martes, 13 de noviembre de 2012

“Be Kind Rewind”, Gondry ataca la renovación visual mediante lo freak.






























































Hay directores que cambian de género, miden sus posibilidades, experimentan y les va bien. Otros no tienen la misma pericia y pasan desapercibidos. En este caso el francés Michel Gondry -de quien comentásemos hace poco la película Eternal Sunshine of the Spotless- se apega a la elaboración de un especie de homenaje a la cinefilia a través de un Buddy film o film de amigos, género que consiste en enaltecer las virtudes de la camaradería masculina, y relega la relación hombre-mujer a una postura secundaria. Ejemplos sobran al respecto: Laurel & Hardy, Jack Lemmon y Walter Matthau, Mel Gibson y Danny Glover, John Travolta y Samuel Jackson con Pulp Fiction etc.  Gondry deja esta vez el romanticismo y pisa fuerte la comedia, contando para esto con ideas, renovadoras, mucho talento, y un encendido discurso aunque también con alguno que otro vacío de mitología cinematográfica. Be Kind Rewind, es el resultado de la curiosidad y ductilidad del francés, y para su nueva aventura reúne a Jack Black con Mos Def, prototipos del ridículo y lo bizarro. Gondry persiste en un reconocible evento surrealista de inspiración melancólica y poética, esta vez como un enloquecido ejercicio de cinericia, alejado de sus dos anteriores melodramas sobre el amor y el romanticismo. El cineasta galo recrea otro tipo de pasión; la del cine dentro del cine, la idealización creativa de dos personajes que se ven avocados a dar rienda suelta a su vena artística cuando, por culpa de una descarga eléctrica, uno de ellos se transforma en una especie de magnetizador humano, borrando todas las cintas de vídeo de un viejo videoclub a punto de ser demolido, y que tenían que pasar a un nuevo local. El original punto de partida hará que ambos tengan que rehacer -en una suerte de remakes- las películas que piden los clientes, para lo cual sólo cuentan con grandes dosis de imaginación, y los pocos medios técnicos disponibles. El resultado es lo que se de denominará como "suecadas", condensación personal y sintetizada de las cintas que mantienen el espíritu original, pero que son vueltas a filmar con el único afán de la necesidad y el divertimento. El mundo de ensoñación de Gondry sigue transitando entre el naturalismo, la estética relativamente atractiva, y un recóndito superrealismo, que funciona a la perfección en el melodrama y en la comedia -como es el caso- por su manifestación provocadora acerca del destino incierto del cine al amparo de los nuevos modelos audiovisuales como You tube, o el fácil acceso a cámaras filmadoras de gran calidad y precisión, allí donde Gondry especula e invita al espectador a la injerencia ilusoria de los sistemas cinematográficos actuales. Be Kind Rewind basa su fuerza y su comicidad en la ilusión por crear, por rodar sin ningún tipo de formalismo, donde impera la imaginación que se une a los elementos manuales de la creatividad artesanal como el cartón, la pintura, los hilos, la plastilina o el dibujo. Es el enfrentamiento a la digitalización del cine que trata de imponer Gondry, remitiéndose al empeño en la ficción rústica de la inventiva, como lo hiciera Meliès en los orígenes del cine. Con ello, el francés reivindica la necesidad de que cada quien cuente sus ideas con los medios que posee, afirmando libremente el contradictorio juicio que cualquiera puede ejercer de cineasta, como un elogio al pluralismo del acto creativo, que postula a favor del vídeo y al hincapié por usar la filmación como medio de aprendizaje y de progreso artístico. Cuando Jerry y Mike -Jack Black y Mos Def- deben de crear su propia película, lo hacen a sabiendas de estar elaborando un cine cochambroso, sin complejos, pero al alcance de todo tipo de público, como concepto descentralizador y participativo, aquél que hace más amplio el acceso al medio audiovisual, en este caso, a todo un barrio enganchado a las "suecadas" de los dos protagonistas. Se llega de esta manera a un nuevo vistazo de la tipología cómica que propone un estilo complementario, renovado bajo los designios de lo puramente freak, de ese cine hecho con el gusto y la morriña por los clásicos comerciales de los inolvidables años ochenta. Un cine que ha marcado a toda una generación de cineastas y que, incluso hoy en día, sigue sin ser reconocido por la crítica supuestamente más estudiosa. Michel Gondry expone nostálgicamente el cine como un sueño que vivir, una cambiante esperanza utilizada como una especie