lunes, 9 de septiembre de 2013

“Amor bajo el espino blanco”, Zhang Yimou vuelve a sus raíces poéticas y románticas.




















































Habíamos comentado hace algunos posts que el gran cineasta chino Zhang Yimou fue tentado por la industria norteamericana para filmar Las flores de la guerra, donde se nos presenta una nueva versión de la masacre de Nanking. Si bien es cierto, los productores yankees no escatimaron gastos en juntar a Zhang Yimou, Christian Bale y Ni Ni, el resultado de la experiencia no fue el que se esperaba.  El chino, no logró meter en su bolsillo narrativo un paquete tan grande como el que le encargaron, y simplemente pasó desapercibido, sin grandes comentarios y una irregularidad poco común en el cine del maestro. Si algo ha caracterizado la trayectoria de Zhang Yimou es su capacidad para mutar y adaptarse sin aparente dificultad a cualquier tipo de estilo. La necesidad de reformularse a sí mismo, de ensayar nuevos géneros y trabajar con diferentes registros, es un reto que no cesa. Por eso, no es difícil encontrar películas en las que el director radicaliza su discurso político junto a otras muestras en las que se deja llevar por patrones mucho más convencionales. Esta vez, Zhang Yimou vuelve a lo suyo a través de la adaptación de una novela popular del escritor chino Ai Mi.  Amor bajo el espino blanco se sitúa entre los años 1966 y 1978 durante la revolución cultural, donde Mao convocó al pueblo chino a la construcción de las llamadas “aulas rurales”. En respuesta a tal llamado, las escuelas enviaron estudiantes y profesores a los pueblos. Dentro de este contexto, Yimou nos cuenta la historia de una inocente muchacha llamada Jing, quien se instruye en la secundaria de la ciudad, pero que se traslada a un poblado en la lejanía de una región montañosa para ser reeducada. Jing carga sobre sus hombros la pena que su padre ha sido encarcelado por ser un tipo contrario al régimen de Mao -es un preso político- y su madre enferma, que se dedica a troquelar, pegar y vender sobres de papel  para poder sostener a sus tres hijos. Cuando Jing llega a destino conoce el famoso “árbol de los héroes” que no es otra cosa que un espino blanco del que se afirma que suministra flores rojas -aunque normalmente son de color blanco- debido a que durante la guerra contra los japoneses, los soldados chinos nutrieron con su sangre las raíces. A partir de entonces, será un miembro más de la familia del Sr. Zhang, donde sin ser una carga, deberá ayudar  en los trabajos duros, y realizar en paralelo su proceso de reeducación, en su caso, escribir sobre el famoso espino blanco. Jing sabe que el bienestar de su familia está en juego, y que todo va a depender de su buena conducta y de la opinión final de las autoridades, pues si todo se adecúa a lo planeado podría llegar a ser profesora, y asegurar una mejor posición e ingresos. Jing tiene que ser cuidadosa, no arriesgarse, no ser transgresora, ya que bastaría con un mínimo error para arruinar la vida de sus seres queridos. Jing luce tranquila y prudente. Pero, en un momento de pasión, su comportamiento se altera durante su reeducación, ya que conoce y se enamora de Sun, el encantador hijo de un militar del régimen que trabaja en la unidad de geología de la zona donde ha sido designada Jing, y que también forma parte de esa condición de familia rural, constituyéndose en el tercer hermano. Un romance entre ellos sería impensable, y nada recomendable. Ambos son diferentes, pero la atracción es recíproca, casi inexcusable. A lo hecho, pecho. Ambos deciden que nadie debe enterarse. Jing ya no está en calma, luce nerviosa, en permanente estado de desasosiego. En esos mismos momentos, Sun se separa de Jing por unos días sin avisarle. Cuando éste regresa, las cosas no van a ser lo mismo, todo ha mutado. Jing está en crisis y deberá reinventarse para subsistir. Pero, Sun oculta algo que el desenlace se encargará de aclarar. El amor de Sun hacia Jing es verdadera, se ocupa de la muchacha, la cuida, la hace sentir bien, su interés es tal que en un momento de intimidad le brinda un amor puro, sin siquiera besarla. Jing reconoce eso, pero demora en aceptar su amor incondicional. Está contrariada porque se ha enterado que Sun tiene una prometida, pero es un malentendido que una amiga se encarga de aclarar. Esto, es a vuelo de pájaro lo que Zhang Yimou nos intenta contar con su brillantez y mano virtuosa. Amor bajo el espino blanco nos devuelve al Zhang Yimou que sabe retratar como él solo un periodo de la revolución cultural a través de historias paralelas que transcurren durante la misma. En este caso, una vuelta del director chino