jueves, 12 de diciembre de 2013

“Suspiria”, Argento demuestra su envidiable manejo del giallo y lo combina con una atmósfera de horror artístico.















































































Si bien es cierto el giallo -amarillo en italiano- no es un género en sí mismo porque proviene de la mezcla del cine de terror y del thriller europeo, el mismo posee la propensión al abuso de iconos freudianos o psicoanalíticos, por manejarse dentro de lo iconoclasta y no hacia la congruencia de la historia que se desee contar. Se fundamenta como una mera excusa para darle consistencia a lo estrictamente visual. El giallo recrea la violencia explícita y morbosa, tratada de forma irreal aunque estilizada, y en donde mientras el thriller centra su atención en la identificación del asesino, el giallo lo busca en el crimen en sí, que es plasmado en largas secuencias -sequenza lunga- y que termina en una explosión de ensañamiento idealizada y coreografiada. El giallo les da a sus asesinos propiedades sobrenaturales, como una fuerza mayor a la normal. Por ejemplo, un asesino es capaz de destrozar a golpes a una diminuta mujer, para luego escaparse con absoluta parsimonia. Esto sitúa al giallo entre el thriller, con sus asesinos convencionales, y el asesino todopoderoso, en la práctica invulnerable, y una concatenación posterior con el Slashers, y su simbología del mal, como la cinta Halloween que comentamos hace unas semanas en el blog. El fundador del giallo es el también italiano Mario Bava con sus films La ragazza che sapeva troppo y La frusta e il corpo, en los años 62 y 63. Pero, el que lo internacionaliza, le imprime un talento distinto e innovador, una cinematografía no vista hasta ese entonces -me refiero a la fotografía- planos más dinámicos, un score arriesgado, sonidos más elocuentes, y un montaje más afinado, es Dario Argento. El cineasta y guionista italiano tiene una serie de films en la década de los setenta que son fascinantes. L'Uccello dalle piume di cristallo, Il gato a nove code, las notables Profondo rosso, Phenomena, Inferno y su excepcional Suspiria -donde se distancia de la esencia del  giallo, aunque es complejo notarlo- una de las mejores películas de horror en la historia del cine. Argento, para crear Suspiria, se inspiró en varios fragmentos de las novelas Lavana and Our Ladies of Sorrow y Suspiria de Profundis- ambas redactadas por el ensayista inglés Thomas De Quincey Penson, a mediados del siglo XIX. Argento concibió a su film como algo especial, y no escatimó en recursos para ofrecer una muestra de hasta dónde podía llevar su imaginación y convertirlo a una narrativa de altísima precisión audiovisual. Suspiria tiene como elemento principal una atmósfera fantástica y deliciosa que si bien va variando, nunca baja sus intenciones, y siempre luce in crescendo. Las escenas de alto contenido violento, con mucha sangre, Argento las hace con una habilidad inusual para la época. La sangre parece pintura por la espesura, pero es un detalle que pasa desapercibido. Sangre o no sangre, ya estamos adentro de la casona encantada donde el cineasta italiano hace de las suyas.  A pesar de la crudeza y lo explícito de ciertas escenas que impactan por su brutalidad y cota subjetiva, Argento, y ahí radica su mérito, consigue tejer una historia donde no hay baches y la continuidad de la acción jamás se interrumpe. El film va pintando incontenible donde Argento toma su tiempo en crear microclimas únicos e irrepetibles. Maneja la cámara con tino y sin golpetear las imágenes. Se mueve con soltura con sus personajes en un escenario laberíntico e iluminado de forma extraordinaria. Gracias a la conjunción de todos estos elementos, Suspiria acaba siendo una película de horror de las más hermosas visualmente jamás hecha, si es que tal paradoja es posible. Argento sabe y logra transmitirnos que el terror puede ser y de hecho es un arte impactante o cruenta, sino también un arte poético y visualmente de una estética sorprendente. La película relata la historia de una joven y bella estudiante de baile yankee, llamada Susie Banner, que viaja hasta Alemania para enrolarse en una academia de danza en Freiburg –la arquitectura externa e interna de la casona es un manjar- para continuar con su formación. La noche de su llegada, será testigo de la fuga de una compañera de la