martes, 17 de septiembre de 2013

“Searching for Sugar Man”, la genialidad postergada de un músico insurrecto.








































































El 99.99% de los hombres permanecen en el anonimato hasta el día de su muerte. Son seres humanos como cualquier otro, que nacieron, crecieron, y forjaron un porvenir haciendo cosas, que intentaron triunfar o bien fracasaron en su misión, pero que dejaron una pequeña huella que alguien valorará sin necesariamente tener que hacerla noticia o publicarla. En realidad, todos poseemos mucho de anónimo mientras vivimos, ya sea en nuestros actos cotidianos, en nuestros trabajos, universidades, viajes etc., pasamos un rato corto o largo en este mundo, y nos volvemos a ir. Ese universo individual e íntimo que no admite fronteras ni procedencias, se conjuga con el ejemplo que dejamos como herencia a ese mismo mundo que no sabe de distingos, que no tiene pasión por nadie en especial, pero que nos cobija a todos. Somos nosotros los que nos encargamos de pintar nuestra propia existencia, de luchar por un destino esencial, únicamente nosotros decidimos lo que hacemos y cómo lo afrontamos. Dentro de este contexto, existen historias de vida que merecen la pena ser contadas, y sin duda que la de un tal Rodríguez es una de ellas. Una crónica donde se aquilatan las más sanas y bellas emociones, donde una realidad que supera de lejos a la ficción, convive en armonía con una música que exhala pasión, donde hay poesía, inspiración, desparpajo, talento, melancolía, belleza etc., poseedora de una inquebrantable honestidad y humildad. Hay esperanza y sacrificio en ella, hay sueños y despertares, hay ilusión, amargura, temple y conformismo, y esa moneda dual con su anverso y reverso, que tirada por los aires del azar, determina que la justicia tarda pero llega. El documental Searching for Sugar Man es eso y más. Su mentor, guionista y director, el sueco Malik Bendjelloul, logra no sólo destapar la increíble historia de un desdeñado músico llamado Rodríguez, así como la hermosura de una obra formidable, que debió tener otro destino. También nos muestra la pasión de aquellos invencibles y fervientes amantes de su música que repararon una injusticia que se extendía por más de cuatro décadas. Si en su tiempo, nadie se paraba a escuchar sus geniales letras y melodías, perdiéndose éstas en el más cruel de los olvidos, ahora todos los cinéfilos -que tenemos vínculos especiales con la música- ya estamos al tanto de la magnitud del tal Rodríguez, y ni que hablar de la gente. Searching for Sugar Man fue un éxito donde se presentó a competir, porque contiene en sus entrañas una historia susceptible de requebrar a todo aquél que ame la vida, y al que la música le despierte la más irresistible de las sensaciones. Rodríguez, compositor y músico de Michigan, Detroit, logró sacar al mercado dos discos LP en los inicios de los años 70, Cold Fact y Coming From Reality. Los empresarios no dudaron en que el guitarrista tendría notoriedad. Rodríguez era el cantautor ideal para conquistar las conciencias musicales de esa época. El yankee de origen mexicano parecía tener todos los atributos artísticos para ser uno de esos pocos elegidos, un referente notable del panorama musical de una época de esplendor de la polifonía, donde sus canciones abordaban con melodía y precisión temáticas bellísimas, dotadas de una personalidad aplastante y conmovedora, una magia que no tenía nada que envidiar a Dylan o Drake. Rodríguez tenía un estilo que golpeaba a través de composiciones estructuradas bajo una dulce melancolía, una punzante tristeza o un reclamo airado donde emergía la protesta popular. Sin embargo, lo que le deparó la eventualidad durante esta corta aventura fue la total indiferencia del público yankee, un estentóreo fracaso comercial. Rodríguez seguía su vida como podía, trabajando aquí y allí, en esto y lo otro, ajeno a que él era el ícono de varias generaciones. Clarence Avant, un moreno medio tosco, que había manejado a artistas como los hermanos Jackson, fundador del sello discográfico Sussex -antiguo ejecutivo de Motown, todo un referente de la industria discográfica norteamericana- y encargado de la carrera de Rodríguez, dijo en tono agresivo que en los EEUU había vendido sólo 06 copias, entre su familia y