domingo, 10 de febrero de 2013

“Beasts of the Southern Wild”, el sonido de los corazones sin destino.



























































Siempre cuando nos referimos a cintas de origen independiente, de bajísimo presupuesto, con serios dilemas y trabas para llevar a cabo sus sueños, anhelos y metas, sabemos que su única alternativa de salvación es la de buscar legítimas oportunidades de presentarse en pequeños Festivales -muchas veces nimios y costosos- realizándolo con dilección, y sin dejarse menospreciar. En este rebuscar infinito de destinos contrariados, nos cruzamos ante diminutas obras artísticas que sabiamente lanzadas al ruedo en el momento justo, pueden tranquilamente competir con aquellas respaldadas por los grandes estudios multimillonarios yankees. Es el ejemplo de Beasts of the Southern Wild, una de esas maravillosas aventuras coyunturales que nos transmite sin titubear, su elemental sentido por la vida, su inocultable cariño por sus tierras, sus carencias, sus equívocas alegrías, sus convicciones, y nos comunica con una facilidad tan asombrosa como envidiable sus verdades sencillas, salvajes y funcionales, cuando éstas responden a los tratados de la ferocidad y los contrastes lacerantes, que aunque parezca broma, las aman porque las comprenden a su manera. Una película sin doble discurso, directa, que respeta su título, y lo expone sin sentir abyección ni bochorno, riesgos que no la hacen rendirse ante nada ni nadie, y que trata de contar una historia igualando la ficción con la realidad en un único y humilde sentimiento, además de entregarse a un profundo calado de sensibilidad cuando se anteponen desgracias que tratan de ser disipadas sin suerte, y los que la sufren tienen obligadamente que convivir con ellas, e intentar dominar esa implacable bestialidad de la naturaleza enfurecida, aplicándoles dosis mágicas de fantasía para de alguna manera dejar que la cinta pueda fluir, y sus voluntades de narrarnos una historia, nos lleve hacia donde ellos necesitan trasladarnos, a una burbuja en donde nosotros somos verdaderos extraños comprensivos. Película que no agravia, ni se deshonra. Pero que más honor y gloria que ésta fábula encantada acaba de ganar el último Festival de Sundance 2012, sí, ése que lidera Robert Redford, y que ayuda a lidiar a aquellos films con preocupaciones de todo calibre. Pero, qué alegría y que confort para un espectador común -no necesariamente un cinéfilo- que éste film, ya no sólo se conforme con triunfar en la insigne, ya indispensable y altruista Sundance -además de otros festivales también sustantivos- sino que sea considerado por la Academia, por su calidad intrínseca, por su corrección en sus formas y estilo, y porque enfoca los problemas de una comunidad sin buscar el efectismo, quede nominado hasta en cuatro categorías: Mejor Película, Mejor Guión Adaptado, Mejor Actriz y Mejor Director, literalmente habiéndose comido tres apartados más, Mejor BSO, Mejor actor secundario, y Mejor fotografía. No todos los films de éste tipo corren con la misma suerte, pero éste, los representa con una dignidad que ya quisieran tener las grandes producciones. Beasts of the Southern Wild, representa al cine independiente en The Oscars, y eso ya es un orgullo para todos los que amamos este tipo de arte. No ganará, pero llegaron, hicieron su sueño realidad, y esas experiencias son las que motivan a seguir adelante para abrirle los ojos a los mandamases de la industria, y reconfortar nuestra conmoción por aquellos sonidos de los corazones sin destino.   

