jueves, 31 de enero de 2013

“Flight”, guión, efectos, cinturones ajustados, y la maña de un piloto con sabor a vodka y a perdón.






































































En Lima, a finales de Enero y comienzos del  mes de Febrero de todos los años es la fecha de los grandes estrenos cinematográficos norteamericanos, ya que a fines del mismo mes o principios de Marzo -este año la ceremonia será el Domingo 24 de Febrero- se realiza la más prestigiosa fiesta del espectáculo en los EEUU;  The Oscars -a veces pareciera que tanta libertad expresiva puede resultar peligroso o con cierto aroma a censura- que brinda la reputada Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, esta vez en su edición 85. Para los cinéfilos -en francés significa “hijos del cine”- casi 45 días para observar y analizar lo mejor del cine yankee -es su festejo- de los 365 que posee el año. Mes de pronósticos reservados, de toda condición, solo es necesario como requisito observar las nueve películas en competencia, y sacudir de inmediato nuestro instinto cinematográfico, y tomarle la mano a las formas que casi siempre adopta la Academia. Las injusticias de siempre vuelven a repetirse en todos los rubros de nominaciones, y muchos artistas ven frustradas sus esperanzas de poder acceder a un premio codiciado por todo el que forme parte de esta fascinante industria artística universal. Por otro lado, esperemos que los distribuidores nacionales no nos fallen -lo han hecho acertadamente en los últimos años- con acercar a nuestra cartelera las películas nominadas, aunque éstas ya pueden ser conseguidas en los mercados paralelos, a aprox. US$ 1,50.- por unidad. Esto no es ningún “Top Secret”, y si no fuera por los preocupados piratas -escoger bien sus proveedores- el 100% de nosotros, adictos al cine de todo género y presupuesto, estaríamos “Perdidos en el espacio” como esa serie de TV yankee de los años setenta. No me refiero obviamente a los films que compiten por el Oscar sino a todo tipo de cine. Pero éste sigue siendo un tema poco probable de llegar a una zona confort -imagínese usted apreciado lector, que el primer y único Ministro de Cultura de nuestro Perú, proveniente de las filas del insalubre gobierno de Alan García Pérez, era un asiduo parroquiano de películas piratas- porque los mismos funcionarios de aquellos entes que combaten a rudos pañuelazos a la piratería, la consumen como azúcar, así que antes de colocar nuestras esperanzas en manos de los que manejan la cartelera, la certidumbre -reitero saber donde y a quien comprar- recae en el trabajo de hormiga de los corsarios del cine. No quiero tocarle la próstata bruscamente a nadie con estas opiniones, sólo decirles que pactando con la piratería se hubieran logrado acuerdos fructíferos para todos -y no solo para ambos oponentes- en la golpeada mutación de una cultura ciertamente involutiva y recortada en las cabezas de nuestros estudiantes y maestros del arte en general.... Flight o El vuelo del reinventado Robert Zemeckis -pasa de género en género, como de cóctel en cóctel sin parecer haberlo saboreado- es un claro ejemplo. Hace más de tres semanas que la copia está “a disposición”, en buena calidad, y sin problemas para los que dominan el idioma inglés. Sería interesante tener ya las que compiten por la estatuilla. Eso nos daría tiempo para que cuando observemos por TV la ceremonia el 24 de mes, podamos disfrazarnos de “ciudadanos yankees” por algunas horas, y formar parte del espectáculo. No estoy de modo alguno tratando de hacer apología del fenómeno, solamente me atrevo al bosquejo del escrito por lo que observo con minuciosidad en los diversos lugares de abastecimiento. Otro avance, me enteré hace poco que existe “Delivery” en esto de las PEPI (Películas Piratas). Es obvio que cuando el film se estrene, voy a ser de los primeros en comprar mi boleto e ir a la sala de un buen cine -se observa y se escucha mucho mejor- pero, cómo solucionan su problema los que carecen de dinero, y que consideran que el precio de 03 o 04 DVDs por S/. 10.00.- (US$ 4.00.-) es su única alternativa. Ajá, ahí está el detalle, frase que inmortalizara el insigne Mario Moreno “Cantinflas”. Ellos también tienen los mismos derechos, y la Constitución así lo predica. La solución : Que el Ministerio de Cultura negocie con sapiencia con los corsarios culturales…… No hay otra. Pelear es perder prestigio. Por cada tienda que cierran los piratas abren 10. 

