonizada por Harrison Ford junto a una bella y excepcional Michelle Pfeiffer, y a la conclusión que llego -sin arrepentimientos de último minuto- es elemental: Zemeckis logra obtener con un encantamiento visual en imágenes continuas, una suculenta y delirante cinta de terror de las mejores hechas en los últimos 20 años. Es imposible llegar hasta lo más recóndito de un film como este, sin insinuar a la figura del progenitor de un género taxativo del cine, como lo fue Hitchcock. Es probable que el homenaje sacrificado de Zemeckis pueda constituirse en un compendio definido por las constantes apodícticas del mago británico de la intriga. Pero también lo es, el deliberado distanciamiento del creador, introduciendo -desde su superficie argumental- conceptos ajenos a la visión que tenía el mismo Hitchcock de la materia, al incluir fenómenos paranormales, escenas fantasmagóricas, y la tétrica línea puntillosa en que se involucra  Zemeckis. Asentada en una trama maciza, procedente del mismísimo Steven Spielberg, Revelaciones fundamenta su aplastante virtud fílmica en la majestuosidad del relato que su director ha sabido desarrollar en el vaivén de la historia, extendiendo a sus secuencias una correcta puesta en escena,  además de una recreación evolucionada del desasosiego, y una angustia psicológica que acaba por atrapar a un espectador trasegado por la agudeza que construye de la zozobra que conmociona y enfría sentimientos. La dualidad entre la apariencia de una cotidianeidad absorbida por el objetivismo maquillado, funciona con esplendor desde esa combinación atinada del proceso ficción-realidad, su esquemática simbología maniqueísta, su inamovible tempo-secuencial que nos aniquila y sobrecoge. La historia del matrimonio Spencer, y su relación vulnerada por la irrupción en su vida por un espíritu, lo anima a Zemeckis para convocar una serie de elementos clásicos del cine de terror, sin abusar de los mismos, y llevar al público al ineludible proceso de la intranquilidad inesperada, a la aflicción que nace de la emoción seudo-violenta, sabiendo trocar la acción habitual de una pesadilla donde las sensaciones quedan diluidas aunque notoriamente marcadas. El hecho que Zemeckis logre una planificación eficaz, la misma que descansa en la elegancia de una escritura que se plasma a través de planos secuencias atosigantes, su aprovechamiento del scope -hasta donde pueda llevarlo- travellings dificultosos que resultan estéticamente magníficos, los espejos siempre moviéndose alrededor de la duda o el miedo, y finalmente, el uso de efectos digitales ajustados a objetivos específicos, convierten la dirección de Zemeckis en un quimérico modelo de megalomanía, sacándose del sombrero, imágenes que calan, destilando un virtuosismo visual pocas veces observado a la hora de proponer microclimas o ambientes engrandecidos por la música encadenante de Alan Silvestri -bajo el influjo de Bernard Herrmann-. Es ahí donde la película encumbra su resultado por las orillas de la maestría, a la sencillez de los giros, a los golpes de efecto, a la creatividad irónica de su premisa, plena ésta de excelsitud genérica. A todo ello se une un elemento superlativo como es la interpretación de una Michelle Pfeiffer que vuelve a brindar una omnipotente presencia visual, dotando a su personaje la fragilidad etérea y necesaria para la identificación del público, al que se une Harrison Ford, que abandona su convencionalismo tosco por la complejidad de un tipo difícil y algo sesgado. Zemeckis corta con habilidad la cinta en dos partes. Una primera en la que el terror alcanza una cercanía asfixiante, erigiendo el nerviosismo de un personaje con el que se conecta inmediatamente, y una segunda en la que se desvela la verdad que subyace, en una perfecta evolución con doble final en el que su espectacularidad alcanza el propósito que buscaba el yankee. Es decir, una ilusoria miscelánea de terror, suspense, acción, melodrama y un thriller como la amalgama justa que impulsa el tono fantástico que formula el plot. What Lies Beneath dispone sin tapujos de una inusual historia de terror que se imanta esta vez con el talento y la calidad, para hacer de su tensión psicológica el elemento principista y dominante, obsequiándole al cine moderno una obra impoluta con objetivos básicos transparentes, sin ocultar algún desliz o secreto, y transformándose en una de las mejores películas de terror que resultaría imprescindible un repaso obligado. Hay veces en que tan buenos films pasan desapercibidos y creo que éste justifica el post.