viernes, 1 de febrero de 2013

"Lincoln", Spielberg le refresca pedagógicamente la memoria a las nuevas generaciones de norteamericanos.






























































El film Lincoln del a veces genial Steven Spielberg ha sido nominado en 12 categorías para la Academia por lo que su visionado se convierte en inevitable. El día de ayer fui a observar la obra favorita a llevarse la mayoría de los premios Oscars puestos en juego, y sin haber visto todas las nueve cintas nominadas -solo observé Argo, que me gustó más que Lincoln, y The Life of Pi que me sedujo más que las anteriores, sin significar quién ganará de modo absoluto la estatuilla-. La obra de Spielberg corre con la ventaja de ser como un refrescar en las conciencias yankees más recientes al más popular, y sin duda, el más importante de los presidentes que tuvo el pueblo norteamericano, incluso por encima de Roosevelt y Washington. Entre los focos más resaltantes que advierte Spielberg trasuntan la lucha interna del partido republicano, sus divergencias con los demócratas defensores de la esclavitud, su posible acercamiento a ciertas corruptelas para sumar votos a favor de la Enmienda de la Constitución, o, en el plano más personalísimo el problema matrimonial del presidente Lincoln debido a la muerte de dos de sus hijos, y algunas que otras discusiones airadas y humorísticas ocurridas en el Congreso yankee, tomadas con bastante salero por el realizador. Spielberg se aleja así de los ejes habituales de su filmografía. Quizás no sea  la película más completa del año 2012 en los EEUU, pero reaviva con sumo interés la figura del legendario Abraham Lincoln, uno de los presidentes que, como Roosevelt o el mismo George Washington, ha intervenido siempre en el ideario estadounidense con un gran recuerdo de la masa popular. Lincoln destaca como el garante de la unidad de los EEUU, tras derrotar a los confederados que aspiraban a la secesión de los Estados del Sur de aquel Estado federal. Es también una figura reconocida en la historia yankee por haber abolido la esclavitud –a través de la Enmienda 13 de la Constitución- y haber dado la libertad y la ciudadanía a los descendientes de las poblaciones inmigrantes de origen africano, es decir, a la población negra, que en EEUU se conoce como afroamericanos. Es justamente a lo que se dedica Spielberg en Lincoln, a tomar una de las etapas más difíciles para su impronta política, la guerra de la secesión. Lincoln también aparece como uno de los fundadores del Partido Republicano que en sus orígenes fue directamente opuesto al Partido Republicano actual, que está hoy altamente influenciado por un movimiento -Tea Party- chauvinista, racista y sumamente reaccionario detrás del cual hay intereses económicos y financieros que quieren eliminar la influencia del gobierno federal en las vidas económica, social y política del país más poderoso del planeta. El Partido Republicano fundado por el presidente Lincoln era, por el contrario, un partido federalista, que se le consideró como garante de los Derechos Humanos, entre ellos, la emancipación de la esclavitud en todo orden, es decir del esclavo negro, y del blanco también. Acabar con esta injusticia significaba que el esclavo pasaba a ser un trabajador legal, dueño de su propio esfuerzo laboral, y así lo hace saber en su discurso final que remata Spielberg luego del desenlace de su muerte en el film. Ahora bien, Lincoln, incluso antes de ser presidente, consideró otras conquistas sociales como parte también de los Derechos Humanos, y entre ellas, el derecho de emancipación de los esclavos que lo transformaba en una persona libre asalariada, unida en lazos fraternales con todos los otros miembros de la clase trabajadora, independientemente del color de la piel. Sus demandas para que el esclavo dejara de serlo, y que el trabajador u obrero fuera el dueño, no sólo de su trabajo, sino también del producto económico, era una política consecuente, absolutamente revolucionaria. Y Lincoln demandó los dos tipos de emancipación. El segundo tipo de emancipación, la que se pregonaba a través del Socialismo de Marx, sin