Bien, Denzel Washington aterriza en un film donde predomina la acción para posteriormente pasar a un viaje interior de manumisión de su personaje, el Capitán Whip Whitaker. La película es dirigida por Robert Zemeckis, uno de esos directores con la destreza puntual de dramatizar situaciones que se presten o no a los requisitos del género que desarrolla. Flight o El vuelo es de esos films singulares o enigmáticos donde su personaje protagónico es un hombre conflictivo, turbado, con serios problemas existenciales, un ego descomunal, sumado al exagerado consumo de alcohol -que logra controlar en determinadas situaciones y en otras lo vence- además de aspirar unos cuantos gramillos de cocaína para bajar la borrachera. Menudo papel que solamente un actor de experiencia, con brilloso temperamento histriónico, y comprobada verosimilitud -como Denzel Washington- podría sacar adelante, y sin duda que lo logra. El film nos hace recordar la tragedia real del Cap. Robert Piche, que en 2001 se convirtió en un héroe nacional yankee al salvar la vida de 306 pasajeros. Poco después, un periodista descorcharía como una costosa botella de Champagne su existencia privada, y sería defenestrado públicamente. Algo similar le pasa a nuestro anti-héroe, el caprichoso y molesto Cap. Whip Whitaker, experimentado piloto de aviación que salva a casi todos los pasajeros en un accidente aerocomercial en un vuelo regional de Orlando a la ciudad de Atlanta. La investigación posterior que se emprenderá para clarificar lo sucedido saca a la luz las adicciones de  Whitaker, que deberá decidir si seguir engañándose a sí mismo, mintiéndole a los periodistas, o ser lo suficientemente franco para contribuir a aclarar los hechos, o quedar redimido y tranquilo de conciencia. Zemeckis no duda en poner en pantalla la travesía física y espiritual de un hombre para conocer su propia verdad, y lo hace con un cine de acción de alto nivel en la primera mitad de la obra, para luego entregarnos un film que se va posando en su propio existencialismo laberíntico para caer finalmente en un desenlace típico del melodrama moralista norteamericano. No es una historia decepcionante, no es una mala película, no está mal hecha, es bastante aceptable, pero Zemeckis como viejo zorro, pudo haber utilizado muchos de los recursos que el cine le ofrece -no sólo los efectos especiales- sino artificios de libro como los flashbacks que bien podrían haber desenmascarado el pasado de Whitaker, y encontrar algunas conexiones o pistas para explicar los nudos de acción de la trama, y que ésta no se le líe sola. Una historia de adicciones en un piloto del nivel de una famosa línea aérea yankee, no debe caer en lo convencional, sino profundizar en plantear complejos ángulos argumentativos para darnos a entender diferentes versiones, y poder así lograr desterrar o confirmar algunas facetas de los componentes de una tragedia aérea. Tiene escenas poderosas y seductoras como la de la confesión de Whitaker con su vieja compañera de vuelos, a quien le pide en el velatorio de la azafata que en el juicio piense en función a la lealtad o a la verdad de los hechos con relación a lo que vaya a contestar cuando atestigüe. Daría la impresión que lo que le ha faltado a Zemeckis es presupuesto, porque capacidad es lo que le sobra al cineasta que hizo la inolvidable Forrest Gump. La historia que exhibe Zemeckis es endiablada desde un comienzo donde hay un desnudo alentador no sólo para los ojos de los caballeros, sino que trasmite cómo es realmente la relación de un piloto con la fly-hostess de turno, y todo el runrún que rodea este tipo temporal de romances. Luego Whitaker- se traslada al aeropuerto como un piloto comercial, seguro, normal, pero en nulas condiciones fisiológicas, y consigue