martes, 27 de mayo de 2014

“The kids are all right”, Lisa Cholodenko nos entrega un film entretenido acerca del lesbianismo en familia.





























































































Dentro de aquellas atractivas películas con rango de comedia medio dramática basada en la familia y la homosexualidad -en este caso lesbianismo dentro de la unión civil o matrimonio- tenía pendiente una que creo no la llegaron a estrenar en Lima, y que su cineasta, la norteamericana Lisa Cholodenko -al mejor estilo de Woody Allen- sabe cómo hacerla llegar a todo tipo de público sin tener que llegar a extremos de agraviar honras u optar por la discriminación. Lamentablemente nuestro país todavía no acepta que toda persona mayor de edad tiene derecho a conducir su vida como mejor le parezca, siempre y cuando lo haga dentro de una coherente normativa social. Los peruanos somos hipócritas por naturaleza, y siempre creemos que cualquier receptor con quien establezcamos comunicación es un tonto. Los homosexuales deberían considerar que deben buscar gente con amplios conocimientos sobre el tema legal que los puedan ayudar en la concepción de los conflictos de pareja para sacar adelante sus derechos. Y ahora con mucho más empuje, ya que la Iglesia Católica en el Perú no va para atrás ni para adelante. La película de la Cholodenko tiene muy poco de postura independiente, aunque se pueda llegar a concebir como tal. Su composición narrativa está elaborada como una propuesta distanciada de cualquier condicionamiento estético, y está cercana a lo puramente clásico. La cineasta asume un único riesgo presentando a una familia no tradicional con ruptura de los clichés convencionales, haciendo hincapié en un agradable tono de normalización y acatamiento científico de las relaciones homosexuales entre dos mujeres felizmente unidas, que cenan en el lugar que más les plazca, y beben vino costoso con sus hijos adolescentes. En el décimo octavo cumpleaños de la hija mayor, ambos hermanos deciden averiguar quién fue el donante anónimo responsable de su fecundación. Lo buscan y lo encuentran, y el film tiene su plot en el factor papá hombre o papá mujer. Con ello, se delinea un ambiente cordial que sin embargo es trastocado a través de este componente desestabilizador, donde los pequeños problemas dentro de la burbuja familiar se ven sofocados por la irrupción en sus vidas del donante, un biólogo, dueño de una empresa de productos orgánicos, que pondrá a prueba la estabilidad de la familia. No existe separación entre la frontera de lo políticamente correcto y el nulo riesgo que lo acata. Desde su inicio, los estilemas del melodrama familiar persiguen un esquema de traiciones, arrepentimientos y redenciones particulares entre sus personajes. El sub-texto crítico contra los modelos establecidos en seguida se derrumban por su propio peso, ya que acaban formalizándose en un talante híbrido acerca de las correcciones éticas de cualquier cinta familiar normal, de anticuados significados de fidelidad que derivan en una cháchara progresista, y de una concordia siempre pacifista donde la burguesía liberal no es más que otra apariencia. Incluso, hay escenas donde el humor irónico trata de entrometerse sin lograr conseguirlo en su totalidad. De hecho, la perspectiva se inclina hacia lo aceptado por los cánones sociales más tradicionales, en el momento en que las relaciones sexuales que se dejan ver son únicamente las heterosexuales, mientras que las homoparentales son descritas de manera disimulada, lo que hace que la dimensión del discurso caiga inmediatamente en la sumisión hacia ese formulismo tan común de Hollywood, máxime, si se demoniza la figura masculina a la que trata como una marioneta del guión según convenga, para mover los hilos de su extenuada provocación de una buena cantidad de giros volubles. Se nota bastante que la Cholodenko respeta profundamente a sus personajes. Quizás sea demasiado condescendiente con lo que se nos cuenta, y pareciera trazar una idea humanista que  suele ser emocional, y donde los espacios costumbristas pueden no ser convincentes por la auto imposición de la realizadora de resultar innovadora dentro de unos parámetros que reivindican lo contrario, y donde debería residir el sustrato dramático y lógico del relato. En gran medida, porque daría la impresión que termina por abanderar todo aquello que supuestamente reprueba en su filantropía. Así, la cinta de Cholodenko correría el riesgo de ser otra película quizás conformista, estereotipada y conservadora que no intenta ir más allá de la reflexión sobre los celos, y del daño que ocasionaría la infidelidad en una familia bien establecida. La directora introduce a su disertación visual cierta tonalidad de didactismo y compromiso ideológico, con lo que nos intenta decir -y que no lo considero ni malo ni aburrido- que simplemente ella tiene una forma de expresar uno de los contenidos, de varios que existen. Esto, por supuesto si nos ponemos a criticar la postura de la directora, pero la realidad es que lo que ella busca es contarnos una historia de gente normal –asumiendo que el lesbianismo lo es- y que viven como cualquier familia heterosexual de buenos tratos donde el amor y el respeto se imponen. Lo que acapara los elogios más merecidos del film viene del elenco artístico. En especial, destaca la formidable interpretación hecha por la camaleónica destreza de Annette Bening, quien representa a una bebedora compulsiva, cabeza dominante y protectora de la familia con tendencia al control obsesivo para que la misma conserve una integridad que se verá rota por los acontecimientos. A ella se une la fragilidad de porcelana de una sensual y brillante Julianne Moore, su esposa o pareja, quien vendría a ser la parte femenina del matrimonio o unión civil, hasta llegar al sosiego con el que Mark Ruffalo compone un papel que dimensiona con suma facilidad, aunque quizá le haya faltado escarbar un poquito en el fondo de su personaje. Loa hijos actúan correctamente, no les pesa el encargo, y mención aparte, la joven actriz Mia Wasikowska es bellísima. Pero, además de las actuaciones de cada una de ellas lo que más llama la atención y aporta un plus a la película, es la química que hay entre Moore y Bening. El trabajo de los actores y de su directora logra algo complicado de conseguir, un clima de veracidad, de cercanía, una atmósfera entrañable donde el espectador acaba casi enamorado de todos los personajes. Lo que pasa en la pantalla es verdad, lo creemos, en ningún momento dudamos de nada, nos atrapan los diálogos, los gestos, las actitudes, las risas, los llantos, todo.  The kids are all right  es una buena forma de comprender como una familia a pesar de las contrariedades de la vida, afronta sus conflictos y logra permanecer unida. No confundamos lo sentimental con lo sentimentaloide. La Cholodenko es absolutamente clara en su objetivo primordial, una supuesta familia disfuncional que resulta más eficaz que muchas parejas que se estrellan contra el primer desajuste familiar que tienen. Tengo que mencionar una espectacular BSO que mezcla temas de David Bowie, Joni Mitchell o Leon Russell con otros de grupos de rock indie actuales. Además hacer una referencia particular al tema “Galatea’s guitar”, de Gabor Szabo que suena en la parte final de la cinta, y que es una auténtica joya. Vale la pena verla, para que cada quien pueda suponer si es que el planteamiento es rescatable o desencantador.