sábado, 21 de febrero de 2015

“Leviatán”, Zvyagintsev desnuda parte de su país a través de un drama metafórico de historias cruzadas.





















































































Una de las mejores propuestas actuales dentro del cine de autor es indudablemente rusa. No la mejor, ni la que roza la excelencia, pero sí la que destapa una olla a presión en un país gobernado por la intolerancia y las viejas costumbres. Leviatán o Leviathan es una película dirigida y coescrita por nuestro conocido Andrei Zvyagintsev, a quien hemos comentado en sus tres notables films: Vozvrashchenie o The Return de 2003, Izgnanie o The Banishment de 2007, y Elena de 2011, resaltando en los tres casos el virtuosismo del cineasta ruso y la indomabilidad tanto de sus historias y personajes. Leviatán fue ganadora del premio en el último Festival Cannes a mejor guion, también logró el galardón a mejor film de habla no inglesa en los Golden Globes, y está nominada a los premios de la Academia en la misma categoría; triunfos sin duda, que demuestran el potencial que presenta este inquieto deudor del cine del genial Tarkovsky. Es extraordinaria la pequeña referencia en una Iglesia a Alexander Nevsky, y los iconos de Andrei Rublev, pequeños homenajes al mismo Tarkovsky y Eisenstein. Leviatán significa: Bestia marina del Antiguo Testamento creada por Dios y a menudo asociada con Satanás, muy nombrada en la religión cristiana y judía. Son entonces obvias las razones del título. Quizás lo que más ha trascendido de éste film de Zvyagintsev es que el presidente actual de Rusia, el discreto abogado Vladímir Putin -a quien le fascina estar en el poder- se molestó contra sus propios censores, habiéndolos destituído por permitir que la película se cuele fuera de sus fronteras, y que le hayan permitido solamente cambiar algunos diálogos que eran soeces. Luego ampliaremos el concepto. Zvyagintsev realiza una brutal metáfora del poder humano y su ente maligno -a través de los leviatanes marinos o ballenas que vemos vivas o muertas-. Las ansias de poder, el alma destructiva de un ser, apoyado en ocasiones en creencias religiosas diabólicas que generan autodestrucción. Una buena definición sería: El Proceso de Kafka se traslada a Rusia. Existen tantos temas retratados y plasmados con sutil maestría, desde la política, el poder, hasta la misma familia, la traición etc., todos añadidos a una magistral fotografía, una pletórica dirección y un guión que caracteriza al cineasta ruso, todo ello amalgamado en una obra potente y demoledora. El film nos relata el complejo momento en la vida de un hombre de nombre Kolia, a quien se le quiere expropiar el terreno donde vive, en un poblado a orillas del Mar de Barents en donde ha construido su hogar y su familia. Kolia se enfrenta a sus denunciantes en los recintos judiciales por una causa justa, y es ayudado por su amigo y abogado Dmitri. La honestidad del protagonista choca frontalmente con los intereses del Alcalde de la localidad, un tipo corrupto y trepador quien es apoyado por la comunidad ortodoxa -religión dominante en el Este de Europa- y que hace lo que le viene en gana a su antojo y capricho. A Zvyagintsev no le tiembla el pulso al mostrar la depresiva y alcoholizada sociedad rural, presa de la dejadez, la pobreza, la ignorancia etc., y atrapada entre la torpeza de sus conflictos, en vez  de juntarse y unir esfuerzos para combatir contra el “leviatán” que les consume sus vidas. El ruso logra que nos adentremos en las historias familiares, en las costumbres de una sociedad rusa tremebunda, y en la trama política y social que va aconteciendo. La estructura del guión se nutre de historias cruzadas y mediante la utilización de elipsis narrativas, que solo causan un poco de molestia por un ritmo cadencioso en su transcurrir, pero al que logramos acostumbrarnos. La magnífica fotografía de Mikhail Krichman -en una notoria ausencia de