martes, 6 de agosto de 2013

“7 cajas”, formidable y esperanzador regreso del cine paraguayo.







































































No conozco mínimamente la historia de la cinematografía paraguaya, salvo por el film Hamaca paraguaya, ópera prima de Paz Encina, quien logró ganar un premio en Cannes -que no es poca cosa- en el año 2006. Nunca más volvimos a escuchar acerca de la directora guaraní, ni de otra realización suya, hecho que hemos lamentado. Ciertamente fue una película bella, arriesgada, de una dolorosa y profunda sensibilidad, así como de una impronta asentada en lo experimental, cuyo reparto se basaba en tan solo dos actores que formaban un matrimonio de la tercera edad, que pasaban casi todo el tiempo en la hamaca del título, esperando a que lloviera, pero sobre todo a su hijo que había partido a la Guerra del Chaco, diferendo contra los bolivianos, allá por mediados de los años treinta. Hamaca Paraguaya no pintaba para paladares múltiples, era una trama difícil, lenta, con muchos planos-secuencia largos, sin una detallística explícita etc. No fue una película que dote de universalidad a la propuesta, más bien le brotaba la individualidad de una idea escondida en el sufrimiento de dos padres que nunca perdieron la esperanza del hijo regresando a casa. Pues bien, dentro de pocos meses iré a conocer Asunción, más precisamente en el mes de Noviembre, y espero de alguna manera conectarme con personas para que me puedan explicar cómo es que no hay una identidad del cine paraguayo a nivel internacional, y que films he tenido la mala suerte de perderme en todos estos años. Sé, por interpósitas personas, lo cordial que son los hermanos paraguayos, así que buscaré algunas razones que me hagan aprender por qué el cine de este guerrero país no tiene exposición hacia afuera de sus fronteras, salvo lo que les comenté al principio. Tuve la suerte de observar la película 7 cajas de la simpática pareja de realizadores, Tana Schémbori y Juan Carlos Maneglia, quien también oficia de guionista. El buen cine -como la caridad- tiene que empezar por casa, por mostrarnos universos propios, en los cuales los cineastas siempre deberían de contar con autoridad en términos de experiencia, de cariño, de fracaso o de simple compromiso personal. En aspectos autorales, que a su director -en este caso son dos- no le incumba ni le duela lo que hace, es a fin de toda cuenta el camino más seguro para terminar haciendo cintas que no tienen sentido para nada ni para nadie, por mucho que nos entretengan y/o nos dejen con la mirada empañada. 7 cajas es una de esas películas que tiene un amor inmerso extraordinario de sus productores, directores, actores, y los que han acompañado esa siempre complicada travesía obligada del debut, porque la cinta, tal cual el film de Paz Encina, tiene una característica que la distingue : es una ópera prima. No hace falta ser un ducho en el oficio para darse cuenta que no solamente el film es de impecable factura, divertido y con una originalidad en la historia, de las que no se observan así nomas por nuestra Latinoamérica. Es una sensación alentadora que este nuevo concepto del cine paraguayo nos irradie tanta cordialidad y docilidad cuando lo vamos incorporando a nuestras mentes. No sé si estaré pecando de optimismo, pero creo que este film de Schémbori-Maneglia es lo mejor que le ha sucedido al cine de nuestros pueblos sudamericanos en los últimos tiempos como un locuaz replanteo hacia adelante . Y eso es bueno para todos los que hacen cine, no importa la nacionalidad, porque de alguna manera –aunque diera toda la impresión que 7 cajas sea un cine hecho para dentro de casa- su contribución más trascendente y de la que debería jactarse es su pluralismo, su universalidad. El mercado 4 -única locación aparente del film- es una de esas excusas irrebatibles que lo respaldan porque existe en todos nuestros países. De menor a mayores proporciones, pero están ahí, siempre vigentes para satisfacer a los pobladores menos favorecidos, a los caseritos que compran al menudeo, y también por volumen.. Eso nos une, no nos distancia. Quizá sea una de las características vitales de la propuesta, dada su auténtica sonoridad que emana de su presencia imponente ya sea de día como de noche. Entonces, a esa universalidad bien vale la pena haberle sumado el realismo, que las varias atmósferas internas se amalgaman para que la película tenga un límite físico que acompañe a la historias de los distintos personajes. Otro aporte imprescindible es el guión, señalado como un todo que se va fortaleciendo con aquellos elementos conceptuales y técnicos que las posibilidades cinematográficas de hoy otorgan. Desde una intensidad que tiene que ver con cada uno de los grandes o pequeños personajes –algunos entrañables- y que los cineastas se han encargado de darle vida plena, sin excesos, para luego unirlos mediante escenas filmadas con destreza, y vinculadas por un montaje correcto. En un momento determinado uno recuerda las formas de rodaje que utilizó el británico Danny Boyle, junto al film que lo hiciera merecedor a un Oscar. Los nudos de acción están puestos justamente en los momentos en donde