viernes, 16 de agosto de 2013

“Tesis sobre un homicidio”, Goldfrid sabe cómo manipularnos y entretenernos.























































Antes de empezar a comentar un buen thriller de intriga argentino -con la impoluta interpretación de Ricardo Darín- quisiera señalar con conocimiento de causa que la cinematografía de este país, es una las pocas por estas latitudes, que posee un expediente físico de más de cien años de antigüedad, conformando un circuito cultural y nacional de películas de todo anclaje, propia identidad y géneros dispares, tal como lo describe el escritor, coleccionista y experto montajista  Fernando Martín Peña, un bonachón personaje -quizá el hombre que sepa más de cine argentino- que editó entre otros, un libro titulado justamente “100 años de historia del cine argentino”, y que es de lectura obligatoria para quienes van más allá de la simpleza que a veces retumba en los cinéfilos latinoamericanos…. En nuestro país no contamos con estudiosos de envergadura del cine nacional -salvo la obra de un loable Ricardo Bedoya- porque si bien es cierto que en el Perú se hace cine desde hace mucho, las autoridades no se preocuparon en guardar prolijamente los celuloides que se filmaron en antaño, ni hablar de una restauración mínima. Y si no tenemos una historia ordenada -como si la tiene el cine argentino o mexicano, y la está empezando a tener Chile y Colombia- no poseemos ninguna identidad consolidada, propicia a mostrarla con diligente orgullo. La mayoría de cintas se han extraviado, y eso era parte de nuestra propia idiosincrasia.  Hoy, ese mamotreto apristón, llamado Ministerio de Cultura, y cuyo primer mandamás era un pirata de aquellos, no hizo nada por el cine salvo algunos amagues maradonianos, que terminaron así como empezaron, y que el actual presidente Humala ha seguido con viril inconsecuencia, pese a ser un hombre inquieto. Si no conocemos nuestro pasado, no sabremos quiénes somos, y con nulas posibilidades de proyectar un futuro. Y este tema ya no sólo es para conceptuar al cine. Lo mismo se tendría que decir de la educación, la salud y el deporte, pero esas son harina de otro costal.... Pues bien, Tesis sobre un homicidio del joven realizador Hernán Goldfrid, y que creo que ha venido a presentar credenciales al Festival de Cine de Lima, es un muy interesante thriller de suspense, cuyo guión está adaptado de la nada despreciable novela negra del escritor Diego Paszkowski. El film tiene un guión de los que aprecio y miro con buenos ojos porque manipula -palabra clave entre director y espectador- la trama con limpieza, pero principalmente el desenlace, de manera tal que los que se suponen se inmiscuyen con la picardía escrupulosa hecha argumento, se darán cuenta de lo que pretende hacer Goldfrid -confundirnos- lo logra con envidiable habilidad. Claro, tiene entre sus activos al mejor actor del mundo hoy en día para aturdirnos aún más -junto a Christian Bale, de quien haré un post de su film El Maquinista dentro de poco- y con Darín cualquiera que se lo proponga puede encubrir las cosas más despreciables de las que es capaz lo indemne o lo menoscabado. La escritura de Patricio Vega consigue su objetivo junto a la factura visual que le imprime el cineasta argentino. La historia es simple -no es compleja, ni tiene la narrativa ampulosa de Fincher con Zodiac- y en realidad lo que se plantea es un juego de conductas de sujetos que a pesar de ser abogados criminalistas de edades diferentes –uno es el profesor y el otro el alumno- tienen una abierta discrepancia sobre el tema de la aplicación de la justicia penal. El MacGuffin es una mujer asesinada a metros de la Facultad, de quien no se sabe nada fáctico, pero que tiene una bella hermana -que entra con calzador a la trama- que no aporta mucho -salvo su poco afinada dicción y el actuar con cara de mujer triste- y que rellena esa disputa erótico-sexual entre el alumno Gonzalo –buena actuación del actor español Alberto Ammann- y su profesor de extraña ocasión, de nombre Bermúdez -interpretación formidable de Darín- quien lucha sin darse respiro contra su nula probabilidad de demostrar que su alumno ha sido el asesino de la muchacha. Quiero detenerme acá para opinar acerca de lo señalado líneas arriba. Lo de Ammann es una buena actuación -su presencia es protagónica- pero no es una buena interpretación, palabra con la que si adjetivo el trabajo hecho por Ricardo Darín. Una cosa es hacer algo o actuarlo -hay pérdida de matices, sobre-actuación, falta de postura corporal y gestual ante la acción que necesita el director etc.