sábado, 19 de octubre de 2013

“Captain Phillips”, Greengrass logra una historia de aventuras magistral.




























































Sigo en Barranquilla, hermosa ciudad de día, con buenas y malas personas como en todas partes, pero la gran mayoría es cálida y acogedora. Anoche fui a la mejor discoteca del lugar, Frogs Legs. Una verdadera hecatombe. Mucha cáscara, pero de endeble contenido. ¿¿Dónde estaban las mujeres tan bellas que me habían ilusionado?? Parece que solo en los Shoppings, y por ahí en circunstancia de salir a comer o pasear, uno las puede disfrutar. En el hotel Hampton Hilton -muy limpio, pésima atención- me dijeron que fuera a las 21.00 PM porque el vernacular e irrespetuoso lugar se llenaba con rapidez. Lo confirmé por vía telefónica cuando llamé al local. Me compré una camisa de 100,000 pesos (algo así como 50 dolarucos) para estar de acuerdo a la ocasión. Las mujeres estaban monas, los hombres, una pulcra desgracia en zapatillas. La seguridad era extrema. Cuando me retiré (12.30 PM) habían más custodios que clientes o consumidores, el doble de caballeros que damas. Los baños impecables, la pantalla gigante con muy buena imagen y música, y la cerveza a 10,000 pesos la personal marca Miller. Pagué una con 20,000 pesos, y en el taxi me di cuenta que el barman me había dado 5,000 pesos de vuelto. Encima me robaron cinco lucas. Me acerqué a una chica rubia nada sorprendente -no hubo una sola dama despampanante- y le pregunté, ¿¿Te puedo invitar algo?? Me miró de pies a cabeza (había poca luminosidad) y me dijo: Estoy esperando a mi chico. Dejé pasar tres minutos, y le respondí a modo de pregunta: mientras lo esperas podemos conversar o tomar algo. Me hizo un gigante hielo seco, y le dije: jamás una mujer respetable espera a su pareja dentro de una discoteca. Ni me respondió. Uno del bar me dijo en voz bajita: La señorita está girando. Feo, muy feo, aunque se comprende. Finalmente, nadie bailaba, todos parecían programados por una computadora de los años ochenta, medios robotizados, y lo mejor, las anfitriones que ofrecían la marca de un whisky Old Parr. No hubo gentilezas, me pusieron una pulsera amarilla de papel -la cual rechacé y la boté- y me cobraron 40,000 pesos de cover, sin nada a cambio, eso sí, con la consabida tomadura de pelo que se iba a presentar un artista de reggae. Nunca hubo show. Barranquilla, me olvidaré de este encontrón, pero reconozco que eres una hermosa ciudad, no más que Medellín ni Cali y Cartagena….. Pues bien, no me quedó más remedio que ir al cine al día siguiente (hoy mismo) a observar un film que debería estar nominado para los premios de la Academia. Hace buen tiempo que no se hacían en Hollywood cintas que le devuelvan realce y pundonor a este género estereotipado basado en cuestiones de secuestros y liberaciones. El británico Paul Greengrass, un conocedor de la combinación de géneros, y que los sabe abordar con soltura y solvencia: Ej: The Theory of Flight, Bloody Sunday, United 93, dos de los tres largometrajes de la saga Bourne junto a Matt Damon, The Bourne Supremacy y The Bourne Ultimatum, es de aquellos realizadores pulcros y meticulosos que siempre le hacen sombra al detalle técnico y por supuesto que también a la trama, y principalmente a la historia. Eso hace que sus películas sugieran interés por lo que le prestamos atención, así ya conozcamos o podamos prevenir muchas de las escenas puestas en acción en cintas parecidas. En todo caso, lo repetitivo se mueve a otro estilo, quizá más punzante, pero regresa y se vuelve a acomodar, le brinda una posibilidad vital a Hanks de interpretar lo que mejor hace, la dramaturgia, y ya hace un buen tiempo que el formidable intérprete no destaca tanto en la pantalla -lo hace mucho en el teatro- como lo logra en este drama de aventuras marinas donde casi el 80% de las escenas transcurren en alta mar, y dentro de un bote salvavidas. Quizá Hanks como Denzel Washington sean los intérpretes que priorizan el coraje para encontrar la veracidad en determinadas situaciones límites. El estilo