viernes, 5 de julio de 2013

“Las flores de la guerra”, el intimismo como simbología de la dignidad.
















































El cine chino cada vez nos tiene más acostumbrados a superproducciones capaces de conquistar los paladares de todo cinéfilo en cualquier rincón del planeta, y no sólo quedarse con muchos de los premios que entregan cada año los festivales internacionales. Otra prueba más está en Las flores de la guerra de Zhang Yimou –comentamos ya en este blog una de sus mejores películas, Ni uno menos- uno de los más prolijos directores asiáticos con obras como Sogo Rojo, Vivir, La linterna roja, El camino a casa, Happy Times, La búsqueda etc. Quienes observen Las flores de la guerra podrán comprobar que la misma puede codearse con cualquier producción yankee de nivel. No en vano es la más cara de la historia de China, con el claro objetivo de salir fuera de sus fronteras, cosa que parece no haber logrado del todo, lamentablemente. Esto del cine masivo es así. No se vive de grandes recuerdos ni condecoraciones, sino del éxito en taquilla, y siendo un film de un director chino con el respaldo del poder económico norteamericano, ambos mercados, los más numerosos en potencia, junto a la India, no han respondido como los productores lo esperaban. A veces las mejores fórmulas no dan el producto que la gente quiere, por más que este sea de muy buena calidad. Pues bien, Christian Bale -quizá junto al argentino Ricardo Darín, los mejores actores del planeta en la actualidad- es el intérprete principal del film, y no por mera casualidad. La cara de Batman vuelve, pero esta vez al campo de batalla chino. No olvidemos que con apenas trece años Bale protagonizó El imperio del sol de Spielberg. En aquella película se vio envuelto en una guerra de la cual no formaba parte hasta que se introdujo en la misma, y en Las flores de la guerra le pasa algo parecido. El actor galés protagoniza a John, un maquillador de cadáveres norteamericano, ajeno al conflicto, que se dedica al lucrativo negocio de las funerarias en mitad de la invasión del imperio japonés a la ciudad china de Nanking. Luego, se disfraza a la fuerza en un sacerdote improvisado que trata de salvar la mayor cantidad de vidas dentro de una Iglesia, e incluso enamorarse de una prostituta. El film no es sólo la historia de John, es la historia de catorce meretrices, trece estudiantes y un monaguillo. Es una trama bien compuesta acerca de aquella gente inocente, víctimas de las atrocidades que produce la guerra. Es siempre importante que no solo las enormes sino también las pequeñas vivencias en mitad de la salvajada merecen la pena ser contadas. La novela de Yan Geling, Las 13 mujeres de Nankín, es la que da pie a la película, y nos narra cómo tres mundos distintos terminan reconciliados para sobrevivir a la guerra. Observando con atención la cinta del cineasta chino -esperemos comentar más adelante Amor bajo el espino blanco- es imposible no recordar la cinta Ciudad de vida y muerte, de Lu Chuan, quien en un brutal e inolvidable blanco y negro nos relató de manera insospechada la batalla de Nanking. Ambas películas comparten el mismo acontecimiento histórico, el genocidio del ejército japonés que asesinó y torturó a más de 400,000 chinos. Pero, Las flores de la guerra tiene más relación en su transcurrir con una de las grandes cintas norteamericanas, nos referimos a la galardonada La lista de Schindler de Spielberg, ya que subraya los actos de valentía y de generosidad rodeados de una morbosa barbarie. Zhang Yimou ofrece una inmensa lección de cine en los primeros veinte minutos -el film dura 150- cuando nos muestra con la pasión de esa imagen que duele y perturba, la escasa resistencia que opusieron las tropas chinas frente a los despóticos japoneses dejando secuencias que nos recordará el enfrentamiento bélico, al tiempo que nos presentará el entorno de los protagonistas, sus atmósferas individuales, la voracidad y desmedida fiereza de los militares japoneses, y la generosidad y honor del pueblo chino. A partir de aquí, Zhang Yimou centraliza sus expectativas fílmicas en el desarrollo de los personajes dentro de una iglesia sitiada por el enemigo. Obviamente, es un lugar apropiado para que la mayoría de personajes busquen reconciliarse consigo mismos, y también con el prójimo, dando el cineasta chino una magnífica clase de poesía visual. Luego, la desmesura parece tragarse la historia y volverla algo incómoda. Christian Bale se integra correctamente al resto del reparto asiático en base a una interpretación sólida en las escenas con mayores dosis de dramatismo. Quizá el personaje no sea del todo verosímil o le falte intensidad en determinadas acciones, pero Bale capea el temporal con sus formidables tonalidades artísticas. La parte en que se enamora es sencillamente magnífica ya que juega como un niño al peluquero, y sus gestos son excepcionales. Entre las mujeres sobresale la bella Ni Ni, quien con soltura hace brotar un sensualismo muy propio de una hermosa prostituta. Zhang Yimou retrata con suma propiedad a los personajes femeninos, dibujando sutiles gestos, pero sin dejar de explotar la parte más sexual. Puede que no sea la mejor película de Yimou. Quizá lo malo de una mega-producción como esta es que no hay lugar preciso para el deleite contemplativo que impera en las mejores películas del cineasta chino. La presencia siempre poética del activista chino, no parece estar radiante ni viva, pero hay que reconocer que estamos ante un muy buen film -no frente a una obra monumental- que deberíamos observar para darnos cuentas de muchos detalles nuevos que Yimou incorpora de occidente y pone por encima de la mesa, y que saca adelante sin temor al ridículo. Un maestro nunca deja de serlo, y el cineasta chino -tentado esta vez por el cine más poderoso- luce su impronta en contados momentos. El intimismo de Yimou no admite discusiones, su virtuosismo en el manejo  visual tampoco, pero lo que debería resultar trascendente, y no me refiero a la crueldad que gobierna la batalla de Nanking, es una emoción dramática que debería perdurar, pero que parece no estar al nivel del cine del chino. junto a esa dimensionalidad tan aplastante que normalmente aspiran y logran sus personajes. Quizá, el adjetivo calificativo sería el de "irregularmente bella" o el de simplemente irregular. De todos modos, es un film que logra poner algunas cosas de Zhang Yimou, tanto a favor como al descubierto. Hay escenas muy logradas y otras que debieron ser cortadas en la edición por carecer de fluidez narrativa. Recomendable.