domingo, 6 de enero de 2013

“V of Vendetta”, el terrorismo visto y vencido desde el lado poético.


































































Cuando estaba por Iquitos hace algunos días, el gringo Gerald –dueño del The Yellow Rose of Texas- me dijo que en la zona había un muchacho que sabía al revés y al derecho el tema “Manga” o el cómic japonés, que le gustaba el cine, y que lo iba a contactar para que almorzásemos. A mi me interesó no por el tema del cómic nipón sino por su supuesta sapiencia del cine en general, y obviamente si conocía el blog, ya que recuerdo haber comentado el año pasado la película American Splendor. No les miento, a los 15 o 20 minutos llega un chico de unos 17 o 18 años, y se presenta como la persona que me recomendó mi amigo yankee. Dicen que la pinta es lo de menos, así que los dos no zafamos del dicho, un viejote parloteando con un pibe, que me sorprendió con un ropaje increíblemente higiénico, como si estuviera purificado. Ustedes no son tontos, y se darán cuenta por el supuesto del tiempo transcurrido, por la edad del muchacho, y por la facha que traía –Gerald le había dicho que estaba en su restaurante el mejor crítico de cine que había conocido- que me encontraba frente a un animal del fanatismo duro sobre el cómic. Un post-adolescente que me prohibió decir su nombre, si escribía lo que hoy comentaré, pero dicho con una decencia y una pureza, que por insistencia mía empezamos la larguísima conversa acerca de él, y de su pequeño pasado. Entonces -mientras él hablaba de forma muy correcta- yo pensaba en la educación que se nos brinda en casa y en el colegio a los peruanos, y me confundía con esa desidia de los gobiernos populistas que se autoproclaman como democráticos, y que prometen el oro y el moro, y que nunca dejan algo sólido –no más colegios sin techos ni computadores, busquemos profesores que sean a la vez padres de familia con experiencia, y dotarlos de una curricula académica que enseñe lo básico, y que se practique mucho- éste chico de origen japonés es pobre, me llevó a su casa para mostrarme su ordenadísima colección de películas. Yo me imaginaba una casita de esas que hay en Iquitos con dos ambientes mínimo, pero no, todo empezaba en un largo callejón sin piso de cemento, y al fondo doblando a la izquierda, estaba su refugio. Muy escaso de cosas –al final de la noche le dije que me quería reunir con él temprano, tomar desayuno donde Texas e ir a hacerle un regalo de mi parte para su familia- eléctricas y demás. No tenían comedor, y cada quien comía en la cocina turnándose de a dos –eran solamente cuatro en casa- el padre de familia era una enciclopedia humana –lamentablemente enfermo, menor que yo- y una deliciosa madre como todas las nuestras, llena de afectos verbales y bromas que me hicieron sentir tan charapa como el Papa, se acuerdan?? Les ofrecí llevarlos a comer, no aceptaron, me di tanta manija –como dicen los argentinos- que casi me los llevo a empujones. Obviamente cenamos con Gerald, y la reunión se convirtió en una especie de réplica hablada de la Segunda Guerra Mundial –que terco el yankee- y el japonesito se molestó, y lo volvió loco al gringo. No les voy a contar lo que le dijo porque esas anécdotas son las que uno tiene que guardarlas para contárselas a los gusanos. A la mañana siguiente, mis dos amigos se saludaron –eran las 8.45 AM y nos reunimos en el Texas- pero lo noté a Gerald como si el petiso le hubiera pateado las bolas. En fin, cada quien con su cuento, y como controla la lengua. Me lo llevé a un sitio donde venden artefactos eléctricos en el centro, y le digo: mira hermanito, en honor a ti y familia, a lo que me enseñaste, a la