martes, 18 de noviembre de 2014

“A Star is Born”, Wellman y su noción del clasicismo mediante la provocación y la rebeldía. Janet Gaynor, la primera en ganar un Oscar.






















































































En este homenaje que le dedicamos a la mujer en el cine, no podía faltar un ícono del silente y también del sonoro. Cuando éste último irrumpió con fuerza en los años veinte fueron muchos los actores y actrices del cine mudo que no consiguieron adaptarse a los nuevos tiempos. El ejemplo infaltable y más significativo fue el de Sir Charles Chaplin. Solamente algunos pocos supieron ser muy buenos artistas hablando como lo hacía cualquier hijo de vecino, y aprendiendo complicados guiones. Janet Gaynor, fue una de aquellas actrices del cine mudo que no sólo se adaptó casi a la perfección al cine sonoro, sino que lo hizo ingresando por la puerta grande de un sueño hecho realidad, convirtiéndose en la primera mujer en la historia en recibir un Oscar de la Academia. La Gaynor empezó desde muy abajo, pero siempre teniendo en claro que su camino debía dirigirse hacia lograr ser parte del Séptimo Arte. Con incansable trabajo y un talento natural ante las cámaras, conquistó los años dorados del cine norteamericano. Janet nació en Octubre de 1906 en Filadelfia, pasando su infancia en San Francisco, donde sus padres se trasladaron por trabajo siendo ella una niña. Cuando en 1923 terminó de cursar sus estudios, decidió marcharse a Los Angeles a cumplir su sueño de convertirse en actriz. Como todos en la vida, el comienzo fue trabado, duro, equivocándose y corrigiendo, para  poder sobrevivir trabajando en una zapatería mientras participaba de extra en algunas películas, sin recibir ninguna remuneración a cambio. A inicios de 1926 llegaría su primera gran oportunidad al ser elegida como una de las Wampas Baby Stars, donde realiza su debut en la película, Johnstown Flood. Los productores fijaron su mirada en ella, y fue nada menos que el mejor cineasta que parió los EEUU, John Ford, quien le daría un baño de “gran promesa” con los films The Shamrock Handicap y The Blue Eagle. Durante los siguientes años se desarrolló con acierto y elegancia en otras cintas, entre ellas las que la conducirían a lo más alto de la meca del cine. En la primera edición de los premios de la Academia, en el año 1929 -se consideraban solamente películas estrenadas entre el 01 de agosto de 1927 y el 01 de agosto de 1928- la Gaynor obtuvo nada menos que la anhelada recompensa por films como Seventh Heaven o El séptimo cielo de Frank Borzage, Street Angel o El ángel de la calle también de Borzage, y Sunrise: A Song of Two Humans o Amanecer de F.W. Murnau, las tres cintas del cine mudo, la última dentro de las 20 obras de culto del cine yankee. En aquellos primeros años de los Oscar, la Academia otorgaba la estatuilla por el conjunto de largometrajes realizados, y no por un papel en concreto. Ese mismo año, la actriz  se casaba por primera vez con Jesse Lydell Peck, un matrimonio que duraría tan sólo cuatro años. Los avances en el mundo de la cinematografía pronto dejaron atrás al cine mudo, e introdujeron el sonido más allá de la música de fondo. Los actores debieron entonces adaptarse a los nuevos tiempos. Ya no valía el hecho de actuar con solo gesticular correctamente, ahora debían tener una voz bien definida, saber transmitir todo tipo de sentimientos con el tono vocal, y aprender de memoria largos guiones. En aquellos años de transición que revolucionarían el quehacer cinematográfico, el asunto pintó difícil e imposible para algunos, y  como anillo al dedo para otros. Era una cuestión de cambio total, y como en toda circunstancia que implique transformación e innovación de costumbres, era la pronta adecuación lo que valía para lograr la diferencia. Janet trabajaba para la Fox Films Corporation, y con posterioridad lo hizo para la Twentieth Century Fox. En 1937 volvió a ser nominada para los premios de la Academia por la comedia dramática  A Star is Born o Ha nacido una estrella, aunque en esta ocasión no consiguió la estatuilla, que durmió en manos de Luise Rainer, por su formidable actuación en The Good Earth. En 1939, se casaba por segunda vez con el