lunes, 15 de abril de 2013

“Reds”, ¿¿ Yankees con moscovitas ??




















































¿¿Alguien podría imaginarse hoy que en los EEUU exista el Partido Comunista como una opción válida para gobernar?? ¿¿ Sería probable que haya un grupo de Camaradas Rojos escondidos tramando algo en contra de los intereses del pueblo yankee ??  Imposible, sería un absurdo, un pensamiento utópico. Ya les sucedió lo que les tenía que pasar, como también ya realizaron el absurdo show mortuorio a nivel internacional, y supuestamente mataron al autor intelectual de la desgracia. Pues bien, un acontecimiento de la magnitud en donde en el país de las libertades se socave los principios de las mismas por otros totalmente incompatibles, cuyos objetivos pretendan debilitar los conceptos límpidos y férreos de la convivencia elemental, suele ser fílmicamente una de esas proposiciones atractivas. La Democracia, doctrina desde donde emerge el caldo de cultivo para el desarrollo del Capitalismo y el Liberalismo económico -supuesta posibilidad de evolución económica y social del ser humano- minado por un insulso leninismo, un sistema caracterizado por la abolición de la propiedad privada, la colectivización de los medios de producción y la instauración de una sociedad sin clases, simplemente es una entelequia. Reds o Rojos, film dirigido con puntilloso acierto por el actor Warren Beatty -le valió el Oscar de 1981 a mejor director- se propone tratar el tema desde su inicio en tierras yankees paseando la ideología roja a través de una multitud de experiencias de todo calibre, pero principalmente colocándole un sello romántico que hace la trama más vital, mejor ensamblada, sumado al proceso histórico que significaba la presencia de una izquierda revolucionaria y primitiva en campos y tiempos ajenos. Beatty logra una hermosa película para el cine histórico, aún cuando la cinematografía yankee no se ha esforzado lo suficiente en explotar durante años estas temáticas desde un punto de vista conceptual. Beatty evidencia que hizo la obra que quiso reflejar y dirigió, escribió y produjo una verdadera historia sin cortes. El actor demostró que la guerra fría y la caza de brujas había llegado a su fin al rodar una película donde a través de las andaduras del periodista y escritor John Reed y su pareja, también escritora, Louise Bryant -bellísima Diane  Keaton- nos narraba la Historia del Partido Comunista en los EEUU, sin dejar detalle de su idealismo, controversias, discusiones internas, ilusiones y desencantos. Reds o Rojos es una obra esencialmente creativa que fue realizada en libertad, y está convertida en uno de los pilares y pensamientos quijotescos de lo que persigue y conquista Beatty. El cineasta construye una estructura narrativa -siendo el primer yankee rojo- donde todo aquello que supone una atadura al libre albedrío de los hombres, se termina transformando en una ruptura de sus sueños e ideales. En una historia sin precedentes, Reds, que exhibía a sus dos principales protagónicos como personajes ligados a la izquierda progresista, se desvirtúa por algunos momentos al transformarse en una megaproducción hollywoodense de aquél entonces -contradicción ideológica comprensible, aunque Beatty logró calar su mensaje en muchos lugares-. Son personajes cargantes, sobre todo llenos de honestidad los que mantiene Beatty en acción. Por otro lado, sostiene una estructura pertinente corrigiendo los excesos, combina con mucha prudencia testimonios reales de personas que vivieron esos acontecimientos con la ficción, creando una cinta de doble alcance con escenas inolvidables, envueltas en una banda sonora nostálgica y una formidable fotografía de Vittorio Storaro, que también se llevó un Oscar. Actúan actores de la talla de Gene Hackman, Jack Nicholson y la oscarizada  Maureen Stapleton. El mérito que posee Reds o Rojos es que su realizador logra introducirse en la Historia del Cine, y nos instala en ese Hollywood del pasado. Es complejo encontrar una película progresista que analice de manera seria y mesurada, sin caer en la insensatez y la imprudencia, lo que supuso la presencia casi camuflada del Comunismo a principios del siglo XX. Todos sabemos que Hollywood es una industria sujeta a las normas del sistema capitalista, al libre mercado, y no nos olvidemos que también se convirtió en un efectivo sistema propagandístico de las formas de pensamiento que debían tener los yankees -y de paso el resto del mundo- sobre la vida, la historia, etc. Por lo tanto, es importante enmarcar muchas de las obras de arte -que observamos una y otra vez- en varios pelajes : el instante histórico, los códigos de censura, la historia de la Caza de Brujas en los EEUU, los acontecimientos de la Guerra Fría etc. que propinaron un vuelco a muchas de las producciones yankees del momento, sobre todo de los años 30, 40, 50 y 60. Así, casi siempre, el Comunismo en las películas yankees era presentado más como una amenaza o un rival antagónico ideológico y pasajero. Si nos quedamos sólo con la propaganda, el comunismo era el terror rojo, ese fenómeno a quienes había que oponerse y combatir en la guerra fría. Todo lo que olía a Comunismo, no podía ser bueno. Así quizá -en este resumen simplista- podamos entender la importancia de Reds en el panorama cinematográfico o en un contexto ficcional de época. Beatty consiguió un excelente film con imágenes que se recordaran para siempre. Por otro lado, habría que destacar la habilidad del actor para que su película no se convierta en una exhibición maniquea. Beatty no le da la vuelta a la tortilla, y se queda en que los comunistas americanos son buenos e ilustrados, que malos son los rusos, eso sí, demuestra lo abusivo del sistema capitalista, mostrando un retrato complejo, serio y humano. No podríamos comparar la trama con lo que sucede en nuestros tiempos con ambos países. Con todo lo bueno y todo lo erróneo Reds, es una triste copla al desencanto, pero dejando en claro que hay ideas que son válidas y siguen estando vivas. Pero, como siempre, los humanos somos eso, demasiado humanos y las bellas ideas pueden quedarse en eso o aplicarlas de tal manera que no den el fruto deseado. Warren Beatty logra transmitir la pasión que le suscita este tema y los espectadores acabamos entendiendo a Reed, y a la Bryant. Los dos personajes principales son John Reed -Warren Beatty- un escritor y periodista bohemio que edita el libro titulado Ten Days that Shook the World que estremeció a la sociedad literaria yankee de ese entonces. Ahí narró en clave de reportaje la Revolución Rusa de 1917. Por otra parte, ya había analizado la revolución mexicana en otro valorado libro, México insurgente. Reed acompañó a Pancho Villa en sus ataques por el norte de México, convivió con los soldados y conoció a Venustiano Carranza, presidente de ese país. Conoció el pensamiento popular azteca que también recibía clara influencia de Moscú. Avatares históricos lo llevaron a la muerte en el Kremlin a la edad de 33 años, y a convertirse en un héroe en los círculos intelectuales radicales de EEUU. Louise Bryant fue su compañera, y su historia ha sido menos difundida. Era una mujer feminista con conceptos de los años veinte, convencida y partidaria de la individualidad como mujer. Su vida junto a Reed fue muy intensa e interesante, Después de la muerte de Reed no tuvo una vida fácil. Murió en el año 1936 en París, con problemas de alcohol, y durante su vida realizó distintos trabajos periodísticos.