maravillosa casa que me llevaste y todo lo demás te voy a obsequiar, una refrigeradora LG -costaba algo de S/.1,700.00- de tantas vagonetas para la Coca Cola, los huevos, las verduras etc. El pequeño japonesito se puso furioso como un ninja que le habían metido mano, y se armó tremendo pedo. Lo peor es que no había gente en la tienda, pero se llenó al tercer grito que metió mi brother japonés. Tuve que esforzarme unos 35 minutos para calmarlo, no para que aceptara el obsequio. La cosa se tranquilizó gracias a Pamela -la mujer de Gerald- cuando lo devolví al nipón al restaurante. Ella es peruana, le expliqué el asunto, y en 15 minutos el amigo manga ya estaba convencido. Les voy a contar algo gracioso pero reflexivo. Según el cálculo de la tarifa eléctrica de Iquitos y la potencia instalada del artefacto, el valor del consumo era de 16 nuevos soles por mes, ojo que acá en Lima debe ser un poco más sino es el 50 al 70% dependiendo del tamaño del refrigerador. Por ahí comenzó a convencerse mi pequeño y pulcro amigo. El problema ahora era explicarle a los padres del manga el tema del regalo. Cómo hacerlo. Había que bosquejar una estrategia. Llegó Gerald, escuchó atentamente, y dijo firme lo siguiente: Yo llevo el armatoste, lo meto, se lo instalo y me traigo el viejo -se refería al refri- soy amigo del Cherry -le decía frambuesa al viejo del manga, no sé el por qué- pero la gran noticia para mi fue que aceptaron el obsequio, y me llamaron para ir a bendecirlo, sumado todo el cuento posterior, también divertido.

Lógicamente no hablaremos del Cómic Manga esta vez, aunque bien podríamos hacerlo según la magistral clase que nos dio nuestro querido amigo. En lo referente al cómic yankee me señaló que lo que había hecho Nolan con la segunda película de la trilogía era una cosa descomunal, aunque le había gustado también la tercera. Otro de los films que me llegó a explicar que le movió las neuronas –quizá más que los de Batman- fue el anime francés Persepolis de Marjane Satrapi y Vincent Paronnaud –fantástica película que le prometí comentar- ya que el cómic original fue escrito por la misma realizadora Satrapi, y luego adaptado para cine también por ella. Un esfuerzo excepcional, que no fue premiado aunque si nominado por la Academia, y por el Golden Globe, pero que recuerdo sonó bastante ese año. Yo le dije que tenía publicada American Splendor. Gracias a una tienda de alquileres la conseguimos, y se la entregué para verla. Me envió, su comentario por correo. No me pareció mal, tampoco me descolló, pero su tema es otro, puede equivocarse como lo hago yo, pero él es corredor de motos no de Fórmula uno, esa es mi impresión. A mi me hizo unas cuantas críticas que como lector a él le afectaban, y le di la derecha, no me molesté ni un milímetro. También le había hecho mención de V of Vendetta de James McTeigue, y guionada por los hermanos Andy Wachowski & Larry Wachowski, del cómic original de Alan Moore y David Lloyd. Me dijo que no la llegó a ver en cine aunque también la obtuvimos en la tienda de alquiler, así que ha quedado pendiente su opinión. Yo este comentario, ya lo había casi terminado en Iquitos, pero bajar las fotos de Internet era una caminata lunar. 35 minutos para una foto. Movistar es un desastre. Algo final de mi amigo japonés, que todo era comentable u opinable acerca del cine basado en el cómic, pero que jamás cometamos la torpeza de meter dos películas cuyo valor agregado es que son documentales. Los títulos son: Secret Origin: The Story of DC Comics  y Crumb, que la tengo y voy a repasarla para poder postearla si la ocasión lo amerita. De la primera me dio una copia así que la revisaré cuando tenga tiempo ineficaz.