colorido- potencia -junto a la también poca presencia sonora- la sensación de hastío que golpea al melancólico Kolia y en consecuencia a nosotros que lo seguimos con interés. La película cuenta con la presencia de Elena Lyadova -quien trabajo junto al ruso en Elena- una formidable actriz que está por encima del resto del reparto, interpretando a Lilya, la mujer de Kolia. También respaldan la trama Vladimir Vdovichenkov como Dmitry y Aleksey Serebryakov como Kolia. Nos da un poco de escozor observar como en países del peso y la capacidad como el ruso, la vertebración de la corrupción ha sido asimilada por parte del pueblo -repito, en un pequeño poblado- de tal manera que la abnegación consume cualquier ansia de corrección. El fariseísmo reina en las clases altas desvelando la dualidad de quienes utilizan el poder a su libre albedrío mientras son cuasi esclavos de un poder religiosos superior, revelando una pirámide jerárquica en la que todos tratan de exprimir a los inmediatamente inferiores. Leviatán es una gran película, que desnuda en parte al actual régimen político, asestándole una fortísima crítica social que deja la ficción a un lado y nos ofrece el oscuro panorama que se gesta en lugares insospechados de la bestia europea. Pues bien, decíamos que a la censura rusa “se les pasó” el largometraje de Zvyagintsev, y solo decidieron corregir algunas expresiones grotescas que el cineasta, ni tonto ni perezoso, modificó sin inconvenientes. Pero, con todo y así, la película fue tildada de “anti-rusa” y de “una conspiración de Europa y de los EEUU”. La estricta censura pagó el pato, y se fueron todos a sus respectivas casas. Pero, lo más triste para Putin y sus endemoniados asesores, es que el gobierno de Moscú colaboró con el financiamiento de la película a través del Ministerio de Cultura, y que, gracias a esto, y al posterior lobby de los publicistas de la productora rusa, la cinta figura entre las favoritas a llevarse la estatuilla en The Oscars, gestándose una gran polémica en el país a raíz de su mensaje. Altos funcionarios del Kremlin y de la Iglesia ortodoxa rusa han cuestionado el film de Zvyagintsev por ser carne de cañón para cualquier ente foráneo que lo logre observar. El Ministro de Cultura, Vladimir Medinski, entró en escena, y aseguró que la única motivación de su camarada cineasta son “la estatuilla dorada y la alfombra roja”, pero luego Putin le enmendó la plana, y salió a acusar al realizador de apoyarse en las ideas sobre Rusia que gustan en América, Europa y los EEUU, presentando una realidad deprimente y falta de sentido patriótico. Por su parte, un vocero de la Iglesia ortodoxa dijo que no le sorprende el éxito de la película en el extranjero porque presenta mitos que suelen asociarse a Rusia, como el vodka, el libertinaje, un sistema estatal terrible y una Iglesia igual de reprochable. En la versión exhibida en Rusia, los actores mueven los labios en silencio en vez de pronunciar improperios, gracias a una ley que rige para todas las películas que reciben financiamiento estatal. Un artículo publicado en el Moscow Times explica estas reacciones a partir de lo que entienden, es una idea extendida en el país que sostiene que a Occidente le gusta premiar el arte que denigra a la sociedad rusa. El Ministerio de Cultura parece darle la razón al artículo al anunciar que adoptará nuevas leyes para denegar las licencias de distribución a las películas que ensucien la cultura nacional o sean una amenaza para la unidad nacional. Nuestra opinión es que lo que ha sucedido en Rusia es una reacción torpe y totalitaria que se victimiza tontamente por una temática que se exhibe en cualquier país que haga cine. Si bien es cierto, la cultura está politizada -particularmente por las tensiones entre Rusia y Occidente por la inescrupulosa Ucrania- si Zvyagintsev gana el Oscar, todo se olvidará y pasará a un segundo plano, y el hombre que permitió que el film postule a los premios