En relación a la película, es un biopic de John Reed, y cuya obra maestra literaria mencionada la escribió porque le apasionó el sistema comunista que le cambió la vida, transformándolo en un revolucionario en defensa de la clase obrera. En los EEUU se le reprochó duramente por parte de la progresía que intentara cambiar a la humanidad, desmesura que ni siquiera logró Jesucristo. Creó un Partido Comunista Obrero Americano y viajó hasta Rusia para pedir su reconocimiento al Comintern, es decir, la Internacional Socialista, la misma que de la que fue secretario general Alan García. La primera parte del film es un drama amoroso, el proceso de acercamientos y alejamientos entre Reed y Louise Bryan una librepensadora –quien se tuvo que divorciar para casarse con Reed-, que vestía de forma extravagante, al uso de las mujeres cuya vida ha estado constantemente en riesgo. La parte central es la más luminosa, y es aquella en la que, las aspiraciones y los sueños se tornan realidad, y el hombre está de acuerdo consigo mismo, idea que se materializa en el film con esa grandiosa manifestación de los revolucionarios rusos cantando La Internacional, y Lenin aclamado como Libertador. Pero rápidamente surgen las contradicciones dentro del movimiento, las diferentes interpretaciones del sentido de la revolución, mientras en EEUU comienza la persecución de los agitadores, anarquistas y comunistas. Eran hombres como Reed, que estaban dispuestos a sacrificarse por la revolución, exportada también a Oriente y manipulada de forma populista, incluyendo en sus ofertas temas como la Guerra Santa etc. En cuanto a la fotografía son realmente bellas las imágenes del tren, símbolo del progreso, adornado con las banderas rojas, atravesando las zonas desérticas, y del protagonista corriendo desengañado en la refriega entre revolucionarios y contra-revolucionarios. La burocratización comienza a apartar de las filas de la revolución a idealistas convencidos como Emma Gold, y el propio Reed comienza a ver cómo su vida se diluye en una causa que empieza a bifurcarse. Tras observar la manipulación de sus discursos advierte a Zinoviev que si cree que un hombre no puede ser sincero con la colectividad, ni hablar en favor de su país, y La Internacional al mismo tiempo, ni amar a su mujer y seguir siendo fiel a la revolución, no tiene nada que ofrecer. El individualismo que impregna el ser yankee comienza a ganar la batalla: separar a un hombre de lo que más ama es anular lo único que hay de auténtico en él y anular su libre albedrío. La revolución es solamente el libre albedrío, y el suyo lo impulsa a volver a casa. Relato histórico con breves pinceladas de una gran belleza y humanidad, que evocan a un hombre que siempre amó y comprendió que hay grandes cosas por las que merece la pena vivir y también morir. Lenin le pregunto si era yankee, y él le respondió que sí. La película adopta una forma de documental y relato de ficción a partes iguales; testigos de los hechos, bustos parlantes descargan al diálogo y la acción dramática del peso de la exposición, gracias al trabajo del director de fotografía.  Vittorio Storaro. La Paramount, financió el film, pero no se hizo solidario con las ideas ventiladas allí. Warren Beatty escribió el guión en colaboración con el británico Trevor Griffiths, marxista convencido, y entre los dos abordaron un tema que nadie había osado tratar por miedo: el desarrollo de la Historia del Comunismo entre 1915 y 1920, cuyo protagonista, John Reed es el único norteamericano enterrado en el Kremlin. Un film recomendable para una tarde en la que se disponga de tiempo y tranquilidad para la reflexión y el disfrute de la obra que dura casi 200 minutos. Reed, desde su honestidad lo tenía todo bastante claro, se puede ser rojo y comulgar con muchas de sus ideas, pero respetando siempre y hasta el final la libertad individual del ser humano a pensar y opinar. Peliculón.