domingo, 5 de mayo de 2013

“Camera Buff”, el embeleso y la seducción del hombre por la filmación.












































Hay muchas historias que hablan sobre la admiración del hombre por una cámara de filmación, sea cual fuera. El simple hecho de superar la cámara fotográfica con figuras o retratos quietos, pero hermosos por una máquina que haga lo mismo, pero en movimiento, es algo que viene desde tiempos muy antiguos. Hasta los niños –hoy en día- tienen esta tecnología a su alcance como si de un juego se tratase. Todos tenemos nuestra filmadora para eventos o circunstancias especiales, que signifiquen emociones sensibles de nuestros recuerdos construidas a través de nuestras retinas. Eso es una realidad apasionante. Pero, no por casualidad, este hecho que pareciera tan simplista, tiene la virtud de haber inventado la cinematografía. Hombres que hablan de personajes deslumbrados por la posibilidad de poder capturar la vida que cruza por el visor de su cámara, gente enamorada, a menudo obsesionada, por el proceso mágico de hacer una película. Pero hoy quiero tocar el tema de un film que observé hace poco, y creo que podría entrar fácilmente entre las películas más importantes de este tipo de temática; se trata de Camera Buff o El Aficionado de uno de los grandes cineastas que ha existido, Krzysztof Kieslowski. Inclusive muchos sabedores del arte señalan que ha sido su mejor cinta. Quizás tengan o no razón, pero en mi caso no es el film sino la obra lo que hace genial a un director, y Kieslowski lo fue. Es una película de estructura sencilla, pero su motivo es bastante complejo y puede dar pie a algunos circunloquios. No es de extrañar que para muchos, resulte quizá difícil de seguir y experimente un avanzar calmoso que no nos permita saber qué dirección tiene la intención de tomar o qué cosa pretende explicarnos. Y es que gran parte de los films de Kieslowski tienen su concepto una vez que terminan. En el mismo momento en el que uno empieza a reflexionar sobre lo visto y adosarla a la vida real es cuando se logra comprender el camino que el director quería trazar. A pesar de la dificultad mencionada, Camera Buff seguramente sea la obra más evidente de carácter autobiográfico de Kieslowski. Que el cineasta gire la cámara hacia su propia persona, es algo que todos sus seguidores sabemos. Siempre lo hace de una forma sutil, para que el espectador pueda indagar, ya que inicialmente ni se percatará de ello. Nunca revela, simplemente susurra. Todas y cada una de sus obras hablan de porciones de su personalidad, y de forma genérica, todas miran hacia la misma dirección: la libertad y el amor. El Aficionado no es la excepción. El protagonista nos mete en la piel de un cineasta en sus primeros pasos, con sus virtudes y falencias, sus emociones y torpezas. Así, la película trata sobre las vicisitudes de una persona que comienza con una cámara solamente para filmar a su bebé, para captar su propio micro-mundo y esconderlo en el seno de su familia. No para que el mundo lo vea. Pero poco a poco va sumergiéndose en el mundo del cineasta, rodando documentales que su jefe le solicita.  Pero, sus principios morales se ven en entredicho. A la hora de mostrar al público sus inquietudes para con la vida real surgen los principales problemas. La gran pregunta que se hace es: ¿¿Hasta dónde se puede llegar a filmar?? De tal forma, el film va desarrollándose magistralmente, comenzando por la inocencia de un principiante y continuando con su timidez y sus dudas, todo ello desembocando en la destrucción y pérdida de todo lo que ama. Es como si la cámara subyugara todo lo que concierne a la vida real del personaje, como si la lente tuviera el poder de, mediante la ficción, alterar la realidad, dañarla. Por ello, conmueve la forma de la que el personaje va perdiendo su familia, su trabajo y alguno de sus amigos. ¿¿Culpa de él?? ¿¿De ellos?? ¿¿De la cámara?? Eso solamente lo descubrirá cuando gire la lente hacia sí mismo. Entonces comprenderá que todo lo filmado, su obra, comienza y termina en su propia persona. Entenderá que las decisiones no pueden tomarse a la ligera, que la crueldad y el humanismo deben convivir en todas y cada una de nuestras relaciones. El mundo se desvanece a su alrededor, pero entonces, en la soledad de la pérdida, podrá saber que el único dueño de su vida debe ser él mismo. Solamente él es responsable de sus propios actos, nunca de los ajenos. La libertad siempre presente en la obra de Kieslowski. Resulta admirable cómo Kieslowski hace tanto con tan pocos recursos, con una proyección absolutamente aséptica, sin efectos ni golpes de ningún tipo. Una evidente limitación visual, pero que queda en un segundo plano y no encarece para nada el resultado de la obra. La escena inicial en la que el halcón ataca a un pájaro indefenso es un claro ejemplo de las inquietudes de Kieslowski en esos tiempos -de las que en años siguientes renegaría-. Se trata de una clara metáfora que refleja la lucha entre el que tiene el poder y los que están debajo, la lucha entre el portador de la cámara -una especie de poder que se permite jugar con lo rodado- y los personajes de esa dualidad  de esa realidad cotidiana que son filmados. Personajes que, como el ave, pueden ser dañados mediante esa filmación. La eterna lucha entre lo individual -el director- y lo colectivo -la vida real-. Camera Buff fue la película que lanzó a Kieslowski al éxito -muy relativo y limitado en el espacio, por aquél entonces- y pese a las carencias ya comentadas, le posibilitó avanzar en el ámbito cinematográfico e investigar en el alma humana, en los sentimientos más profundos, ya mediante una estética más preciosista, musical y poética. Un director único cuyo legado es inmensamente rico.