diseñador de la MGM, Gilbert Adrian, y dejó la actuación por un tiempo para dedicarse a su rol de esposa y madre. El casorio duró veinte años, hasta la muerte de Gilbert en 1959. Sin embargo, la Gaynor continuó participando en distintas películas y series de televisión hasta 1981. En 1964 se casaría por tercera vez con el productor Paul Gregory con el que vivió hasta su muerte. En aquellos últimos años de su vida, Janet dejó de lado la cámara y las luces para dedicarse a su otra pasión, la pintura. Sus óleos recibieron una buena acogida, y en 1977 se organizó una exposición con su obra en Nueva York. Janet Gaynor falleció el 14 de septiembre de 1984, a consecuencia de las complicaciones que arrastró desde que dos años antes sufriera un fortísimo accidente de tránsito. Una mujer como la Gaynor, la primera dama de la Academia -así la trataba John Ford- con su talento y belleza angelicales, fue una especie de prototipo femenino del gran cambio del cine silente al sonoro.

La cinta describe algunos años de la vida de la estrella de cine Esther Blodgett, cuyo nombre artístico es Vicky Lester, y la de su marido, el actor alcoholizado Norman Maine, quien fue el que inició la carrera de ella, cuando la suya estaba acabando. Wellman nos muestra  cómo mientras que la popularidad de ella va en aumento, la de Norman va oscureciéndose. En un pequeño pueblo apartado, la adolescente Esther sueña con llegar a ser actriz de cine. Su tía no está muy de acuerdo, pero la abuela la alienta y le da dinero para que pueda viajar a Los Angeles, e intentar forjarse un porvenir.  Al principio Esther no consigue trabajo como actriz, y se dedica a trabajar como mesera. Se entera que hay una gran cantidad de muchachas buscando lo mismo, y de hecho ella piensa que las probabilidades de conseguir trabajo son pocas. Un amigo le consigue la oportunidad de que atienda una fiesta de gente relacionada con el cine, y en ella un reconocido actor –Norman Maine- la ve, se interesa en ella, y así comienzan un romance. Norman lo charla a un amigo productor para que le haga una prueba. El productor asienta, Esther pasa el examen, le dan su nombre artístico, y además le dan la oportunidad de actuar al lado de Norman en la cinta de título La hora encantada. Esta tiene una gran repercusión popular y mediática, pero la gente la aplaude a ella e ignora a su pareja. Luego contraen nupcias, y pasan su luna de miel en un refugio en la montaña –Wellman aprovecha para hacer un par de escenas cómicas- y cuando vuelven al trabajo, y a medida que va pasando el tiempo se hace más notorio que Norman ya no tiene la aceptación de antes. Se deprime, y se refugia en el alcohol. Cuando es enviado a un hospital, Vicky decide que no va a actuar más sino que se va a quedar al lado de él para cuidarlo. Cuando Norman oye de la decisión de su mujer, decide matarse. Vicky va a renunciar a todo pero la abuela que tanto la ayudó, nuevamente la convence que continúe su carrera. Ella lo hace pero siempre tiene un recuerdo para su amado. Pues bien, generalmente a la hora de escoger uno de los grandes momentos que nos entregó el cine norteamericano, es más que una obligación el contar con estrellas que hayan quedado impregnadas en nuestras mentes. A Star is Born o Ha nacido una estrella del gran William Wellman tiene inmerso este detalle en su notable hechura. La escena que destaca por encima de todo debería ser una de las mejor filmadas en aquella época. Luego de volver a caer en la bebida, haber estado desaparecido cuatro días y ser rescatado de una condena a prisión de último momento por su esposa, la ex-estrella en decadencia Norman Maine -notable actuación de Fredric March- oye a través de la puerta una conversación entre su mujer, la estrella Vicky Lester -siempre estupenda Janet Gaynor- y su amigo productor, un tal Niles.  