domingo, 23 de marzo de 2014

“La bicicleta verde”, Haifaa Al-Mansour le apunta sin temores a la posibilidad de una rebelión social.













































































La vida es como montar en una bicicleta. Para mantener el equilibrio hay que seguir pedaleando, no queda más remedio, decía nada menos que Albert Einstein, y tenía razón porque el razonar del genio se adhiere consistentemente a los argumentos que a veces esgrimimos sobre el porqué y el cómo llevamos nuestra vida, de lo que logramos o lo que no llegamos a conseguir, en cualquier orden de cosas. A la cinematografía nada de lo humano le es ajeno. Desde la neorrealista película italiana Ladri di biciclette en 1948, una formidable lección del maestro Vittorio de Sica, la iraní Bicycleran en 1987, de Mohsen Makhmalbaf, o la notable cinta española Las bicicletas son para el verano, de Jaime Chávarri, la bicicleta ha tenido momentos muy importantes en el celuloide. A veces una bicicleta puede significar una luz en medio de la oscuridad. En sus llantas, su manubrio, en su existencia misma, puede soportar los sueños de muchos miles que tratan de sobrevivir, como le sucede al obrero Ricci en la cinta hecha por De Sica. No hay duda que el cineasta lo que logra es el retrato de la desesperación colectiva. La Italia de la postguerra, con sus calles en ruinas, habitada por gente desesperanzada, sin empleo, sin higiene, sin autoestima etc. Por eso, cuando a Ricci le ofrecen un empleo que implica contar con una bicicleta propia, éste es capaz de empeñar hasta los calzones para conseguirla. La bicicleta lo es todo para él. Por eso cuando trabaja pegando carteles en la calle, y un caco le roba su bicicleta, la tragedia colectiva de la supervivencia diaria se vuelve la fatalidad de un hombre común contra un país con demasiados conflictos como para compadecerse de él. La intensa búsqueda de Ricci de la bicicleta por las calles de Roma se vuelve una pesadilla, en la cual el objeto deseado parece reproducirse hasta el infinito. En las plazas públicas, en los mercados populares, en cada esquina, en el nutrido número de ciclistas que pululan por doquier. Pero la suya no aparece. No aparecerá nunca. Y ante el silencio del mundo entero, Ricci decide entonces hacer lo mismo que le hicieron. Pero no alcanza a huir a tiempo, y es casi linchado por una turba iracunda, de la que lo rescatan las lágrimas de su pequeño hijo. El plano final los observa perdiéndose entre la multitud, siendo tan solo una tragedia entre muchas. Hombres y bicicletas caminan hacia el sol que se oculta como punto final de un día en el cual una odisea personal se convirtió en una de las historias más memorables del cine. Pero, hoy nos encontramos con una película que trata sobre una bicicleta como el objeto del deseo, el camino a la aventura, la amistad entrañable, la metáfora de la esperanza y el acceso a la libertad personal. La premisa es otra, distanciada del objeto que desea la pequeña Wadjda, una despabilada e ingeniosa niña de 12 años que vive con su bella madre en un suburbio de la capital de Arabia Saudita. Aca el tema tiene otros colores o matices ¿¿Puede una bicicleta representar un motivo de revuelta social?? Según lo planteado por Haifaa Al-Mansour, la primera mujer cineasta de Arabia Saudita -que hace la primera película oficial de ese país- todo puede suceder. Al-Mansour, con inteligencia y a su propio ritmo narrativo -que es pausado y lo lleva con sosiego- logra dibujarnos un país en donde la mujer está limitada por todos lados con normas absurdas que obedecen a una cultura que mantiene aún tradiciones muy antiguas, pero la tendencia es que pronto estas se caigan a pedazos. La cineasta nos hace abrir bien los ojos y nos narra con técnica depurada todo lo que atañe a tres personajes principales, Wadjda, su madre y su tía que es la directora de la escuela donde se está formando. Lo que llama la atención es que la cineasta hace la filmación de su ópera prima La bicicleta verde o Wadjda, en Riad, un lugar en donde está prohibido el cine. Ya nos imaginamos los problemas que debió tener Haifaa por el machismo musulmán, pero como mujer audaz y progresista llega a sacar su proyecto a la luz. Wadjda, a diferencia de otras niñas musulmanas de su