embargo, Spielberg no la cita u oculta en su película, o quizá la ignore. Es muy posible que el guionista del film Tony Kushner –que se basa en parte del libro de la autora Doris Kearns Goodwin- no haya conocido la historia real de Lincoln, y que la hubiera enriquecido aún más, o la hubiera sacado de la modorra. Otro tema es la Guerra Fría en el mundo cultural e incluso académico de los EEUU -que sigue existiendo- y el enorme dominio de lo que se denomina la Corporate Class, es decir, la clase de propietarios y gestores del gran capital sobre la vida, no sólo económica, sino también cívica y cultural. Ésta explica que la historia formal de los EEUU que se enseña en las escuelas y en las universidades sea aún sesgada, purificada de cualquier contaminación ideológica procedente del movimiento obrero, sea socialismo o comunismo, éste en menor grado. La gran mayoría de estudiantes yankees, incluso de las universidades más prestigiosas, no saben que la fiesta del 1º de Mayo, celebrada mundialmente como el Día Internacional del Trabajo, es una fiesta en homenaje a los sindicalistas norteamericanos que murieron en defensa de trabajar ocho horas al día en lugar de doce, victoria que inició tal reivindicación exitosa en la mayoría de países del mundo. En EEUU, tal día, el 1º de Mayo, además de no ser festivo, se conmemora el día de la Ley y el Orden -Law and Order Day-. La historia real de los EEUU es muy distinta a la historia formal promovida por las estructuras de poder yankee. Lincoln, ya cuando era miembro de la Cámara Legislativa de su Estado de Illinois, simpatizó claramente con las demandas socialistas del movimiento obrero, no sólo de los EEUU, sino también de todo el orbe. En realidad, Lincoln, como señalábamos, consideraba como un Derecho Humano, aquel derecho del mundo del trabajo a controlar el producto de su ocupación, postura claramente revolucionaria en aquel periodo -y que hoy es casi una norma obligatoria en el mundo de los negocios de todo calibre- hecho que Spielberg no logra recordar, olvidada por los ideólogos del Establishment yankee controlados por la Corporate Class. En realidad, en alguna de las conversaciones de Lincoln con su mujer y con alguno de los miembros de su gabinete consideró que la esclavitud era el dominio máximo del capital sobre el mundo del trabajo, y su oposición a las estructuras de poder de los Estados sureños se debía precisamente a que percibía estas estructuras como sustentadoras de un régimen económico basado en la explotación absoluta del mundo del trabajo. De ahí que viera la abolición de la esclavitud como la liberación no sólo de la población negra sino de todo el mundo del trabajo, beneficiando también a la clase trabajadora blanca, cuyo racismo él observaba minuciosamente, iba en contra de sus propios intereses. Lincoln también indicó que el mundo del trabajo antecede al capital. El capital es el fruto del trabajo, y no hubiera existido sin el mundo del trabajo, que lo creó. Le sorprenderá a gran número de lectores saber que los escritos de Karl Marx influenciaron en gran medida en Lincoln. Pero esto es motivo de una polémica mayor y más profunda. Lo que busca en todo caso Spielberg es no complicarse la vida, y de una parte del libro que mencionamos, hacernos conocer los últimos meses de gobierno que expone con virtuosismo, y sin excesos en pantalla, es decir los momentos más importantes de la lucha de Lincoln contra la esclavitud, a través de la enmienda de la constitución. Spielberg reafirma con mucha solvencia cinematográfica, el conocimiento de Lincoln de las tradiciones revolucionarias existentes en aquel periodo, y que no eran casuales sino que fueron fruto de sus simpatías con el movimiento obrero internacional y sus instituciones. Lo que pasa es que Lincoln era demasiado inteligente para someterse a una teoría que no iba a funcionar de la forma en que se estaba gestando. El optó por ser más conservador, y rescatar aquellas ideas que pudieran ser aplicables a lo que estaba buscando. Animó a los trabajadores de los EEUU a organizar y establecer sindicatos y continuó haciéndolo cuando fue presidente. Y varios sindicatos lo