deben estar, no se sobreponen ni se logran descubrir con facilidad. Existe cierta previsibilidad en algunas escenas –me refiero al final- pero que se corrigen en el mismo instante con un desenlace de excepción. Esa falta en lo minucioso que le atribuíamos a Hamaca paraguaya, Schémbori-Maneglia si lo incorporan en ciertas partes del film sea para definir algunos lugares o con la misión de darnos pistas para el reconocimiento de las intenciones de varios de sus personajes buenos o malos, pero en su mayoría de gran corazón. Otro factor importante es como ambos cineastas cuidan a sus actores, y al hacerlo, nos dan mensajes claros de cómo se manejan determinados asuntos en su país. Es clara la escena en donde hay un celular que tiene que ser vendido como diera lugar por una causa noble. Es un policía del mercado 4 el que asume la compra del aparato, y se lo aprovecha en colocarlo en una situación cómica precisa. Estoy seguro que en el Perú, el cachaco se hubiera apoderado del equipo sin pensar siquiera en lo caro o barato que se ofertaba. Eso es un detalle aleccionador que se ve con agrado, y 7 cajas están lleno de ellos. Otro punto a favor es su credibilidad. Sea por la narrativa utilizada, por la vinculación de los actores, incluso por alguna corrección en la edición, nos acomodamos y compramos con facilidad la historia desde el arranque con el tema del secuestro exprés. En fin, hay muchas cosas que tiene este film que son inauditas, y que saben dar en el blanco del divertimento. Los géneros no son un problema para Schémbori-Maneglia. Por momentos trabajan el drama con un gran voluntarismo, también el humor, el thriller, la intriga y el romance. Lo interesante es que ninguna de las combinaciones resulta empalagosa. El contraste se percibe concretamente. La BSO también cumple sus propósitos. Hay tracks que envuelven las escenas más comprometidas. Esa amalgama entre la música sintética y la guitarra clásica acústica en la melodía principal del film, es un acierto notable, que no escuchamos en grandes films que se hayan producido últimamente en el cine independiente. En cuanto a la trama, voy a ser breve, para que la puedan ir a ver en el Festival de Lima que empieza el 09 de agosto, y que no tengo duda gustará.  No va a ganar el Festival peruano porque ya desde hace dos semanas se habla de una película mexicana que viene muy recomendada. De darse este hecho, el Festival de la Universidad Católica de Lima, seguirá perdiendo credibilidad. Ustedes saben mi opinión al respecto. Pues bien, Víctor -el principal protagónico- es un joven de unos 16 o 17 años que trabaja como carretillero en el mercado 4. Es un muchacho de origen humilde que se busca la vida trasladando mercadería de compradores y/o vendedores. El adolescente tiene un gran sueño, salir en la TV, lo que lo impulsaría a ser una persona importante que ascienda socialmente, y lo expulse de su medio actual. Uno de esos días de mucho calor, una chica que trabaja en una tienda de electrodomésticos y celulares –muy atinado los MacGuffin usados por sus directores- lo recomienda con su hermano que trabaja en una carnicería. Como el carretillero que tenía el encargo –y que representa al villano del film- no llega a tiempo, le dan la posibilidad a Víctor para que lleve una carretilla con siete cajas. Lo interesante es que le dan un billete partido por la mitad, como el 50% de adelanto del envío. La suerte parece haberle llegado al joven, ya que la hostilidad de ese mundo, lo obliga a trabajar cada día con mayor dureza. Liz es su compañera de aventuras. Es una muy linda chiquilla de unos 14 o 15 años, que tiene una especial consideración por Víctor. El muchacho no siente lo mismo por ella. Poco a poco irán descubriendo dentro de una atmósfera sofocante una oportunidad de coincidir. Por otro lado, los bellacos han secuestrado a la esposa de un hombre que les ha pedido que le hagan el favor. Hay 250,000 dólares en juego, y un ligero malentendido hace que la historia vaya tomando impulsos de distinta índole en el desarrollo rítmico de cada escena. Luego de muchas idas y venidas, de alguna que otra cuota de cine virtuoso –la persecución de Víctor hacia un ladrón que le robó una de las siete cajas es hollywoodense- y del uso de varias historias paralelas, la propuesta alcanzará un vuelo inesperado y ameno. Quizá sea esta la película que me ha entretenido más en este 2013. No se la pierdan. Habría que felicitar no solo a los directores sino a todos y cada uno de los que tomaron parte en este proyecto por mínimo que fuera. Finalmente, hay un personaje extraordinario. Aquel que confunde las lechugas con los tomates, y causa todo el enigma. Cada vez que observo cine sudamericano me convenzo más que tenemos muchas cosas en común, que somos un sólo país dotado de las mismas virtudes y vicios. El idioma utilizado por la pareja de realizadores es el guaraní, y algunas partes son en castellano. Hay subtítulos por lo que no debe existir inconvenientes. Es un film que vale la pena, porque está bien pensado y hecho -dentro de sus limitaciones- y porque cumple con la misión de toda buena propuesta cinematográfica : pasarla bien en compañía de la familia y los chicos. Muy recomendable.