lunes, 27 de mayo de 2013

“Upside Down”, multifacético juego de perspectivas entre la tontería y la maravilla.

























































El cineasta argentino Juan Diego Solanas, me da la ligera impresión, que posee dos cosas en común con la genialidad de M. Night Shyamalan y Christopher Nolan: unos brutales juegos de fuerza visual y esos mundos similares al nuestro, pero en los que las reglas son absolutamente diferentes. Por eso, casi de modo inevitable, uno va razonando para establecer luego un pensamiento lógico en lo que ambos cineastas habrían hecho con el material de Solanas en sus manos. No es una mala idea la de la concepción general. Todo lo contrario. Lo que sucede es que falla la escritura de parte del guión, su planteamiento tosco, el deseo de no buscar una mayor complejidad para conformarse con una historia romántica convencional. Hay que mencionar el valor de su estructura visual. Los escenarios son una mezcla de cómic kitsch, arquitectura retro-futurista que en ocasiones recuerda a Metrópolis y la estética ensoñadora de Sky Captain and the World of Tomorrow. Aporta elementos que incitan a la imaginación como ese dirigible destruido o las calles desiertas del Abajo. La concepción de espacios es imponente, buscando en muchos casos la simetría vertical, y en otros, ofreciendo múltiples variables. Ese corte en las perspectivas dimensionales es una invitación a mirar de forma distinta a como lo hemos hecho hasta ahora. Una curiosidad de la física visual de la película, es que los objetos y personas de un lado, no se ven afectados por la gravedad del otro, como debería suceder. Es decir, que si alguien pasa al otro lado, sigue siendo atraído hacia su lado -hacia el Arriba, visto desde el lado de los otros- o si uno lleva un lápiz del otro sitio, si se suelta se verá como “cae” hacia el cielo. Observaremos el film desde el punto de vista de uno de los lados, así que para nosotros Abajo será donde vive el protagonista, y Arriba donde viven los otros. Sin embargo, para cada lado, ellos son Abajo, y los otros son Arriba. Con esta dualidad, el planeta está dividido también socialmente. Los de Arriba son más avanzados, más ricos, y hasta más atractivos, mientras que los de Abajo son pobres, viviendo en una especie de tercer mundo que es explotado por los de Arriba. Existe incluso un enorme oleoducto vertical que extrae petróleo Abajo, y lo bombea hacia Arriba. Hay varios puntos de convergencia entre los mundos aparte del oleoducto mencionado. Uno es por ejemplo una corporación que investiga y desarrolla productos para su aplicación en el otro mundo, por lo que trabajan con personas de ambos lados. El edificio, que une las dos realidades ascendiendo desde los dos sitios, se encuentra en una planta en la que se unen ambos, pudiendo ver a gente caminando por el techo. Incluso aquí se mantiene bien clara la separación. Los de Arriba van bien vestidos, y los de abajo con batas. Unos son ejecutivos, y los otros, técnicos. La fotografía, muy bien cuidada, se inclina por el frío azul. Tanto para mostrar el frío físico de la tierra de Abajo como el frío emocional de la tierra de Arriba. Los destellos de luz y ambientes cálidos están minuciosamente elegidos. Se posibilita así que la escena del pez amarillo dentro del líquido rosa tenga una coquetería especial. Es, sobre todo, en el salón de baile donde los colores contrastan más. Éste, se convierte en una especie de refugio para los dos amantes, su cita, su reconocerse y su re-reconocerse, la proyección del futuro, la culminación de su historia. Pero es ahí donde Juan Diego Solanas no me logra convencer del todo en sus planteamientos. Es verdad que las proezas, aventuras, hazañas y epopeyas de Adan -Jim Sturgess- para estar con su amada Eden -Kirsten Dunst- son interesantes y resultan llamativas, pero el esqueleto de fondo, con sus giros de guión, son clichés puros, previsibles por completo. No basta con la sorpresa virtual, con el juego de perspectivas, con las divertidas ventajas y desventajas de la doble gravedad porque en realidad esa temática les podría jugar en contra. Las imágenes nos atrapan tanto ya que las vemos como un pasatiempo lúdico en el que entretenemos vivamente nuestra mirada. El drama, sus divertimentos y las desventuras de Adan y Eden, no logran encajar a la perfección en ese juego. Lo que se percibe es una tensión con indiferencia, sin que llegue a emocionarnos del todo. Jim Sturgess y Kirsten Dunst se esmeran e intentan cargar de intensidad a sus personajes, pero son devorados por la pirotecnia de la imagen. Al igual que se queman los objetos de gravedad inversa, pareciera que fondo y forma tampoco pueden estar unidos. Entonces, el personaje más carismático es el de Bob Boruchowitz, al que da vida un habilidoso, inteligente, socarrón, políticamente incorrecto, vengador justiciero y enlace de los amantes, Timothy Spall. Una película que se ve con agrado por su originalidad, pero deja esa duda del enorme potencial desperdiciado, y lo mucho que se habría podido hacer con brillantez a través de semejante idea. Se las recomiendo, no por el guión, sí por el enfoque visual y la concepción del proyecto que me pareció muy seductor y verdaderamente genial.