academia, Patty Newman, que luego será encontrada cruelmente asesinada. Esta escena -donde hasta el taxista que lleva a Susie mete miedo- es singular, ya que Argento hace que el asesino no solo mate a su víctima sino que lo hace con un estilo peculiar; la ahorca, la tira por los vidrios del techo de la mansión, y los vidrios terminan matando a una compañera que estaba en la planta baja desesperada por la muchacha en apuros. Una pequeña joya. Pero la Newman no será la única en pasar por tan cruel circunstancia. Luego, Daniel, el músico pianista no vidente de la academia, es asesinado y devorado por su propio perro lazarillo, en una de las mejores escenas de la película. Susie es acosada por una extraña sensación de somnolencia, sin que pueda comprender el motivo. Otra escena que impacta, y que Argento siempre destaca, son esos decenas de miles de gusanos que invaden el techo del piso donde dormían las bailarinas. Susie, y la única amiga con quien puede compartir sus inquietudes es Sara, una chica psicótica y que de alguna manera se daba cuenta de ciertas cosas que Susie no percibía. Sara, es igualmente asesinada en uno de los momentos más angustiosos de la película tras una persecución donde parece salir bien librada para luego enrollarse sin darse cuenta en una serie de alambres cortantes, y encontrar la muerte a cargo de su persecutor. Luego, un psiquiatra experto en magia le explica a Susie que la academia fue fundada a principios de siglo por una tal Elena Marcos, una bruja que conformó una secta de adeptos que avivaban su poder. Alentada por las explicaciones y por sus propias sospechas, Susie acaba investigando por su cuenta y descubre que el lugar en el que se reúnen las maestras, tras las clases, se utiliza como lugar de celebración de reuniones y aquelarres de brujas dirigidas por la voluntad de la madre de los suspiros, una de las tres poderosas brujas que no es otra que la nigromántica Elena Marcos. La academia era sólo una pantalla para la práctica de aruspicina. A quien podemos notar como bailarín es a un jovencísimo Miguel Bosé, quien aparte de saltar dos o tres veces, no tiene mayor rollo en el film. Argento se permite el lujo de rodar una de las escenas más impactantes de toda su filmografía, en la que se ve el corazón del asesino hundiéndose repetidas veces en el corazón de la víctima, aún palpitante. Luego, cuando Susie descubre el entresijo, pasa por una serie de peripecias hechiceras, huye del lugar, y es ahí donde Argento, con inteligencia, da por finalizada la cinta. Si bien la joven actriz Jessica Harper logra una interpretación correcta, y sin excesos protagonizando a Susie, es la veterana Joan Bennett -una mujer bellísima cuando joven- como la subdirectora de la academia, la que se lleva la actuación mejor matizada y más completa. La BSO de Suspiria consta de ocho temas, tal y como aparece en la edición de 1977, aunque existe una edición posterior de 1998 que trae cuatro temas extras, que no son sino variaciones de escasa duración del tema principal o de algún otro de la edición original, con lo que en realidad el número de temas propiamente dichos permanece inalterable esencialmente. Dario Argento le ha prestado una gran importancia al valor de la música en las imágenes de sus películas. Sus primeros largometrajes contaban con la colaboración de la actual leyenda en el mundo musical del cine, Ennio Morricone, que era amigo de la familia del cineasta. El cine de Argento es de una impronta muy visual, que busca crear no solo tensión y suspense, sino también impactarnos con escenas que resultan escalofriantes. Uno de los aspectos más llamativos de  Suspiria es su embriagadora riqueza cromática. Argento hace uso de una gama de colores muy definidos –tipo neón, pueden verla en las fotos publicadas- para cada una de las escenas, creando una composición visual potente y de gran belleza, especialmente en la descripción arquitectónica de los pasillos y salones de la academia, bañados en un rojo y azul intensos que le confieren un aire onírico. El italiano realiza un ejercicio de cine orgánico, vital, y dinámico, que nos ofrece una experiencia formidable gracias a su especial look visual, su estilo cinematográfico, además de un lenguaje poco acostumbrado. Sin disminuir cualquier film de Argento, Suspiria es su obra maestra y una película de culto imposible de no conseguir y verla.