- y otra la interpretación, que sí cuenta con esas y muchas otras características que enriquecen la trama y principalmente al personaje. Bien, nuestro problema es buscar al asesino, puede haber sido Darín, Ammann, la hermana, la empleada, el magistrado o cualquier loquito que pasaba por la Facultad donde Bermúdez estaba dictando cátedra, momento en que Gonzalo ingresa al aula un poco tarde, sin estipularse el tiempo, no solo porque no es necesario saberlo sino porque no determina mayor indicio. Los elementos con los que juega Goldfrid, sí tienen que ver con el desarrollo de la acción o mejor dicho con la absurda rivalidad entre ambos contendientes. Darín ya está retirado, no ejerce, y se dedica a la pedagogía. Parecería ser un hombre decente para el campo del Derecho Penal, el más sucio e ignominioso de las facetas de la abogacía. Darín –que está mejor ahora que en la película de Campanella- imagina y se auto-convence que Gonzalo es el homicida de la hermana de la bella Calu Rivero, pero no tiene idea de probar el crimen. Otro detalle magnífico es que Gonzalo sí sabe cómo contradecir la especialidad de Bermúdez acerca de la imposibilidad de la verdadera aplicación de la justicia, hecho que Goldfrid maneja inteligentemente con otro MacGuffin, que es un libro de Bermúdez, titulado “La estructura de la justicia”. Gonzalo es un provocador nato, su padre es amigo de Bermúdez -le ha comentado maravillas de éste- y eso le genera algo de antagonismo y hostilidad. Hay que rescatar diálogos muy bien atildados sobre la materia, incluso algo que no suele ser menor, en la disputa de dos hombres por la encantadora mujer –incluso el rechazo sexual que sufre Bermúdez, y que si consigue Gonzalo lo pone atrás a Bermúdez- hechos que no son indicios para que el estudiante sea el asesino, pero que cumplen con el morbo de la confrontación. Todo el fárrago está en el pensamiento de Bermúdez, que hace lo peor que puede realizar un tipo culto y preparado, auto engañarse. El film tiene una seria propensión a la aventura y la intriga, géneros que, tratados con ingenio, hacen de lo fabuloso un ingrediente habitual de lo cotidiano. Supongamos que un ser favorecido por sus conocimientos y contactos en la criminología, Bermúdez y Gonzalo lo son. ¿¿Qué es lo primero que pensará??  Si, el otro lo ha hecho, ¿¿Por qué lo cometerá?? Por amor al arte del asesinato, para burlarse de la justicia que le otorgue rédito propio, o para demostrar que la justicia es una fantochada cruel que necesita víctimas y no victimarios. Obviamente que el asesino no será condenado, porque actúa con desinterés, o por puro gusto, o quizás por amor a las ciencias jurídicas que otorga nivel y poder social. Goldfrid y Vega crean un aparente criminal puro, Licenciado en Derecho, carrera elegida para demostrar que la vida es una buena mierda, tanto como lo es la palabra Ley o legalidad, o si vamos más arriba la Constitución. Gonzalo se da cuenta que la ley como estructura es un intento interesante de organizar el caos, ese mismo que le ofrecería la posibilidad de cometer un homicidio por placer. Bermúdez es todo lo contrario, sufre una fijación, una pasión impotente por aplicación de la justicia y de la ley. Él si cree en que esa estructura de la que habla en su libro es esencial, pero no se da cuenta que hay decenas de abogados que han escrito acerca de lo mismo, y que vendrán otras generaciones cuya moralidad y honorabilidad coincidirá o no con lo que piensa Bermúdez. Tesis sobre un asesinato es eso, una tesis que muta con asombro hacia un Psycho-Thriller con dosis del auténtico cine noir, es decir, un hombre supuestamente triunfador en lo profesional, pero perdedor en lo demás, separado de la mujer, bebedor y fumador, solitario soñador de fábulas legales que hoy ya no puede poner en práctica porque escogió distanciarse del sistema, y no tiene pruebas. Ese es el gran dilema de la propuesta, un hombre veterano que parece sufrir contra uno joven, la ansiedad versus la calma -cuando debería ser al revés- que solo atina a pegarle porque sabe de boxeo y está preparado para la pelea física, ya no argumentativa. No nos darnos cuenta -con la cantidad de componentes que nos brinda el film- qué es lo que ha pasado, quien es el asesino, o todo sólo se encuentra en el inconsciente colectivo de un Bermúdez que va perdiendo la prueba del destino. Fiel a la notable tradición argentina de la literatura negra, el cineasta con su guionista acaban planteando implícitamente una reflexión entre filosofía y política.... Me gustó el film, lo disfruté, lo capturé, y más aún, cuando entre los asistentes al terminar la función, se preguntaban, ¿¿ Quién es el asesino ?? Una película que merece verla porque está bien hecha, nos hace pensar, y si nos metemos en las cabezas ya no solo de Goldfrid y de Vega, sino en la del mismo Paszkowski, la vamos a pasar muy bien. No es una obra de arte cinematográfica, pero el joven Goldfrid cumple a cabalidad con los dos requisitos del cine: manipular y entretener. Recomendable.