nombraron miembro honorario. En su respuesta a los sindicatos de Nueva York subrayó: “Ustedes han entendido mejor que nadie que la lucha para terminar con la esclavitud es la lucha para liberar al mundo del trabajo, es decir, a liberar a todos los trabajadores. La liberación de los esclavos en el Sur es parte de la misma lucha por la liberación de los trabajadores en el Norte”. Y durante su segunda campaña electoral, Lincoln promovió la postura en contra de la esclavitud indicando explícitamente que la liberación de los esclavos los llevaría a los trabajadores a exigir los salarios que les permitirían vivir decentemente, y con dignidad, ayudando con ello a aumentar los salarios de todos los trabajadores, tanto negros como blancos. Este detalle se puede observar –muy inteligente Spielberg- cuando dos soldados negros hablan con Lincoln, y le tocan el tema para luego ser interrumpidos por dos reclutas blancos, con un respeto increíble, al inicio del film. Otro tema que para mi gusto no deja claramente establecido Spielberg ni Tony Kushner, es que no me cabe duda que Lincoln fue una personalidad compleja con muchos claroscuros. Pero las simpatías están escritas y bien definidas en sus discursos. La escena del izado de la bandera cuando saca el papel de su sombrero es notable por el muy buen humor que manejaba Lincoln, tanto así que lo repite en varias oportunidades, la mejor, cuando se refiere a modo de anécdota al cuadro de Washington en los inodoros. En realidad, la mayor influencia sobre Lincoln fue la de los socialistas utópicos alemanes, muchos de los cuales se refugiaron en Illinois huyendo de la represión europea, hecho que toca uno de los políticos antagónicos en un agitado discurso, tema que le hubiera dado un matiz más realista y de manera alguna ensombrecer al animal político que era Lincoln. El comunitarismo que caracterizó a tales socialistas influenció la concepción democrática de Lincoln, interpretando democracia como la gobernanza de las instituciones políticas por parte del pueblo, en el cual las clases populares eran la mayoría. Su famoso dicho -que se ha convertido en el eslogan democrático más conocido en el mundo- “Democracy for the People, of the People and by the People” claramente señala la osibilidad de tener una democracia del pueblo y para el pueblo y que sea llevada a cabo por el mismo pueblo. El soldado negro lo replica a Lincoln de ese discurso, cuando toma la bayoneta, y vuelve al regimiento, y el presidente queda atónito aunque agradecido. De ahí que Lincoln viera la liberación de los esclavos y del mundo del trabajo como elementos esenciales de tal democratización. Su concepto de igualdad llevaba inevitablemente un conflicto con el dominio de tales instituciones políticas por el capital. Por lo tanto, mi opinión acerca de Lincoln como una película homenaje de cierta parte de la vida –la más trascendente- del presidente más popular de los EEUU pudo haber dado un golpe de timón fabuloso por las influencias extranjeras que se daban en esos mismos momentos. Incluso, su mujer le dice al presidente casi al final de la obra, que, qué tal le parecía un viajecito por Europa. Ninguna de estas realidades aparece en la película. Supongo que Spielberg al notar que la atmósfera violentista intelectual yankee todavía está anclada en la Guerra Fría o en el 9/11, consideró darle una repaso de los verdaderos héroes de la política norteamericana que cambiaron el destino de ese país. No logro entender del todo porqué la palabra “Socialismo” continúa siendo una mala palabra en los círculos del Establishment cultural de los EEUU. Y en la tierra de Lincoln, aquel proyecto democrático que él soñó, nunca llegó a realizarse debido a la enorme influencia del poder del capital sobre las instituciones democráticas, influencia que ha disminuido enormemente la expresión democrática en los EEUU. Y la paradoja hiriente de la historia es que el Partido Republicano se haya convertido en el instrumento político más agresivo hoy existente al servicio del capital. Lincoln ideó ir más allá de lo que logró, pero no pudo ser. Nadie absolutamente ha podido llevar sus grandes ideales a cabo. 

