viernes, 17 de enero de 2014

“Le passé”, Asghar Farhadi apunta y dispara, tira bien, pero sin poder darle al blanco.


























































































Tras una ausencia de dos años, llegó el momento de evaluar otro de los films del competente escritor y narrador de dramas sociales, Asghar Farhadi. Luego de ganar el Oscar de la Academia y muchos premios el 2011, con una de las mejores cintas de los últimos años, A Separation, el cineasta iraní vuelve a establecerse dentro del mismo género, con un guión algo más complejo, que va ir generando algunos cambios que buscan profundizar varias temáticas dentro de una cuasi familia de clase media baja francesa. Sin menospreciar el contenido, los personajes y la parte técnica de Le passé, daría la impresión que Farhadi no tuviese lo suficientemente claro con qué aspecto de la historia quiere o debería quedarse como premisa fundamental, lo que provoca ciertos altibajos en una trama que podría haber ganado mucho más de haber sido simplificada. A veces, sumarle o meterse en más cosas no significa mejorarlas, y esa es la sensación que me deja el film de Farhadi, que a pesar de lo dicho, es una notable película, no llegando a la perfección de su obra maestra. En su última cinta -que podría o no estar nominada al Oscar a mejor film de habla no inglesa- Farhadi plantea desde el arranque una proposición donde la confrontación es el elemento sustantivo de la misma. El actor protagonico, de nombre Ahmad -muy cuidada y estilizada interpretación de Ali Mosaffa, quien luce una envidiable peluca- vive en Irán y a petición de su esposa Marie -Bérénice Bejo está estupenda- regresa a Francia luego de algunos años para firmar los papeles del divorcio, y  así Marie, puede acceder a casarse con Samir -un atildado Tahar Rahim- con quien va a tener un hijo. Marie lo va a buscar al aeropuerto, y desde que se saludan, y van a la casa en el automóvil de la mujer, los conflictos no resueltos y el arrepentimiento por no haber hecho las cosas de forma diferente harán acto de aparición en ambos, y se irán extendiendo en los demás personajes del elenco así como en toda la historia. Si hay una cosa que Farhadi domina a la perfección es la dirección de actores, y desde el primero hasta el último artista, todos están en un nivel bastante exigente y cumplidor. Un ejemplo es Pauline Burlet que encarna a la mayor de las hijas de Marie, y los dos menores, que si bien actúan poco, impresiona como se desenvuelven en la vorágine dramática que impone Farhadi. Acá me detengo para plantear una situación que supongo coyuntural. ¿¿ Está la trama individual y colectivamente al nivel de los personajes y el conjunto?? Si bien el objetivo medular de lo que pretende Farhadi se comprende sin problemas dentro de los 10 primeros minutos de cinta, y la acción misma no conlleva mayores nudos -salvo algunos sorpresivos e imposible de detectarlos en ese instante-me parece que la historia en su conjunto no progresa y se tranca ¿¿Por qué?? Porque los personajes evolucionan y la historia no. La trama se apelmaza en sí misma, peca en los diálogos -aunque algunos son muy buenos a partir de su agresividad y realismo- parecería extremadamente melodramático a veces, y solo por instantes cortados y condensados de contexto –porque abre demasiados frentes que no los resuelve del todo- y hay un abuso de la tranquilidad de Ahmad así como de la desesperación de Marie. Esto no significa que el film sea fallido o discreto, solamente que el mismo Farhadi, al ponerse la valla tan alta con A Separation, esta vez no le cierra el círculo como sí le sucedió con el anterior film donde el proceso de evolución y continuidad no podía ser mejor. Mientras que el divorcio es sólo un procedimiento estándar -a diferencia de la aventura judicial protagonizada en la película que premio la Academia- acá Ahmad está metido en el corazón de la nueva familia, y luce como el mediador de colisiones que él no ha originado, pero que si ha sido utilizado por Marie para llevar a cabo un plan específico. Debido a que Ahmad no es el único intruso en el pasado de Marie, se ve obligado por las circunstancias a meterse en el núcleo hirviendo de una familia disfuncional, donde todos se llevan como perros y gatos. Marie no tiene ni logra la autoridad sobre sus dos hijas mujeres, el niño es hijo de su prometido Samir con una pareja que antecede, y que Farhadi borra olímpicamente de la trama durmiéndola en un sanatorio, sumándole el hecho que su hija mayor está embelesada en un odio mal concebido hacia ellos, por un auto-engaño que no tenía razón de ser dada una información trascendental, y  luego tergiversada. Ahmad es el quien tiene que imponer, sin pegar un solo grito, orden en todos los que viven en la casa, y en cada uno de sus actos fuera de lugar, a través de un liderazgo afectivo, no autoritario. El tipo fue a comprar cigarrillos a la bodega, y de pronto se encuentra dirigiendo una especie de psiquiátrico familiero. Toda esta mezcla de sucesos inesperados, bien relatados por Farhadi, pero con confusiones, hacen de un argumento que aparentaba funcionar como muy sencilla, un juego de dilemas y contiendas por defender cada quien sus intereses dentro de ese laberinto de criterios, que no vamos a nombrar porque sería mejor que ustedes lo visualicen, y saquen conclusiones propias. A mí me gustó el film, porque siento que el estilo de Farhadi es peculiar, no monótono, va paso a paso, y su narrativa es de lo mejor que he observado. Pero, no se puede defender lo impropio y creo que esta vez fallaron en una historia demasiado común que diera la impresión tener más nexo con “entorpecer y enmarañar los conflictos” y no haber desarrollado un montaje que cambie o simplifique el film. El desenlace es notable, por lo menos cuando acaba la película, porque a pesar de todo lo hecho por Marie -con o sin trampa- el divorcio no le servirá de nada porque la mujer de Samir que se encuentra postrada en estado de coma, reconoce el perfume de él, que tanto le gustaba, y la muerte se aleja en definitiva. En Le passé, Farhadi introduce su estilo personal, su nervio intelectual y su notorio humanismo centrándose sobre todo en posibles emociones o estados de ánimo. Otro tema interesante de analizar son los simbolismos que Farhadi introduce. Por ejemplo las manos y los antebrazos: desde los primeros planos Marie está con el antebrazo herido, muestra de un sufrimiento marcado, el apretón de manos de Ahmad con el pequeño al llegar a casa, alegoría de la duda por la aceptación de lo desconocido u hostil,  las heridas que se ha hecho la mujer de Samir en el hospital dos veces con las uñas de las manos en el estómago, para intentar demostrar que siente y escucha, a pesar de haberse querido suicidar, y  Samir al cortar las uñas de su pequeño, donde el odio hacia el padre parece haberse esfumado. Otro tipo de signos o distintivos que usa Farhadi, son las puertas y ventanas. Se entrometen a cada momento y cortan visualmente la trama. Están a veces abiertas, a veces a medio abrir, a veces cerradas, dependiendo de las relaciones entre los protagonistas, su proximidad o el retiro. Farhadi recarga las salidas más que las entradas, sea en la casa, la lavandería, el automóvil. Todo luce encerrado para él, como efectivamente se encuentra esta familia sin arraigo de ningún tipo y que intentan conocer la profundidad de las verdades humanas. Si bien imperfecta y a veces excesiva, Farhadi vuelve a diseñar una magnífica propuesta de un género que domina a plenitud.