de la quinta generación a una historia de amor, esa que se regodea de lo candoroso, visto a través de los ojos de sus dos jóvenes protagonistas quienes tendrán que lidiar contra los obstáculos que la revolución de Mao puso en sus caminos, y que nos harán participes mediante la cámara de Yimou, que los retrata con una profundidad notable. En un tono visualmente poético y armonioso, Yimou nos muestra en primeros planos los momentos donde nos hacernos cómplices del vínculo de la pareja prohibida, de cómo poco a poco, gracias a los gestos, los detalles o las miradas, el amor va floreciendo entre ellos, como lo hacen las flores del espino blanco. Un amor tan simple como inofensivo, donde cada paso debe de ser medido con cautela, aunque a veces los sentimientos se dejen llevar. Un amor noble y desinteresado, que nos recuerda a uno de sus mejores films, El Camino a Casa, donde se establecen esos romances que no se olvidan tan fácilmente. Y es que para algunos, este film puede parecer una historia de amor edulcorada, propensa al subjetivismo inconsecuente -puede que tengan algún asidero- pero Yimou llena la relación con esos detalles que él conoce y domina como nadie, que visualmente son hermosos y prolijos, y que nos deja una sensación absorbente y afectuosa, más aun conociendo al derecho y al revés la situación que supuso la revolución cultural para miles de personas, y que a pesar de todo, supieron -como Yimou pinta a sus personajes- llevar sus vidas de la mejor manera posible. Son esos gestos de complicidad ante el férreo control impuesto -como darse un abrazo a través del espacio separado por un río, el cogerse la mano por primera vez o el vendar los pies del ser querido para curar sus heridas- tan bien expuestos, los que se quedan pegados en nuestra retina y en la memoria, y los que hacen de esta historia una cinta que nos sumerge en el encanto de Jing y Sun. Yimou deja claro que en aquellas épocas, las personas expresaban sus emociones de otra forma, con un estilo aterciopelado, donde las expresiones superaban a su propia época. Es innegable el buen manejo que hace Yimou no solo de sus personajes, sino de las ambientaciones, desde los paisajes hasta los decorados elaborados para la ocasión, pasando por esos planos y uso del color que, sin ser tan marcado como en otras obras, Yimou sabe conseguir casi como un sello personal.  Yimou vuelve a un marcado intimismo donde una narrativa simple y minimalista fluye sola, sin muchos aditamentos. Yimou hace que los contrastes se encuentren muy presentes, donde se demuestra que entre blanco y negro -o rojo- puede haber nexos de unión, donde entre seguir las pautas establecidas y la inquietud o el deseo de cambio puede surgir un primer amor como el de Jing y Sun. Y como no, aunque el uso del color no es tan llamativo si lo es la magnífica fotografía donde destaca la sobriedad del color rojo y sus derivados. Aunque sea el color que podemos relacionar con el comunismo de Mao, no olvidemos que es símbolo del amor más puro, de la pasión y de la suerte, como el color de las bayas del espino blanco, del bañador de Jing o de la chaqueta que le compra Sun, y que usará en un momento tristísimo. Para terminar, no quiero dejar de lado dos aspectos más de la cinta. Por un lado, la fantástica BSO que aporta melancolía y realza los momentos más significativos de la propuesta, aun estando en un segundo plano. Por otro lado, las magníficas interpretaciones de dos actores noveles como Zhou Dongyu y la bella  Shawn Douque, que sin tener una filmografía a cuestas, sienten lo que actúan, y eso le aporta mucho a lo pretendido por Yimou, y le da un realismo aceptable. Las sonrisas de ambos son maravillosas, y no nos deja de impresionar esa química natural que brota de ambos. Quizá, Yimou no cierre el film como éste lo demandaba. La escena del desenlace no parece tener un contraste pleno con el desarrollo del conjunto aunque es realmente logrado. En fin, son impresiones que me dejan el buen trabajo de un realizador de categoría.  Amor Bajo el Espino Blanco, es una historia elevada de amor que acontece en un momento trágico de la historia de China. Yimou parece haberla rodado, porque el amor y la expresión de ese amor lo conmueven. No era el momento de mostrar las heridas que muchos sufrieron entonces: el dolor está y permanecerá entre ellos. Nos quiso hablar del amor, darle forma en imágenes y el resultado luce a la vista. Notable film del cineasta chino. El amor y el sufrimiento se unen para transformar las vidas de dos jóvenes que se enamoraron con dedicación y respeto mutuo. Jing sufrirá más, pero valdrá la pena para poder seguir adelante, y lograr lo que se propuso. Imperdible.