En ella, Vicky decide dejar su hasta entonces brillante carrera, para ayudar a su marido a superar la crisis. Norman, al escuchar lo planteado por su esposa, reconoce la última de las fechorías que su condición de alcohólico le ha ocasionado a Vicky -previamente había arruinado su momento de gloria al irrumpir borracho en su discurso de agradecimiento en la ceremonia de los Oscar- y decide, ayudado por la depresión y el cansancio, poner punto final a sus interferencias en la reputación de su esposa, poniéndole también punto final a su propia vida. Sin dar ninguna señal de sus intenciones, y fingiendo una conversación normal con Vicky sobre sus planes para recuperarse y dejar los malos días atrás, Norman abraza a su mujer, sale de la casa hacia la playa, y se lanza al mar, deduciéndose por los titulares de un periódico, que muere ahogado. La secuencia dura casi siete minutos y es lo mejor que nos ofrece la película de Wellman. A nivel técnico o de puesta en escena la dirección del cineasta resulta sobria, sin aspavientos ni lugar para alguna lágrima. Wellman filma a Norman en la secuencia descrita -escuchando la charla de su esposa con Niles en la habitación contigua- a través de un plano en el que las sombras de la habitación solo permiten ver sus ojos. Su reacción al oír que su esposa piensa dejar su carrera para ayudarlo -March cierra los ojos-  es tan expresiva que no hace falta más, porque en una situación donde se prioriza al drama como acción, manipular con otros engaños sería demasiado y todo perdería efecto. El ambiente distendido entre Norman y Vicky en la conversación posterior es muy logrado, lo cual justifica y aumenta el dramatismo como circunstancia visible, y también como un hecho aparente. Vicky no sabe nada, pero nosotros podemos sospechar que algo malo ronda por la cabeza del alcohólico protagonista. La forma de rodar el suicidio es elegante a rabiar. Wellman hace que Norman se sumerja en el mar, y que nade hacia el ocaso -no falla jamás como desenlace- buscando ahogarse. Wellman utiliza un plano sensible de las olas arrastrando y llevándose la bata y las zapatillas que ha dejado en la orilla. La música no sólo refuerza la acción sino pasa a convertirse en una especie de actor secundario de gran nivel. A nivel argumental, queda una doble duda La primera es  ¿¿ Se cree realmente Norman que suicidarse es lo mejor para su esposa ?? Lo lógico sería que, viendo lo que la carrera de actriz de Vicky le ha ocasionado, ella dejase la actuación aunque solo fuese por la depresión de la pérdida, y por algún resquicio de resentimiento hacia un mundo que acabó con su vida. Quitarse de en medio para que ella continúe con su carrera parecerá un sacrificio noble, sí, pero su mujer lo ama de verdad. Si se mata, su mujer no va a ser indiferente al hecho. Suicidarse no parece ser la mejor opción para que Vicky siga con lo suyo. La duda no existiría si uno piensa que Norman se sacrifica noblemente para ayudar a su esposa, pero si decide suicidarse, también es porque está metido en un abatimiento difícil de superar. Ha intentado dejar la bebida dos veces y ha recaído las dos. La última vez se rehabilitó, pero el mundo seguía viéndolo como el borrachín que siempre había sido, se vino abajo en la primera humillación. Ha pasado cuatro días totalmente ebrio, comportándose como en los viejos tiempos, llevándose la enésima reprimenda por parte de un juez que le hace recordar lo bajo que ha caído, y que su mujer ha evitado que vaya a la cárcel a costa de exponerse públicamente a pagar por las consecuencias de sus fechorías estando bebido. Para colmo, va a dejar su carrera por él. Con estos antecedentes, el pensamiento que se impone sería: todos estarán mejor sin mi presencia.  No observo que el suicidio se constituya como un noble sacrificio bien pensado, sino como una consecuencia inevitable de todo lo que le ha sucedido al personaje. La segunda duda es: ¿¿ El resto de los personajes, se da cuenta del gesto y/o saben que se suicidó, o creen que se ahogó accidentalmente, como publica el periódico ?? Lo único que sabe su mujer es que parecía animado yéndose a nadar un rato antes de la cena. ¿¿ Podría haberse ahogado accidentalmente ?? Parece una postura justificada. Sus amigos más cercanos, junto a Vicky y Niles sospechan que no murió por accidente, aunque sería sarcástico que sacrificase noblemente su vida -depresión de por medio- para ayudar a su mujer y nadie, ni siquiera ella, fuese consciente de lo que hizo. Todo este pequeño embrollo hace que el film sea no sólo interesante en su concepción del contenido y la puesta en escena sino que Wellman logra introducir el misterio de manera precisa.