amigos. Esta ironía, sin embargo, demostraría que los años 70 no resultarían ser el lugar ni el tiempo para la música de Rodríguez, eso estaba reservado para la Sudáfrica donde gobernaba la milicia y emergía el Apartheid. ¿¿Cómo llegó una copia de Cold Fact a un país absolutamente lejano y en conflicto?? La incógnita no puede ser develada en el film, pero se supone que se pasaron la voz entre unos pocos, y cuando menos se imaginaba, las canciones ya estaban instaladas en las mentes de los sudafricanos, pegaron con una fuerza inusitada en esa juventud que no tenía armas para combatir contra la anarquía, y que pese a la durísima censura que padecían en aquellos momentos, encontró un arsenal de letras y melodías que cambió para siempre sus vidas. Era la música armoniosa y la letra beligerante de Rodríguez, que sació sus apetitos revolucionarios. El cantautor llegó a vender más de medio millón de LP, y se dio el lujo abstracto de superar a verdaderas estrellas como los Stones, los Beatles y Presley. Alguien tuvo la picardía de editar los discos, mandó supuestamente la plata hacia algún lugar de los EEUU, y el negocio dio sus frutos, sin que Rodríguez estuviere enterado de nada. Llegó a ser la voz de una minoría que luchaba contra la injusticia, a ser la inspiración de un movimiento musical que se combinó con el que no podía surgir en la misma Sudáfrica. A ser inmortal pese al desconocimiento que tenían en los sudafricanos acerca de su existencia. Se pensó hasta en un suicidio del artista en pleno concierto. Cold Fact era puesto a la altura de Abbey Road o las canciones de Simon & Garfunkel. ¿¿Por qué los hechos nunca llegaron a oídos de Rodríguez en un lance del destino que podía haber cambiado su vida?? El hermetismo cultural, político y social que padecía Sudáfrica, impedía que los músicos de este país pudieran tener la libertad de expresar sus sentimientos a través de su arte, ni salir a tocar afuera; ni mencionar la posibilidad que Rodríguez hubiera podido ir para allá. Era un tipo desconocido, un mito que estaba bajo tierra. Sólo quedaba ese LP. Nada más que eso. Para crearse una imagen más completa podrían observar el documental Paul Simon's Graceland Journey: Under African Skies, donde se recogen las trabas políticas que le supuso al cantante, la grabación, y la inclusión de músicos y temas tradicionales sudafricanos para su famoso Graceland, a mediados de los años 80. Aun cuando no aparece en el documental de  Malik Bendjelloul, el DJ irlandés David Holmes reivindica la música de Rodríguez, a través de una correcta interpretación de Sugar Man en su disco Come Get It I Got It, en el 2002. Historias máximas, como la que logramos apreciar en Searching for Sugar Man son una auténtica delicadeza sonora, una cálida forma de creencia, y la reivindicación de un hombre bueno que no pudo ser absorbido por el sistema musical yankee, pero que logró sacarse el clavo el 06 de marzo de 1998, cuando logró tocar en vivo, ante una multitud de viejos y jóvenes sudafricanos cuya mezcla de lealtad, amor y concupiscencia por el artista se mantenían intactas. Una lección de vida, de justicia, aunque hoy en día Rodríguez siga siendo el mismo de los años 70, un tipo sencillo, padre ejemplar y filósofo de la existencialidad. Los fans de Rodríguez hicieron posible no sólo que se justificara la realización del documental, también son el eje para la resurrección artística de una música maravillosa y una voz inconfundible. Si nos detenemos en otros documentales musicales del mundo del rock, como el de Queen: Days of Our Lives, de Matt O'Casey, acerca de Freddie Mercury, o Runnin' Down a Dream de Peter Bogdanovich, sobre Tom Petty o Last Days Here de Don Argott y  Demian Fenton acerca de Bobby Liebling, observaremos que el idioma de la música es uno solo, que los músicos no la tienen nada fácil, pero que son los fans y su amor por la música los que insuflan aire nuevo a las modas y sostienen las mismas a través del paso de los años. Searching for Sugar Man es un documental inédito, distinto, reaccionario en los momentos que uno lo observa y se hace preguntas de todo tipo. I wonder how many times you've been had, and I wonder how many plans have gone bad, I wonder how many times you had sex, I wonder do you know who'll be next y I wonder l wonder wonder I do. Simplemente excepcional.