En cuanto al film me pareció complicado en una primera instancia en cuanto y tanto los personajes son cuantiosos, y no se establece una clara distinción entre cuáles son sus aliados o los contrarios, cómo influenciaban en Lincoln, y cuál era el diseño político y militar que el presidente había consolidado en estrategia de ataque y defensa de sus prédicas y acciones militares. Con el transcurrir del film, ya uno va identificando a los personajes que rodeaban al líder, y aquellos que se alejaban de su deseo enmendador. Me gustó la simplicidad de la historia en cuanto no predomina la acción de la guerra sino la del guión y el transitar por pasillos y alcobas. La dirección artística es excelente -se merece el Oscar- destaca la edición, y la fotografía está muy lograda. El sonido también le aporta mucho a la cuestión, y todos sabemos lo que hace Steven Spielberg con las cámaras. Lo que hace inteligentemente el cineasta es llevar todo su trazo cinematográfico a la congruencia de ese ritmo pausado y auténtico que hacía a Lincoln un hombre respetado por todos sus rivales y adeptos. Su voz apaciguada, casi recitada, aquietada y medio dulcificada, como tomándose el tiempo para esclarecer su conducta moral y política es lo destacable del film, y que a veces Spielberg contrasta genialmente  con aquellos personajes contrarios a Lincoln, como los oradores, o con la siempre atenta consejería de su hombre de confianza, o de su contralor. La BSO es exquisita, no interrumpe y suele acompañar los mejores momentos del film, además de ser hermosa la canción principal. Ese violín que suena es espectacular y sufrido. El vestuario fundamental, y me pareció genial el maquillaje de Daniel Day-Lewis donde no se ve al actor sino al presidente Lincoln. Quizá ese sea éste el detalle que lo lleve a Day-Lewis a quedarse con el Oscar, aunque la actuación de Washington en El vuelo es descollante. Pero, vislumbrando como piensa la Academia desde ya el Oscar se llama Daniel Day-Lewis. Siento lo mismo con respecto al film, primero porque es Lincoln, segundo porque es una película yankee para un acontecimiento yankee, y tercero porque no hay efectos visuales o especiales. Y aunque parezca una idiotez en este tipo de película suma y mucho. Por ahí seguro encuentran la diferencia los miembros de la Academia. Aunque si debemos mencionar algo, es que el film Argo de Affleck tiene una mejor historia, está mejor contada, tiene más tensión, y un ritmo narrativo superior. Otro tema  importante es que Spielberg logra reconciliarse con el público femenino. No es éste un director que haya sido asiduo en colocar mujeres destacadas en sus films. Desconozco la razón, no sé si son sus proyectos o es un aspecto que no le conviene, pero es un hecho que si  llama la atención. En algunos de sus mejores films que recuerdo, War Horse, Salvar al soldado Ryan, Amistad -se acercan mucho ambos films- Jurassic Park o Indiana Jones son títulos en los que la presencia femenina es ínfima, sólo como un ingrediente segundón. En Lincoln acierta con la actriz femenina, siendo relevante la interpretación de Sally Field, que también ha sido nominada. “Detrás de un gran hombre, siempre hay una gran mujer”. Parece que Spielberg lo logró entender, y con esto le da más posibilidades a Daniel Day-Lewis de llevarse la estatuilla, mientras que Denzel Washington no tiene ese respaldo. Eso es importante cuando se decide al ganador. Finalmente, este es de esos films que mucha gente fuera de los EEUU no le causará interés o gracia, y que a otro tanto sí. Es una postura lógica. Lo que es sumamente localista y encima político se termina por enredar en nudos de acción que uno jamás podría descubrir o adelantarse a hacerlo. Lo que hay que comprender es que éste tipo de film aumenta nuestra cultura, y podemos saber un poco más de los grandes personajes de la historia. Para mí es un film imprescindible para observarlo en el cine, por el sonido y demás, y están justificadas esas 12 nominaciones. De ahí a que las gane todas, hay un paso bastante grande todavía. A pesar de todo, notable film de Spielberg pero que va a tener dificultades para llevarse el Oscar a mejor film, y otras nominaciones, Quería señalarles que ayer se estrenó en Larcomar el extraordinario film del gran director Stanley Kubrick, La naranja mecánica de 1971, y sigue exhibiéndose Pulp Fiction de Tarantino en una sola función del mismo centro comercial. Ojo a las nuevas generaciones que podrán observar dos de los 20 mejores films de todos los tiempos. Otra novedad es la película del peruano Chicho Durant, Cuchillos en el cielo, que también se estrenó este fin de semana. Es lógico que ustedes se impondrán por aquellas que le despertará la acción -El vuelo-, la violencia sumado al thriller psicológico -La naranja mecánica- o quizá los momentos cumbres del político más importante del siglo XVII o quizá de todos los tiempos, Lincoln.  No logro comprender como Durant se quiera medir con estas películas. Tremendo palo que se va a pegar.