A Star is Born está hecha en colores, en 1937, y fue nominada a siete premios de la Academia, ganando la estatuilla a la Mejor historia argumental -no confundirse con Mejor guión-. Las nominaciones incluyeron Mejor película, Mejor director, Mejor actor principal, Mejor guión, Mejor actriz principal y Mejor asistente de dirección. Perdió todo, aunque se hizo acreedora a un premio especial de la Academia por la fotografía en colores de W. Howard Greene, convirtiéndose en la primera cinta en color en ser nominada a Mejor película. Fue el año de Elia Kazan, Marlon Brando y el film On the Waterfront o La ley del silencio, que ganó ocho de doce nominaciones. Con el mismo tema y título, se han hecho dos cintas adicionales, una con Judy Garland y James Mason, y la otra con Barbra Streisand y Kris Kristofferson, aunque la crítica especializada yankee está de acuerdo con que ninguna sobrepasa a la original. Si bien es cierto que fue una película algo osada para la época, creo que la segunda película -Judy Garland pierde el Oscar por Mejor actriz protagónica en discutido fallo con Grace Kelly- argumenta la misma historia aunque su director, el grandísimo George Cukor, más que un drama con alguna luz de comicidad, lo que fabrica es un notable musical. Es una cuestión de gustos, pero cinematográficamente ambas son de una calidad más que notable. Wellman se encuentra con una temática poco usual en las producciones de esos años, ya que se refiere al lado oscuro del mundo del cine, el trato al actor y la manera de ser un producto más comercial que artístico dirigido a los medios de comunicación. Aunque es una película sobre el cine en el fondo de la historia se esconden valores dignos de mencionar. Una chica de pueblo enamorada del cine y con el gran sueño de ser alguien, tener un nombre y poder cumplir sus anhelos. Wellman nos cuenta de la lucha por un sueño difícil de llevar a cabo, del conflicto que se genera por aquello en lo que se cree, aunque los demás no tengan la misma opinión, y se rían de ello. Wellman critica la otra cara del cine, la inmoralidad que la industria fabrica, pues de la misma manera que alguien trepa, alguien lo baja, pero la caída es mucho peor y más dura pues ya no hay manera de levantarse. Se nos muestran los dos lados, el sueño de todo humano por alcanzar esta fama y el lado negativo de la fama tan deseada. Otro aspecto importante de la película es la humildad, si se empieza desde cero y luchando desde la sencillez se apreciará mejor lo que uno va consiguiendo en el recorrido propuesto tal como le sucede a Janet Gaynor. Ella, a pesar de su fama, nunca olvidará sus raíces y será la misma persona recatada y con suma sencillez, y es eso justamente lo que respaldará el secreto de su éxito profesional y como persona, todo lo contrario de su marido, el cual cuando ya era famoso olvidó sus comienzos y no es consciente que en su camino hay que ser un profesional disciplinado, y como persona se obnubila, ya que la fama y el éxito lo desaparecen, y lo que sucede después puede ser muy cruel. Otro aspecto que trata la película es el alcoholismo, de cómo éste vicio puede destruir la vida profesional y personal de las personas. Si bien es cierto, Wellman no profundiza en el tema, queda claro que es el núcleo de los problemas de Norman. Las interpretaciones son muy buenas en especial la dulce y tierna actuación de Gaynor. La dirección podría haber profundizado en algunos aspectos más importantes para retratar a los personajes, pero aunque se podría mejorar, no deja de ser una dirección correcta. Sin duda, Nace una estrella posee momentos inolvidables y aplicables a la vida de cualquiera de nosotros, a través de valores o códigos morales dignos ser tomados en cuenta.