En fin, vayamos a lo nuestro. Comencemos con lo siguiente: El Perú es un país que pasó por el altísimo costo que supuso el cáncer del terrorismo, pero que no nació de una novela gráfica sino que surgió y atacó directamente de la realidad. Todos los que pasamos los 30 años sabemos cuanto sufrimiento e impotencia nos dieron esos cientos de hijos de mil putas que intentaron conquistar el poder pensando que leyendo un libro que vale tres carajos, iban a quitarnos la identidad que nos legaron Bolívar y San Martín. Los del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru MRTA –que tuvieron un poco más de cojones para jaquearnos con el rostro descubierto, y no mediante el terror invisible- también emergieron con alguna fortaleza, pero que terminaron fulminados como la muerte de 14 o 15 animales con rabia. Pero, el tema es que aprendimos la lección, y que sin embargo, ahora el hombre que se tumbó a los pelotudos que lideraban ambos menjunjes, hoy se pudre poco a poco en una carcelería excesiva. Ese japonés ladrón y corrupto, nos robó pero también nos salvó el pellejo, y como en la vida hay que ser agradecidos, los peruanos de buena voluntad debemos darle una agonía digna. Tenga un poco de inteligencia señor Humala. Lamentablemente en el Perú hay cosas más importantes como la comida, y los carajos de una legendaria ex-jugadora de voleibol, medalla de plata en las olimpiadas de Seúl. El terrorismo dejó una enorme huella indeleble en Ayacucho –la cuna histórica de esa barbarie- que quebró un departamento, pero jamás a un país. Hoy el Perú, les enseña estrategia y táctica contra el terrorismo a todos los países que tienen la desgracia que ese excremento intelectual quiera volver a brotar. Haciendo una relación directa, en V of Vendetta –ficción del cómic al cine- tanto McTeigue y los hermanos Wachowski han mantenido, pese a distorsiones con respecto a la pauta original, el espíritu insubordinado y contestatario de la novela gráfica de Moore y Lloyd. Recuerdo que cuando se nos vendió el film existió una minúscula barahúnda de los fanáticos y cinéfilos peruanos al confundir cualquier burda desavenencia armada con el fenómeno del terrorismo. Un argumento tan sensible como este, la utilización de la violencia en un lugar carcomido por la injusticia social como finalidad de hundimiento de un gobierno totalitario, es un planteamiento que en ambas versiones de V de Vendetta podría convertirse en un ridículo sesgo de la perspectiva que conceptúan las palabras equidad y libertad  si esta violencia no se comprende como clara contestación a la limitante coercitiva, como lucha del individuo contra el Estado en una ficción donde los ciudadanos construyeran la dilatación del intervencionismo rebelde. Hay que ponernos las pilas entonces, y meditar sobre las consecuencias de la tiranía explícita o subversiva, y acerca de si en situaciones de opresión política es lícita la violencia por parte de los humillados. V de Vendetta, el héroe anónimo enmascarado del cómic y de la película de James McTeigue es hoy una marca. Un sello que determina causas políticas de izquierda y de movimientos sociales por todo el orbe. De otro lado, el mundo festeja en cada rincón con una máscara, que sin ser portadora de una idea totalitaria, pero que sirve como escenario de un mundo que reclama el derecho a la individualidad. El pasado parece cobrar otros rumbos. V de Vendetta, se presentó en forma de novela gráfica a principios de los ochenta como una proclama de acción y reacción, de recriminación a futuras instituciones de coerción con tendencia hacia las tiranías que intervienen en las economías privadas e internacionales, recordando lo que señaló David Hume, en el sentido que todos los regímenes dictatoriales se sostienen sobre la aceptación mayoritaria. Por eso, la intención de Moore y Lloyd fue la de hacer reaccionar al lector ochentero, provocar multiplicidad de cavilaciones, ubicados dentro de un contexto histórico y social que no ha perdido vigencia a pesar de casi 30 años transcurridos. Hay que ser muy cautos contra los gobiernos engolosinados por la seguridad, contra aquellas administraciones que utilizan el miedo –cuidado Argentina- como arma para suprimir la libertad de la autonomía individual. Tenemos que combatir, hay que luchar, contra la ignorancia atrevida, la desidia intelectual, la inconsciencia social, el automatismo o la irreflexión. Busquemos erradicar de nuestro país la propaganda de algunos políticos profesionales que pretenden que las execrables minorías sean beneficiadas, y usar al pueblo ignorante como carne de cañón para oscuros intereses que su regalada gana les dicte. No volvamos al pasado. Sigamos en el presente. Obviamente, una ficción que reúna este tipo de contexto social, con ausencia de libertades y utilización del hombre de a pie como una propiedad del Estado que determina y manipula con despotismo y abuso de poder, tiene su noción literaria en las novelas 1984, de George Orwell, Un mundo feliz, de Aldous Huxley y Fahrenheit 451, de Ray Bradbury, obras que nos muestran una sedición o motín contra gobiernos o estados anárquicos que controlan absolutamente todo acerca de la vida y pensamiento, en un hipotético futuro que resultaría inminente. Por supuesto, una ficción que alude a una circunstancia que puede venir por hechos catastróficos provocados por el hombre o la naturaleza, como una guerra, un maremoto, una plaga o lo que sea, pero que genere una profunda depresión en la población que posibilite que los dictadores de turno que vuelvan a vender su veneno.

