jueves, 19 de diciembre de 2013

“35 rhums”, Claire Denis construye una historia con variadas y profundas sensaciones.






















































Muchas veces es normal, que uno viva en un condominio de pocos pisos, y pocos apartamentos por piso, muchos años, y surjan una serie de relaciones que van funcionando de acuerdo al transcurrir del tiempo. Lo que no pareciera tan normal es que vivan en un 90% seres solos y el 10% restante sea una pareja. Las singularidades ya son otras, van mutando de distinta manera, hasta que se forman grupos de convivencia que manejan quizás hábitos parecidos, los lazos de amistad son determinantes, y el conocimiento del día a día de estas personas, cada una de ellas las logra percibir. Hay una mejor fluidez en la comunicación, se integran, se encariñan y logran formar una especie de familia alterna, donde la interdependencia de tal sobre cual o viceversa, queda bien establecida. Otras veces, sobre todo cuando se trata de cineastas virtuosos, el plano inicial es una revelación de la película, un holograma del destino. En 35 rhums de la francesa Claire Denis, se ven un par de planos generales de las afueras del París que anochece. Los trenes vienen y van mientras suenan los tersos acordes de Tindersticks. Sobre esas imágenes se podrán leer los nombres de todo el elenco. Es un signo del film, su secreto sociológico. Claire Denis aborda varias temáticas con una limpieza narrativa que demuestra los atributos de una gran escritora y documentalista. Entre los casi  25 años que han pasado desde su ópera prima Chocolat y el lanzamiento de su nueva película Les salauds, la Denis ha dirigido más de una veintena de cortos, documentales y ficciones, creando uno de las filmografías más compactas y respetadas del cine europeo. Aunque sus películas han girado en torno a una constelación de temas recurrentes, como la naturaleza del deseo, la representación de la raza, de los inmigrantes, y de las muchas definiciones posibles de lo que es o puede llegar ser la familia, el cine de la Denis desafía cualquier categorización. Ella transita con libertad los géneros, temas, tonos y métodos, lo que le ha deparado una infinita variedad de experiencias que la hacen inimitable. La francesa es de aquellas directoras que están permanentemente en la búsqueda de historias de gente, bien sean de caracteres apacibles o impetuosos, para relacionarla entre sí y provocar entre ellas distintas reacciones. Pueda que 35 rhums posea características de una cinta coral, se intuye por partes, pero lo que sí está claro es que la cineasta dirige su objetivo principal a una crónica acerca de un padre y su joven hija que viven juntos, cuyo amor es lo más entrañable que existe entre ambos, y es desde esta perspectiva, que dos de sus vecinos se acercan a ellos porque ese cariño genuino, muy cuidado, es un estado al que aspiran llegar. Esto último no es fácil de lograr. Una verdad sin posibilidad de réplica es que la gente solitaria necesita sentirse atraída, y los personajes que elabora la Denis no son la excepción. El gran acierto de la francesa es que va sobre los intereses particulares de cada quien, cuestiones personales que entrelaza con criterio y suavidad, y que logra representar de varias formas a través de un sentimiento de exclusión por la ausencia de cariño. Esos personajes tienen que hacer algo para que sus egos no terminen por destruirse, y tomar decisiones drásticas. En 35 rhums, la notable cineasta demuestra su soltura y maestría, sus actores no hablan mucho, no se mueven atolondrados y el silencio cómplice es el que genera que todo vaya por el camino de la “calma”. Si bien hay situaciones embarazosas, afectos ocultos, planes incumplidos, deseos contenidos, penas que no se olvidan, y 35 tragos de ron para una celebración especial, la Denis nunca hace alardes de maximalismos, de lujos inadecuados etc., muy por el contrario, sus ambientes son de gente media baja, que tienen que trabajar hasta retirarse, aunque no pasen grandes apuros económicos. Lionel es un viudo cincuentón, circunspecto, de conducta intachable, buen amigo y mejor padre, conductor de trenes, que vive en un pequeño edificio con su hija Josefina, hermosa joven de 22 años, que hace de ama de casa, trabaja por horas y estudia sociología. Es una mujer bien criada, afectuosa, inteligente aunque indecisa en las cuestiones del amor. Tanto Lionel como Josefina tienen una relación amical muy marcada, profundamente dependiente, y que Lionel a veces piensa que terminará siendo distante. Se resiste, pero lo sabe. Es la ley de la vida. Gabrielle es la vecina del piso de arriba, hermosa morocha de cuarenta y pico, cuya labor es la de taxista. Los quiere mucho tanto a Lio, Josefina y a Noé, el cuarto en discordia. Gabrielle fue una vez amante de Lionel cuando éste enviudó, y le cuidó a Josefina cuando niña, y anhela todavía, un acercamiento, un lugar en su corazón. Lionel es duro en estas cosas, prefiere concentrarse en el trabajo, en su hija, y en uno de sus mejores amigos que se ha jubilado a destiempo. En cuanto a Noé, es el vecino del mismo piso que Lionel y Josefina, que heredó el mobiliario de su madre -tiene la casa hecho un desastre- un sujeto joven, callado, calculador, celoso hasta la médula, vive con su gato, y que al igual que Gabrielle, también tiene un sentimiento especial por la hija de Lionel, pero es reacio a cambiar su vida algo caótica, y es incapaz de comprometerse. La Denis nos muestra cómo cada uno de sus personajes tiene que ceder en alguno o varios aspectos para poder mejorar no solo sus vidas sino sus vínculos. Lionel se da cuenta que debe invertir su propia existencia en algo más que en su trabajo. Gabrielle debe insistir con Lionel sin usar una acechanza directa sino llevándolo de a poco porque finalmente, cuando Josefina tenga que migrar, ella tendrá su oportunidad. Noé -a quien se le muere el gato- le dice a Josefina que se va de ese lugar, que no lo aguanta más, que va a vender todo el mobiliario, y luego pone un aviso por el departamento. Josefina aún tiene que estudiar, hay un muchacho de la universidad que amaga cortejarla, pero ella está enamorada de Noé. La francesa logra aglutinar esta serie de deseos, y provoca una reunión en donde los cuatro se reencuentran y cada uno empieza a confirmar las debilidades del otro. Surge un instante en que todos temen quedarse solos. Los sentimientos empiezan a hacer su juego, la atmósfera y la música es perfecta, y se suceden algunos contratiempos visuales que la Denis propicia para reforzar aún más esos lazos que ya parecen anudarse para cuando tenga que suceder el gran compromiso, y la gran celebración de Lionel con 35 tragos de ron. 35 rhums es un drama mínimo, no es una película de individuos aislados, algunos de ellos descendientes de inmigrantes africanos, sino el tierno retrato de una comunidad mínima en la que existe entre sus miembros un cuidado tácito. Hay aquí un modelo social a contracorriente donde el egoísmo brilla por su ausencia, la solidaridad es un ethos. Es una maravillosa película, porque resulta inusual filmar el ejercicio mismo del afecto, incluso como si se tratara de una fuerza de resistencia frente a la injusticia de todos los días. 100% recomendable.