jueves, 11 de abril de 2013

“Sweet Smell of Success”, Alexander MacKendrick le saca brillo al cine negro.




















































En esto de la cinematografía suelen suceder hechos poco amigables cuando relacionamos las cientos o miles  de films que hemos observado a lo largo de los años. No sé si es una cuestión que pueda uno relacionarlo con la personalidad de cada quien o solo un tema menor. No estoy mintiendo si afirmo que existen películas que caen en el olvido y no llegamos a comprender muy bien el porqué. Las observas un día con sorpresa, y descubres una buena historia. Estuve revisando mi filmoteca, y cuando pasaba los envases de mano en mano me encontré con un clásico del cine negro que me causó un encanto especial cuando la vi por primera vez. Hace dos días me ocurrió con Sweet Smell of Success  o Chantaje en Broadway, cuyo título original es mucho más bello e irónico. El guión es magnífico, y lo sarcástico se hace entendible cuando su director Alexander MacKendrick a través de un academicismo apabullante nos logra introducir en la historia del agente de prensa Sydney Falco -un notable Tony Curtis haciendo de un cabal miserable- y el director columnista todopoderoso J.J. Hunsecker -un excepcional Burt Lancaster también haciendo de las suyas-. A partir de esta anécdota voy a tratar de construir un tipo de comentario diferente. Ojala salga por lo menos regular. Lo primero que nos llama la atención de esta película hecha en 1957 son los créditos. Aunque parezca extraño -dada la época- es vital observarlos con detenimiento porque ellos encierran muchos nudos de acción que posteriormente son revelados. Les propondría realizar juntos un experimento, y centrémonos en este. La escritura está firmada por Clifford Odets y Ernest Lehman. La misma, es una adaptación de una novela del segundo de los redactores. Lehman trabajó cuando era bastante joven en Broadway como ensayista de un publicista en la industria musical, y quiso reflejar esa experiencia en la novela. Si tenemos un poquito -solo un poquito- de atención, nos damos cuenta que se nota que sabe de lo que habla. Este guionista escribió musicales tan importantes como West Side Story o The King and I, pero también fue responsable de la adaptación al cine de la obra teatral ¿¿Quién teme a Virginia Woolf?? También, colaboró junto a Hitchcock en una de sus mejores películas, North by Northwest. Su compañero Clifford Odets, un gran dramaturgo que durante los años treinta fue uno de los principales representantes del teatro proletario yankee, y que se unió al proyecto del Federal Theatre -en la administración Roosevelt- para promocionar la cultura teatral durante la época de la depresión. Su trabajo muestra un compromiso socio-político. También, fue guionista de cine -recuerdan una de las primeras apariciones de la Monroe en una película de Fritz Lang, Clash by Night- pero por sus obligaciones políticas tuvo problemas para trabajar en la industria. Se le recuerda también como una de las parejas de la malograda actriz Frances Farmer. Después nos encontramos con la música de Elmer Bernstein. Durante esta década -y ya desde A Streetcar Named Desire- empieza a utilizarse al Jazz en el cine. Este es un buen ejemplo. Teniendo en cuenta que uno de los personajes es un guitarrista de una banda de jazz. No olvidemos que Bernstein es el creador de bandas sonoras tan increíbles como The Man With the Golden Arm, To Kill a Mockingbird -donde según mi opinión Gregory Peck hace la interpretación más completa de todos los tiempos- o Birdman of Alcatraz. El director de fotografía es James Wong Howe, un buen artesano de la imagen que ha firmado obras como The Thin Man, Algiers, Picnic etc. Siguiendo el rastro de los créditos, aparece el nombre del director de la película Alexander MacKendrick. Ahí nuestro experimento se convierte en sorpresa. No es un director que haya realizado muchas películas –no más de 10- pero que su nombre pasó a la historia por la realización de una de las comedias negras británicas más agudas y afiladas, The Ladykillers. De pronto, ojeamos el sector de la producción y nos encontramos con el propio Burt Lancaster –quien actúa en nuestro film- con Hecht y Hill. Estos tres productores hicieron un intento de cine independiente con obras cinematográficas como la ganadora de un Oscar, Marty. Por último, nos dedicamos a ver quiénes son los artistas y constatamos a dos actores que dejan unas interpretaciones sorprendentes. Tony Curtis desconocido y grande que deja a un lado sus galanterías de cara bonita, maravillosos ojos celestes, sus caritas de niño mono y su vena cómica, y nos va seduciendo con un gran personaje de perdedor. El buscavidas ambicioso -mucho antes que la recordada actuación de Paul Newman- que tiene sueños de éxito y que se deja aplastar, y aplasta para conseguir lo que desea. En el último momento hay un atisbo de humanidad, de no vivir encadenado, pero su ambición puede más. Sin embargo, este joven con una cara que derrite lo golpea la vida una y otra vez. Y terminará perdido en la jungla que él bien conoce, traicionado. Y, como no, a un Burt Lancaster que se come la pantalla en cada una de sus apariciones. Burt Lancaster, un columnista poderoso y consciente de su poder que manipula y destroza según su capricho a todo el que lo rodea, incluso al ser que más ama, su hermana. Lancaster de personaje oscuro al que determinas un fin en soledad, con el rostro crispado. ¿¿Después de este experimento y luego sorpresa con los créditos les queda duda que es una película que merece la pena?? Chantaje en Broadway presenta de manera inusual el mundo del poder, la corrupción, la traición y otros tejemanejes con grandes personajes secundarios. Los columnistas rivales, esa secretaria que ve cómo su jefe se hunde, esa vendedora de cigarrillos de pasado melancólico, ese policía de cara desagradable, esa joven hermana de personalidad débil pero pura, ese guitarrista que ama su música, ama a su chica y es capaz de enfrentarse a lo que no cree justo. Una fotografía que recuerda al mejor cine negro que recorre una noche de traiciones y pasiones. Un mundo de perdedores, de hombres y mujeres hundidos donde no hay caretas. Un mundo donde se escala hacia el éxito sin pensar en el daño ocasionado, una película negra y pesimista que muestra la soledad en la que te sumerge la ciudad ¿¿quizá por eso, por el mundo que refleja, Chantaje en Broadway está en el baúl de los olvidos?? Al final el amanecer, y un personaje libre que cruza una calle…. Excepcional película que deben conseguir.