En relación a V of Vendetta, cuando Moore y Lloyd publicaron su cómic, éste procedía de una III Guerra Mundial, dejando a la población aletargada en un Londres que pasaba a ser un estado fascista controlado por un organismo dividido en fragmentos de poder con la única finalidad de tiranizar al pueblo en su propio beneficio. La Cabeza -término para designar a un líder totalitarista- y sus demás instrumentos políticos; la Boca, el Dedo, la Nariz, los Oídos y la Voz del Destino, son términos que el asiduo lector del cómic recuerda para evidenciar la indefensión, la brutalidad, el desamparo de todos los personajes, ya sean víctimas o verdugos. Para su adaptación cinematográfica, los hermanos Wachowski han llevado con pulcritud la novela gráfica a la gran pantalla. Los fascistas británicos siguen teniendo el lema de Fuerza a través de la unidad, unidad a través de la fe. Pese a que el trabajo de Moore y Lloyd sea más ambientalista, psicológico y enriquecedor que la postura fílmica, se ha logrado mantener parte del espíritu aunque reblandeciendo inquietudes propias de aquellos tiempos de continuada reflexión.  Los hermanos Wachowski han sabido actualizar y reubicar el cómic sin necesidad de enfatizar sus cambios respecto a aquél. El film se configura desde su origen como la misma crítica feroz hacia los regímenes imperialistas apoyándose en la necesidad del desorden extremo si la autoridad olvida sus principios básicos de salvaguardar a la sociedad. “Desde el principio de la humanidad, un grupo de opresores ha aceptado la responsabilidad de dirigir nuestras vidas. Esa responsabilidad nos pertenecía”, pregona el enmascarado. Es la ideología revolucionaria de V -una inspirada lección de Hugo Weaving que deposita su interpretación en su penetrante voz- el romántico terrorista sin rostro, oculto bajo la sonriente máscara de Guy Fawkes, personaje revolucionario del siglo XVII que intentó volar el parlamento inglés un 05 de noviembre en la llamada “Conspiración de la Pólvora” , en venganza por las leyes penales contra los católicos. Desde entonces esa fecha en Inglaterra se conoce con el nombre de  “The Bonfire Night”. En esa esfera de un utópico lirismo ideológico y romanticismo político, el hombre sin rostro, la idea de libertad bajo una máscara que representaron individuos como El fantasma de la opera, Lagardère o El conde de Montecristo –film favorito de V en la cinta- V de Vendetta sigue hablando de un sujeto que tiene claro y lucha por sus ideales, que pasa a ser la figura simbólica de un credo que cobra vida como estentóreo para que los pobladores investiguen en que consiste la verdadera libertad y su valor intrínseco. V, personifica la fábula humana, el promotor del Verwirrung, el caos de la violencia que desatará esa libertad, y que trasladará al mundo el Ordung, el verdadero y arbitrario orden social. McTeigue se beneficia de su aceptable pulso narrativo, los hermanos Wachowski de su muy buena adaptación del guión, y ambos de la brillante imaginería visual para proponer las mismas preguntas y controvertidas tesis que Moore y Lloyd sostuvieron hace casi 30 años, invitando al espectador a descodificar a los personajes y asumir el argumento desde una posición pensada para aplicar el mensaje a su voluntad. El V de la cinta sigue simbolizando la dignidad de ese pueblo que se solivianta en contra de la tiranía y zarandea la moralidad popular. No es un terrorista, pese a asesinar a los inmorales que lo quemaron en un campo de concentración, sino que ocupa el lugar de un vengador anónimo que obliga con su temeridad a salir al pueblo de la indolencia intelectual. V predica que los autócratas