de la Academia -amigo personal de Putin y a quien no le ha pasado nada- será un héroe y no un villano. Esa idea que el film es una conspiración de Europa y los EEUU es descabellada ¿¿ Por qué no se refieren a los chinos ?? Obviamente que no hay que morderle la mano a quienes le dan de comer. Los políticos rusos deberían ser más inteligentes y potenciar la idea que la imagen que la película brinda de Rusia es el planteamiento de un cineasta que le encanta el construir ficción, y que tanto el Ministerio de Cultura como la sociedad entienden que parte de la libertad de expresión y de pensamiento es justamente darle la oportunidad a quien lo crea conveniente de hablar de lo que quiera y como mejor le parezca, y que en todo caso Leviatán es un ejemplo de la realidad que vive una pequeña parte de su población. Además, la película retrata la historia de un hombre en un pequeño pueblo del norte que debe hacer frente a la corrupción de las autoridades locales y de los representantes eclesiásticos, no de Moscú y mucho menos de toda Rusia. En todo caso, ya en nuestros países no somos tan burdos como para reaccionar de manera poco inteligente. Ellos están en la final de The Oscars, y nosotros haciendo películas chatarra como Asu Mare 2, donde la única finalidad es sacarle entre ocho y veinte soles a un pueblo que prefiere ver la bobalicona historia de un vetusto Clown que cree ser un joven y gran artista, y que se caga en quien lo admira. La gente en nuestro país vive el día a día angustiado y con las manos atadas por la ineficiencia de un gobierno que ya es el peor de la historia republicana del Perú. Leviatán es una crítica sutil sobre las dificultades por las que tienen que atravesar muchos rusos en un país en el que no siempre hay libertad para hacer todo lo que uno quiera y en el que existe un control gubernamental férreo. 

Para terminar, dos cositas, el día Viernes estaba Don Philip Butters en la pastelería de San Antonio en Chacarilla aprox. a la una de la tarde. Vestía chancletas y bermudas, y saludaba como si fuera un artista hollywoodense a la cholulería limeña de clase alta, sin medir su destemplado vozarrón. Realmente un hombre dotado de un narcisismo pletórico. Un ejemplo latente de alguien que está parado en un jabón, y piensa o cree que es referente de la inteligencia nacional cuando es un simple opinólogo que se equivoca harto cuando emite un razonamiento acerca de cualquier tema -dicen que no es periodista y se hace llamar comunicador- como cualquier otro peruano. Un mal ejemplo de un hombre público que se viste para con sus retorcidos fans como si fuera un rebelde de 15 o 20 años. Increíble. Otra burrada de Butters. En su programa del mismo día Viernes invitó al Almirante Jorge Montoya -un caballero de pies a cabeza- y en vez de darle la palabra como invitado se la quitaba interrumpiéndolo a cada rato para imponer sus torpes criterios sobre la defensa nacional. Luego, se atrevió a decir que la película El francotirador iba a ganar el Oscar en una extraordinaria burrada televisiva. Lo único que podría ganar esa película es un Oscar a mejor sonido y punto. Qué observa Butters cuando va a una sala de cine. Seguramente lleva un espejo, prende su celular y se mira él mismo durante dos horas. Ya se le ha hecho una costumbre a este fortachón vocinglero, hablar y afirmar cualquier necedad en su programa de Radio Capital. Finalmente, otra vez el discurso "para sonsos" del ex-presidente Alan García, atiborrado de una verborragia repetitiva, oxidada y sin ningún sustento. Una tonelada de chamullo barato para gente eufórica y vacía. Ya pasó el momento de éste dinosaurio político que quiere regresar a palacio ya sabemos para qué ¿¿ Será posible que el pueblo vuelva a elegir a un hombre cuestionado por la justicia, y el 80% del los habitantes de nuestro país ?? Esperemos que no sea así, por el bien de nuestros hijos y de los menos favorecidos de este Perú invadido por pillos y cacos.