de acción geopolítica en el que siempre brilla Greengrass -y que no es de simpatía de la Academia- luciendo la extenuación física y a la vez el empuje de la supervivencia en un mismo gesto o acto, es destacable. Personalmente, las licencias cinematográficas están allí para que Greengrass, pueda desplegar los distintos planos cercanos y distantes de un film que no renuncia a inyectar contenido a las distintas maniobras, y para convertir la nobleza inicial, el sufrimiento y el desplome del personaje de Hanks en la verdadera tirantez narrativa de la cinta. El cineasta nos vende y nos acostumbra con inteligencia y un ritmo acoplado -atención a los sonidos, a las mezclas de los mismos y a la BSO- a convertir un buen material literario en un thriller convulso, pero coherente, instalado siempre en lo estrictamente estremecedor. Capitán Phillips es recomendable por dos temas; nace de una historia real, pero su tratamiento narrativo hace que la ficción nos sorprenda gracias a un excelente guión -deberían nominarlo al Oscar- que maneja los resortes de un suspenso específico. El film, como repito, nos va a generar una sensación redundante, sobre todo cuando Tom Hanks es aprehendido, y a partir de este hecho puntual, los intentos de la Marina yankee por negociar su rescate no cesan, hasta lograr su más preciado objetivo, matar. Aun así, la película maneja un ritmo de intensidades extremas. Aunque sea un testimonio de algo que ocurrió hace pocos años, lo seductor reside en una magnífica ejecución de la trama más que en la propia historia en sí, que ya conocemos. La ficción y la realidad van de la mano para que el equilibrio surta el efecto deseado. Otro logro de Greengrass es que puede dominar cierto grado de tensión porque la amalgama con habilidad hacia los componentes escalofriantes más profundos de su propuesta. Acierta el guión cuando no coloca a Tom Hanks como un héroe sino como al sencillo capitán de la nave que unos piratas somalíes tenían en la mira para saquearlo. Este detalle importa porque a la película se agrega un esfuerzo adicional por intentar representar la realidad e inmediatez del suceso tal como ocurrió a bordo del MV Maersk Alabama, el primer buque de carga yankee en ser secuestrado en 200 años. La luminosidad natural de la fotografía ayuda mucho a una estética que dibuja con sutil perfección un realismo que se siente sin atajos. Sin embargo, ese tipo de fotografía siempre pasa desapercibida por la Academia. Ojala ésta sea la excepción. Donde la película sí está muy bien es en el sonido y en un montaje espectacular. No sé si para ganar el Oscar, pero si para que la nominen. Con Bourne ganó el Oscar en la doble categoría de sonidos, así que saben mucho del tems. Greengrass, una vez más, busca y logra nuestra inmersión, como lo consiguió con Bloody Sunday con la que ganó la Berlinale, o el heroísmo conviviendo junto al pánico en el único avión del 11-S que no alcanzó a causar otra tragedia, United 93, y finalmente en la saga del espía Bourne. Paul Greengrass vuelve por lo suyo, guardar lazos de afecto con la realidad, con ese instinto natural que no todos pueden llegar a transmitir, y se debe ganar una nominación a mejor director de los premios de la Academia aunque a ésta no le guste su prédica, y le tenga algo de fobia. Algo para tomar en cuenta, la capacidad de resumir o comprimir hechos tan reales al libro de Phillips. Quizá sea su mayor logro personal en esta película -ojo, que son variables que a la Academia le importa tres limones y solo por eso lo podría sacar de las nominaciones- junto a las notables actuaciones que logra a través de Tom Hanks y Barkhad Abdi -éste último sostiene el peso de la premisa- que deben estar nominados para pelear por los Oscars, salvo error u omisión de la Academia, que suelen ser frecuentes. Quizás Hanks pague los platos rotos, porque me da la impresión que el actor de color lo hace con más naturalidad. Esto, sumado a un desenlace provocador, inusual, y extraordinario que provee Hanks, hacen de este film un acierto a todas luces. Ojala que llegue a Lima pronto.