sábado, 5 de octubre de 2013

“Schutzengel”, Schweiger hace estallar el amor y la perseverancia.
























































Existen muchos actores con condiciones naturales y adquiridas para la realización, o viceversa, que en un momento determinado han hecho o hacen ambas cosas en simultáneo, es decir, interpretar un personaje y dirigirse a sí mismos. No es tarea fácil. Unos han obtenido magníficos resultados en esta doble tarea: Woody Allen, Orson Welles, Clint Eastwood, Mel Gibson o George Clooney entre otros. Quizá, la contraparte -aunque recién estén transitando por este camino- podrían ser Sean Penn, Emilio Estevez, David Duchovny y Edward Norton. Si nos trasladamos a Alemania, el actor, escritor y director Til Schweiger -que actuase en Bastardos sin gloria de Tarantino- es el hombre de cine más representativo que cubre esta tendencia con suficiente rigor. Su filmografía como director varía con respecto a la que ofició como intérprete. No cualquiera puede ejercer el “tres por uno” logrando objetivos y rentabilidad. Schweiger tiene carisma, es buen actor, versátil, y como cineasta aún está en pleno aprendizaje, aunque sus films están hechos con pulcritud y criterio. Antes del thriller dramático y de acción Schutzengel, Schweiger intentaba centrarse en algo que se acercaba a la comedia romántica con cierta implicancia melodramática, como Barfuss, Keinohrhasen, Zweiohrkuken y Kokowaah. En Schutzengel cambia radicalmente de género, y se acerca al cine que profesa Tarantino. Permuta los diálogos y las miradas por la maniobra aparatosa y lo inquietante. Las balas vuelan con abundancia, desde el disparo seco a matar, o un arsenal que destruye casa e interiores. Es un cine de acción continuada, sin mucha pausa, casi ciclópeo, con un guión repetitivo, pero eficaz. Schweiger domina el género, se preparó en la guerra para hacer el film, por lo tanto, sabe lo que quiere, actúa y dirige con corrección. Personifica a Max, un ex-soldado de la guerra de Afganistán, un luchador implacable que a sus 48 años de edad, no tiene otra alternativa de vida. Pertenece a un selecto grupo de la élite policial para eventos especiales, es como un fantasma, vive escondido. Su rostro es la de un hombre golpeado por la vida, no sonríe, sólo le interesa sobrevivir a su manera. De repente se encuentra dentro de una situación límite, donde se inmiscuye por cuestiones de honor. Schweiger plantea una historia intensa desde que arranca. Se produce un asesinato dentro de un hotel, un hecho involuntario, tonto, que nace de la nada, pero que lo comete un magnate dedicado a la venta legal de armas. El sujeto es odiado por muchos. Sus propios coterráneos lo llaman “maldito nazi” como queriendo borrar parte de la historia. El problema es que hay una pequeña de 15 años que vio lo que sucedió. Se convierte en testigo clave. La mafia necesita eliminarla, allí es donde surge Max que se integra  a un programa de conservación de testigos que irán a la corte. La menor se llama Nina. Es huérfana, tiene diabetes, y desde que conoce a Max -en la vida real Luna Schweiger es hija de Til- su vida se convierte en un calvario. La quieren eliminar a como dé lugar, y Max se convierte en su protector. No pide nada a cambio. Es una máquina de hacer justicia con mano propia. Schweiger parece sacar cosas de Léon de Luc Besson, o de Man on Fire de Elie Chouraqui. La novela El guardaespaldas de A.J.Quinell, también tiene algo que ver en la concepción del film. Pero, Schweiger tiene otro estilo, es más crudo, logra que no decaiga el interés del planteo dibuja algunos momentos reseñables, sobre todo en la violentísima parte final, y en lo referente al sutil tratamiento de la relación entre su endurecido personaje y Nina, parecerían adoptarse el uno al otro. Max tomará como misión personal la seguridad de Nina cueste lo que cueste, adentrándose en un mundo de sordidez donde sacará lo peor y lo mejor de sí mismo. Backer, el distribuidor de armamento, tiene enlaces en lo más alto de la policía y en la justicia. Necesita que Nina muera para que se acabe el problema. Max debe de valerse por sí mismo, el asedio es constante, y la aventura con Nina tiene instantes de muchísimo exabrupto, también de ternura, hasta de un camuflado humor. Cuando la persecución se va volviendo imposible de sostener, Max recurre a un ex-compañero de armas, su único amigo, un hombre de nombre Rudi –la actuación de Moritz Bleibtreu es sostenida-. Éste, perdió ambas piernas, la guerra lo golpeó pero no lo mató, lo volvió más fuerte. Su humor es contagiante. Le sirve de mucho a Nina en lo espiritual, ella es la gran perjudicada del devenir de la trama. También aparece Sara, una ex–novia de Max, que hace de fiscal para la defensa de Nina, sin saber que Max la está protegiendo. Schweiger se basa en los elementos probados de un thriller de acción, le suma una complicidad y complejidad más cercana de las relaciones interpersonales. A pesar de los tiroteos y las explosiones, la acción no pareciera ser la convencional. Hay un proceso de desarrollo de una acción dura, perseverante, fatigosa, pero que el inquieto Til Schweiger le toma el pulso al mezclarla con una especie de parodia, cuando, por ejemplo, en una escena, una docena de hombres fuertemente armados atacan el granero donde se escondían Sara, Nina y un Max totalmente disminuido, herido en otra balacera que se armó en una clínica. El fuego es de una intensidad asombrosa, los ataques demoledores, pero Max se da maña para salir airoso, cuando el olor a muerte era el supuesto. Otra escena lograda es cuando Max y Nina -padre e hija- acostados y descansando, hablan de lo que significa la guerra, de lo que se siente el matar a alguien, del significado del cariño. Este momento de actuación de los Schweiger, incluidas las miradas y los tonos de voz, es quizá lo mejor de la película. Til Schweiger toca a profundidad lo existencial del ser humano, es radical en su mensaje de protección a los menores desvalidos, y su inspiración por los héroes de guerra que quedan muertos en vida, impresiona. No estamos frente a una obra maestra, pero sí podremos disfrutar de un film que entretiene, que toca todos los escalones de la bondad y de la maldad, y de alguna manera nos habla de la confianza y la perseverancia. Hay que pelear siempre hasta el final, porque después de la guerra viene la paz, o quizá la felicidad.