aterrizar milagrosamente su avión tras una catástrofe en el aire. La escena de las botellitas de vodka con el jugo de naranja con mano izquierda mientras alienta a los pasajeros a cara pelada luego de la tormenta es formidable, como también lo es la pericia al voltear el avión, y conducirlo de panza. Tras el accidente, Whitaker es vitoreado por todo mundo, pero según se va sabiendo de las investigaciones, surgen más preguntas que respuestas acerca de quién o qué es responsable de lo que ha ocurrido realmente en ese corto vuelo de cincuenta minutos. Washington ha conseguido una nominación a los Oscars como mejor actor principal por su excepcional interpretación. Al actor lo acompañan en el reparto Don Cheadle, Kelly Reilly –la bella británica- John Goodman –un capo total- Bruce Greenwood y Melissa Leo -hermosa cincuentona- entre otros. La otra candidatura de la película para la gala de los premios Oscars es por el guión original de John Gatins. Particularmente, no me apetece esta nominación ya que la idea -y esto lo sabe de memoria la Academia- no es medio guión sino guión completo. Parece que Gatins se quedó solamente con la presión y la euforia que se siente al realizar acrobacias en el aire, y con ese tipo de malabares, y algún tipo de intriga o culpabilidad no adrede ya en tierra, pero le faltó aclarar la mente para estacionar sus verdaderas intenciones de torear el drama del hombre frente a sus miedos cuando escribió la segunda parte del guión. Lo que sucede es que cualquier argumento que puedan poner en manos de Denzel Washington, éste lo transforma de manera tal, que no pareciera que hay fallas, pero sí uno sabe del negocio se da cuenta de inmediato que existen. Lo que pasa es que lo que tapa esta ausencia de escenas más estilizadas o vinculantes de una tragedia semejante es la brutal interpretación que hace Washington en cada escena que sale. Es un tipo de lo más repugnante, pero su gestualidad, sus matices -ese borracho cariñoso y desesperado que hace es increíble- su diversidad de miradas culpables e inocentes, y su genial histrionismo jamás excedido, nos conduce a que nos centremos en él, y no en todo lo que lo rodea. Finalmente, en este despiadado contexto, no me queda duda que Denzel Washington sea el héroe de la jornada o por lo menos la persona menos dañada por el mal de altura. Zemeckis va desarrollando el largometraje de mayor o menor confiando más en el sensacionalismo de sus envidiables efectos especiales, que en la observación del fenómeno que trata de describir tras la redención de Whitaker. El cine es un arte de verdades pequeñas. Cuando un director decide invadir lo macro o aspira a grandiosas cosmogonías, no ocurre lo mejor. Muy buena película, entretenida, con una maravillosa actuación de Washington que vale la pena irla a disfrutar. Hizo bien la Academia en no nominar a Zemeckis ni al film, pero falló en nominarla a mejor guión original. La pregunta es la del millón: ¿¿Ganará Washington el Oscar a mejor protagónico?? Podría ser, pero vean a Daniel Day-Lewis en Lincoln, y tendrán una papa en la garganta, como la tengo en este momento. Quizá en otro comentario explicaré mis fundamentos. Mi consejo: Vayan a ver a Denzel, los efectos especiales y a un John Goodman VIP,  el desnudo, y una buena actuación de Don Cheadle, como abogado del piloto. Un chico de 14 o 15 años me dijo: Señor, Ud. cree que las autoridades no van a revisar el estado de un piloto antes de abordar un vuelo. Bueno le dije, no seas fundamentalista que a tu edad estás para disfrutar el espectáculo visual que te entrega la película. Luego, lo tomé del brazo, y le señalé: Mira, lo que tú dices es verdad y sucede en los EEUU. En los viajes de Perú tendríamos que hacernos la misma pregunta. Siempre hay que mirar en casa.