edad, es emprendedora, independiente, con una idea propia de lo que quiere en la vida, características que la vuelven una amenaza para el orden de una sociedad en particular represora hacia las mujeres. Lo que no la favorece es que es poco entregada a aprenderse los interminables versos del Corán, a llevar puesto el velo y a otra serie de rutinas que amargan su existencia en casa y en la escuela. Todo se complica aún más cuando Wadjda decide enfrentar a su único amigo en una carrera de bicicletas para demostrarle su valor, y que la mujer es capaz de superar al hombre. Al-Mansour deja flotando la idea del machismo infantil, que Wadjda se encargará de borrar para siempre por lo menos de Abdullah, su amigo, ya que utilizando una serie de artificios logra dominar al pequeño, inclusive obligándolo a solicitarle matrimonio cuando crezcan. Pronto descubrirá una bicicleta verde a la venta con la cual conseguir su objetivo. Sin embargo, su madre y el mundo entero se opondrán, pues el Islam considera indigno que una mujer use una bicicleta. Lo que Haifaa Al-Mansour propone sutilmente con su película es enfatizar el papel de la mujer en la sociedad árabe como motor de cambio, cuyo mayor impulso viene por parte de las nuevas generaciones, que escuchan rock, hablan en voz alta, rechazan el velo, se hacen tatuajes, y andan en bicicleta. La juventud de hoy no es la misma que la de antes, y los adultos de hoy seguimos siendo los jóvenes o niños de ayer. Mientras la estimulante Wadjda produce por cuenta propia pulseras de cordón con diversidad de colores, y las vende en distintas partes -no puede con el precio de las pulseras chinas en el mercado- camina de aquí para allá con sus zapatillas de tenis negras y cordones morados, su celosa madre vive un conflicto existencial. Su marido está a punto de escoger otra mujer porque ella no le brinda la atención adecuada y no quiere tener otro hijo. Todo parece concentrarse en un problema de autoestima y de inseguridad de la madre que no llega a comprender que su marido está enamorado de ella no sólo porque le prepara platos exquisitos sino porque es realmente una mujer bella, realmente hermosa, y la quiere. Esto afecta la relación con lo que pretende Wadjda que si tiene algo más rescatable que su pícaro temperamento es el respeto que muestra hacia sus padres. Su tía, la directora del colegio, es una mujer muy recta -no se le escapa una- que no soporta que las muchachas se vayan vinculando con la tecnología, que si bien ya penetró en el país lo ha hecho aún en forma tenue. Su relación con Wadjda no es la mejor, pero tampoco la encierra mentalmente. Le enseña a no mentir, le dice que ella es capaz de lograr lo que se propone si se esfuerza, la reta por las cosas que lleva en el bolso, y no la trata como una sobrina sino como una alumna cualquiera. Tanto la madre de la niña como la tía hacen una interpretación correcta de sus personajes. A Wadjda se le ilumina los ojos cuando va a ver la bicicleta verde a la tienda. Compra un juego de preguntas y respuestas ya que se acerca un concurso de significados y poesías del Corán, que si lo gana podrá acceder a lo que tanto anhela. Su empeño no cesará hasta conseguir el dinero que la haga subirse a su preciado juguete, y es de esta forma tan sencilla como Al Mansour nos permite apreciar la realidad de una niña que puede ser cualquiera de las nacidas bajo el yugo musulmán. Dado que se trata del bautizo saudí en el templo del cine, es una muy buena película, con un guión interesante, siempre activo, con personajes que muestran lo que realmente son, no se insiste en lo bueno o lo malo de cualquiera de los aspectos ligado a la religión musulmana, solo se cuenta una historia que tiene todo en orden, tanto su fotografía, su BSO, los sonidos, el montaje, y un muy interesante diseño de producción a pesar de las dificultades para rodar. Me gusta cuando un director va llevando el guión sin prisa, sin presiones y logra dar un mensaje claro y aleccionador. Es un film evidentemente dedicado a la mujer, y la mujer como madre es lo más grande que existe en este mundo. Finalmente, una llamada telefónica no respondida y un dinero que no es el del concurso, logran un desenlace preciso, nada ampuloso. Traten de conseguir el film por los motivos ya expuestos.