de escapismo a la vida real. Sin embargo, esa realidad, desbarata los sueños que sirven como impulsores de los deseos inalcanzables. Es, sin ningún tipo de duda, el sarcasmo entre esta democratización del cine y el conflicto que se da entre la calidad y las oportunidades. Lo que hace el francés, a través del desplazado VHS, es metaforizar con el presente y futuro del cine, donde por mucho que las "suecadas" funcionen como una coartada intelectual y estimulante, colisiona de lleno con el cine de verdad. Gondry cuestiona así la industrialización comercial del cine, simbolizado en los terrenos que destruyen la nostalgia y el pasado o los abogados de los grandes estudios que acusan a los héroes cotidianos de plagio, cuando en realidad lo que están haciendo es cercenar una esperanza utilizando las leyes de piratería en su propio beneficio. El mensaje no deja de ser encendido, ya que se plantea un cine visto como tal por las multinacionales, porque, queramos o no, es la única vía para crear una película con aspiraciones exclusivamente comerciales. Incluso Be Kind Rewind formaría parte de esta catalogación. Y Gondry lo sabe. Y no deja la oportunidad de potenciarlo con ese arresto medio subversivo que posee, idealizando la necesidad de narrar historias con un ímpetu romántico, sin atender a condicionamientos ni presupuestos. Be Kind Rewind es la añoranza por una expedición por el interior de la memoria, a través de los títulos que los protagonistas realizan sus "suecadas" -Driving Miss Daisy, Rush Hour 2, Robocop, Carrie, 2001: A Space Odyssey, Ghostbusters etc.- y todas aquellas películas que no han podido mostrarse por culpa de los derechos de las poderosas Majors.  Quizás por este lado encontremos el defecto de lo pretendido por Gondry, es decir, que precisamente en donde las parodias de las películas son simples anécdotas, recursos frenéticos, pero sin la debida profundización o una brillante síntesis. Tan sólo algunos pocos planos reconocibles o la sobre-impresión de los títulos de las cintas hacen reconocibles los homenajes. Esa es la gran traba de este inofensivo entretenimiento. La quimera viene dada por la singular re-lectura del metalenguaje aplicado a la fábula sobre el cine dentro del cine, y su troceado de mecanismos genéricos divulgados a través de los títulos que se usan como remakes. Si bien es verdad que Be Kind Rewind es una descarada apuesta por el mercadeo de Gondry, también es cierto que es cine creado con la artesanía de un ducho a la hora de llevar a cabo la realidad con un seductor toque de fantasía; bien sea en la tosca recreación de las películas que desfilan por pantalla, como por ese embeleso del entorno de barrio del pequeño Passaic, en Nueva Jersey, logrando la atmósfera suburbial, punto de unión en la sub-historia del fabuloso  Fats Waller, uno de los grandes pianistas de la historia del swing y del stride piano. Un atinado recurso de musicalización que se impone como testimonio de la tristeza para poder colegir que el cine es un acto de idolatría que enlaza a una comunidad. En definitiva crea una deliciosa Buddy Movie, porque la hace funcionar como comedia, y en varias de sus escenas, como una película lleno de emociones de tesis o de acción, dentro de una simulada concordancia populista que se incorpora a todos los sectores del público. La ilusión, para Gondry, es lo último que se pierde, como lo demuestra en la historia paterna filial del viejo Fletcher, muy bien representado por Danny Glover -Sigourney Weaver y Mia Farrow también aportan lo suyo- aunque Mike luzca embaucado toda su vida con la única esperanza de mantener la certidumbre. Ese es el tronco medular que sostiene un film que tiene en Jack Black a su mejor comisionado. Un actor que detona en el exceso, desbordante en su peculiar histrionismo, en el que sólo él sabe dar rienda suelta a sus gags y aspavientos plagados de excentricidad, que aquí funcionan mejor que nunca. Be Kind Rewind supone ser muchas cosas a la vez, pero podría haber sido una obra de la cultura popular ochentera que muestra con sutileza que su vigencia debería ir más allá de una trascendente trama -incluido su emotivo desenlace- que no propone moralina alguna. Pero, tengo la sospecha que Gondry se deja envolver por esa sensación de sentimentalismo muy propia de los blockbusters a los que homenajea a medias, sin pasarles la mano y el trapo, pero si pone en el tapete al verdadero espíritu que podría haberle atribuido a tan decorosas cintas de los ochenta. No se la pierdan, porque se van a entretener y encontrarán algún toque de sentimentalismo.