martes, 16 de julio de 2013

“Un couple parfait”, cuando el amor se apaga repentinamente.














































Uno de los directores y guionistas referentes del cine japonés contemporáneo es Nobuhiro Suwa. Nació en la devastada Hiroshima. Su ciudad tiene un peso simbólico bastante marcado en su obra. En sus dos primeros films 2 Dyuo y M/Other tiene una visión integral, intimista, de incuestionable vertiente dramática que se da el lujo de doblar o bidireccionar en la condicionante del relato. Lo alumbra el manejo prolijo del conflicto de las relaciones humanas que abordan sus personajes, sujetos en dificultades de sociabilidad que se muestran tal como realmente son. No hay engaños ni trampas narrativas. No se oculta nada de lo que el japonés tenga que arrepentirse. Suwa es directo y pretende que participemos en las decisiones que toma en sus historias. Obviamente lo logra en 2 Dyuo -trabaja el conflicto de pareja en un espacio cerrado con solo dos actores y el cruce de las frustraciones personales y del dinero- y con menor fuerza en M/Other, donde  retoma una búsqueda similar, pero aquí a la pareja le suma la presencia del hijo del protagonista que por circunstancias fortuitas termina viviendo con la pareja, y es quien coloca a la protagonista esa doble postura que plantea el título, la de madre y la de lo otro. En su tercer film, H Story es donde se entrega al análisis y la observación de lo que hizo Alain Resnais en su clásica obra Hiroshima, mon amour, un falso documental donde intenta imponer un ejercicio de meta-textualidad. El cine de Suwa está edificado a partir de largas tomas, que pueden ser planos secuencia o encuadres estáticos; y de la improvisación de los actores. En algunos casos en base a un guión pre-existente y trabajos de desarrollo, componen la situación, y en otras, directamente construyen a voluntad los diálogos y las acciones, como sucede en su excursión francesa, Un couple parfait o Una pareja perfecta. Un estilo de trabajo bastante cercano a la que desarrollo en los años sesenta y setenta, el gran John Cassavetes. El resultado es transformar las situaciones cotidianas en registros de manera documental. En sus dos últimas producciones, el segmento de Paris, je t´aime y el largometraje Yuki y Ninna, el cineasta nipón se estaciona en el universo infantil, del que capta maravillosamente los recursos simbólicos propios y los representa con maestría en pantalla.

Un couple parfait resulta una película cuyo idealismo que se establece con probidad muy cerca a cualquier tipo de realidad, o simplemente un oxímoron, vale decir, dos conceptos de significado contrario en una sola expresión, que al combinarse generan un tercer argumento. Suwa se posa sobre el estado anímico de dos personas –notables interpretaciones de Valeria Bruni Tedeschi y  Bruno Todeschini- quienes direccionan sus vidas dentro de una idea cabal de situacionalidades  Es una película sobre la que no se dialoga casi nada, sobre la que no se dan excusas, ni explicaciones, solo se nos invita a observarla en su poderío visual, a poder vivirla menos angustiosamente que cuando la experimentamos realmente, a poder, a partir de esa distancia, a pensarla. El film es en algún sentido una propuesta inacabada, que necesita de producir algún tipo de efecto en nosotros para sentirla como experiencia sensorial e intelectual. Suwa logra confeccionar un prodigio de observación y de paciencia, en el que jamás se dice nada significativo, todo parece ser poco relevante, en el que solo vemos la angustia cotidiana de no saber, la desorientación respecto de uno mismo. El proceso de extrañamiento del otro, el rechazo que esa nueva imagen les genera y la atracción que el recuerdo de la imagen anterior les provoca. Es la puesta en escena de la pérdida del deseo sobre el otro pero también sobre uno. No se desean pero no pueden desear a otro, ni ella a Patrick, ni él a Esther. Ni Nicolás ni Marie saben que quieren, ambos están en crisis con sus trabajos, con la ciudad donde viven, con sus sentimientos, con el otro; ninguno encuentra la soga vital de la cual tirar para salir para donde sea, pero hay un esfuerzo lógico por intentar abandonar la nebulosa apatía de la angustia. El japonés se encuentra con desafíos formales a la hora de plantear, transmitir o mostrar situaciones humanas, ¿¿Cómo filmar el no saber y el no poder?? ¿¿Cómo filmar la agonía de una pareja que aún se ama?? De inmediato fijamos nuestros recuerdos en Ingmar Bergman y su drama conyugal Scener ur ett äktenskap o Secretos de matrimonio, en donde Liv Ulman y Erland Josephson componen una pareja que atraviesa una crisis existencial. Bergman los toma un poco antes del inicio del conflicto, cuando aún creen vivir un amor perfecto, y los acompaña mucho más allá de la ruptura; pero lo que parece relevante son las elecciones formales del sueco, ya que la película está sostenida en la palabra, en el permanente intento de los protagonistas por explicar y explicarse lo que les sucede, por llenar la angustia y el vacío al que los enfrenta el dolor amoroso con palabras y razonamientos. La película de Bergman tiene muy poco de cinematográfica, es una puesta teatral que pretende pensar  a fondo en la relación de pareja. Tal vez la distancia entre una y otra cinta esté en los treinta años que separan cada una de las realizaciones, y en los cambios evolutivos e involutivos que el mundo y las personas hemos sufrido, pero lo cierto es que las opciones formales del sueco y del japonés son distintas aunque muy cercanas visualmente. Suwa determina con prontitud la distancia que la cámara mantiene respecto de los personajes, que podría ser simétrica a la que hay entre ellos, la escena de apertura es la más completa, ejemplo: Marie y Nicolás dentro de un auto en movimiento y la cámara extrañamente los toma desde el otro lado de la ventanilla. Suwa busca la iluminación que siempre, salvo en las escenas que no comparten los personajes como las del museo o el bar, juega con los claroscuros y las penumbras generando poca visibilidad y nitidez. Otro detalle interesante del japonés es el encuadre -la delimitación del universo visible a nosotros- sin centrarse en nada significativo, es inmóvil, y no es el espacio en el que Marie y Nicolás puedan convivir, dejando en más de una ocasión a ambos protagonistas fuera de campo mientras nosotros vemos solo una puerta cerrada. La persistencia de la longitud de los planos, provoca la percepción de un tiempo aletargado que hace más densa la situación. En lo que si acierta Suwa es en la BSO poblada principalmente por silencios, por monólogos sin respuestas o por diálogos que no agregan mucho. Suwa tiene muchas dudas para relatarnos diferentes vivencias acerca de las crisis de pareja, pero parece que si le interesa pensar, y que pensemos acerca de ellas. Tal vez para él la pareja perfecta sea la que logra sostenerse en la crisis, la que siente el amor aunque no tenga muy en claro cómo ni dónde. También habría que relacionar a Suwa con el italiano Rossellini y su film Viaggio in Italia, en la que una pareja inglesa pasa una temporada en Italia, donde experimentan la desavenencia y se liberan construyendo el distanciamiento entre ambos, con pocas palabras como lo hacen Marie y Nicolás, pero con más furia, hasta llegar a un desenlace en el que se les revela a ambos la necesidad del otro. Quizás la mayor diferencia entre ambas sea la baja intensidad de todo lo que transcurre en la película de Suwa, que está surcada por un fuerte sentimiento de apatía, que quizás en parte, tenga que ver con nuestra época. Con todas sus debilidades y aciertos Suwa nos introduce en su mundo y nos obliga a comparar nuestras situaciones con las de sus personajes. El intento funciona, no es fallido, revela incomodidad pero realidad. Muy buen film para aquellos de paladares complejos. Recomendable.