no tienen cabida y deben ser exterminados para ratificar la hegemonía de una verdadera y asertiva justicia sustentada sobre los pilares de la libertad. Por lo tanto, la clave del film sigue siendo la proposición de una idea concebida y promocionada por un hombre que busca eliminar los símbolos del fascismo estatal británico que –como todo gobierno dictatorial- afirma que la sociedad en su conjunto debe de movilizarse con la hipótesis  que los ciudadanos son los únicos mentores de su destino. Las diferencias de la película con respecto a la obra gráfica de Moore y Lloyd se instalan en el énfasis temporal del presente, no del futuro inmediato. En la película no hay rastro de una III Guerra Mundial, sino que existe una determinación política que resulta como producto de una embestida con armas biológicas que expone Gran Bretaña bajo la servidumbre del absolutismo. Todo esto a través del discurso demostrativo  que el dictador de turno Adam Sutler -demasiado histriónico el notable actor Sir John Hurt- ejecutó el ataque para ganar las elecciones, y llegar al poder, insinuando equivalencia con la actitud del nefasto George W. Bush en los atentados contra las Torres Gemelas. En ese sentido, el V de Vendetta cinematográfico refuerza con eficacia este punto y busca una segunda lectura con la situación política de hace siete años. Por otra parte, la intervención de Evey Hammond -una actuación sobresaliente de Natalie Portman- que aquí no es una joven prostituta maltratada, sino que trabaja en una cadena de televisión, y ya no es la vulnerable aprendiz del cómic, tiene una conducta más lúcida de la realidad, ya que sus padres fueron activistas militantes contra el régimen opresor de Sutler, lo que la equipara a la ideología de V, que sólo tiene que trucarla ante la verdad de su condición de esclava social, para ponerla de su lado, por lo que la unión de V y su amada Evey pertenecen sin atenuantes a al mismo sentir insurrecto, no en su tortura o en la hermosa historia de amor de Laurie. Sin embargo, McTeigue opta por dar importancia a la humanización de V, lo que no está mal, marcada por una historia de amor a la que sucumbe una persona cuya esencia son sus propios ideales, hecho que en la novela gráfica permanecía sombrío. Wachowski  ha obviado las varias tramas de corrupción política, que en el cómic si eran  destacadas sobretodo dentro de la debilidad que poseía el gobierno, y que en la película se concentra en un solo personaje inventado, el de Gordon Dietrich, ese director ambiguo, gay y subversivo que guarda una copia del Corán como trofeo de rebeldía, y que es asesinado justamente por eso. En cualquier caso, los Wachowski y McTeigue han logrado equilibrar la balanza de la decencia de aquellas acciones provenientes de sus personajes como negación al totalitarismo. Además, se ha respetado el desenlace del cómic, pero convirtiendo los múltiples rostros metafóricos de V solventados en los inocentes que han ido muriendo por la causa de Guy Fawkes. V de Vendetta se percibe como una majestuosa apuesta por un cine brillante, de diseño perfecto según lo que pretende, de tesis polémicas para la reflexión continua, la valentía de pensamiento liberal y anti-estatista dentro del temor hollywoodiense. Considerando que los tiempos de Bush y Blair no variaron casi nada de los que protagonizaron Reagan y Thatcher, la película de los Wachowski y McTeigue nos levanta el espíritu y nos da las armas necesarias para combatir en ambos frentes a aquellos regímenes que busquen torcer nuestro derecho a la individualidad. V es un artista intelectual, un poeta que vence, y no un terrorista. Notable película.