Beasts of the Southern Wild se sitúa en un lugar imaginario llamado Bathtub. Es decididamente un universo escarpado, rústico y brutal, no tan alejado de toda zona accequible para que la vida se fusione con el decoro. Son un grupo de familias que poseen en sus venas el arraigo por su pueblo, rodeado por el mar y la fantasía que parece tener éste. Nuestra heroína –nominada al Oscar- es una pequeña de unos seis o siete años perteneciente a esta desapacible localidad. Su nombre es Hushpuppy, y sus frases aprendidas de boca de su padre -que señala en off- son excepcionales verdades de una pequeña de esa edad. “Todo cuando encaja en su lugar es perfecto”, pero la vida se trata de que no todo deba ser así en el mismo film La miseria extrema la encorseta, agobia y hostiga con ferocidad. La niña tiene con obligatoriedad que aprender de algún modo en moldear una personalidad para desarrollarse e intentar valerse por sí misma, dentro de esa atmósfera opresiva, y lo hace jugando y buscando simbologías que representen su sentir. Tiene a su padre con serios problemas de salud -una interpretación correctísima de Dwight Henry- quien es la única persona que intentará que la protagonista pueda ser capaz de arreglárselas bajo las terribles limitantes que se sospecha se presenten. Hushpuppy, es la naturalidad, la ternura, la inocencia y el amor, pero también la fuerza, el nervio y la fibra. Sus peleas con su padre son maravillosas. Él se mata haciéndola entender que la vida no sólo son palabras, y ella le reclama con el silencio, o con algún cruce jugando a trazar una línea inviolable, o lanzarse objetos. Pero, existe un inconveniente que algún día llegará: la inundación. La niña fantasea con la presencia de su madre muerta quien le dice lo que ella quiere y necesita escuchar. Notable guión, porque la inventiva nunca descansa, siempre está atenta, aunque todo se encuentre en la cabecita de Hushpuppy. Esa vorágine que emana de su minúscula resistencia ante el desborde de los mares que empantanan el terruño, una hecatombe de una injusta naturaleza que todo lo va destruyendo de a pocos, se nos presenta como justificación para hablarnos sobre los imponderables de la vida misma, y que no todo lo malo es malo, sino una lección que llega a tiempo. Hushpuppy dice al final del film "todos vemos irse a los que nos hicieron ser". Frase que involucra lo aprendido, lo sufrido y lo que vendrá cuando ya no esté su padre. Otro puntal de Zeitlin es su consideración por lo que representa la familia. Padre e hija coinciden a la perfección en su relación, más allá de los roces o malos entendidos. Dwight Henry, es un personaje frustrado, mugriento y pesimista, que desentona con el personaje lleno de vida, hambrienta de conocimientos y experiencias, inteligente, lozano y sensible de Hushpuppy está perfectamente diseñado por el cineasta, pero es un gran padre, que pése al cáncer a la sangre, trata de educarla dentro de su cortapisa. La relación entre ambos, sus lazos que se borran, desdibujan y se vuelven a bosquejar con una traza más fuerte, llenos de secretos, problemas, separados por la enfermedad, marcados por la muerte, son magníficos.  La aventura heroica de Hushpuppy surge como el imán conductor de lo que pretende el joven director Benh Zeitlin, para que su film no solo sea la bella protagónica, sino que ella entrelace los diferentes aspectos que posee la historia en su conjunto. Hushpuppy se enfrentará entonces a un doble elemento cinematográfico: Cargar con su hermosísimo personaje, y transmutarse en la concatenación que enlaza la propuesta desde el ángulo que se le pretenda mirar o juzgar. Ella es la respuesta a todas nuestras preguntas y reflexiones La niña tendrá que liar no sólo con una inundación casi apocalíptica, sino contra la silenciosa enfermedad de su padre. Ya lo hizo cuando su madre falleció. Hoy, su historia, días más o días menos se va a volver a repetir. Benh Zeitlin lleva el tema como una calidad que sorprende -él es también adaptador del guión- y busca enfocarse con delicadeza entre sustantividad y alucinación, como una parábola entre dos circunstancias antagónicas, pero que finalmente es una sola cosa. Una, la propia existencia de Hushpuppy y la su padre, en medio de una mordiente naturaleza, luchando por que perduren sus vidas y su amor. Nos da la visión auténtica de un cosmos enganchado a un laberinto, donde el pulso de cada uno de los habitantes justifica su condición de seres vivos arraigados en sus sombrías vivencias. La narrativa, o la forma de contarnos la historia por parte de Zeitlin no puede ser menos que formidable, a pesar de las inclemencias y callosidades, de lo crudo que significa intentar vencer a las iniquidades de la supervivencia. Utiliza con corrección y sin buscar excesos, condicionantes en los recursos técnicos y expresivos que le ofrece el cine. La cámara en mano es utilizada con sutileza a pesar que ocupa una buena parte de rodaje del film, y la fotografía luce su mejor cara en la parte natural, y a la luz del día. Se nota el rodaje en 16 mm, sumado un equipo técnico quizá sin la experiencia requerida, pero con un corazón infinitamente monumental. Todo ello propicia la verosimilitud que pone en pantalla, es decir, la vida compleja de imperfecciones pero a la vez haciendo un juego atinado junto con la naturaleza. Zeitlin logra por momentos el sentido melodramático de su obra, así como su anclaje idílico. Pero, a veces no lo puede sostener y se le va de las manos. Pero, el novel cineasta que hace, lo que se debe de hacer, interpone su notable BSO cuya orquestación logra ocultar las deficiencias donde el caudal de mínima emotividad puede desbordarse. Eso es cine, utilizar las herramientas para manipularnos, y éste atrevido realizador de tan solo 30 años, lo hace como lo haría un experimentado relator de tragedias. Otra garantía que tiene Beasts of the Southern Wild son sus actores noveles. La niña Quvenzhané Wallis hace una de esas actuaciones para la posteridad, y no por su edad, sino por sus innatas condiciones para la actuación como un juego de probabilidades. La cámara la ama y ella ama a la cámara. Son entes complementarios que justamente se combinan para que puedan juntos crear sensaciones que nos deja estupefactos. Fíjense en la mirada que tiene la Wallis, y se van a enamorar de lo que hace y se le ocurra hacer. Su naturalidad impresiona, su realismo lo comparte todo, no se guarda nada, y hace con limpieza lo que le ordenan hacer. Eso es una actriz en potencia, vinculante. Ojala que siga y cuando pasen los años no se pierda en un film mediocre, y se hable de ella como se está haciendo hoy en día. Beasts of The Southern Wild, pareciera una hija adoptiva de la espiritualidad de Malick y la inocencia de Jonce. Zeitlin utiliza la simpleza para el relato, no se complica jamás, y nos va conduciendo sobre temas que trascienden, como la muerte, la fe, la ignorancia, el destino, la dimensionalidad, la existencia e incluso el medio ambiente, todo combinado con fina agudeza que determina fantástica narrativa visual cuyo mayor ambición lo consigue con un argumento de superación. Con una estupenda fotografía, que da cierta atmósfera documentalista -sobre todo en el primer tercio de la película- aportando gran luz a un ambiente que roza lo deprimente y con una música que nos pone los pelos de punta. Al realismo poético que funciona cual oda a la naturaleza, al enigmático pueblo se les une un realismo mágico como en los cuentos de hadas, aunque no nos encontremos en uno. Notables escenas de ensueño que representan la relación entre Hushpuppy y sus seres queridos le dan categoría a este film que de pequeño no tiene nada. Sin duda, esta fiel representante del cine indie en la ceremonia de The Oscars es una de aquellas óperas primas más acertadas y lúcidas de los últimos años. Ojala, que el guión adaptado pueda estar dándole un dolor de cabeza a los miembros de la Academia aunque por la forma y la distribución que se hará en el reparto de los premios, la pequeña Beasts of the Southern Wild no tenga posibilidad alguna.